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Full text of "Estudios historicos: politicos y sociales sobre el Rio de la Plata"

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ESIDNOS HISTÓRICOS. POUTIGOS Y SOCIALES 



EL RIO DE LA PLATA 



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ESTUDIOS 

HISTÓRICOS, políticos Y SOCIALES 



EL RIO DE LA PUTA 



D. ALEJANDRO MAGARIÑOS CERVANTES : íS^^ ^S 



UN BOSQUEJO HISTÓRICO 



BU detenbrimiento, pobladon y oonipiista desde Í5i5 á 1810; — R«to1iicíoii de 
1810;— Sucesos de 1810 á 1825 ¡—Apuntes de 1826 á 1845;— Bosas y su sisle ' 
ma; — ^Bosas juzgado según sus propio» docomentoe; — ^La Republica oriental del 
Uruguay; — Cuestiones interiores y esterioies de Ia ConfedeTacion Argentina; 
La intenrencion anglo-flranoesa ; — ^Roeas y Luis II (paralelo histórico); — Política 
europea en la América española; — Territorio, población, dimay producciones del 
Rio de la Plata; — Las estancias y los gauchos;— Las ciudades Hispano-Ame- 
ricanas; — La situación actual de la América española; — Población española 
en América;— Emigración al Rio de la Plata; — Los españoles en Monterideo y 
Buenos Aires; — Bqiaña y América; — ^Relaciones mercantiles entre España y d 
Rio de la Plata^— Juicio critico de las bases y punios de partida para la orga- 
nixadon política de la República Argentina. 



parís 

tipografía de ADOLFO BLONDEAU 
Calle de Petit Carreau. 20 

1854 



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Bancrof t LibrSf 



u MdtUimín» SESO* 



¿ DON ALEJANDRO OLIVAN. 



. V 

V 

^ Una parte, y no pequeña, de los artículos que contiene este 
"J libro, se publicaron en el Orden, siendo usted director del mis- 
^ -' mo, y tanto por esta circunstancia como por la benévola acoji- 
^ da qué le merecieron sin conocer al autor, á quien luego se dig- 
r:x nó usted honrar con su amistad dándole repetidas pruebas de 
" "-'. afecto é interés durante los ocho meses que permaneció en la 
('/ redacción de su periódico, creo cumplir un deber y pagar una 
•-7^ deuda muy grata á mi corazón, al ofrecerle la dedicatoria de los 
Estudios Históricos, Políticos t Sociales sobre el Rio de la 
Plat4. 
Pobre es la ofrenda, amigo mió, pero leal y desinteresada. Ella 
(-^ y prueba que en Francia soy el mismo que en Eapafia : el mismo 
en la próspera que en la mala fortuna : y si la obra, atendidos 
los méritos de la persona, no llena cumplidamente el objeto que 
me propongo, la indulgencia del amigo disimulará lo que no per- 
donaría el gusto clásico, el saber y el talento del escritor. Mucho 



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•pesarán en la balanza mis defectos ; pero dudo qn^eid^n i la 
ilustración y bondad de usted. ' ' • 

Animado por ellas, be puesto su nombre en la primera página 
de este libro ; pero aunque usted lo borrase, siempre quedaría 
grabado en el corazón de 

Sa afectisimo y agradecido amigo, 
A. MAGARlftOS CERVANTES. 



Pafia i5 de marzo de 1854. 



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INTRODUCCIÓN. 



Aunque publicados en diversos periódicos y en distin- 
las épocas, un pensamiento dominante enlaza entre si 
los artículos que forman este libro. 

Por este motivo no hemos querido hacer alteración 
alguna en los que se refieren á Rosas : hoy que los acon- 
tecimientos han justificado nuestras predicciones, tienen 
acaso el mismo ó doble ínteres de actualidad que en la 
época de su publicación. Ademas, las cuestiones sobre 
que versan pertenecen ya á la historia, y aunque Rosas 
ha desaparecido de la arena política, no por eso ejercen 
menos influencia en la vida social de los pueblos argenti- 
nos. Conviene dar á conocerlaépoca ominosa de su dieta- 
dura tal como era, con las buenas y malas pasiones que 
inspiraba, con los temores que infundía su estabilidad y 
formidables elemementos de resistencia, con el odio, 
« las esperanzas y los principios que invocaban los que 
combatían bajo opuestas banderas. Todo eso nunca se 
espresa mejor que en el calor de la lucha : luego que 
las pasiones se amortiguan, que renace la calma, que se 



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— 40 — . 

grandes, hubo tantodimbécileft qae entregsroii ala aeñd** 
ra del mundo, atada de pies y manos k la aafla de loa 
bárbaros. Lo8 liraDos, dígase lo que se quiera, no soú 
mas que una consecuencia lógica, y k vecaí necesaria^ del 
estado moral ó inteligente de los pueblos que esdátisan. 

Séanos permitido dedtíó : Rosas jaúiás se hubiera ea« 
eárainado al primer puesto de 1& república \ nEuncahabie- 
ra (Sometido los eseesosquehanescandaliiadoalmtmdo^ 
sí en las tradiciones coloisiales, en las condielodes fisieas 
del soelo^ en la amUoion dé los oaudillos, en la ignoran- 
da profubda de las masaa^ en los ódlos de rasa^ en los 
instintos ciegos y feroces de taparte ioealtay titíosa de 
la poblaeioil dillos campos y ciudades^ en Ion eslrdtios 
de los partidos» en los intereses encoütradoe de cada 
localidad, y en la relüyacion de los víneulos sociales por 
k guerra cítíI y la anarquía, do hublesíe encontrado ya^ 
prontos, ardiendo, ^ ^ astado de arrojarlos sobre el 
yunque, los férreos criábones de esa* eadena^ qué él sopo 
labrar con su energía^ coa su perseverancia y ({onsuseri* 
menes : cadena tan fuerte que la Europa en mas de ima 
ocasión intentó y no pudo romper^y que tanta sangre, tan* 
tas lágrlSLaa y sacrifioiosbaéostadoáilospoeblosddPlatal 

Un trabajo severo y concienzudo sobre aquellas regio- 
nes^ que las examín«» á laluK déla historia y de la filo- 
sofía seria tmiy contscdeiile a las dwnás repáblieas hisp»- 
no-amerksDiB^á la Eftrepa^ y práscspataa^le k E8(Mifia« 

A las denas répéklicas» bispanoMamesieanas, porgue 
son tantos y liles lo» píteles de oM^taeto^ enta histoifa, 
en la potftiea, e&las oOstftitíhresó en el eelado soeial^ qne 
seite apl^bhi ^ ellsis ^ mm mis é peiptos. latíüud , casi 



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— « — 

todo lo cpie ie ^garertptcto de lasprotliioiai ÚA aUtigoo 
lireioato de Buénoi Airéis 

A la Europa^ porque á día» mluí que á noeotroe^ 1* 
GonViede que ooii la paz tengainog orden, y^ fot weÉ^ 
gmente» stiedios de eonswmir jproiueir (A doble de lo 
que ahora nos vende y nos compra *, porque lieodo tía 
vital púa ella eie iñterte , nadamto fádl de probar ^e 
sus primeros eiladistast diplomáticos y esoltores han i&*> 
eurrido i iútúítm diariamente en g^avirimoe erronif 
pretetidiendo esplicar nnestroft fenómenos politioos y són- 
dales por sus ideas y teorías europeos» Importa hacerles 
eompreüder que detrfts del AtUtttieo, domo hemos didho 
ea otra ocasión, hay otro mondo moral »«•- eampo iwt^ 
t)simo no esplorado pAt la cieneia ^ que está agüii^ 
dando xúi observador inteligente ^ ptoétre m él» f 
revele á la Europa atónita el weoMb dé la aetual soidedad 
hispano-amerfcana, él desarrollo de áu vida^ d^qoe^ 
la asimiladdn y absOrdon mutua dé los elementos hel9» 
rogéneos que hierven en su seno, y mas que todo eso» lá 
mardia fatal, inevitable^ de sos diversas rasas háoia la 
unidad de oreendas, leyes y costumbres^ en medio del 
eombafé tmiaz y ft niueñe de las ideas con las bayonetas 
y de la dtilizadon y la Urortad eontra la barbiurie y la 
tirai^c 

Finamente» una obra de ésta alase seria utOisima á 
Espafia^ porqué en la actualidad ningún otro {Mis del 
nuevo hemisferio paede ofreeerie, biyo ninguB eohcepto 
tantas ventl||aa como el Rio de laPlata^ paraéu t^restifeiO 
y prepoddéranoia eñ América^ para su industria y oomet^ 
do^ y ptta él Ueneetv di sa* UDeti tg» emigfaa * 



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— 42 — 

aquellos lejanos climas en busca de mejor fortuna. Esto 
hoy, inmediatamente, que en un porvenir no muy lejano 
inmensos , incalculables son los beneficios que podréi 
reportar á la madre patria la unión y buenas relaciones 
con las repúblicas que baña el Plata y sus demás anti* 
guas colonias. 

Nosotros, sin pretender llenar del todo este vacio, 
vamos á escribir un libro dividido en una serie de artí- 
culos adaptados, á la Índole d^ un periódico político, á 
fin de poner á buena luz las proposiciones sentadas, y 
otras no menos importantes. 

Prescindiendo de las razones espuestas, hay otra pode- 
rosísima, de conveniencia y actualidad, que nos impele 
. , áello. Nadie ignora que en el Plata solo ha reconocido 

< España la independencia de la república del Uruguay, 

' ' ^^ pero no la de la Confederación argentina, ni la del Pa- 
^ ^ \; "y raguay, gracias al sistema de gobierno planteado y se- 
guido por el doctor Francia y su feliz imitador don Juan 
Manuel Rosas. 

Quisiéramos que plumas mejor cortadas, inteligencias 
mas nutridas por el saber y la esperjenda, consagrasen 
á esta tarea, verdaderamente patriótica, sus vigilias. Los 
gobiernos de América y España deberían influir de un 
modo directo y eficaz para que las personas competentes 
por su ilustración y conocimientos especiales, se dedi- 
casen al estudio, al examen y solución de las cuestiones 
mas vitales á nuestro estado presente y futuro. No basta 
indicar la llaga, es preciso sondearla y señalar el reme- 
dio oportuno antes que el mal se haga crónico, y la 
gangr^ia se apodere del enfermo. La metrópoli, ademaa, 



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— 13 — 

conserva todavía algunas colonias, y los estadios con- 
cienzudos que se hicieran sobre las repúblicas hispano- 
americanas, refluirian directamente en beneficio de las 
Antillas y Filipinas. 

No faltará quien se adhiera á nuestro pensamiento, 
porque la empresa es mas ardua y trascendental, y de 
una utilidad mas inmediata y positiva de lo que parece á 
primera vista. 

Nunca puede deplorarse bastante la tibieza, por no de- 
cir indiferencia, con que en España se ve cuanto se re- 
fiere á la América independiente, y vice-versa. 

Ha llegado el momento que cese esa culpable apa- 
tía. La Providencia no une á los pueblos con los lazos 
de un mismo origen, de una misma religión, de unas 
mismas costumbres, de un mismo idioma, para que se 
consideren como estraños, y se alejen mutuamente, asi 
en la próspera como en la adversa fortuna. El pueblo 
hispano-americano y el pueblo ibero, no son ni deben 
ser mas que miembros de una misma familia — la gran 
familia española,— á quien Dios arrojó del otro lado del 
Océano, para que con la sangre de sus venas, con su va- 
lor é inteligencia, conquistase á la civilización un nuevo 
mundo; que si ahora tres siglos regeneró á la Europa, 
y dio un vuelo prodigioso á su industria, comercio, cien- 
cias y artes, quizá mas tarde pueda devolverla con usura 
lo que entonces recibió de ella. 

Olvidemos las causas que nos|llevaron á la arena 
del lámbate ; estrechemos los vínculos indisolubles con 
que la naturaleza y el destino han ligado nuestra suerte, 
y auiüliándonos mutuamente, veamos si podemos entrar 



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— li- 
en una nkuiVa leüda, en cuyo ténoíno las futitrafl gene* 
raoioneB iberas y americanai encuentren el poder^ el ea* 
grandeeindenito^ la gloria y f eUoidad de fue hoy oare« 
cen. 

Tengan presente la España y la Europa, qne lá onés- 
tKm pc^litica quedó resuelta en Ayaeuoho, dejando la kh 
dial en su aarofa^í y que las convulsiones en que se agita 
el continente americano, desde su emancipación hasta 
nuestros dias^ sOn el lento y laborioto patto^ precnltor 
de su regeneración social. 

¿ Pueden y deben Espafla y las naciones qué malcbaa 
al frente de la ciTilizacion, cooperar á esa grandiosa (dita, 
apresurando el plazo en que ha de ourapliráei y evitando 
las oontíngenoi&s á que hoy se ven espuestos la naciona^ 
lidad^ el ¡ffogresoy el porvenir de esos pueblos?... 

Si. 

¿ Cómb^ cuándo^ bajo qué condiciones? 

Ya lo esplioaremoft en lugar oportuno : ahora sob 
lAadiremos, que á España incumbe la iniciativa^ si no 
Quiere 4ue advénediios intrusos, como sucede en la ao^ 
tualidad, sigan cosechando los frutos de su incurias 

Y tanto más dábe España Seguir con ojo ptetisor lá 
marcha de los sneesos en América, duanto recientes y 
alevosos atentados, lo mismo en Méjico qué en Coba, h» 
han demostrado hasta la evidenda enales son las inten^ 
dones de los anglo-americátioa : cuando ve en Europa 
la lucha ténae é irreeonciliable entre las rasas si^dna 
y lathta^ lueba ed que no falta quielE asegui^e setáh 
veneidos los pneMos dri mediodia ^ y ouyk batalla cam^ 
pal se dará eii A headsferio ameiicaiiOf donds^ ho va^ 



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— 48 — 
ciláiMs eli úeélñOf serán arrollados y deriiechos los or» 
güUosos deicendietittís de Albiob. 

No es tm v^o espíritu de tiacioíudidad el que nos iím^ 
pita edta creencia. Los iinglo^americaiios llegarán kasta 
el idtmo de Panamá, pefo de allí no pasarán* En la 
América del Sur lás poblaciones del interior son^ en geno* 
ral, viriles y gaefferas. Los Gwochos del Uruguay y de 
las protindiaft argentinas^ los Llaneros de Venezuela, los 
Farrdpos deRio Grande, etc.^ merecen por confesión det 
plopios y de estrafios el renombre dé yalientes entre loa 
valientes. Allí existe en toda su pureza la noble altivez^ 
d Talóla Itrotéribial, el Amor á la independencia, el des- 
interés é hidftlgula del ihdómitd earácter español; y el 
pueblo (lüéi infatuado con su prosperidad material, no 
mionoée otro eádigo <pie la fuerza, que se deja ^ar 
p6r tos imputaos degos de tma desenfrenada ambición y 
codicia, que sé Atrae la ira y la ailimadYersioii de todos 
eon sus repetidos desmanes^ y que débil con los fuertes 
y fuerte con lóá débiles, cuenta siempt-e eú m seno sO'* 
brado número de mereenarios aventureros para lanzados 
en columna cerrada, con razón ó sin ella^ donde quiera 
que haya probabilidad de enriquecerse á pooa oosta^ un 
pueblo semejante, nunea^ jamas impondrá sa ytfgo «1 
flttivo, bldalgo y falliste pueblo sud-'am^ieaDo, á me- 
nos qne este descienda al último limite de la degrad** 
clon y el enviletímiento! 

No sé noi^ oenitft enal pt^dó h^ím rfdo la ntteídn d^ 
esa razaj bajo las nobles inspiraciones de un WaAiof^ 
ton, de tm Ffancklin, de un Honroe, si la IMoú^ á lá 
par de sú pasmoso pi'ogreso dgríeoM, eomeitid^ indo»> 



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— 46 — 

Irial, etc., hubiese cultivado coa igual éxito los senti- 
mientos morales ; pero la bandera que hoy desplega, y las 
malas pasiones que nutre y fomenta, inspiran serios te- 
mores acerca de su porvenir á todos los que penetran 
en el fondo de las cosas sin deslumhrarse por el oropel 
que las circunda. El dia que los Estados Unidos rellenen 
sus vastos desiertos, y el acrecentamiento de la pobla- 
ción en un territorio tan dilatado traiga en pos de sí la 
imposibilidad de armonizar sus encontrados intereses, 
se romperá el frágil vínculo que une á las diversas pro* 
vincias de la Confederación americana, adulterados por 
la codicia y el egoísmo los sanos principios que le sir- 
vieron de base. Para todos los hombres pensadores que 
conocen bien aquel país, no es ya uñ problema que, en 
un plazo mas ó menos largo, ese coloso tiene que hacerse 
pedazos indefectiblemente, mientras la América delSud, 
marchando por opuestos senderos, podrá combatirle con 
ventaja y vencerle en el terreno de la fuerza, como le 
vence ya en el de la nobleza y de la justicia. 

Desenmascarada en América su poUtica, y conocidos 
sus fines, nada queremos decir sobre lo que España ga- 
naría, en una guerra con la Union, contando desde luego 
con el apoyoy franca adhesión de sus antiguas colonias. 

Bajo cualquier aspecto que consideremos el asunto de 
que vamos á ocupamos, no dudamos que encontrará 
eco en nuestros lectores de la Península y de Ultramar. 
No obstante, si hemos de llenar dignamente el objeto 
que nos proponemos, si hemos de tratar las graves cues- 
tiones comprendidas en él con toda la detención que 
merecen, con toda la conciencia y empeño de que somoe 



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— IT - 
capaces, y alcanzan nuestras fuerzas, necesitamos exa^ 
minar el presente áe América á la luz del parodio, para 
deducir de ambos el porvenir y j poderlos apreciar re»* 
pectivamente. 

£1 asunto , bajo el punto de tista en que yamos á 
considerarlo, nos parece enteramente nueyot al mén^s 
no sabemos que haya sido tratado por nadie hasta aho- 
ra; y sin que esto tenga visos de suficiencia ni de afe<>* 
tada modestia^ confesamos que lo abordaihos con des^ 
confianza y recelo, á pesar de tener acopiados numerosos 
datos y materiales para una obra sobre América, que 
empezamos á eseribur en 1847^ y que concluitonos 
cuando nos sea posible disponer del tiempo y medios 
necesarios para Uevaria á cabo. 

Si nos apoyamos frecuentemente en la historia) siin* 
tocamos del mismo modo la autoridad de otros escrito^ 
res, nacionales y estrangeros ; si los citamos eon nimia 
escrupulosidad, no es por hacer vano alarde de una eru- 
dición que no poseemos, sino porque queremos confir- 
mar con autoridades competentes nuestros juicios y 
aserciones ; porque escribiendo para las ideas y no para 
el arte, no pa^a una academia de sabios, sino para los 
que no están bien informados de lo que ha pasado, y 
está pasando en aquellas regiones , y muy especial y 
principalmente para la juventud de nuestros pueblos, 
queremos que ella encuentre y aproveche sin dificultad 
lo que á nosotros nos ha costado algunos años de estu- 
dio, y no pocas vigilias é investigaciones. 

De todos modos, suplicamos al lector que detenga su 



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— 18 — 

juicio hasta el fin. Has de una vez, al hablar de los hom- 
bres y de las cosas hispano^americanas, tendremos 
que combatir opiniones admitidas y sancionadas por 
nombres respetables. Podremos equivocarnos, pero no 
será intencionalmente. biremos siempre la verdad, sin re- 
bozo, pero con el decoro y templanza que exige un pú- 
blico ilustrado de un escritor imparciaL 

Prevenimos una vez, por todas, que no es nuestro 
objeto herir ni adular á nadie; que si alguna vez somos 
severos, la historia abonará nuestros juicios *, que ningún 
sentimiento mezquino, ninguna idea interesada ni egoís- 
ta mueve nuestra pluma, sino un' noble deseo de hacer 
algo útil en obsequio de nuestra patria, ya que á tanta 
distancia no podemos servirla de otro modo, pagando 
al propio tiempo una deuda de aprecio y gratitud al país 
que nos acogió con generosa hospitalidad, cuando in- 
gratos sucesos, no la voluntad nuestra, nos arrojaron á 
las playas españolas. 



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— 49 — 



DESCUBRIMIENTO, 



POBLACIÓN T CONQUISTA DEL RIO DE LA PLATA. 

BOSQUEJO HISTOEICO DE 1815 A 1810. 



Antes de echar una ojeada sobre la conqoista y po- 
blación del Rio de la Plata, será conveniente recordar á 
nuestros lectores, lo que se entiende por tal, y las repúbli- 
cas que se han formado en él. 

Entendemos por Rio de la Plata, generalmente hablan- 
do, todo el territorio comprendido entre los Andes, las 
montañas del Brasil, el Océano Atlántico y el Estrecho 
de Magallanes. 

De este immenso territorio, que formaba el antiguo 
vireinato de Buenos Aires, han surgido cuatro repúblicas; 
pero solo tres entran en nuestro cuadro : porque la de 
Bolivia, situada ya encima de la cordillera, está separada 
por la misma naturaleza, y no puede considerarse como 
parte integrante del Plata, como sucede con las demás. 

Estas tres repúblicas son : la Confederación argentina, 
que comprende catorce Estados ó pro vincias confederadas, 



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- 20 — 
sobre una estensionterñtoríal de 138,000 leguas cuadra- 
das , cuyos nombresapuntaremos paraeTitar repeticiones^ 

Buenos-Aires, Éntrenos, Corrientes, 
Santa-Fé, Córdobft^ SátitiagoddtEdt^ro, 
Tucuman, Salta, Jujuy, Catamarca, 
La Rioja, San Juan, Mendoza y San Luis. 

La república del Uruguay con nueve departamentos y 
una estension de 15,000 leguas cuadradas *, y la del Pa- 
raguay, dividida en veinte distritos, y con una superficie 
de 18,000 leguas, según unos, y 10,000 según otros. 

La historia política y civil de estos tres paises, está ín- 
timamente libada desde los primeros tiempos de la con- 
quista hasta 1810, época en que Buenos Aires, capital en- 
tonces del víreinato, y hoy de la Confederación argentina, 
se separó de la metrópoli y arrastró tras si á las trece 
proviücías citadas. La Banda oriental se mantuvo en po- 
der de los españoles hasta 1814 : en el Paraguay se formó 
una junta gubernativa en 1811, que cayó bajo la influen- 
cia del Dr. Francia, el cual se hizo elegir dictador (1811), 
manteniendo el pais incomunicado, segregándole com- 
pletamente de todo trato y comunicación con los estran- 
jeros, y con los estados limítrofes, sin entrometerse ni 
intervenir en las cuestiones que se han agitado á su alre- 
dedor, y sin contribuir con un soldado ni con un peso á 
la guerra contra la madre patria. 

Por consiguiente, para mayor claridad, podemos con- 
siderar la historia del Itío de la Plata dividida en los tres 
período^ siguientes : 



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— «4 - 

V Desde 8u descubrimiento hasU 1810. 

' S^ Desde 1810 hasta 1835, en gue desapareció totalr 
mente el poder español á oonsecuoacia de la batalla de 
Ayacucho. 

3* De^e 1895, en que quedamos enteramente Ubres de 
enemigos y en actitud de constituimos, hasta el presente. 

No es nuestro olyeto escribir una historia detallada de 
estos paisés, sino buscando la hilaoion de los sucesos y 
hechos mas notables que han Influido poderosamente en 
nuestro modo de ser ; bosquejar, si nos es possible, la fiu 
histérica de cada época. 

Este trabejo que, á pesar de nuestros buenos deseos é 
investigaciones, no será tan completo como deseáramos, 
aenrirá á lo menos para dar á los que no conocen, ó se 
desdeñando estudiar la historia hispano«americana,de este 
y del otro lado del Atlántico, una idea clara y exacta de 
loe aeonteomientos que han precedido y preparado el ac- 
tual orden de cosas, al través de los cambios políticos y 
de las convulsiones de la anarquía. 

Y oaliflcamps de iuoompleta esta parte de nuestra obra, 
ya por la inmensidad y complicación de los sucesos, ya 
por la escasez de trabajos historióos, medianamente com- 
pletos, que existen de cada pais en particular. Todas las 
historias que conocemos, no llegan sino hasta principios 
del siglo XVII ; y desde este periodo hasta el presente, i 
eseepdon del deán Funes, cuyo Ensayo está muy lejos 
de llenar todas las condiciopes del arte, no sabemos exista 
un solo escritor que se haya ocupado de la historia poli- 
tiea del Rio de la Plata, sfaio incidentahnente y como de 
paso. Las obras deHobertsm» Rainal, HumboH, Asara, de 



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( 



— 82 — 
Pradt, Prescot ; las inapreciables colecciones de Navarrete 
y Muñoz, etc. sobre algunos puntos suministran abundan- 
tes datos *, pero en la parte histórica seria en vano con- 
sultarlas de un siglo á esta fecha. Hemos creido llenar 
este vacio, acudiendoá los informes de los vireyes, memo- 
rias, viajes, etc., inéditos unos en la biblioteca de la Aca- 
demia de la Historia de Madrid, y publicados otros en 
la importante Colecion de obras y documentos para la 
historia antigua y moderna del Rio de la Plata^ por don 
Pedro de Angelis. -— (Buenos Aires, 1837) 

En cuanto al período déla guerra de la independencia, 
es preciso estudiarlo en los periódicos, folletos y publica- 
ciones de la época : la historia del señor Torrente, ünica 
que conocemos, y que tal vez existe, está escrita con una 
parcialidad y encono indignos de un escritor tan instruí- 
do y recomendable bajo otros conceptos. 

Desde 1825 hasta el presente, aunque no hay historia 
escrita, fácilmente puede estudiarse en los periódicos ofi- 
cialesy en algunas pocas obras, como la vida de Quiroga^ 
por don Domingo Sarmiento, Rosas y sus opositores, por 
don José Rivera Indarte : algunos escelentes artículos del 
doctor don Valentín Alsina, don Juan Bautista Alberdi,don 
Juan C. Várela y otros. 

Hacemos estas indicaciones, para señalar las fuentes 
donde hemos bebido, y tanú)ien por si estrada alguno de 
nuestros lectores que no haya una historia completa, bue- 
na ni mala, de aquellos países ; lo que nada tiene de par- 
ticular, si se reflexiona que nuestros archivos han sido 
tantas veces, cuando no saqueados, torpemente despoja- 
dos de sus mas preciosas riquezas literarias, por motivos 



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— Í3 — 

que no queremos especificar (1); si pasando á una época 
mas cercana, se considera el estado miserable y convul- 
sivo en que pasamos nuestra vida, y que da tan poco 
impulso y solaz al pensamiento para entregarse áinves^ 
tigaciones que requieren largo estudio y contracción. Por 
eso nos lisonjeamos que si nuestros esfuerzos no son 
coronados por un éxito brillante, al menos serán indul- 
gentes con nosotros los que comprendan las dificultades 
que enunciamos, y vean que, separándonos déla rutina, 
ni tiempo, ni trabajo, ni diligencia ahorramos para en- 
contrar la verdad, é ilustrar á la vez el juicio de nuestros 
lectores, poniéndoles á menudo en situación de que deci- 
dan por si mismos si son fundadas ó no nuestras obser* 
vaciones. 
Sentadas estas bases, pasemos al ezámen del primer 



II. 



Es cosa sorprendente, á la verdad, que la historia del 
Rio de la Plata esté manchada de sangre española, y cod 
mas de un crimen desde las primeras páginas. Su descu- 
bridor Solis, muere (1515) en la isla de san Gabriel, á 
manos de las Charrúas que le devoran. (2) Gaboto, que 

(1) Ved lo q(ke cuenta Prescott (dmquest of Mextco, tomo I, 
pág. 64 testo y notas.— París iS44) de los manuscritos Atzecas y 
documentos de la audiencia de Méjico. 

(2) Varios autores de nota, y entre ellos Azara (Descripción é 
Historia del Paraguay y Rio de la Plata, tomo U, pag. i45. — 
Vadrid 1847), niegan este hecho ; pero el señor Mavanrete en su 



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— 24 — 
marehatras tus haellas, ál doblar d oabo de Santa Maria 
procura deshacerse del teniente general Martin Méndez, 
y de los capitanes Franoisoo y Miguel de Rojas, porque 
reprendían páblioamente su conducta en el gobierno de 
la espedieion, valiéndose para realizar este designio de 
algunos eonfldentes que, con pretestós simulados, los 
sBoan de las naves y los dejan abandonados (1586) en 
una isla desierta (1). Poco después la tribu de los Tím- 
bues, se apodera traidoramente del fuerte de Sancti- 
l^iritus, fondado [por Gaboto, y dan muerte á todos los 
españoles (1539). 

Este suceso interrumpe la conquista hasta que don Pe^ 
dro de Mendoza, nombrado adelantado de estas provincias 
(1534), viene con una espedicion compuesta de catorce 
navios, que traían S200 hombres, entre eHos muchos 
nobles y caballeros, según Ruy Díaz de Guzman, y SSOO 
españoles, 150 alemanes ó flamencos, y 72 caballos, 

interesante y erudita noticia de los descubrimientos que hicieron 
los españoles en las costas del nueyo continente, después que le 
reeoBoeió Colon en su tercer viage el afio i 498, hé aquí lo que 
dice apoyado en numerosos é irrecusables documentos ; 

« Quiso Solía reconocer el país y tomar algún bombre para 
traerlo á Castilla. Bajó á tierra acompañado de algunos con este 
objeto, y los indios que tenian emboscados muchos flecheros, 
cuando los vieron desviados del mar, dieron en ellos, mataron á 
Solis, al factor Marquina, al contador Alarcon y á otras seis per- 
sonas, á quienes cortaron las cabezas, manos y pies, y asando 
los eoer pos enteros se los comían con horrenda inhumanidad. » 
(Colección de los viages y descubrimientos que hicieron los es- 
pañoles desde fines del siglo XV.— Madrid 1829.) 

(i) Lazota.— Bist. del territorio oriental del Uruguay, plig. ló. 
-Meaievkleol84i. 



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— t5 — 
segon Scfamídel, Guevara y Azara (1): armada que, como 
se espresa Barco, era : 

a Muy rica, y muy hermosa, y muy lucida 

De todos adherentes abastada, 

Aunque hubo después hambre crecida 

La gente que embarcó era estremada, 

De gran valor y suerte muy subida 

Mayorazgos é hijos de sdiores, 

De Santiago y San Juan comendadores. » (2): 

EnRio Janeiro,donde se detiene dicha armada algunos 
dias, hace asesinar don Pedro de Mendoza á su maestre 
de campo don Juan de Osorio, capitán de infantería^ al 
que todos querían y estimaban por su grande afabilidad 
y valor. (3). 

Un testigo de estos sucesos los refiere del modo si- 
guiente : 

ft Aquí (Rio Janeiro) estuvimos 14 dias, y entonces 
nuestro general don Pedro de Mendoza, por estar con- 

(t) Hi8t. del Paraguay, Rio de la Plata y Tucaman.— Lib. II, 
cap. III. — Descripción é historia, t. II, pág. 27. Esta obra de 
Azara, aunque se ha publicado como inédiu (vid. t. II, pág. 230), 
es la misma^ salvo algunas variantes y supresiones, que en 1809, 
con su asentimiento, y bajo el titulo de : Voyages dam VAmériqúe 
Méridianale, publicó en París Mr. V^al&enaer. 

(2) Argentina ó Conquista del Rio de la Plata, poema histórico 
del arcediano don Martin del Barco Centenera. — Canto IV, 
pág. 96.— Col. de AngeUs, t. II. 

(i) Ruy-Diaz.— Hist. Argentina del descubrimiento, población 
y conquista, etc. — Lib. I. cap. x, Ang. t. f. 



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— «6 — 

tínuaipcnte e&fermo, aneogidQ de nervios y muy débil, 
nombró por su teniente á Juan Osorío, m hermano. Pero 
poco después de haber aceptado el cargo, fué acusado de 
rebelión cpntra Mendoza, por la cual, WWÍQ 4 cuatro 
capitanes, que fueron Juan de Oyol^is, lu5iu Sal|ui*p, Jorge 
Lujan y Láz^rp Salaz,ar, le matg^sen á puQali^^^ y le sa- 
casen á la pi9^a» p^a %\^ tQdo9 1q ylese» muerto por 
traidor : y publicó un Wdo cw pena de muerta, para 
que ninguno se albo^Qt^ise pop c^pst dq 0«PrÍQt porque 
le sucedería 1q mi3mo qu^á il CQlQCUf4 le procedió 
sin motivo justo, porque Osorio era bueno, integro, fuerte 
soldado, QficiQso, Ub^vaí y j»uy nmMQ de m^ compa- 
rreros. (i)» 

Baroo dice 4U6 la e&vidia y la eobardia eaus%roD su 
de»gr«flift : 

(( Por tantas obras del tan señaladas, 
A don Pedro hicieron que creyese 
Que le iba en esta muerte el interese. » 

Atribuy^adoje m^ üdel^te tac(p| iQs de»ftrtr§l att§ 
luego sobrevinieron á la espedicion •, pues irritado, 

« Con tanta cobardí^i y gxm malicia 
GQn^en¿<^ 4 castigar Dios ei armada 
Cod un grave fiagele y eruda espada. 



Que la sangre dé Abel el inocente 
Clamando está, ante Dío«i Qouiipatente. u {%} 

(1) Schmidel.--^ Viage al Rio de la Plati(.— Cip. v, Apg. \, lU. 
(i) Canto IV, pág. 89. 



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— «7 — 
RepuMto don Pedro de su mtitoeatáiieá mFertaedsd, 

sigue su rumbo la espedicíon y entra en el Rio de la Plata: 
Baenos Aires se levanta en su margen oocidental (1536). 
Los indios querandis atacan á los españoles hasta en sus 
atriaoheramientos^ y después de muchfts batallas y com- 
bates parciales^ en que no se silbe qué admirai* mal) si él 
valor y desesperados esfuersos de los caéteUanos, ó el 
arrojo é inquebrantable constancia de los indígenas an 
defender su suelo, se ven los primeros obligados á aban- 
donar á Buenos Aires y retirarse al Paraguay. 

Allí, sobre la ribera oriental del rio de este nómbrense 
empieza á edificar la ciudad de la Asunción, cuyos cimien- 
tos puede decirse que echó Oyólas en la fortaleza que 
levantó en aquel mismo lugar, después de ha¿er vencido 
álos caciques Lambari y Yuandazubi( 1535), capital de la 
gobernación del Plata hasta 1620; hostilizados siempre y 
en tenaz lucha los fundadores con los Payaguás, Guay- 
curús, Xarayes y otras tribus comarcanas. 

Si hemos de creer las relaciones contestes de todos los 
coetáneos é historiadores, grandes fueron las penalidades 
de los conquistadores desde la fundación de Buenos Aires 
hasta la partida de don Pedro de Mendoza [(1637). No 
eran las flechas de los indios su mas terrible enemigo, 
sino la escasez de víveres en una costa desierta é inhos- 
pitalaria, donde no se presentaba otra alternativa que 
sucumbir á manos de los infieles^ ó morir de consuneíon. 
Un testigo y partícipe de estas calamidades nos cuenta, 
que ei'a tantft la flecesidád y htttbbre qué pasaban, que 
era cosa espantosa, y á algunos, de verse tan hambrien- 
tos, les aconteció comer carne humana, y oíi se vido que 



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— 28 — 
fasta dos hombres que hicieron justicia se comieron de la 
cintterapara bajo....n 

En la marcha de Oyólas áSancti-Spiritus, dice el mis- 
mo, no tenían otro (refresco que las culebras, lagartos , 
ratones y sabandijas que á dicha por los campos topaban 
(1). Ruy Díaz hace una descripción idéntica, añadiendo 
que además de los que morían y ahorcaban, llegaron á 
comer escremento humano (2). Gentenara, en fin, com- 
ísela el cuadro con una animada descripción^ que es de 
lo mejor que hay en supoema« En ellaleemoslos siguien- 
tes versos: 

la perra, 

Pestífera, cruel hambre canina 
A todos abandona ó los arruina. 



Comienzan á morir todos rabiando 
Los rostros y los ojos consumidos : 
A los niños que mueren sollozando 
Las madres les responden con gemidos. 
El pueblo sin ventura lamentando 
A Dios envía suspiros doloridos : 
Gritan viejos y mozos, damas bellas 
Perturban con clamores las estrellas (3). 

Don Pedro de Mendoza partió para España en medio 

(i) GarU 6 informe inédito de Francisco Villalta, fecho en la 
Asunción en 1556. Muñoz, t. LXXXII. 

(2) Argentina.— Lib. I, cap. xii, pág. 40. 

(3) Canto VI, pág. 40. 



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— 29 — 

de aquelles horroreci, tdste y abatido^ como uti hombre 
que pierde de un golpe todas sud ilusiones y esperattías^ 
Nonobró por sustituto k Juan de Oydlas, que vino en su 
ospedioion ejercieBdo el cargo de algiiátil mayor. Era 
este buen soldado^ valiente, previsor, y dotado de verda- 
dero genio militar : fué él quien levántó^n 1535 el fUtine 
de Gorpus-Chrísti sobre el Paraná^ y coü Utt puñado M 
valientes se lanté desde Buenos Aires á humillar á los 
infieles de las mismas ribef as, donde mas tarde édlfieA 
la ftrtdeza de que hablamos no hA mucho, édnsagradá 
á te Alüntion de Muestra Señora. 



ill. 



Desgraeiamente Oyólas M Uégd á éjéreér el maüdo su- 
premo, porqué murió en su espedicion. 

Deseoso de esplorar la tierra y abrirse camino ^afá el 
Perá^ apenas eonélüy6 el mencionado fuerte, prosiguió su 
vlage : dejó sus buques en la Candelaria bajo la custodia 
del capitán vizcaíno Domingo Martínez de Irala, perso- 
nage que pronto veremos figurar en primera línea, y 
enya vida páblica y privada es en estremo curiosa, y sé 
internó tierra adentro, dando orden á Irala que le espe- 
rase seis meses, pudiendo retirarse si pasado ese término 
no volvía. 

Y no volvió ; ó mejor dicho, volvió demasiado tarde. 
Según la declaración de un indio chañes, que le acompa- 
ñaba, presentado á Irala, que Isdid en su detaianda ál 



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— 30 — 

espirar el plazo coavenido, Oyólas se aproximó hasta la 
falda de las cordilleras Peruanas, y cargado de ricos me- 
tales que le franquearon los indígenas prendados de su 
benevolencia, llegó al puerto de la Candelaria cuando el 
capitán vizcaíno se dirigía á la Asunción en busca de 
provisiones, y no hallando las naves, se paró en la orilla 
lleno de mortal tristeza. 

Muchos indios acudieron trayendo abundantes víveres, 
distinguiéndose entre todos los payaguás, gente traidora 
y fementida que ocultaba su odio á los invasores, bajo 
un esterior amistoso, para hacerles caer mas fácilmente 
en la red que les tendían. 

Estos ofrecieron sus chozuelas,que los españoles admi- 
tieron agradecidos, y sin recelo se acostaronéi descansar; 
pero cuando mas confiados dormían, cayeron sobre ellos 
los pérfidos payaguás. Oyólas se ocultó entre unos ma- 
torrales, mas le descubrieron y le mataron sin piedad, 
(i Yo, añade el indio, cuya relación seguimos, tuve la 
dicha de escaparme, ó porque su furor se estendió sola- 
mente á los españoles, ó porque mi miseria halló com- 
pasión en corazones de fieras (1). )> 

Asi habló el indio chañes á Irala, el cual entristecido 
con tan funesta noticia, se restituyó á la Asunción, que 
ya contaba algunos habitaátes venidos el año anterior de 
1539 con el capitán Juan de Salazar y Francisco Ruiz 
Galán. 

En este intervalo llegó de España el veedor Alonso de 
Cabrera con provisiones y un refuerzo de 200 bombresj 

(1) yide Gaevara,^ Llb, ll| cap. iv. 



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— 34 — 

traía además una cédula delmonarca confirmando á Oyó- 
las en el mando, y en su defecto autorizando á los po- 
bladores para que eligiesen al mas idóneo y que mejor 
supiese representar su autoridad. Entonces se trasladó la 
gente á la Asunción, y fué allí elegido gobernador, por 
pluralidad de votos, el capitán Irala. 

Era Irala hombre apropósito para mandar, de genio 
resuelto, activo, emprendedor, valiente y capaz de llevar 
á cabo cualquiera empresa. Lástima grande que tan bellas 
dotes estuviesen oscurecidas por notables defectos, y prin- 
cipalmente por una lascivia inmoderada ! pues como nos 
cuentan sus mismos contemporáneos : « tenia la mala 
costumbre de chinchorrear y quitar las indias de los in- 
dios, asi para él como para dar á otros que con él hablan 
ido, no embarganteque antes que partiese para la entrada 
[del Perú) leshabia dado muy grandes largas para que 
por la tierra anduviesen á robar con titulo de que era ser- 
vicio deV.M. loque querían hacer en descubrir la tier- 
ra.» (1) 

Varios autores, de acuerdo con sus contemporáneos, 
afirman que tenia un carácter en estremo irascible, y le 
califican de injusto, avaro, cruel y ambicioso*, y su con- 
ducta, revelada por los hechos que refieren, demuestra, 
en verdad, que no carecen de fundamento tan graves 
imputaciones. (2) 

(1) Informe del capellán Martin González, escrito en 25 de junio 
de 1556.— Coi. inéd. de Muñoz, t. LXXX. 

(2) Los hechos de la vida pública y privada de Irala en el largo 
período de las dos épocas de su mando, están fielmente descritos 



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— 8« — 

Y úo übitanté^ á pesar de sus defeotM, y dé éer 
En esto de la cune desfirenado, (1) 

dedicóse con singular empeño y acierto ala eáiflcadon y 
engrandecimiento de la Asunción : hizo que los pocos 
habitantes quehabian quedado en Buenos Airea pasasen 
á este punto-, sofocó una conspiración hábilmente trama- 
da contra Ips españoles por varias tribus qnehabialogr»- 
do sujetar, y distribuido en encomiendas ák)s pobladores^ 
y hallábase en paz fomentando y dando nuevo impulso i 
la naciente ciudad, cuando llegó el adelantado Alvar Nu- 
ñez Cabeza de Yaca. (1542) 

Siendo adelantado Alvar Nuñez, Irala tuvo que cesar en 
sus funciones de gobernador, y es muy factible que mirase 
con ojeriza y prevención al que, sin haber hecho nada 
pot su parte, venia á recoger el fruto de sus afanes y des^ 
velos : al principió nada hizo, sin embargo, que manifef- 
tase esta disposición de su ánimo; y aunque su conducta 
en los lamentables sucesos que tuvieron lugar un año 
después, ftié muy equivoéa; aunque existen varios testigos 

con detaU^s que no se encuentran en ninguna de las historias 
qtte ddüüéemos, en los natíos informes 5 relaciones inéditas, aU 
pmái ftin nomlMre dé autor, 7 otras firmadas por el escribano 
Hernández, el capellán González, Yillalta, Ortii de TtrgflMi, étOi^ 
pertenecientes á los tomos LXXX, LXXXIl, LXXXIV y LXXXVUI 
de la inapreciable colección del señor Muñoz, que tan curiosos é 
importantes do«niitnto8 eaoMrra {Mifa ln historili de todas las 
regiones de América, conquistadas I la cíviliiátíioii ba]o la bafl-' 
d«ra empalióla, 
(i) Btrcoi GidW lY, ptfg. Ui 



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— 33 — 

qae asegoranlo contrario, nos inclinamos á creer que no , 
tomó una parte activa en la rebelión contra Alvar Nuñez, 
ó que su^o manejarse con tal destreza, que consiguió 
derribarle y reconquistar el poder, aparentando despre- 
ciarle y no querer meterse en nada. 

Es tan importante, tuvo tal influencia en los asuntos 
de la colonia, ñieron tan perniciosos y frascendentales los 
resultados de esjta primera sedición contra una autoridad 
legitima, que bien merece la consideremos con un poco 
de detenimiento, y procuremos conciliarias encontradas 
opiniones, asi de los panegiristas, como de los detracto- 
res de Alvar Nuñez. 



IV. 



Alvar Nuñez señaló el principio de su gobierno, dan- 
do á entender que no estaba dispuesto á contemporizar 
con abusos de ningún género : esto bastó para que los 
antiguos pobladores le mirasen con prevención y viesen 
en él un advenedizo que, sin tener en cuenta sus servi- 
cios, venia á dictarles la ley sin titulo adguno ; pues poco 
debian valer á sus ojos las credenciales de un soberano 
que no podía pedirles cuenta de sus desmanes. 

El no habia ganado la tierra con ellos ; él no habia 
pasado los trabajos y miserias que ellos; él no habia es- 
puesto su vida en cien batallas ; él, en una palabra, no 
habia hecho nada en la conquista del Rio de la Plata. 

Y mas y mas debia aumentarse su ira hacia el nuevo 
gobernador, cuando este con mano fuerte reparó algu- 



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— 84 — 

oas íojuBtioíae ^ puso ¿ raya la <K>dioia de los enoonm^ 
deros; hizo oomprendor á lod ofioialeí reales qué á él 
•olo oompetia la jurísdicoian de la justíoía cítíI y crimi*> 
Qal| fiomo úaioo y verdadero represeotante del moBáreal) 
no consintió qae se yendiesen como basta entonces los 
indios poreselavoS) si<tue se Jugasen ó troeaMü por caba- 
llos, penros ú otras cosasequivaleates : reprobó M escaii'- 
daloso concttbinage ¿ que se abandonaban cierta dase de 
hombres, que por su posioion y carácter debian estar 
e&e&tos 4b semejantes debilidades § y últimamente, des*- 
cubrió y sofocó una intentona de los principales corifeos 
para privarle del mando por medio de una aleve y ca- 
lumniosa comisión, confiada á dos frailes francisca- 
nos (1). 

Los ofendidos disimularbtai, empero, su despecho, por- 
que aun no se hablan puesto de acuerdo, y les inspira- 
ban algún respeto los 300 Mridados que venitti bijo las 
órdenes del adelantado. 

Alvar Nuñejs dispuso que Irala* siguiendo las huellas 
de Oyólas, fuese 4 indagar «1 camino del Perú. Volvió 
este con las mas lisongeras noticias, inientfas en el in** 
térvalo que medió, haeia el primero una campaña eoñ«- 
tra los agaces y guayoürus, regresando victorioso á la 
Asunción con un número bastante Crecido de prisio^- 
ñeros* 

Eb setiembre de 1043» prepaiMo todo para lá espedid- 

(1) Casi todos los historiadores no hacen mas que enunciar 
estos hechos» que únicamente sé encuentran detaUados con toda 
éiteAsióñ at lOd yá clUdos itttbftnes y relaciones de Hernández, 
Oeiiiaiék, Vengará, etc. 



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— 36 — 

eional Perá^preycobi^a desde mi principio, saUevon de 
la Aflundon dieabergantinei y ei^ito veinte einoaa, donde 
iban 400 españolea y 1,200 iludios eon direocion al 
puerto de los Reyes. 

Emprendieron una marcha penosa bajo un cielo 
abrasador por medio de tierras montuosas, llenas de 
bosques tan poblados y densos que ft veces era preciso 
abrirse paso con hachas. Los guias se estraviaron, em- 
pezaron á escasear los víveres, á enfermarse algu- 
nos, y los descontentos y los revoltosos á fraguar sus 
planes y & derramar siniestras voces [contra el adelan- 
tado. 

Fué preciso volver á la Asunción^ la tropa disgustada 
y anarquizada ya, y su gcfé enfermo y abatido. 

Sus enemigos, que como él mismo nos cuenta, (1) al 
esplicamos el origen del grande odio y enemistad que 
le profesaban, « habian tratado ya por vias indirectas de 
hacerle todo el mal y daño que pudiesen, movidos con 
mal celo, » una noche del mes de abril de 1544, s^ pre- 
sentaron en su casa, y gritando ¡libertad! libertad! vivi^ 
el rey (2), 6 como quieren otros, <c viva el rey y muers^ 
el mal gobierno,)) (3) se apoderaron de él, le cargaron 
de cadenas y le pusieron preso en las casas de Garcia 
Venegas y Alonso Cabrera. 

Fueron los prineipalea fautores de esta violencia los 

<4) Comentarios. •-< Gap. xrin.— Barcia^ Historiadores primi- 
tivos de las Indias Occidentales, 1. 1. 

(2) Comentarios. •— Gap. lxxiv. 

(3) Guevara.^ Lib. II» cap. iv» pág. 106« 



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— 36 — 

dos referidos sugetos, ayudados, según el escribano Her- 
nández, de un criado vizcaíno Hamado Pedro Dorantes^ 
« el cual fué el mismo que lo espió cuando estuviese solOf 
é trató la traición (1). » 

Como no contaban con el apoyo de todos, y temian 
que los pocos, pero esforzados y leales amigos del ade- 
lantado, tratasen de libertarle, pusiéronle guardias de 
vista, y cuando velan ó creían ver alguna demostración 
de sus amigos y partidarios, entraban armados donde 
él estaba, y decían puesta la mano en los puñales : — 
« Juro á Dios que sí la gente se pone en sacaros de nues- 
tro poder, que os habernos de dar de puñaladas y cor- 
taros la cabeza, y echalla á los que os vienen á sacar, 
para que se contenten con ella (2).» 

Diez meses pasó de esta manera, hasta que Irala» por 
consejo de sus amigos, determinó enviarle á la corte, 
acompañado de Cabrera, Yenegas y Lope de ligarte su 
agente. Es de presumir que estos llevarían pruebas sufi- 
cientes para justificar y paliar su delito, y que los me- 
dios de que echaron mano no serían los mas lícitos ni 
legales ; y solamente asi nos esplícamos la injusta sen- 
tencia del Consejo de Indias. 

En esta ocasión creemos á Hernández y á Barco, por 
mas maldicientes que parezcan. 

« En las depusiciones de testigos que se tomavan con- 
tra el gobernador, por ser el alcalde comunero, en lo 
que era en su favor no se lo asentaban, ni escribían, 



(i) Relación cit. 

(2) Comentarios.— Gap. lXxvi. 



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— 37 — 
diciendo « no os preguntan eso » induciéndoles dijesen 
lo que á ellos les estaba bien, haciéndoselo firmar á mu- 
chos de ellos por fuerza, é porque saliendo estos oficíales 
alborotadores é sus criados á robar por la tierra, é vi- 
niendo á noticias del gobernador, saliese á reprendellos 
y maltratallos, les dijo : a ¿Pareceos que es cosa justa que 
cada uno de vosotros quiera ser rey en la tierra? pues 
quiero que sepáis que no hay otro, ni le ha deber, ni 
otro señor sino S. M. é yo en su nombre.» Con razones 
indirectas hacia Rui Diaz del Valle, alcalde, que dijesen 
que el gobernador habia dicho que era rey ; é sobre esto 
hacían probanzas sobornando á los testigos que lo di- 
jesen (1).» 

<c Venegas y Cabrera, pues, al preso 
Uávaron á Castilla, y lo entregaron 
Al Consejo Real, con gran proceso 
Y causas que á su gusto fulminaron (2).» 

Esta suposición adquiere doble fuerza cuando se con- 
sidera que, ((después de su prisión, hubo muertes feas, é 

muy mal hechas y sin castigo y que sus autores 

pusieron muchas veces la tierra en muy gran riesgo, y 
de matarse unos con otros, y que la tierra quedase per- 
dida (3).» 

El carácter y temple de ahna de Alvar Nuñez no per- 
tenecían á su época; por eso fué desgraciado. Es tal 

0), Relación del escribano Hernández. . 

(2) Barco.— Canto t, pág. 80. 

(3) Relación sin nombre de autor^ escrita en Espafia á fines 
del siglo XVL— Muñoz, t. LXXXIV. 

2 



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— 88 — 

miQstrá Gonvieelon en este punto, que» aun caando no 
tuyiéaemos el apoyo de la historia en nuestro favor, la 
lánple lectora de los hechos nos convencería de esta 
verdad* Y en efecto, sin apoyamos en las relaciones Iné* 
ditas de la colección del seflor Muliox, vemos que Barco 
le callfloa de « hombre virtuoso y. eminente, » y se ad* 
mira de que no se hubiese castigado á los autores de su 
desgracia ; añadiendo ácontinuacion/que era tan grande 
el convencimiento de su inocencia, que todavía en su 
tiempo habia quien temiese el castigo á que se habia 
hecho acreedor : 

« A Cabeza de Vaca ya volviendo, 
Lleváronle á Castilla aherrojado. 
Agora que lo estoy aquí escribiendo 
Me adoairo como nunca oasligado 
Aqueste caso fué, atroz^ y horrendo, 
Y el gran levantamiento confirmado. 
En mi tiempo yo vi se recelaba 
El pueblo del castigo que esperaba (1).» 

El juicio que hace Rui Diaz, tanto de los sucesos 
como de la persona de Alvar Nuñez, no puede ser mas 
favorable : (2) Guevara le llama varón ilustre... reco- 
mendable por stts virtudes.., uno délos hombres mas 
juiciosos de su siglo... que moreda estatuas por su rec- 
titud y justicia; (3) uno délos mas virtuosos y va- 
lientes aventureros españoles^ Robertson (4), el mas mo- 

(1) Canto T, pág. 58. 

(2) Véanse los cuatro primeros capítulos del lib« il. 
(9) Ub. U, ctp. ti» pág. 100. 

• (4) Hist. 4e VAmérique, lib. IV» |>ig« flip tola 2* <Naney 4836). 



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— S9 — 
dorado y Juidofio ie los escritorio estrangeros respecto 
de lo« efipiAolee, según la respetable opiaion del señor 
Qoíntana (1); grande y esforzado caballero^ el padre 
Batitístai y á los que se alzaros contra él, tumultwmte$ 
6 envidiosos de su gloria (2)« 

En vista de tan irreeasablee testimotdos, sentfanoi 
que Azara, siguiendo las erradas opiniones de Sehmi- 
del (3) y apoyándose en la sentencia dd consejo de Ine- 
dias y algunas iodueciones que no nos convenoen, como 
otras veces, despreciando las opiniones mas contestes 
j fondadas de ios escritores contemporáneos, y las de 
Barco, Rui Díaz deCkuman, Guevara, Herrerai Roberto 
son, Lozano, elP. Bautista, el marques de Sorito, y tantos 
otros, trate de paliar y justificar este hecho, de una tras- 
eendeneiatanliineateenlosasuiitosdela colo»ia»dieíendo 
ipe pa esiaban^amadoi las tropas de la ai^arieia, despotk* 
mOf aspereza y müos fraiemientos de Mvar Nuñez (4). 

£sto no as tíerto, y amqiie lo fuese, bien se oom» 
prende que ese ftital ejemplo de un gefe, imagen del so** 

(I) vidas de españoles célebres, i. II, pág. 08. (Madrid iMÍ), 
{9^ Sóifede les goberaa<l<WM dcA Pacaguaj, ele., segun eoiistt 

de los libros capitulares qat se coeferian ea el archivo de ii 

Asunm», pág* 190» col. da Aog., t. iL 

(3) Ved las notas del Viage deUlderico Sobmidel, especialmeO"< 
te la 27 y SO en eltomo III de la Colección de Angelis, tomadas, 
aunque alli no se dice, de Barcia. (Véase el tomo III de los his- 
torisdores {MnnHWos de k« hidias Oceidentales, donde se halla 
la obra de Schmidel, bajo el titulo de Histsrie y é^owbrioAente 
MRiodeUi PldUa 9 Pereguay,) VátM tanlnen eí Examen apo- 
logético de la narración histórica de los naufragios, pere|p:ina- 
clones y mflagros de Alvar Nuñez Barcia, 1. 1. 

(4) Descrip. éhist. t. II, pág. 400.— Yiages, t. il, pág. 364. 



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— iO — 
berano, juzgado y depuesto por los que estaban bajo su 
inmediata dependencia por la voluntad de aquel, y que 
podia considerarse atan remota distancia, en medio de 
los peligros que rodeaban á los conquistadores y su re- 
ducido número, como el monarca de hecho ] ese funesto 
ejemplo, repetimos, no podia menos de relajar todos los 
vínculos que unian á aquellos hombres tan indómitos y 
valientes como licenciosos é indisciplinados^ y reprodur 
cirse mas de una vez en lo futuro, como el ejemplo de 
Eduardo II, juzgado y depuesto por sus vasallos en 1527, 
se ha multiplicado después en la misma Inglaterra, y sido 
Imitado por algunos pueblos de Europa. 



Los revoltosos, ^apoyándose en la famosa cédula de 
Carlos Y, fecha en YaUadolid el 12 de setiembre de 1537, 
— eterno semillero de discordia y anarquía — que mar- 
caba el modo de reemplazar á los gobernadores en los 
casos fortuitos é imprevistos, eligen á Domingo Mar- 
tínez de Irala, uno de los cómplices, y hasta el principal 
promotor de esta tropelía, según varios autores, é ino- 
cente, según Rui Diaz de Guzman y Azara ; el cual para 
distraer á aquellos hombres inquietos y turbulentos, in- 
capaces de obediencia en el recinto de las ciudades, se 
propone atravesar la cordillera de los Andes y realizar 
la empresa que tan cara costó á su antecesor : descubrir 
el camino del Perú. 

Mas feliz que Alvar Nuñez, consigue lo que desea : de- 
mórase algún tíempo intrigando con Gasea, presidente 
de aquel pais, para que ratifique su nombramiento. Entre 



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— 41 — 

tanto, se sublevan algunos de los mismos revoltosos que 
se alzaron contra Alvar Ñoñez, porque querían volverse 
i la Asunción, y resistiéndose Irala, le deponen, nom- 
brando en su lugar á Gonzalo de Mendoza ; luego se arre* 
pienten, deponen á este y vuelven á reelegir k Irala. 

Los de la ciudad, por su parte, hacen derramar la voz 
que ha muerto el gobernador en su espedicion, y en su 
consecuencia proceden á nueva elección. Diego Abreu es 
elegido ; pero Francisco de Mendoza, uno de los pro- 
motores de esos desórdenes , defraudado en sus espe* 
ranzas, reúne algunos de sus parciales con ánimo de 
derribarle. Abreu le previene, le mete en la cárcel y le 
fusila; otros dicen que le hizo cortar la cabeza. Acto de 
vigorosa energía que le costó la vida mas tarde. Llega 
Irala, y todo vuelve á su antiguo estado (1). 

¿No recuerda el lector algo parecido á la conducta 
de las guardias pretorianas con los últimos emperadores 
romanos? - 

£stos sucesos y otros semejantes se reproducen en me- 
dio de los ataques de los indios, las rivalidades de los 
tenientes del Perú y el Paraguay acerca de las nuevas 
tierras que se van esplorando y conquistando *, en medio 
de las rebeliones, las intrigas, las violencias y crímenes, 
egercidos por audaces aventureros ó ambiciosos manda- 

(i) Asi refieren los sucesos concernientes á la deposición de 
Irala, Rui Diaz de Guzman, lib. II, cap. viii. Guerara, segunda 
parte, cap. irii, pág. 112 y siguientes: pero Schmidel, sin decir 
nada de la deposición del mencionado gefe, cuenta la muerte de 
Mendoza del mismo modo. Viage al Rio de la Plata, cap. lix, asi 
como Bafco, canto V, y Azara, descripción é historia, t. II, pá- 
ghial26. 



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— 48 - 
Urios» B^m personas dignas de mas respeto y eonside- 
radones por suposición, por su carácter ó sus servicios. 
Ora Nuflo de Chatas « deslumhrado por el buen éxito con 
que había dirigido algunas operaciones militares, medita 
sublevarse con la gente que comandaba, para levantar una 
provincia mdependiente de la gobernación del Plata : » (1) 
tan pronto Cáceres, célebre por sus tropelías, carga de ca* 
denas ¿un ministro del aliar « recomendable por sus vir* 
tudes por su espíritu manso, apacible y sufrido en los 
agravios, » (2) como ordena prender á varias personas 
sospechando que conspiraban contra su autoridad, y 
« entre ellas á un caballero llamado Pedro de Esquive!^ 
& quien manda dar garrote, cortarle la cabeza y ponerla 
en la picota, c<m lo que todo el pueblo quedé constef" 
nado (3). » 

Ora Martin Suarez de Toledo , á quien este mis- 
mo Cáceres habia quitado su empleo de alguacil, sale 
á la plaza en medio de un motín provocado por los vejá- 
menes y escesos del referido caudillo; y cuando le saca- 
ban de la iglesia, donde en vano buscó refugio , para 
llevarle á la prisión, « rodeado Suarez de mucha gente 
armada, con una vara de justicia en la mano apelli* 
dando libertad^ y juntando asi muchos aleábuceros, 
usurpa la real jurisdicción sin que alguno le osase resis- 
tir (4),ó en otros términos, se apodera delnumdo»inopoii'' 

(1) Guevafa, lib. H, cap. vm, pág. i^« 

(2) Guevara, lib. U, cap. x, píg. i35. 

(3) Ruiz Diaiy lib. III» cap« xvni, pág. 149* 

(4) Ibidem*— ^nevara» lib. Uf cap. x, pág. 130. El cantor de 
la conquista ba definido perfectamente á Cáceres (canto Vil, pá- 



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— 43 — 

eiM (1). Ora algunos desoontmitos denlas medidas toma- 
das por el adelaotado Ortiz de Zarate, que pretendía des- 
pojarles de los empleos y mercedes que les concediera 
una autoridad intrusa (Suarez), se libran de él por medio 
de un veneno (3)| y entra á suoederle por disposldon 
testamoitaria su sobrino Mendieta, mozo que Teinto afios 
no tenia* 

d Y en seso, mayor ftlta padecia. 

Bajo su mando, 

Andaba la Asunción tan temerosa 
Que padres á los hijos no hablaban, 
La muger del marido recelosa» 
Las madres de los hijos se guardaban. 
Justicia del Se&or muy rigurosa 
Las cosas de Mendieta figuraban, 
Castigo en recompensa de pecados 
De los presentes vivos y pasados. 

Los españoles viejos muy ancianos 
Gon su cabello blanco y barbas canas, 
A la importuna muerte ya cercanos, 
Cansados de sufrir cosas tiranas, etc. » (3) 

gina 73) en los siguientes versos, que si son muy malos son en 

cambio exacUsimos : 

« El Gáceres estaba tan furioso, 
Tan alUTo, soberbio y endiablado, 
Que no tiene en sí mismo algun reposo 
Ni puede estar momento repoiado. • 

(1) Azara.— Descrip. éhist., t.U, pág. 183. 

(2) Azara, t. II, pág. 1S9. 

(3) Barco.*-Gap. iix, pig. 200—204. 



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- 44 - 
Tal era Hendieta : hombre perverso y corrompido, 
según la opinión miánime de todos los historiadores. 
Azara es el único que , sin aducir ningún hecho que 
pruebe lo contrario, concediendo que el sobrino de Or^ 
tiz de ZáMe era un mozo de veinte años no cumplidos, 
y que se hinchó tanto con su empleo que separó á su 
co-adjunto Duré para mandar solo, afirma a que su con- 
ducta no fué tan loca, violenta y desatinada como la 
pintan, aunque reconoce que no pudo ser muy prudente 
y juiciosa. » (1) Evidentemente el ilustre viajero se equi- 
voca : el sabio jesuíta Guevara, cuya obra tan útil ñié á 
Azara, en los pocos renglones que consagra á Mendieta 
hace de él la siguiente repugnante pintura : 

« Joven bullicioso, de procederes indecorosos y 

costumbres perdidas : tan desenvuelto en lascivias como 
impio en tiranías. No son para relatarse los estravfos de 
este hombre : llámelo quien quisiere un Néron por lo 
cruel, y un Heliogábalo por lo deshonesto : —aborto 
de los que rara vez produce la naturaleza para escándalo 
de los mortales, en poco tiempo llenó siglos de maldad, 
y preso por los santafecinos, y despachado á la corte, 
arribó al Mbiaza, donde muerto por los naturales, fué 
enterrado en sus vientres. » (2) 

VI. 

Si el lector no está satisfecho de los personajes que 
figuran en este cuadro, contarémosle estravios y críme- 
nes mas reprensibles todavía : le mostraremos al ambi- 

(1) Descrip.— T. II, pág. 200. 
(3) Lib. II, pág. i42. 



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— 45 — 

idéso Castañeda apriiion^ndo á Zorita, gobeinadoir de 
la Hueva Inglaterra, « yencedw glorioso de tantoe ior 
dio9, y ftmdador ínclito de tantas ciudades^ por lat coales 
poeo después fteé paseado en prisiones \ no pudiendo 
menos de deplorarse con el autor la instabilidad de la 
fortuna, que tan injustamente abate á los beneoiteitos 
y levanta indignamente á los calpadoá : n (1) le mostra- 
remos algunos magistrados, traidores á su deber y á so 
ttonarea, quienes necesitando el apoyo del fund&dor de 
Ci^doba, tratan de sobornarte, y no pudiendo ocnise* 
guirio, le hacen asesinar de un modo inicuo por mano 
de Abren, que se vale de una tosa legal para eonsimiar 
su atentado (2). Les contaremos algunos hecho» de 
Aguirre, gobernador de Tucuman, que cometió tantos 
y tan exoriritantes escesos, « que no conserva ei tiempo 
las particularidades de sus estrairios : -^ pero m ténniaos 
universales tiene memoria de atentados esoandaloses 
q«e deMan atajarse prontamente t » (3) le llevaremos i 
meditar sobre las ruinas de las dudades, y entre olraBy 
á las dos fundadas en el vdle de Galdiaqui y Gonando ; 
« destruidas con pérdida y muerte de mucha gente espor 
fióla, gracias al mal gobierno é insidioso proceder de 
Gastalleda : » (4) y si esto no bastase, le obligaremos á 
que flje sos ojos por un faistante, en « una tori)a de fré- 

(i) n>idem, pág. i3i. 

(!) Gueran, lib. II, esp. xn, pág. Í17. Este se nsmsbs Ckm- 
zsK> Abreo ée FlguerM, y ñié investido con la gebeniMi<m de 
Tueunsii, del modo qae refiere Gaenrs ea el cap. dt. 

(3) Ibidem, pág. 144. 

(4) Rui Diaz, lib. II, pág. 03. —A ima de estas ciudades alude 
sin duda Pedro Sotelo Narraez, atitor de mía relaciea sobre Tu- 



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— 46 — 
néticos qne escarnece, befa y ultraja á un obispo re^ 
vestido de sus hábitos sacerdotales, mientras los unos le 
acometen con violencia^ los otros ponen las manos en 
él con impío atrevimiento ; quién derriba al suelo la 
mitra, quién le despoja del báculo y despedaza las san- 
gradas vestiduras. » (1) 

Y así continúa la historia del Rio de la Plata, hasta 
espirar el siglo XVI y gran parte del XVII. 

El año de 1580, Juan de Garay reedifica la ciudad de 
Buenos Aires, y es de nuevo atacado encarnizadamente 
por los querandies. Entonces se da la famosa batalla, 
cuyo recuerdo aun conserva la tradición, en el Pago de 
la matanza. Nombre que alude á la gran carnicería que 
esperimentaron los indios. 

Las ciudades entre tanto van tomando algún incre- 
mento : los gobernadores se reconocen impotentes para 
estender su jurisdicción sobre un pais tan estenso. Don 
Hernando Arias de Saavedra, uno de los hombres mas 
beneméritos de la dominación española, cansado de es- 
cribir y hacer en vano representaciones, despacha á la 
corte á don Manuel de Frías, para que hiciera ver la 
necesidad de dividir una gobemadon tan vasta (2); y en 
1620 se deslinda de la gobernación del Paraguay, el Rio 
dé la Plata y Tucuman; es decir, las tierras comprendí-* 

cumaii (Ifuñoz, t. XXXV), dirigida al licenciado Cepeda, gober- 
nador del Perú. «Ha estado poblado en esta tierra un pueblo de 
españoles mas de cuatro años, y se 4e8pobló¿púrjttal gobierm.* 

(i) Guevara, lib. II, pág. 157. 

(%) Cuatrocientas leguas de co^ta sobre el Q^no, y i^ias ^e 
ecbogiwUs de estensio» territorial 



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— 47 — 
das desde el Paraná hasta su desembocadura en el 
Océano, y desde aqui basta la Gananea por un lado, y por 
d otro el estrecho de Magallanes. 

Esta desmembración era necesaria : el gobernador 
que quería cumplir con su deber, se veía obligado á 
vagar de una parte á otra sin atender á ninguna. Con 
los elementos, obstáculos que le rodeaban., y modo como 
estaba organizado el gobierno en aquellos dilatadísimos 
países, ese gobierno era la cabeza de una criatura incrus- 
tada en el cuerpo de un gigante. 

Para lograr Saavedra el cumplimiento de sus deseos y 
realizar las mejoras que deseaba en beneficio del pais, 
despachó al citado Frias, para que, informando al con- 
sejo sobre su ostensión casi interminable, insistiese con 
eficacia en su división, sobre cuya necesidad en repetidas 
ocasiones habia representado. 

Las dilatadisfanas campiñas que corren hasta el es- 
trecho de Magallanes ; las que caen al Norte hasta la 
Cruz alta, que deslindan el territorio de Tucuman, Rio 
de la Plata y riberas del rio Paraguay con las naciones 
circunvecinas ; los espacios mas imaginarios que trilla- 
dos, en que se estendia sin limites, basta los confines 
del Brasil, la provincia de Guayra, eran del gobierno del 
Paraguay, y obligaban al gobernador á ser peregrino 
dentro de su propia jurisdicción. 

Sobre eso, los estremos rara ó ninguna vez redbian 
el influjo de su cabeza; ó porque llegaban con remisión 
las órdenes, ó porque absolutamente les faltaba impulso 
para tocar en su término : á veces sucedía que las auto-» 
ridades intermedias, que debieran ser el conducto mas 



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— 18 — 

fiel, etnbaraxábati el pmgreso ó inotílltában las medidas 
tnas urgentes y benefldosas. Era, pues, muy necesaria la 
división, y tal la juzgó el consejo de Indias, en Tlrtnd de 
las representaeiones de Frias, quien eon tanto proyecho 
y actividad manejó este asunto, que de simple comisfo^ 
nado, volvió al Paraguay de gobernador, y empuñó el 
bastón en 1620. 

VIL 

Desde la mitad del siglo XYlI, la lucha eon los indi-' 
genas presenta una nueva faz. El Indomable arrojo de 
los eon({Uistadores los han empujado hasta los confines 
de sus respectivas provincias, y por diferentes direc- 
ciones, los ha arrollado hasta el corazón de la Pampa, 
las selvas impenetrables de Chaco, ó los sombríos bos^ 
ques del Uruguay. Ya los indios nose atreven á atacaiios 
frente á frente; pero su odio se acrecienta á medida que 
el estrangero va ganandoterrenoy fundando nuevas cluda^ 
des en sus solitarios campos. A veces se fingen amigos, 
é Imitan el pérfido ejemplo de los Caracarás con los SO 
castellanos que asesinaron á traición en una emboscada, 
preparada de antemano, sacándolos engañados del fuerte 
de Corpus^Christus, so protesto que los amparasen de 
otra nación grande y poderosa que amenazaba destruir- 
los, si no declaraban la guerra á losespafioles (1) : otras 
se ponen en comunicación con los indios sometidos, y 
los incitan d la rebelión; y estos con su ayuda ó sin ella, 
por lo general voluntariamente, sacuden el yugo á la 
primera oportunidad favorable, Inmolando fríamente y 

(f) Ouevara, lib. U, cap. iv, pág. 9íi, 



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--. 49 — 

tbi piedad ¿ Éossrildres* Laa tristes eaemtiB de Santo 
Domingo de la nueva Rioja, no coneloyen en el iiglo 
XVI; 7 si DO siempre {vodueen mi resaltado tan lamoi* 
table^ no dede atriboirseá la falta de erfoersos y toltm* 
tad p<Hr parte de los indígenas, sino á la vigilanda y 
medida» de precandon adoptadas por los españoles, (i) 

Nos acercamos i la época en que el hombre de la 
naloráleza va perdiendo sn primitiTaespontaneldad, y en 
SDcomonicadon con otrosmas<áYili2ado8yftiertes,lmsca 
en el engaño y la perfidia la foerza de que carece. 

Los débiles se abandonan íácümenteá la dese^eracion 
y en la imposibilidad de locbar frente i frente, adoptan 
el anns délos cobardes.la traición, tmicaatmaqoe puede 
mancslar sa brazo, ániea que traspasa la annadnra de 
cualquier enemigo, por mas temibley valiente qoe 8ea(2)« 

Por eso no debe cansamos estrañeza que, á pesar de 
so odio inestingnible contra la raza dominante, empezar 
stm desde este tiempo á recibir ¿ los que huian de las 
ciudades y presidios, y se asilaban entre ellos, y qoe se 
pusiesen bajo sus órdraes, conociendo los imperiosos 
motivos que les obBgaban á alejarse de los cristianos. 
iiOS asesinos^ los ladrones, los desertores, todos los que 

(1) En la Relación verdadera del viage y salida que hizo del 
Rio de la Plata al Perú, Francisco Ortn d» Mergwrü en 1965 
(littDOK t. LXXXVm)» «e habla detenidamente de la deatraceion 
de Santo Domingo de la Rioja, y de la carnicería genoral» ejee«H 
tada fina y alevosamente por los indios en sus epniadoa babitaiH 
tes, al estremo qae solo uno escapó con vida. 

(2) Véase el Diario de la espedicUm á la Sierra de la VenUmñ 
del coronel García, y su informe á la {limera junta de Buenos 
Aires en iSll.Aflg.t. UI. 



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— so- 
por alguna cirounstancia se veian compelíaos á huir del 
brazo de la justicia, iban á buscar asilo entre los salvajes 
y ellos se lo concedían de buena gana, adivinando, 
mas por instinto que por reflexión, que serian los mejo- 
res instrumentos de su venganza. Estos foragidos, en 
efecto, conquistaban pronto gran prestigio entre los ín-* 
fieles por su ferocidad y desenfreno: empezaban por 
apostatar de su religión; se atemperaban en un todo ¿ 
sus costumbres ; se casaban con las hijas de los caciques 
y á menos de ser muy cobardes ó imbéciles, acababan 
comunmente por dirigir sus escursionesó malocas (1), y 
ser elegidos gefes de alguna parcialidad ó heredar el ca- 
cicazgo de sus padres políticos. Hoy todavía desempeñan 
el mismo papel , y mas de uno ha adquirido en sus 
aduares una negra celebridad (2). 

Pero lo que si debe causamos estrañeza,| es que los 
cautivos de los indios, las mugeres y niños, se aficiona- 
sen tanto á su asqueroso método de vida y á su azarosa 
y vagamunda existencia, que rara vez querían, pasando 
algún tiempo en su compañía, volver al seno de sus fa- 
milias y gustar las dulzuras de la civilización. 

Este fenómeno, observado por varios viageros, y muy 
especialmente por Azara (3) y García (4), es digno de 

(i) Gorrerías para robar. 

(2) Desde tiempos muy remotos hasta nuestros días, se encuen- 
tran ejemplos mas ó menos curiosos en Barco, cant. XI y XX, p. 
119, ÍSQ y simientes : don Luis de la Cruz, Costumbres de los" 
Peguenches, p. 32. — Ang., t. ¡.^Sarmiento, Vida de Quiroga, p 
908 y siguientes, etc. 

(3) Descripción, t. I, pég. 149. 

(4) Véase lo que cuenta en su Diario ya citado d^^o^ |iijU>s y 



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— 54 — 

ñjar la atención de los sabios ] y acaso estudiado con mas 
prolígídad y conocimiento de las causas que le originan, 
nosreyelase alguna nueva é importante verdad filosófica» 
justificando tal vez varias de las proposiciones sentadas 
por el filósofo de Ginebra, en su célebre discurso pre- 
miado por la academia de Dijon. 

Acabamos de indicar que los salvages, ¿ medida que 
se ponen en contacto con los blancos, adquieren todos 
los vicios y defectos inherentes á la civilización sin una 
sola de sus ventajas. Así los vemos, desde esta época, 
volverse mas disimulados y precavidos; concertar mejor 
sus planes de ataque y de defensa -, procurarse la alianza 
de otros pueblos; faltar á los pactos y tratados con mas 
frecuencia; y cuando menos se les espera, salir de sus 
guaridas y caer de repente como un enjambre de hienas 
sobre las poblaciones indefensas y las estancias mas re- 
tíradas. Rechazados, vuelven al ataque con nuevo ardor, 
en cuanto sus contrarios se adormecen en la confianza 
de un triunfo •momentáneo: vencedores, degüellan, ro- 
ban, destruyen, incendian cuanto pueden, se llevan cau- 
tivas á las mugeres y niños, y vuelven á perderse en la 
inmensidad del desierto, donde- seria imposible y teme- 
rario irlos á buscar (1). 

Este carácter que toma la lucha, obliga á los españo- 
les, á pesar de sus triunfos, á estar siempre sobre la de- 

mageres cautivas entre los pampas, ranqueles, hueliches, aucas, 
etc. 

(i) Las escursiones de los indios duran todavía : en 1780 pene- 
traron por Liiyan, rompiendo la linea de defensa establecida bsjo 
el gobierno del yirey Vertís , é lucieron gran destrozo y robos 



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— 54 - 

fue oeupwDOB de eUi^ Biendo^ cooio ,ei por eapnoio de 
dos ftigloe, Ui única historia de la Banda oriental, parte 
integrante del vireinato de Buenos Aires. 

vm. 

En casi todas S113 vaataa poMsionea de la América 
meridional, limítrofe» con el BraaB, España tropecé con 
los portugueses. En Venezuela ^ en Nueva Granada, en 
el Ecuador, en el Perú, en Solivia, en el Paraguay, m la 
Guayana ; pero en ninguna parte con tanta frecuencia ni 
notoria mala fe como en el Uruguay, ó sea en la ribera 
iiquierda del Plata. La simple narración de los hechos 
convencerá al lector de lo que avaniamos. 

La muerte de Solis, que sucumbió en la isla de San 
Gabrieljperteneciente al territorio Uuruguayo; la destruc- 
ción del fuerte de San Salvador y la feroddad de las 
tribus que habitabap la Banda oriental^ ferocidad que 
en una ocasión dio margen á un gobernador, Andonae- 
goi, para ordenar que fuese pasado & cuchillo todo va- 
rón quecsoediese dedoceaOos, diciendo que elveriadero 
bautiimo de aquellos ealvages eru la sangre (1), babian 
hecho desistir á los primeros pobladores de establecer 
dudadas fuella* 

Al pisar aquellas playas los espaaoles, las ocupaban en 
diversas direcciones los charrúas, los chañes, los chayos, 
guenoas, tapes, biO^^i mboanes, minuanes, y aros, 
martidanes, caiguás y otras tribus y parcialidades muy 
poco conocidas y algunas enemigas entre sí(2). 

(i)UaoU,pág.907¿ 

(2) V. el cap. iii de la obraeit de Lasota. 



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— 56 — 

Enb« eatai teibiiB^ la mas nótala era la de U» (^ 



La gente que jamás fué conquistada 
Que á todo el mundo junto no temia. 

En guerras y bataUas belicosa 
Osada y atrevida en gran manera (1) 

Marchaban eon la cabeza erguida^ y enhiesta la firente, 
Boportaban el hambre, la led y la fatiga con admirable 
fortaleza, y no se detenían por embarazo» de rios> mon^- 
taSae, ni esteros ó cenagales (2). 

Indomables, feroces y valientes hasta el heroísmo^ 
todos los historiadores están contestes en asignarles 
el primer lugar entre todas aquellas valerosas tribus : 
eran los verdaderos espartanos de América. Su lucha con 
Espalla empezó devorando ¿ Solis > y no han cesado de 
guerrear hasta que füenm esterminados en nuestros diaS: 
cuando se sentían débiles, se confederaban con otros 
paetdost y juntos volvían & esparcir el terror y la desola- 
ción donde quiera qae se presentaban. 

La fortaleza fundadapor Gaboto, en el rio de San Sal* 
vador, fué destruida en breve; y la primera pobladon 
que hicieron los españcAes en sa territorio en 1560, b^Jo 
él gMemo y por disposición de ¡rala, á dos leguas del 
Uruguay en el rio de San Juan, sofrió la misma suerte 
al poco tiempo; pues los indios atacaban á los pobladores 
con tal encarnizamiento y tenacidad, que no les daban 

(f ) Bureo. Gaiit. X, pág. iOI. 
(2) Azara. Descríp. 1. 1, pág. 150. 



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— 56 - 
iuffarparahaeersussemmteras. El capitán Riqaelme, en- 
viado por Irala, parainfonnar8edesuestado,los encontró 
muy enflaquecidos y desconfiados de poder salir de alli 
con vida , por los continuos asaltos que padecían (1). 

En 1574, Garay fundó en San Salvador otra población, 
que tuvo que abandonarse en 1576 por la misma causa. 

En 1603, don Hernando Arias de Saavedra, valiente 
caudillo y mejor gobernador, sale de la Asumcion con 
un número muy regular de tropas ; resuelto á sujetar las 
tribus del Uruguay á la obediencia de España ó perecer 
en la demanda. Toda su infantería, compuesta de 500 
miliciauos, quedó tendida en las verdes llanuras que 
riega aquel caudaloso rio ; « ¡ tan grande era el furor y 
ciega obstinación con que los naturales defendían el ori- 
ginario suelo ! » (2) 

Tantas tentativas estériles acabaron porfin dedesegañar 
¿los españoles que no era fácil sujetarlos por las armas, 
y recurrieron al medio que debieron haber empleado 
desde un principio. 

Felipe III, por una Real orden fecha 30 de enero de 
1609, ordenó que se tentase la reducción de los indíge- 
nas por medio de las misiones evangélicas (3). 

En 1619 y 1624, fundáronse los pueblos de la Concep- 
ción y de Santo Domingo Soriano, y bajo estos auspicios 
la Compañía de Jesús, presentóse en aquella rica viña 
cosechando almas para el cielo con la rapidez y acierto 

(1) Rui Diaz. Lib. II, cap. xii, pág. 96. 

(2) Guevara. Lib. II, cap. xviii, pág. i7i. 

(3) Lozano. Uist. de la Compañía de Jesús, tomo II, lib. iv, pág. 
260.— Madrid 1764. 



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— 57 — 
qae se traslucen en las reales providencias espedidas á 
su favor en 1634. *■ 

El preámbulo de una de ellas, dice asi : 

« Don Felipe por la gracia de Dios, rey de Castilla, de 
León, etc. 

c( Por cuanto Alonso Messía, déla Compañía de Jesús, 
me ha hecho relación que los religiosos de la dicha 
compañía sin escolta de soldados, ni mas fuerza que la 
del Santo Evangelio han entrado en la gobernación del 
Rio de la Plata, conquistando provincias y reduciendo 
naturales de ellas á poblaciones con iglesias, venciendo 
para conseguirlo grandes imposibles, con ofrecerles 
serán puestos (en encomienda) en mi corona Real, en que 
procediendo con tan gran desvelo y cuidado que al pre- 
sente están reducidos mas de 70,000 en las dichas pro- 
vincias del Rio de la Plata, Paraguay y Villa del Espíritu 
Santo, etc.» 

Esos pocos renglones hablan mas alto, en favor de los 
ndnistros de la Compañía de Jesús, considerados como 
misioneros, que todo lo que se ha dicho (y se ha dicho 
mucho), y pueda decirse contra ellos y su sistema. 

IX. 

Por este tiempo los vecinos de Buenos Aires, con per« 
miso del gobernador, venían á veces en gran número á 
cortar leña y hacer cuerambres en las costas y solitarios 
campos de la Banda Oriental, donde, del siglo XVI al XVI, 
algunos caballos y novillos traídos de España, se multi- 
plicaron con tanta rapidez, que se convirtieron muy 
pronto en un venero de riqueza de mas fácil esplotacion 



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— 5$ — 
ymiBMginro qne Ifts misas de oro yplttaquaeontan* 
to afán buscaban los conquistadores (1). 

Ahora bien : los portugueses que vieron la especie de 
abandono en que se haDaba la margen oriental ád Plata, 
resolvieron establecerse en ella, y fundaron en 1679 la 
Colonia del Soerimento. 

Arrojados de aiU un afio después por el gobernador é» 
Buenos Aires don José del Garro, on tratado inhábil 
aunque provisorio, se la devolvió en 1663. 

Esta davolacion, efectuada gracias á la incapacidad ^e 
(abrios II, y á la actitud imponente y audaces manijosque 
desplegó en eia oeasfam el gabfaiete de Portugd ; esta 
oenpacion consentidapor un rey de España, legitimo y 
único.durik) de aquellos países, de hecho y de derecho, 
robustecida por un mievo tratado (17ül), y vetnteyeimtro 
ajlos ite poeesioo no intemnnpida, ha servido después 
para cohonestar el derecho y falsos títulos ^posesión 
qoe desde entoneee en^aar on á ategar los portiigiieses, 
y mas taide sos sucesores los brasUefios, dempre que so 
ha tnatedo de hacerles restituir lo qué tenían y tienen 
usurpado* 

Tal era la política de España : y cuando en 1705 el 
gobernador Inclan, por orden del virey de Lima y can- 
sado ya de sufrir los avances de sas ambiciosos vecinos, 

<f ) En el articulo Buenos kireé, oorresfKHidfeiKe al tomo V de 
la £iMicAei>edie Que <» i» aetaaiSdsd puliiíea ei «ea6r Mdlsdo 
(artiealo cuja ni4|or parte nos pertenece)» aos bemos ocujpado de 
este punto, consignando, p. 986—88 cuanto hemos podido skyeñ- 
guar acerca del primitivo origen y estraordinario acrecentamiento 
de los ganados de las dos riberas del Hata y Paraguay, su princi 
pai ramo de riquesa en la aciniMsd. 



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— su- 
puso ritió á la Colonia y se apoderóda ella; dtes tfk» 
después un nuevo tratado le obItgA i de? df erla i mis 
primiüTos dueños (1716). 

De modo que los espaJKdes reoonqiiistalMBí la Goleiiia 
á balazos, y los lusitanos se la arrebataban interponiendo 
una nota diplomática. 

En esta porfiada lacha de la astada y la intriga eOQ el 
valor y ia lealtad, los portugueses ialtwonveDoedores^ 
p^o los eoldados easteUanos eseriMeron con sa espada 
una paginada gkntaen aq[uellastan dteputadasmuraMta, 
padrón eteno de la negUgeneiade sn iluso gobierno. 

Para oomprender toda la gravedad de este cargo, es 
neeesario saber ouáles eran las eoooeidas intenriones, 
hasta dónde llegaba la andaeia y euál toé el ptimordial 
objeto de los poitngaeses al ftmdar la Colonia, y laaneha 
brecha que Bspafia abría á su autoridad y A sos inlsre* 
ses, Cuálitiñdoles con su devolueiM el oontrabando en 
todo el vireinato, y monopolizándole en su fan>r, pues 
no filé otro el objeto que se propusieron, según la opi- 
nión de un entendido escritor, al levantar una fortaleía 
en aquel punto dominante y tan favorable á sus miras (i). 

Sin duda por eso lacorte, recelosa ya de la preponde^ 
randa y vuelo «pie tomarían los intrusos, si se les dejaba 
á título de amigos ocupar territorios ^fue luego dedata- 
rían suyos, adoptó tales medidas, que por lo pronto pa- 
rausaron de un golpe sus planes de engrandadmieuto. 

PnodMi verse á este respecto las disposidones de Fe- 
lipe V al gobernador de Buenos Aires don Baltasar Gar- 

(i) RoberUon. — Hist. de PAmérique, lib. VIII, pág, i33. 



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— 60 — 
cia Ros^ en su despacho feeha 11 de octubre de 1716 (1). 

Una de las diposiciones era que no se diese mas terri- 
torio á la Colonia, como se coavenia en el tratado, que 
el que alcanzase el tiro de bala de unapieza de á 24 
disparada desde la plaza. Foresta medida juzgúese de 
las demás. 

La ocupación de la Colonia fué útilá España bajo otros 
conceptos : ella le hizo conocer ¿fondo á su adversario y 
pensar en invertir parte de los tesoros que sacaba de 
América en defensa y provecho de la misma. Asi es que 
al disponer la entrega de la plaza, aleccionada con el 
ejemplo, ordenaba que se fortificasen los puntos de Mon- 
tevideo y Maldonado, para que ni Portugal ni otra nor 
don alguna pudiera apoderarse de ellos (2). 

Desgraciadamente esto era mas fácil disponerlo que 
realizarlo, no teniendo á la sazón los comisionados re- 
cursos para ello, como sucedía á las autoridades de Bue* 
nos Aires. 

Todavía ftaé necesario que los portugueses viniesen á 
sacudir la apatía del gobierno español. 

Despechados estos por el estrecho círculo á que se vete 
reducida su rapacidad en la Colonia del Sacramento, tra- 
taron de establecerse en otro punto del litoral desde 
donde pudiesen estender su dominación al int^ior. 

X. 

El ayudailte de campo don Manuel de Freítas Fonseca, 
recibió orden para desembarciir con 300 hombres en 

(1) SehaUa en la obra cit. de Lazota, pág. iS8. 

(2) Oficio del rey á don Bruno Mauricio de Zavala, fecha 27 de 
enero de 1720. 



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— 6J — 
MoBteYideo, y|M>blarl8 y fortifiearle, como parte delod 
dominios de su soberano. Asi lo efectuó á Anes de 17^3. 

Ap^as lo supo Zavabí, gobernador dó Bueno» Aires, le 
intimó que ínmedifitamente se retirase : y habiendo re- 
cibido una negatÍYa categórica, se preparó k emplear la 
ftierca* ya que las buenas razones no bastaban. 

£1 impertérrito Freitas, apenas le vio venir, en vez de 
hacer una desesperada resistencia como era de esperar 
en vista desu&propiaspalabras, se retiró prudentemen- 
te, protestando que no lo hacia de miedo, sino porque no 
quena ser él causa del nmipimíento de la guerra. 

Habiendo tan felizmente arrojado á los portugueses, 
empezó don Bruno Mauricio de Zavala en enero de 1724 
á fortificar á Montevideo, aprovechando lo que habian 
dejado los intaisos. 

Después de concluido el reducto que se trabajaba en la 
punta del £ste (hoy batería de San José) retir<^ á Biíe- 
nos Aires, nombrando de comandante encargado de 
la defensa de ia plaza, al capitán don Francisco Antonio 
de Lomos. 

Asi se fimdó b^[o la advocación de san Felipe y San* 
tiago la eiudad de Montevideo, ciudad que por su posi- 
ción geogr^ific^por la bondad é importancia desu puerto, 
el miyor de aquellas regiones (i), según la opinión de un 
escritor competente de quien se sospecha con bastante 
fundamento que era espia'ó comisionado» det gobierno 
inglés (2), está destinada á ser el emporio del co- 
mento dd JUo de la Plata, siendo Indispensable ya, 

(i) Falkner. Descripción de la Patagonia, p. 16. Ang. t. I. 
(2) Véase el discurso prelimúuir qu« precede á su obra. 



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— ca- 
para dominarle, y asegurarse', su pacifica posesión. 

Conviene que nosfijemosen esta circunstancia que no 
ha sido bien apreciada todavía*, las continuas espedicio- 
nes de los estrangeros y en especial de los ingleses des* 
de la guerra con Felipe 11 : la usurpación de Portugal 
en 1817 : la guerra con el Brasil hasta 1828, la última 
con Rosas, no tienen otro origen ni otra razón. Ahí está 
la historia abierta para los que quieran estudiarla. 

Don Bruno Mauricio de Zavala, hacia por consiguiente 
un servicio relevante á su patria, en comprender desde 
temprano la inmensa importancia de aquel pedazo de 
tierra, abandonado por la incuria de su gobierno, y en- 
clavar allí la bandera de CastiUa, antes que el lusitano, 
con sus arteros manejos y ambición desmedida, reali- 
zase el plan que acarició hasta el último instante de su 
dominio en el Brasil: llevar sus fronteras hasta la ribera 
oriental del Plata. 

En el largo y lisongero oficio , fecho en Aranjuez el 
16 de abril de 1725, que con este motivo le pasó el So- 
berano, aprobando plenamente su conducta, dándole 
muchas gracias y en su Real nombre mandándole se las 
diese á la dudad^ militares y demás vasallos que cofir 
currieron á esta función^ se encuentran compendiados 
los sucesos que precedieron á la fundación de Montevi- 
deo, y la confesión de que don Bruno Mauricio de Zava- 
la, anteriormente habia solicitado varias veces con efi- 
cacia, que se le facilitasen los medios de llevar á cabo 
las órdenes que tenia, pero que no habia sido posible 
atenderle (1). 
(i) Acias de la fundación de Montevideo, p, 6. Asg. t. llf . 



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— 63 — 

Zavala, deseoso del aumenta y prosperidad de la na- 
ciente población, dispensó franquicias y privilegios á to- 
dos los que pasasen á Montevideo en dase de pobla- 
dores. 

Los primeros vinieron de Buenos Aires, los segundos 
de las islas Canarias ; es dedr, seis familias Argentinas 
y cuarenta y una Canarias, traídas en dos viages p<^ don 
Francisco de Alzáibar, plantearon de 1724 á 17281a ciu- 
dad de Montevideo. Asi consta de las actas de su ftm- 
dadon. 

Esta población que tomó un incremento rápido, ne- 
cesitaba una administración que llenase sus necesida- 
des; y Zavala, que la miraba con un interés paternal, 
ordenó se erigiese un cabildo y autoridades competentes 
el V de enero de 1730. Mas tarde la corte de España 
nombró (1751) un gobernador politice y militar con de- 
pendencia del gobierno de Buenos Aires. £1 primero que 
ejerció este cargo fué el coronel don José JoaqmnViana. 

XI.. 

Hemos dicho que en 1620 se separó la gobemadon 
del Paraguay de la delRio de la Plata ; y aunque revuelta 
y anárquica, mngun suceso de distinto linaje de los que 
llevamos narrados, presenta su historia hasta un siglo 
después. 

Desde su separación de Buenos Aires, la provincia del 
Paraguay quedó sujetaá la jurisdicción de la real audien- 
cia de Charcas, la cual con motivo de las quejas que 
aquella elevó á su conocimiento, mandó por juez pes- 
quisidor al oidor y protector general de Indias don José 



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— 04 — 

de Antecpiera^ tuyo empleo ejerció deede el 13 de se- 
tiembre de 1721 hasta el 6 de junio de 1722, en que en- 
tró y fué recibido por gobernador en vlrtiid de m| despa- 
cho del virey Morcillo, espedido en Lima el 24 de abril 
del721, 

Biyo su gobierno empezaron los escandalosos des- 
órdenes y revueltas que continuaron en el de sus suce- 
sores» 

Esplicaremos su origen y los funestos resultados que 
produjo el capricho del citado virey ; pues su irreflexiva 
conducta dio margen á qne apareciese como intrusa una 
autoridad que no podia ser mas legitima. 

Qu^iendo proteger el virey á don Baltasar GarciaRoi^, 
sin considerarlos servicios de Antequera, estando yare- 
conocido por gobernador, y desempeñando sus funcio- 
nes á satisfacción de todos, envió al mencionado Ros, 
no á re^nplazaríe, sino á ocupar su puesto, de un modo 
tan desacertado, que mas bien parecía una destitución 
violenta é ilegal, que una providencia justa, cual con- 
venía. 

Eos se presentó ¿ tomar posesión del gobierno, se- 
guido de un ejército de 6,000 ihdio^ guaranis, sacados 
de las misiones jesuítas; presentóse con ademán impo- 
nente y altanero, echando braratas y amenazas, y de- 
jando traslucir su encono contra algunos de los que 
hablan figurado en los anteriores disturbios. El gober- 
nador y la ciudad entera se sublevaron contra este 
proceder despótico, y salieron á su encuentro resueltos 
á rechazar la fuerza con la fuería. Los beligerantes se 
encontraron en las márgenes del Tebicuari, donde sufrió 



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— 65 — 

una completa derrota el cgército iavaser, salvándose su 
gefe milagrosamente^ 

Llegó al Perú la noticia de estos sucesos y el virey, 
aunque tarde, si no conoció completamente la ligereza 
de su procedimiento, previo todos los males que podrían 
resultar, si no se adoptaba un pronto medio de evitar 
sus consecuencias. 

Estaba ya en el gobierno de Buenos Aires el capitán 
general don Bruno Mauricio de Zabala, esforzado guer- 
rero^ íntegro magistrado y hombre bien quisto en todas 
las provincias del Rio de la Plata (1). No necesitamos 
insistir sobre las bellas dotes que le adornaban, porque 
fácilmente se comprenden al recordar su conducta en la 
fioudacion de Montevideo, y las honrosas palabras con 
que el monarca supo hacer justicia á sus largos y grandes 
servicios, lealtad y patriotismo. Ese valiente caballero, 
que tratando de justificar su vigorosa energía con los 
portugueses, se atrevía á decir á su rey : « para defender 
elpais hasta perder la vida no necesito órdenes nin- 
gunas (2). Escusamos decir que pacificó al momento la 
provincia, y que Antequera, cediendo á sus insinua- 
ciones, se ausentó del Paraguay. 

El 4 de mayo de 1725 fué recibido por gobernador, 
según despacho del virey, don Martin de Barua; pero 

(i) Empezó á gobernar en 1717, y concluyó en 1734: pocos 
gobernadores ban obtenido tanto tiempo ia contíanza del mo- 
narca. Esta sola circunstancia hace el mas completo elogio de 
Zabala. 

(2) Diario de S^ábata, Ácta^ sobre la fundación de Montevideo, 



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ese mismo alio oeftó el primero y mAt6 á reempbh 
zarle don José de Armanduru, marqués de Gaslel-Fuerte, 
quien considerando el estado anárqnido del Paraguay, 
envió á don N. Zulueta en reemplazo deBania. Uégó 
este & la capital, y hubo tma especie de motin, promo- 
vido y realizado por los comuneros (nombre que iiabia 
adoptado cierto partido desde mucha tiempo atrás^ para 
significar la justicia con que defendían sus d^echos, á 
Imitación de los de Castilla); y precavido y no poco 
amedrentado f tuvo el buen sentido de alejarse y no 
darles pié para que se entregasen á mayores éscésos. 

Este nuevo acto de rebelión, siquiera estuviese fundado 
en justas y racionales exigencias, exasperó al nuevo 
virey, que solo Vio de por medio su autoridad ajada, y 
usurpado el primer atributo de su regio carácter. No 
era Gastel-Fuerte hombre capaz de tolerar nada que 
pudiese rebajar en lo mas minlmo la alta dignidad que 
representaba, y las atribuciones y prerogatlVas que por 
ella creía competirle : era además de genio irascible y 
vengativo, y sí no se le calumnia, muy déspota y san- 
guinarío. 

El P. Bautista, le pinta dominado por las furias, y le 
atribuye los asesinatos peipetrados en Lima, á conse- 
cuencia de la repulsa de Barua. Antequera, cuatro re^ 
ligiosos y un negro perecieron en el cadalso; y si son 
ciertas las circunstancias que acompañaron á estas eje- 
cuciones, no podía estar en peores manos el gobierno 
del Perú. Los comuneros, en represalia, asesinaron al 
segimdo gobernador (Euüova), enviado fw él, y admi- 
tido por tal en su cabildo (1733). 



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— 67 - 

EAtoneeB el pueblo saltó compleUuneiite los limites 
del respeto j la obediencia, y como nn potro desbocado, 
se precipitó en una senda de perdición y locura. Los 
conraneros, por si y ante sí, eligii^ron sus gobernantes, 
dándoles el^tulo de generales ó Justicias mayores^ y 
destituyéndolos con la misma facilidad que los eletaban : 
la anarquia llegó á su colmo en el Paraguay ; y á la 
verdad causa estrafieza ver en el primer terdo del 
siglo XYIH, las mismas lúgábres escenas que hemos 
visto reproducirse en nuestros dias en todas las re- 
giones conquistadas á la civilización bajo la bandera 
española. 

XII. 

£1 referido padre, escusándose de hablar de todos los 
que ocuparon el poder en esta época « porque seria una 
madeja sin cuenta^ n habla de la elección del obispo 
don Juui de Arr^ui, virtuoso eclesiástico, quesevló 
eompelido á acceder á tos deseos de los anarquistas 
para evitar un gran crimen. Es estrafio que el P. Bau- 
tista, que aboga por los comuneros cuando rechazaron 
á Barua, no haya visto en esos primeros actos el origen 
de loa desastrosos acontecimientos posteriores. 

« Este varón grande, luego que le llegaron las bulas 
y cédulas de obispo de Buenos Aires, pasó á consa- 
grarse en la del Paraguay. Ya concluida esta fondón, y 
aprestándose para volver á su iglesia, acaeció el levan*^ 
tamiento y muerte del sefior gobernador Ruilova. A vista 
de este hedió y otros que trae la insolencia de una 
república alteada, procuró ategar todo lo posible estos 



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eseesos, yéndose á un pate que llaman Guayaibití, donde 
sucedió la muerte por estar su ilusirísima en un pueblo 
inmediato, que pertenece á nuestra religión, nombrado 
El Itta, en donde se estaba aviando, ya despedido de 
la ciudad. Aquí estorbó todo lo posible^ que quitasen la 
vida á un don Antonio Arellano, cubriéadolo con su 
manto, y á todos aquellos que llamaban contrabandos, 
que eran los que no seguían la parte del común. Aquie- 
tados ya algunos, supo su ilustrísima como iban á entrar 
á la ciudad para pasar á cuchillo á todos los contraban- 
distas que en ella encontrasen; y compadecido é instado 
por algunos piadosos, volvió de dicho pueblo, que dista 
doce leguas, y encontrando al común en un vallecito, 
donde está fundada la recolección nuestra que llaman 
Buticao, se fué á dicho convento, en donde los exhortó 
á que mirasen lo que hacían, y que nunca se justificaba 
su causa con tomarse ellos la justicia, si alguna tenian, 
matando y robando, etc. Aquietáronse por entonces, y 
lo dejaron tranquilo en este retiro de la Recoleta. Pero 
una tarde de impi'oviso fueron á decirle que solo de una 
manera se sosegariap, y era tomando él el bastón de 
gobernador. Entróse el santo obispo á la pobre iglesia 
que entonces teníamos, y ni con súplicas y exhortaciones 
que les hizo, pudo persuadirles que desistiesen, clamando 
todos á un tiempo que la voz del pueblo era la de Dios. 
Viendo este empeño, se retiró su ilustrísima á nuestro 
convento grande, por ver si allí le dejaban, cesando de 
un intento tan estraño^ pero ni así, porque como dicen, 
á ürones le sacaron de la iglesia de aquel convento, y le 
entregaron el mando y el bastón, que tuvo por bien admi* 



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— 69 ^ 

tffloS) por eYitsur mayores daños é ioooinreiii^tes^ cerno 
OD efeeio asi sucedió, por el mucho amor que le tenían 
todoa« Gobernó su llustrisima desde el dicho mes de 
setieonbre de 1733 hasta que pudo conseguir de eUos 
su retirada i su amada iglesia y patria de Buenos Aires, 
dejjttxdo en su lugar ¿ don Cristóbal Domínguez, que 
había sido su padrino de oonsagraeion,^ y hombre de 
toda satisfacción, que mantuvo á todos en sqjecion y 
obedíevcia^ hasta que por orden del yirey> al mandato 
suyo voItíó segunda vez el sefior don Bruno Mauricio de 
Zabjda á aquietar y sosegar la tierra. Entró á esta comi- 
sión el a&o del Señor 1735, y hechas idgunas justidas, 
se retiró á su presidíela de Cbüe (1)« » 

En 1741 llegó de España don ftafaelde la Moneda, 
hombre inteligente, ená^ieo, y propio para mandar 
aquella grey tumultuaria y rebelde. Habia conseguido 
Zabala sofocar la hoguera de la anarquía, pero quedaban 
algunas brasas ocultas en sus cenizas. £1 P. Bautista 
hace el mas cumplido elogio, un poco parásito^ <c do las 
brillantes cualidades, juicio, integridad y demás prendas 
grandes, adquiridas y heredadas)) que adornaban al 
nuevo gobernador; pero en lo que no cabe duda es que 
sabia mandar. Apenas recibido del gobierno, parece que 
algunos frailes empezaron á tramar una conspiración, 
en la que entraban gran número de personas muy nota- 
bles, y cuyo {NTincipal objeto era asesinarle. Tenian to- 
madas perfectamente sus medidas, y todo parecía augu- 
rarles un feliz resultado, cuando fueron delatados por un 
traidor. D. Rafael de la Moneda supo manejarse, con tal 

(i) serie de los gobernadores del Paraguay; pég. 199. 



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- 70 — 
destreza y sagacidad, que antes de estaUar el motin se 
apoderó de los principales cabezas; les formó causa coa 
arreglo á la ley, y ios fusiló á todos para escarmiento y 
edificación de los que quisieran imitar su ejemplo. Fué 
tal la impresión que produjo este acto de juéta severidad, 
que nadie mas en el Paraguay, mientras él permaneció 
en el poder, se atrevió á conspirar ni á entrometerse en 
los asuntos del gobierno. 

Algunos de nuestros lectores americanos estrañarán 
sin duda que aprobemos la conducta de un hombre, que 
la tradición coloca en el número de los tiranos de las 
colonias; pero si se hacen cargo de la situación en que 
se encontró colocado desde que empuiló el bastón, y la 
clase de hombres qtíe se veía obligado á mandar, con- 
vendrán con nosotros en que era preciso armarse de toda 
la severidad posible^ y hacerse temer de todos para ser 
respetado. No somos nosotros de los qua abogan por la 
pena de muerte en delitos políticos; pero el mismo 
Becaría la aconseja, si mal no recordamos, eü un peligro 
inminente que amenazase la seguridad del Estado, y no 
hubiera otro medio de salvarle. 

Esta consideración, pues,' nos hace ser imparciales 
con don pTafael de la Moneda, y no atribuir ciegamente 
á su despotismo lo que era un efecto lógico y necesario 
de sú posición y de las ideas de su tiempo. 

Existe, además, un hecho que no debemos pasar en 
silencio, y que bastaría para disculpar la ínterpretadón 
que damos á su conducta. Perdió la vista recorriendo 
las provincias de su jurisdicción, situadas bayo el Tró- 
pico, en el rigor del verano. El objeto de esta escursion 



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~ 74 — 
no fué otro que el de promover su prosperidad y bien- 
estar, indagándolo todo por &í mismo, oyendo las quejas 
y reclamaciones de sus gobernados, desterrando algunos 
abusos, y adoptando medidas de utilidad general. Un 
gobernador que procede de esta manera, no podía ser 
un mandatario ostúpido y cruel. ^ 

XIII. 

Estos tres episodios de la historia del Paraguay, nos 
bastan para comprender su existencia en el resto del 
siglo XYIil. La mala semilla arrojada en la rebelión de 
1544 debía producir abundantísimos frutos , en aquella 
tierra clásica de la anarquía y el desorden. Es lástima , 
por cierto, que se haya^perdido la segunda parte de la 
historia del P. Guevara, que le fué arrebatada, según 
es fama, en la hacienda de Santa Catalina, estancia que 
poseían los jesuítas á 14 leguas de Córdoba, y donde se 
hallaba en compañía del P. Falkner, autor de la des- 
criipcion de la Patagonia. 

Angells asegura (1) que entre las varias instrucciones 
comunicadas al gobernador Bucareli, para llevar á efecto 
la espulsion de los jesuítas en las provincias argentinas, 
se le mandaba recoger y enviar á España el manuscrito 
de la historia del P. Guevara. Esta comisión fué desem- ^ 
peñada por el doctor don Antonio Aldao, letrado de cré- 
dito de aquel tiempo, y cuya presencia no bastó á pre- 
servar de la dispersión y del pillage tantos documentos 
preciosos del saber y de la aplicación de la sociedad que I 

había civilizado aquellas provincias. 

(1) Discurso á la historia de Guevara. . I 



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— 73 — 

Sea esto elerto éso, no cabaduda, (lae dicha seganda 
parte, única que podría arrojar una Tiva luz sobre los 
sucesos de esta época, se ha perdido ] y que sin mnbargo 
de existir un escritor que ha hecho laudables esfuerzos 
para reponer este vacio, ha tenido ílreeu«nlem«nte que 
pasar por alto muchas circunstancias por ñuta de datos 
en que apoyarse (1). 

Con todos estos malos antecedentes y tradiciones poli- 
ticas, ha pasado no obstante en el Paraguay un tbiyS* 
meno muy curioso. En este pais tan revolucionario, al 
parecer de gMo tan poco sufrido^ y donde se encabeea* 
ban los motines eon la palabra libertad ! la voz del pue- 
blo es la de Dios ! la revolución de iftlO no eneuentra 
eco : de sus ^trañas surge un hombre singalar (1811) , 
^e como Bonaparte, subyuga y domina i sus compa^^ 
ñeros, consiguiendo que cansados estos de servirle de 
testaferros, le dejen despejado el camino de la dicta- 
dura (1814). No bien asegurado en el poder^ en v^ de 
dirigirse contra el común enemigo,, y encaminar sus hues* 
tes contra el torrente de bayonetas realistas, que de un 
momento ¿ otro amagaba precipitarse victorioso desds 
las escarpadas creu^as de los Andes, donde ludüaban i^s 
hermanos brazo á brazo contra el poder colosal de Es- 
paña, y donde se veía por primera vez flamear, símbolo 
de la democracia, la bandera de la independencia de 
todo un mundo. . • él , egoísta, astuto y receloso, opone 
un muro de puñales entre la revolución y el pueblo ; 

(1) El Dean Funez : hemos laido su obra en América; pero á 
pesar de haberla solicitado aquí con empeño, no hemos podido 
obtenerla. 



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— 73 — 
descarga su maso de hierro sobre los primeros que se 
atraven & murinurar : á una señal suya, las cárceles se 
llenan de reos politícos, la sangre enrojece los cadal- 
sos, y la sociedad aterrada, hollada, escarneció, inclina 
la cabeza y dobla la rodilla, en fin, ante el amo que ella 
misma se ha dado. 

No conoce el mundo civflizado todavía, porque no lo 
sabemos nosotros que somos sus yecinos, hasta dónde 
llegó el sombrío despotismo de ese hombre original y 
estravagante : favorecido por la posición geográfica de 
su pais, situado en un rincón de América^ por medio de 
una linea de fuertes y guarniciones, lo separó de los Es- 
tados circunvecinos, sin pennitir que entrase ni saliese 
nadie bajo ningún protesto ni motivo. £1 digno compa- 
fiero de Humboldt, M. Aimé Bompland, expió largos 
años en una de las posesiones rurales del dictador, su 
afidon á la botánica é historia natural. Gobernaba á lo 
sultán y se reia de la Europa, porque sabia que la Eu- 
ropa tenia mucho que hacer en sus propios lares, para 
irle á pedir satisfacción del otro lado del Océano \ y en 
caso de no obtenerla cumplida, enviar 50,000 soldados 
¿ apoderarse del Paraguay. 

Sabia que las repúblicas vecinas, empeñadas en la lu- 
cha con la metrópoli, no podian oponerse á sus planes 
liberticidas, y viendo que antes de conquistar su indepen- 
dencia se despedazaban estúpidamente, creció en brios 
é insolencia, y perseveró en su inicuo sistema, sin dig- 
narse contestar siquiera á las reclamaciones y exigen- 
cias, así de los gobiernos americanos, como de los agen- 
tes diplomáticos europeos. 

3 



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— 7* — 

Unatinnifa tan alroz, soporUdacdii evttigéUoa: r«a^ 
nación durante Teinte y ocho años v demnestra Itfea' 
qae el pnebloqae se-plegaba á ella, como todo el poriila 
Hispano-Aineriflaaio, lejo» deestar nutrido con las idea^ 
y sentimientos dé la libertad, no* eonocia mas qm fal 
licencia y el predominio de la fuerza bruta ; y qM alta-« 
ñero é insolente con lo» débiles , y bnmiide y sumiso 
eonlos qne le trataban sinmisarteordia, indinaba la eéi^ 
Tiz y se póstrate da btnojos eModo le ant^alMn al iw« 
tro con desjKf cié alganoe centeBaree de eaboMí dkttli- 
landn sangre todavía I 

Asi se esplka también lásaNaJe tIfaDÍa.deBo«»v fM 
por espacio de 20 aüos Iki eftetmida á la deaventimAír 
repuUiea ArgauliDa. Tirano mas^snaguínarie ylerbz q» 
el Dr. Francia, aqveaeuela ha segctde,^ eensigriáende 
les nfernuB resnltadto^e m dfgae naestre; pero é» 
nos aBAkipemos á: reftexioves qae na son de este lagar. 

Puad8> censidnramr, ppr le tato, d Paragoaf deite 
1& esaltaeion. drt £)r. Frcids ala dictadura torta su 
nuieirte (184S), como sihabierftsidafborBade delcatdiogQh 
de lae nadenast como si reaknante ne exisüera ; coas 
un joven lleno de vida que yacíais preftindo sn^ ata- 
targado con los vaporee de una oi^ia, y cpm reeíaii 
aboraabue perezosamente sus ojos, avargonsáaidMe éie 
sus pasados eseesos y eslrams (I). 

(1)' Afiartunadamente lotf ^m'suoedfereii tí^ doctor Francia en 
el podePf baa dMple^pulo uea iolelt9eiioia«y pferisfon ateÉwlAfts 
y que no era de esperarse de hombre» educados en su escuelav 
Ellos fUeron organizando gradualmente la administración en to- 
dos los ramos de un modo tan hábil, oportuno y conveniente, 
que en todas partes resonó un aplauso oniverMl, y todos los 



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- w — 

Xlt. 

Siguiendo la mardia y el encadenamiento de los su- 
cesos ea el P^aguay, ^os hemos adelantado demasiado. 
Volvamos nuestra vista ¿ las márgenes del Plata á la 
mitad del siglo pasado. 

La política imprevisora del gabinete español dio mar- 
gen al alzamiento de los indios guaranís que componiap 
las misiones jesuíticas de la parte oriental del Rio Uru- 
guay, como la avaricia y estorsiones délos corregidores 
|)rodugeron treinta sAos después en las provincias d^l 
alto Perú, anejas al vireinato de Buenos Aires, la suble- 
vación de Tupac-Amaiu, que ya entonces puso el poder 
de España á dos dedos de su ruina en América , y gtie 
figura en primer término entre los acontecimientos que 
mas han contribuido á su emancipación. 

«migos de la verdaflera caínsa americana 6e llimaroii de goío y 
-eODgf «talaran ai ^ragnaiy ptíe el <acierl« y ifirtteza eon <fiie ««i- 
tMba «I Ifli senda dd ^yrogtfeso. ^ educación, el «omeroío, el 
^ércitOy el clero, la hacienda, las relaciones esteriores, sufrie- 
ron importantes modificaciones y mejoras, que deben ser muy 
grandes cuando en el acto se palparon sus ventajas, cuando me- 
recieron la aprobación de propios y de estrattos. El mensaje 
pfeBflMado por loe eóBsntos pornginyos al fCtoUgreso el it de 
.hmoeo «de tlB4S, en el «qne eaUn seoeillamenle consignados los 
trabSQOS del nuevo |(obieno> es un documento que deberiansOs- 
tudiar para llenarse de confusión y vergüenza los demás orgu- 
llosos pueblos del Rio de la Plata, que con mas luces, preten- 
siones y recursos queel I^raguay, no liansflliido servirle demo- 
nio «eule&áo acaao que tmittflrte vam tarde. 



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— 76 - 

La Colonia, en manos de los portugneses, convirtióse 
muy pronto en un vasto depósito para el contrabando , 
que cada dia se hacia con mas impavidez. La corte de 
Madrid, llena de los ^las vivos recelos, espidió cédulas 
de corso á favor de don Francisco de Alzaibar, y siendo 
esto insuficiente, ordenó á don Miguel de Salcedo , su- 
cesor de Zavala, que se apoderase de ella á todo tran- 
ee. 

Salcedo puso sitio á la Colonia (1735) , pero inútil- 
mente : dos sAos después , la triple intervención de la 
Francia , Inglaterra y Holanda para que cesasen las 
hostilidades entre España y Portugal , redujo ¿ los beli- 
gerantes al misino estado en que se hallaban al principio 
de la cuestión. 

El casamiento de Femando YI con una infanta de 
Portugal, vino entonces ¿ favorecer á los lusitanos , aun 
mas allá de sus deseos. Pronto veremos hasta dónde 
llegó la ceguedad del monarca españoL 

Gomo precursor de los males que iban á acaecer, un 
año antes de realizarse el célebre tratado dcL 1750 , es- 
talló un alzaihiento general, ó mas bien , una erupción 
de charrúas, yaros, minuanes, tapes y otras tribus coa- 
ligadas, que pusieron en gran consternación la campaña 
de la Banda oriental. 

Las acertadas disposiciones de Andonaegui , sucesor 
de Salcedo, si no consiguieron del todo sofocar la sedi- 
cion^ al menos pusieron ¿ raya la ferocidad de los bár- 
baros. 

En tanto, el gabinete de Portugal á fuerza de intrigas 
diplomáticas habia conseguido (1750) la ratificación de 



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— 77 — 

un nuevo tratado, goe realizado no podia ser mas fatal 
á España. 

No es nuestro objeto examinarlo : cada uno de los 
puntos que encierra, exigiria una larga disertación agena 
de este lugar: deseamos solo apuntar aquí algunos de 
ios hechos capitales que se deducen de su simple lectura. 

La realización de ese tratado envolvía en sí misma 
dificultades de alta trascendencia, que no se escaparon 
á la penetración del ministro español, pero que por [un 
espíritu de sumisión y respeto ¿ las órdenes de su sobe- 
rano, no quiso ó no supo hacer valer en tiempo opor^ 
tuno. 

Por él obtenía Portugal , con visos de legalidad, un 
grande aumento de territorio que por título ninguno le 
pertenecía. ^ 

Cedía la Colonia, es cierto ; y España, que no se pa- 
raba en sacrificios para obtenerla, des^eosa de matar el 
contrabando, no advertía que por alejarlo temporalmente 
de ese punto, habilitaba i su enemigo para que penetrase 
hasta el corazón de sus Estados, y lo hiciese en mayor 
escala por medio de los ríos interiores. 

El nombramiento de comisionados por una y otra 
parte (1) solo sirvió para legalizar en cierto modo las 
nuevas usurpaciones de los portugueses 9 dándoles oca- 
sión para que empleasen los medios de hacerlas dura- 
deras. 

Por el articulo XVI, el rey de España cedía al de Por- 
tugal las misiones jesuíticas , concesión cuyo espíritu se 

(1) BÜr marqués de Valdelirios por parte de España, y el gene- 
ral Gómez Freyre de Andrade por parte de Portugal. 



Digitized by VjOOQlC 



CQB0cerá»I«5eQde el asMoid» i que bob stCoiteoeu El co- 
locaba á los guaranis en la dolorosa alternatíva» <^ da 
(juedar bajo eldooimia de sus ma8^iia9lacable6 enenig^s, 
ó abaadonarles sus liados puebios y feraces campos, 
fertilizados con el sudor de su frente; y al mísnK) tiempo^ 
echaba por tierra el bello edificio que con tanto afán y 
trabajo habian Levantado los jesuítas. 

Dice así : 

« De los pueblos ó aldeas, que cede S. M. C. en la^ 
margen oriental del rio Uruguay, saldrán los misioneros 
con los muebles y efectos ,, llevándose consigo á los ia- 
dios para poblarlos en otras tierras de España ; y los re- 
feridos indios podrán llevar también todos sos muebles , 
bienes y semi-bienes^ y las armas, pólvora y municiones 
que tengan : en cuya forma se entregarán los pueblos á, 
la corona de Portugal, con todas sus casas, iglesias y 
ediñcios, y la propiedad y posesión del terreno. Los que 
se ceden por aoiltas magestades, CatójUca. y Fidfiiisima 
en las márgenes de los ríos Pqquiri^i Guaporé y Marailpn, 
se entregarán con las misipas ^ircunstsuv^ias que la Co-^< 
lonía del Sacramento, según se previno, en el articulaXlV; 
y los indios de una y otra parte tendrán la, misma liber- 
tad para irse ó quedarse, del mismo modo y con las mis- 
mas calidades que lo podrán hs^cer los lloradores dio^ 
aquella plaza : solo que los que se fueren perderán 1% 
propiedad de los bienes raices, si los tuvieren. » (1) 

Los PP. protestaron respetuosamente contra esta me- 
dida, hicieron palpables los gravas perjuicios que írro-^ 

(1) Este tratado y el de iT77, 3e enicutstraa e« el t IV» d« la 
coL de Ang. 



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'X/Vv. 



— 79 — 
flibt, vm que 4 8«i intovc^a», él násmo nuMarat. Tavi^ 
fofi varias ceosultas, y no perdooaroniinedio alguno paca 
JBleresar en su favor ^^ ruantes estaban en dt^poBicion 
de seenndarsus miraa- 

Esta eonducta^ efedo del interés y amor con qne mi- 
laban á aquellos pueblos, que ellos habían puesto, con 
no pocos afanes y desvelos, en un pié tan brillante, que 
escítaba los celos y la envidia Ae todos, dio armas é sus 
4»eQiig08, y vebemenUsimas;sospechas, pasa que se les 
considerase como prooM^ros de la rebeUon que estalfó 
en breve. 

Es dificU condenar á los PP. , pero mas dfflcH toda;via 
manifestar su inocencia. Se sabe cuan dóciles eran los 
indios, :y que nada batían sin su cmosenlúniento : casi 
creemos que eUos les incitaron á la rebelión, persuadidos 
que bacian un eminente servicio al soberano, el ca^ una 
vez desengañado , no podría menos de anular el tra* 
tado(l). 

Si bemos de creer al doctor José Seabra de Silva, mi- 
nistro de la casa de Suplicación, y procurador de la Go- 
rona, que escribió contra ellos una voluminosa obra, ó 
mas bien libelo, los plenipotenciarios español y portugués 
descubrieron todas las tramas de los jesuítas a en la 
poderosa república que dichos regulares ba^^ian estable- 
cido en el centro de los territorios adyacentes á los rios 
Uruguay y Paraguay, con la que se animaron á sostener 
la notoria guerra en que disputaron á las dos coronas de 
Portugaly España hasta el reconocfmienlo de sos propias 

(i) VéaBS6los|iárralos44,56,83ylQOdel JOiark iMMe^ de 
la reteliott y guerra de lospuebloi guaraHÍ$,As^f%. V. 



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..N^.X^ 



— so- 
tierras, y el Qéo de su suprema Jurisdiecion dentro de sos 
dominios, con la armada, formal y manifiesta rebelión y 
osadía que se x^aracterizaron auténticamente en la carta 
de oficio, que el secretario de Estado don Ricardo Wall 
dirigió en 27 de setiembre de 1764 al conde de Perelada, 
embajador de Femando VI en Lisboa , para hacerlo como 
lo hizo luego presente á S. M. F., y en la formal autén- 
tica respuesta á ella. » (1) 

Hemos leído muy detenidamente los documentos á que 
se refiere el mencionado ministro, y que copia á conti- 
nuación , y no hemos hallado en ellos la mas mínima 
prueba de la supuesta culpabilidad de los jesuítas, pues 
ni aun se les nombra siquiera. 

Gomo nonos es posible, nigeria fácil en los estrechos 
límites á que por fuerza tenemos que siyetarnos, ventilar 
todos los hechos que militan á su favor ó los condenan, 
narraremos en pocas palabras el principio y desenlace 
de la lucha, valiéndonos de una obra consagrada esclu- 
sivamente á referir día por día los principales sucesos de 
este famoso levantamiento. Hablamos del diario del 
P. Tadeo Javier Heñís, cura del pueblo de San Lorenzo, 
cuyo autógrafo se halló entre otros papeles de su escri- 
torio , cuando entraron vencedoras en dicho pueblo las 
tropas de España y Portugal. 

(1) Deducción cronológica y analítica en que por la serie su- 
cesiva de cada uno de los reinados de ia monarquía portuguesa 
desde el gobierno del señor don Juan III hasta el presente, se 
manifiestan los horrorosos estragos que hizo en Portugal y en 
todos sus dominios la compañía llamada de Jesús, etc.; tomo II, 
pág.297.--Madridl768. 



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- a4 ^ 

XV. 

« A madiadofi de enero de 1764, dice Heois (t), apa- 
9eáó en las eabeeeraa del rto Negro ua auñieroso eseiuih 
dren de portugueses,, y emi este motivo se tocó akrma 
por todas partes, se despaoliarQn por los pueblos pre- 
surosos correos, se hicieron cabildos, se tomaron par»- 
e«fres, y unánim^nente proclamaron que debían drfen* 
di^se. 

« El 87 de dicho mes saUeron afmaííos del pueblo de 
ée San Miguel 200 hombres á cabelle á recoger la demás 
g^te de sus establos ó estancias haüla llegar al número 
de 900. Después siguieron 200 del pueblo de San Juan, 
y otros tmtos de los pueblos de San Ángel, San Luis y 
San Nicolás, con 80 de San Lorenzo, de suerte que toa- 
dos eran 1,500, y ftierou repartidos para dtefonder los 
confines de sus tierras. » 

A la noticia de las disposiciones que tomaban los gufr- 
ranis, el marqués de Valdelirios, nondurado comisario 
por la corle para la celebración del tratado^ Gomes 
Frcyre, gobernador de Rio4;;rande, y Andonaegui, go- 
bernador de Buenos Aires, tuvieron una junto en Martin^ 
Careta para determinar los medios de apagar la nádente 
feísurreecion (2). 

Se determinó que Andonaegui los «lacaria por San 
Nicolás, y Gómez Freyre por la frontera de Rio Grande. 

Pero poeo prácticos od el teatro de las operaciones, 

(i) Diario histórico, par. 1* y i* 
(2) Diario, par. 40. 



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— 8Í — 

y mal tomadas las mecidas, gastaron estérilmente mas 
de cuatro meses sin obtener ningún resultado favorable. 

Entre tanto la división cundía entre los indios, pro- 
movida por algunos emisarios de los portugueses y espa- 
ñoles : la proximidad, no obstante, del peligro, los hizo 
prudentes, y el 4 de octubre se juntaron finalmente las 
tropas de los pueblos, se presentaron delante del ene- 
migo, y enviando á Gómez Freyre unos pliegos le decla- 
raron su última resolución, « que era defender valerosar 
mente las tierras de sus antepasados, y por tanto que se 
volviese en paz á su casa, y que tuviese para si sus co- 
sas dejándoles á ellos lo que era suyo ; y que si él de- 
seaba tanto la paz (porque como habia informado por 
varios correos, queriendo engañar á los indios, decia 
que él jamás habia venido á hacer la guerra, que quería 
ser amigo de los indios, y que solamente deseaba tomar 
posesión de las tierras que el rey de España les había 
dado), saliese de los montes, bosques y arenales, y sa- 
case la artillería gruesa, que ellos también se irían en 
paz á sus pueblos (1).)) 

El general lusitano, con falaces y evasivas respuestas, 
trataba de alucinarlos y ver sí fomentando la desunión 
entre ellos, ganaba tiempo para que le llegasen mayo- 
res refuerzos, ó atacarlos desprevenidos, ó cuando me- 
nos, para que desmoralizados y cansados, desistiesen 
de su tenaz propósito. 

Los indios conocieron su intento, y rompieron las 
hostilidades, matando á c^an^Qs podían (2). 

(!) Par. «2. 
(2) Par. «6. 



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— 83 — 

Con este motivo tuyieron lagac alganos choqaes par- 
ciales, hasta que Gómez Freyre, el 14 de noviembre, 
celebró un armisticio con los cadques, protestando que 
la retirada de Andonaegui al Salto Chico, rompiendo 
la linea de operaciones, le imposibilitaba para acorné* 
ter á los sublevados. 

El esforzado brigadier don Joaquín Viana, primero y 
digno gobernador de Montevideo (1), lleno de una no» 
ble indignación, se trasladó al campamento de Gómez 
Freyre; le instó para que rompiese aquellas treguas 
humillantes é ignominiosas; se puso al frente de los es» 
pañoles, y después de un primer encuentro en Mbatobi, 
en que salió vencedor, destrozó completamente en una 
campal batalla á los rebeldes en las lomas de Caybaté. 
El diario de Henis no llega hasta aquí; pero el P. Bau- 
tista, en su breve noticia sobre Andonaegui, hace subir 
á 2,500 el número de los muertos por parte de los in- 
dios (2). 

Esta victoria postró la altanería de los sublevados, 
quienes pagando de este modo sus miserables divisiones 
y rencillas, deshechos y perseguidos en todas direccio- 
nes por el ejército hispano-lusitano, que marchaba reu- 
nido después del Munfo de Mbatóbi, huyeron á sus im- 
penetrables bosques y sierras inmediatas, á esconder su 
vergüenza é infortunio. 

Un solo pueblo, el de San Lorenzo, se atrevió á re* 
sistir; pero fué fácilmente sometido, y el de San Iliguel 
reducido ¿ cenizas por los mismos indios la noche de 

(i) Nombrado el 22 de diciembre de 1749. 

(2) ^e de los gobernadores del Paraguay, página 208. 



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— a4 - 

su derrota^ taé oi^^Mido al dia si02ieDt9 {tor h» iranee- 
dores^ 

^ien caro, no obataiite» paga^oaestos m triunfo aobra 
los guaranis. Mucha sangra y muchQ oro les eo&tá» Se- 
gún aparece de una memoria dirigida al gabinete de 
Madrid en enero de 1776 por el ministro Souza Coinr* 
tinhOy &a las dos campañas emprendidas contra les in- 
dios invirtió el gobierno portugués veinte y ms milUH 
nes de cruzados^ y es muy probable que loa gastes 4ei 
España igualasen ó tal vez superasen esta cuantiosii 
suma. 

Parece que subyugados los principales opositores, aiir^ 
d^ impediría la realización del tratado. Sin embargo, 
los p(M:tugueses no contentos quizás con lo qpie buena^ 
mente se les abandonaba, suscitaron nuevas dificultades 
nacidas de la. imperfección de loe planos, y mas quQ 
todo de la mala fe con que procedían. 

Su comisionado Gómez Freyre, después de uni^ larga 
serie de trabiyos empezados é interrumpidos frecuente- 
mente sin llegar á ningún resultado satisfactorio, con un 
pretesto fútil se retiró al Janeiro, 

En este intervalo murió Fernando VI, y Carlos III, 
poco después de subir al trono, anuló en 1761 el trata-» 
do de 1750. 

Ya era tarde : los portugueses, á la sombra de ese 
tratado, mientras se pasaban meses y años en averiguar 
tí verdadero nombre de un rio, su curso ú otra ciroims-» 
tanda cualquiera, edificaron fuerte», píddaron eitairáv, 
y penetraron hasta el interior de la Banda oriental. 

DonPedro de Ceballos, mandado aon refuerzos de tro- 



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— 85 — 

paa para TQlef^r i Andoaa^igui y arreglar las cuertionfia 
que se ventilaban ea el JUa de la Plata, altamoite ofen- 
dido de la oQQducta desleal de^ 1(^ lusitanos, les eiilgíó 
es^Ucacioae^y que eUos eludieron cop los sul>terfpgíQa 
de costumbre. 

La guerra entre EspaQa élDg)at^rra(1769)) ala que se 
adl)iri4 luego Portugal, vino á favorecer I04 deseos de 
CebQíllo3, que ptt^Q aitíQ á la Colonia el 5 de octubre 
del mismo afio, y la tomó m ines deq>ues par una ca-* 
^t4laeioQ. 

Tan activo como valiente, prosiguió su campada sia 
deteiwse^ apoderóse*de las fortalezas de Santa Teresa, 
Sa^ta Tecla, y San Míguelí y vencedor, se adelantó 9»r 
4azmenie basta A lUo Grande (1763). 

Sstfli beneqaérito español bubiera llevado adelajsita sus 
conquistas, ó ipejor dicho, reconquistas^ 6.no baberse su9r^ 
pendido Us hostilidades con Inglaterra y Portugal, 4 la 
fatiQcacion del tratado firmado en París el 10 de febrero 
de 1763. Por el articulo 21 víóse obligado t devolver 
todo lo que habia conquistado. 

41 estudiar los doeuoientos de esa época, se siente 
un impulso de ira involuntario, considerando oémo «1 
rasgo de pluma hacia ioátiles tantas hazaftas y heroicos 
sacrificios. Las iptrígas y manejos del gabinete de Lis- 
boa echaban por tierra los esfuerzos de los mas leales 
tensores del trono castaUano, y una poUtiea que m 
queremos calificar, les ligaba las manos, en vez de eeftir 
sp frente con una corona de laurel. 

¡Vergüenza da decirlo! A instigación de Portugal 
fué re«90vído Geballos, y la Goloma volvió ft pader de 



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— 86 — 
los usurpadores, que consiguieron una doble victoria con 
la supresión de la orden de los jesuítas (1767). 

Desde el alzamiento de los guaranís, se les acusaba, 
no sin flmdamentOy de ser eüos los principales instiga* 
dores de su rebelión. 

Este gravísimo cargo, unido á otros que ya se les ha- 
clan, y los antecedentes que existían contra ellos en Eu- 
ropa, acabó de malquistarlos en España y Portugal*, y 
los gabinetes de Madrid y Lisboa, ó mas bien Aranday 
Pombal, trabajaron de consuno para derrocarlos, lo que 
consiguieron al fin por los medios que todos saben. 

La historia no ha descorrido suficientemente el velo 
que encubre las causas secretas que, además de las co- 
nocidas, pudieron influir en el ánimo de ambos reyes, y 
no falta quien ponga en duda y demuestre la falsedad 
de la mayor parte de los cargos que se hacen á la Com- 
pañía de Jesús. Pero sin entrometemos á decidir esta 
dificil cuestíon, podemos asegurar, con el examen de 
los datos que tenemos k la vista (1), que las misiones 

(f ) Yide-Lozano, Historia de la Gompafiia de Jesús, en la pro- 
vincia del Paraguay, 2 1.— Madrid 1704. 

Relación geográfica é histórica de la provincia de Misiones, 
per el brigadier don Diego de AWear, (Ang., t. IV.) 

El tomo I de la descripción é historia de Azara. 

Diario histórico de la rebeUon y guerra de los pueblos guara- 
nis, situados en la costa orienul del Uruguay del año Í7S4 (Ang. 
t.V.) 

Memoria histórica, geográfica, política y económica sobre la 
provincia de Misiones de indios guaranís, por don Gonzalo de 
Doblas, teniente gobernador (Ang. t. Hl.) 

Aunque en esta última obra se zahiere con frecuencia á los 



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— 87 — 
de la América delSud, tanto españolas como portugue- 
sas, bajo su influjo y administración llegaron al mas al- 
to grado de prosperidad, y que apenas han caido en otras 
manos, se han arruinado ; consiguiendo ellos, solo con 
la unción de sus palabras, solo con las armas de la reli- 
gión y el conyencimiento, c[ue los indios trabajasen, es- 
tudiasen, etc. ', empresa bien ardua, á la verdad, consi- 
derada la natural é indomable pereza, la aversión k una 
labor continuada y metódica que se observa en todas las 
razas americanas, y muy particularmente en las tribus 
errantes pastoras, como eran las del Uruguay, el Para- 
guay, y las que se estendian por el inmenso litoral del 
Brasil. 

XVI. 

A las continuas reclamaciones de los gobernadores de 
Buenos Aires y Montevideo, sobre los avances y tro- 
pelías de sus vecinos, creóse por real cédula de 8 de 
agosto de 1776 el vireinato del Rio de la Plata, com- 
puesto de todo el territorio que hemos señalado en el 
articulo primero. Don Pedro de Ceballos fué el primer 
vireyque tuvimos. 

Padres por los inconTenientes anejos al modo de dirigir á sas 
neófitos, su simple lectura demuestra, contra las conocidas in- 
tenciones del autor, la desmoralización, el mal estodo, los vicios 
á que se han entregado, la opresión y vejámenes que sufrían los 
indios, apenas les han faltado sus doctrineros ; y los mismos es- 
tremados remedios que propone para obviar á tamaños incon- 
venientes, son un resistible argumento de lo peijudicial que les 
ha sido su separación^ 



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— S8 — 

Qabiendo zorpado de Cádiz al frente de una escuadra, 
preparada con el objeto de reprimir las demasías de los 
portugueses, el 20 de febrero de 1777 se apoderó de la 
isla de Santa Catalina ; dirigióse á la Colonia é hizo lo 
iQismo, y preparábale para llevar sus armas victoriosas 
desde la frontera del Kio Grande hasta la capital del 
brasil, cuando vino á detener su marcha triunfal la no- 
ticia de otro tratado de paz celebrado en Europa. 

Por el tratado de 1777 quedaba España en el com- 
pleto dominio de ambas orillas del Plata, inclusa la Co- 
lonia del Sacramento, sin mas obligación que devolver 
la iala de Santa Catalina. 

Pero la ignorancia en que estaban los dos gabinetes 
sobre la topografía del país por donde debia correr la 
línea divisoria ; las utilidades inmensas que reportaban 
los portugueses en conservar lo usurpado, especialmente 
en el Paraguay ; la viciosa latitud del tratado anterior, y 
las ocurrencias que tuvieron lugar en Europa, con mo- 
tivo de la guerra entre España é Inglaterra, todavía hi- 
cieron inútiles esta vez los esfuerzos de la metrópoli para 
determinar definitivamente la linea de sus dominios éa 
América. 

Además, los ingenieros portugueses, todas las ocasio- 
nes que se trató de levantar planos, tomar medidas, sus- 
tituir razonable y científicamente el nombre de un rio ó 
lugar por otro, no encontrándose el que §e veía en el 
napa, manifeetaron el mas decidido empeño en no ha- 
cer nada, en dcgar las coaas como estaban, en paralizar 
en cuanto les ftiese posible el trabajo de lea ingeniaroa 
españoles ^ prevaliéndose para esto de sufflezas y dispn- 



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— so- 
tas de palabras, de estériles controversias sobre cómo 
debian entenderse los artículos tercero y cuarto que es- 
tablecían las condiciones bajo las cuales había de mar- 
carse la línea divisoria ; volviéndose en sus manos dichos 
artículos tan flexibles y elásticos que no podían serles 
mas favorables (1). 

Este tratado, á pesar de todo, fué revalidado en 1778^ 
y aunque inútil en América, como observa el señor An- 
gelis, neutralizó las fuerzas de Portugal , en la guerra 
que se encendió poco después entre Inglaterra y España, 
aliada con la Francia. 

(f) Sobre h cuestión de limites, yide en la coL de AngeUs: 

1*" TraUdo firmado en Madrid á 13 de enero de 1750, para 
determinar los Umites de los Estados pertenecientes á las coro- 
nas de España y Portugal en Asia y América. 

2" Carta de don Manuel Antonio de Flores al marques de Val- 
delirios, comisario general de S. M. G. para la ejecución del 
tratado de 1750. 

3** Tratado preliminar de 1777. 

4'' Correspondencia oficial sobre la demarcación de limites 
por don FéUx de Azara. 

5*" Apuntes históricos sobre la demarcación de limites de la 
Banda OrienUl y el Brasil. 

O" Y sobre todo» el Informe del Tirey don Nicolás de Arredon- 
do á su sucesor don Pedro Meló de Portugal y Villena, sobre el 
estado de la cuestión de limites entre los cortes de España y 
Portugal en 1795. 

Este informe es un precioso documento en el que se espone y 
examina con un orden, claridad y lógica poco comunes en es- 
critos de esta clase, todo lo concerniente á un punto tan deba- 
tido, y que aun no se ha resuelto, si bien nuestro derecho es io- 
dispuuble como legítimos herederos de los que tenia la corona 
de Castilla. 



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^•0 — 

Oesde «w épo«i tMte espiínoup d siglo yw^ ; priA- 
cq^oft44 pr0^e|[40, excepto la ia^aaioa de Im \ng}js&e&^ 
áB fffk^ va»^ ¿ ofi^mps 4^osegui4a, no saldemos baya 
acecido ea el Río de la Pl^ migan suceso notable.. La 
eterna disputo entre Espada y Portugal quedó sin re3ol- 
yer, y ella ha dejado en pié, después de la emancij^cion 
<}e kvs nuevas rep^licae, uoa cnesüon de límites con el 
Brasil ; cuestión que si continuamos imitendo á nuestras 
jreepectivas ^letrópolí^» lo decimos con jfm^t^ w \iaw 
pfaro desenlace que uoa guerra fatal para «1 imperio. 

Todo cuanto pudiera decirse respecto ée Portugal en 
los últimos años de la dominación española, se halla 
compendiado en las sigoientes palabras de don Nicolás 
de Arredondo, virey de Buenos Aires. 

(( Los portugueses ^e avanzan mas y m^s cada di^ há- 
íM A Parú y Monteyídeo ; esta» provincias son ü Manco 
á cpiie hcseen su tíro desde principioa del siglo XVI^ sin 
que los haya cansado la fatiga, ni saciado d froto que 
les ha rendido esta. » 

••».•.•• 

, « Tenemos ^spresa prohibición de defendernos cpn las 
armas ; y no se nos permite otra HeeiMiaque la del rosgo, 
la de las i^oteeCas y la del remirso á nuestro gabinete : 
medios muy honestos y templados á la consonancia de 
la buena fe ; pero débiles y desproporcionados para ba- 
tir á un enemigo que nos ataca por la fuerza, y pone en 
ella la ddTensa de sus iiyusticia#. Es verdad que tenemos 
ajustadas eonvendones provisionales que preservan eos 
derechos y tos nuestros, mientras se establecen los U* 
mites de ambas coronas. Pero ¿ dé qué sirven los pactos 



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^AfiHli^re&? {le ^«e^fi pwTte m obaervim 9|toi tralftdM 
con la exactitud mas religiosa, y de partn de 1«^» pftrtn* 
gveae» st qu^rairtaii á «ada p^sa, am nw peu ipe la 
de contestar á la protesta, ó^ al r^uerímienta que le» bftr 
eeapveatros c<Mm«arios. » (1) 

Y asi 4ebia p^ieeder, ea e&elo, porque en 1792 ae &k* 
tuaron tres guardias avanzadas en la frontera de la Baa(i$ 
Oriental par^ e(i|Qieaer I^ desioanei^ de loa Río^Gran- 
dejases, Paidista^ y RíorPardei^eil ; quienes ya solos, ya 
0(»aaio GontFabandjfitas^ y^ c^mQ particulares^ io^üdift» 
Qoestros campos, peiMr^ban basta nuestra^ estanciai^ 
y 86 Uevaban todo el ganado Quepodian» 

Las medidas ineficaces de los gobernante^ espaüolef) 
coartada su eaergia por, las di^po^icioaes de la eórte, ño 
sirvieron mas que para a^umentai la audacia de sus p^ 
lígrosos vecinos; hasta que en }80l, á cof^ou^neia de 
la^ guerra que se originó en la metrópoli, recelosos los 
españoles de algún ataque por parte de los licítanos, se 
s^t^aron al Cerro Imt^ y á Smta T^qla, y al é^ si- 
guiente las portugnesos» cons^tantea en su 3i^ma, ^ 
iq;M)deraron de los siete pueblos de Misiones, sitaqdos aq 
la margen izquierda del Uruguay. 

XVII. 

La estrecha alianza da U metrópoli con Niq^leon es- 
citó el antiguo rencor de 1^ Inglaterra, que, según »« 
costumbre, empezó las hostilidades sin previa declairdr 

(1> Informe <»u4()k 



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^ w — 
eioQ de guerra, (1804) apod^ándose tnddoramente en 
la boca del Plata de cuatro fragatas, que bajo el seguro 
de la paz se dirigian á Espafiá. 
* Mas de 3.000,000 de pesos y un precioso cargamento, 
fueron el fruto de esta piratería. 

En yista de un ataque tan inesperado como ilegal, 
el gabinete español le declaró la guerra en el mismo 
año. 

Tiempo hacia ya que el ojo especulador de la Ingla- 
terra, al fijarse en el mapa de las posesiones españolas, 
se habia detenido con placer en las dos riberas de nues- 
tro rio< Una escuadra con 10,000 hombres de desem- 
barco, zarpó enla costa del Brasil con destino á la mar- 
gen oriental del Plata (1805). 

En junio del año siguiente, doblaron el cabo de San 
Vicente, y como Montevideo estaba bien fortificado, se 
dirigieron á Buenos Aires. 

El 15 desembarcaron en los Quilmes á cuatro leguas 
de la capital. 

Débil y mal combinada la resistencia, apenas duró un 
dia. El 27 entraba triunfante Berresford en Buenos Ai- 
res, mediante una capitulación, cuyos artículos violó en- 
seguida. 

Dice el Sr. Torrente (1) que la opinión pública atri- 
buyó aquel bochornoso desenlace á inteligencia de unos 
con los ingleses, y á un criminal aturdimiento en los de- 
mas: y añade mas adelante, que se debió al descuido de 
unos, impericia y flojedad de otrosy y por la sorpresa de 
todos, 

(i) Historia de la revolución Hispano-AmericaDa, 1. 1, c. i . 



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— 03 — 

Nosotros creemos que de toda hubo un poco. 

El pendón de Castilla, sin embaiigo, contaba todavfa 
valientes sostenedores que lo hicieran tremolar victo- 
rioso. El capitán de' navio don Santiago Liniers, que al 
frente de alguna tropa se hallaba en la ensenada de Bar- 
ragan cuando se rindió la capital, pasó á Hoiitevideo 
con el objeto de promover una espedicion contra los in- 
vasores. 

El 23 de Julio saUó delaColonia eoiiuna fuerza de mas 
de 1,000 hombres, que recibió un aumento considerable 
apenas pisó la ribera opuesta. 

iiniers se adelantó audazmente sobre Buenos Aires, 
donde Berresfordse babia atrincherado, y le intimó que 
ae rindiese. 

Fueron desechadas sus proposiciones. 

El 11 de agosto tuvieron lugar algunos choques par- 
tíales, y el 12 Jtaé atacada la ciudad por diferentes pun- 
tos. 

Diezy ocho piezas de artillería guardábanlas entradas 
de la Plaza Mayor, y las tropas británicas guarnecían las 
azoteas, balcones y d^ínas puntos dominantes. 

Unos y otros sostuvieron dignamente el honor de sus 
armas; pero al fin, después de dos horas de una sann 
grienta y porfiada lucha, el león castellano abatió al 
leopardo de Albion. La juventud Hispano-Amerícanáy 
dice el historiador antes citado, st^lió can sus pechos 
la falta de abantrenes de la artilleria. 

El altanero Berresford se vio obligado á rendirse á 
discreción. 

Grande y beUa fué la parte que tuvieron los hijos def 



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Uruguaya «itft vieldda, <e«yo «»fiierM remüaeté la 6ór- 
le (fe Eej^afia, eonoedlenflo á la duda4 c>« Montevifled el 
justo ttUilo 4e recmiqmistaáora^ pemúfiétidole MtoiÉias, 
ttaéir ima daíeBa trotada ai eBCii4o de «ub ármás* 

Pero M por «8o deairtieron los tegleaei é% mii |Ai« 
nos: eioa «rgiMosos insulaireB no abandonan Oiefl MM l i 
te idda que «a fez him aoaricMí» : no aoitettoyor 
un contraste. 

Dos iiwsea4ospaeíS de la re&^dotí de Berreotord) el 
ge&enü «ir Home Fopbas, atacaba por mst 4Mo&tevi* 
deo, ansioso de apoderarse fle la llave del PMiL 

La guanddon contesté Irfcairamenté i su ataque, y 
•1 gefife inglés tuvo qnecoolMitirse con bloqn^M^ la em^ 
dad, arrojándole todos los dias por vía de afectooda intáf^' 
nuacion algunos^eentenaree de balas, bombas y grtmadas. 

fieeai|laaado Po^an por el general Smtmú Aénmty, 
«ite engiero de M07 flesembi^ó >ebtitMute de su^eilft 
en \^ punta de Carretas, é intimó la rendición á lapla^ 
«a. Sos defilMores eotilestaron que t^MI?^ 4 tostarla. 
OeseaibaroaroB enlnsoeslos ittgle^es^l resto de su ge»- 
te en el JSiMeo, á una legua de Mtatevtdeo, batiwA» 4d 
4drejr (pie se adelantó cm intenrion de Impsdir eale no- 
^ÉDíento. 

Gélrechada la plaza por el enemigo salieron oofiÉm 
A 3,oao SMimbres mfeedados por 4^1 brigadier lieooe y 
por el geiiend Tiana. 

A pesar de los gcandes esftienEos de «estos vaHenteé, 
perecieron iBOi^ sBos, y los demás faukienmdevetirar- 
se en el mayor desorden. 
No 80 dosaniMó la j^aaapor tan duro coátiaate, ai fué 



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— #s *»» 
meóos Iter^ca Ei ré^tecictai que 0pfam á 1m itpefiios 
ataqtie» ct&e la áié el enemigo for espado de etííOftm 
días, con tan poca interrupción, que las tropas no tttfto^ 
ren m mtmotft^ de 4efHs9b9^i 

tiéndese etí e^ eónfll«l0, pidk^isrn^od ta tiu^ofw* 
^SeABé «iicMkm á ^oeneb A4ires, de i^ayá^^sdad eatterofi 
inmediatamente 3,200 hombres á h» érdmiesáeli^ 
niers. 

El liiflipecftor Arce, qae muaétím la vttigiiavdiá, etltró 
M MMleTideo éí i de febrero^ pero bábiendcf dido tos 
^emiges en la M&m noclte ob asalte Itrertslftle á ái*- 
eha plaza, sé pésesionaron de ella en la fiía&ma dri t, 
maiogrande por eefte mespertdo tecidcÉUe los nobles •»*• 
iberios dé la eepedieion argeala&a (1)« 

Esta vietoHa, ttutiqfiie momenltoea^ «eegiiré él trioÉfb 
éelas atviás brMnieas : toda la tanda Orí«Mai ei^é en 
m poder, fifi vano edié de Sueños AJi^es "cftra eq^edldeii 
á las órdenes dej eoi^fnel don Franeiseo iavier Elío* fii^ 
te bisalto i^Ud fué eomplétam^e derribado doa f«^ 
ees, y en la segunda obligado á vohacse á Sneiiol 
Aires. 

XVIH. 

Aleiitaáos los Ineses por el buen -éiilte con qué al 
parecer se empeñaba la fortuna en secundar sus {ílaíies 
ttdinpaaores, deftenslna^on lavar la mentaba de su pása- 
-da denota apodertedoee dé la capÜddeWireiiiaíto, imh 
'tro de su desdoro y humillación. 

(1) Torrenieii. I,>«U. 



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-r. 96 — 

El teniente general WhHelocke, inteligente y esforzado 
guerrero, era el encargado de llevar á cabo tan alta em- 
presa. 

Lleno de confianza y protegido por sesenta y un bu- 
ques, salta con 12,000 veteranos en las playas de Bue- 
nos Aires, d^endidas por7,000 hombres escasos, ta ma- 
yor parte milicianos. 

El valiente Liniers los mandaba. 

Heroica fué la resistencia de la ciudad; exacta y bri- 
llantemente descrita por el señor Torrente; merecen 
leerse las páginas que le consagra. Ciada casaj según la 
Gaceta estraordinaria de Londres era una fortaleza^ y 
cada caUe unatrineheramiefdo^ donde eran recibidos 
los ingleses del modo que refiere el mismo general in- 
vasor en su comunicación ai gobierno británico. 

« Metralla en las esquinas dé todas las casas, fusilería, 
granadas de mano, ladrillos y piedras tiradas desde los 
tejados... Cada propietario con sus negros, defendiendo 
su habitación ; cada una de las cuales era una verdadera 
fortalejui...» (1) 

Asi, en las calles de Buenos Aires, regadas con ta 
sangre de 2,000 cadáveres, lo menos, fueron por se- 
gunda vez arrollados, deshechos, vencidos, obligados ¿ 
capitular los que neciamente creyeron tardarían en apo- 
derarse de ella, el tiempo que gastasen en hacer una 
salva triunfal. 

Y I oh fragilidad de los Juicios humanos! el 7 de ju- 
lio de 1807, firmaba el altivo Whítelockeuna capitula^ 

(1) Glorias militares de los españoles desde la mas remota an^ 
tigttedad hasu el presente, t. II, p. 107.— Cádiz 180S. 



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tioD^ MlgéüAím ietacoar todo él tenttorto Ifif|^aiu>- 
AtioericafiOf y A enlregai' la plaza de Montevideo ea él 
nlnuo estado eti queso haOaba al tiempo da aa rendid 
don* (1) 

. Tal ftiá en este siglo como en tos anteriores^ el resul- 
tado de las tentatitas de la Inglaterra^ y este soiobe^ 
dio es la prueba mas evidente de que aqueiloB palees han 
rechazado siempre todo dominio estranjero. 

Aquí, propiamente brillando, termifia el prhner perio- 
do de la historia del Rio de la Plata, porque los sucesos 
á que dio margen la ocupación de las tropas inglesas, 
junto con los acontecimientos que se suscitaron en Eu- 
ropa; el descontento dé la tropa y algunos gofes, obli- 
garon á la audiencia á declarar que habia caducado el 
gobierno delvirey Sobremonte (2). Sucedióle Huidobro 

(i) El que quiera mas amplios detaUes sobre la espedicion de 
Whitelocke, ademas de la historia del señor Torrente puede 
consultar el t. 11 de la obra citada (Glorias de los españoles), 
donde se baila una descrípcion completa de la heroica defensa 
de Buenos Aires^ tal como consta de la Gaceta estraordinaria de 
Madrid del hO de setiembre de 1807, la de Londres del 12 y del 
Daily Advertiser del 14 del mismo mes. 

(2) La conducta del virey en esta ocasión ha sido objeto de 
muy agrias censuras por parte de escritores españoles y ameri- 
canos ; pero sea cual fuere el valor de las inculpaciones que se 
le hacen, debemos advertir que hemos leído y examinado muy 
detenidamente la conclusión fiscal y sentencia que recabó en la 
causa formada al señor marqués de Sobremonte sobre su con- 
ducta militar en los acontecimientos de Buenos Aires en 1806 y 
1807, por la cual quedó absuelto de todo cargo, en el consejo 
de guerra celebrado en Cádiz en los dias 8, 9, 10, 11 y 12 de 
noviembre de 1813. En vista de las pruebas alegadas, el fiscal 



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— 98 — 

(S7 de febrero áe 1807) que apenas gobernó nn aBo ; á 
este liniers (16 de mayo de 1808) qae durd casi lo mis- 
mo; y Liniers Gsneros (19 de Julio de 1809), bi^eayo 
mando estalló la revolución de 1810 que debia separar 
para siempre la América española de su^ metrópoli, ar- 
rancar de la corona de Isabel los mas bellos flonmea 
que Colon la regalara! 

pidió qae se diera al señor Sobremonte, en recompensa de sus 
serTícios, un mando igual en la Península al que tenia en Amé- 
rica cuando fué depuesto, con el abono de sus sueldos ; cuya 
sentencia fué aprobada por S. H., ascendiéndole á mariscal de 
campo y nombrándole consecro de Indias. Este documento dija 
en el mejor lugar al señor marqués de Sobremonte* 



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— »9 — 
II. 

U REVOLUCIÓN DE 1810 

EN BUENOS AIRES 

[SEGÜN 

LAS ACTAS CAPITULARES. 



^■^' 



No 68 de nuestra incumbencia historiar los aconteci- 
mientos que precedieron á la revolución española y alla- 
naron el camino del trono al intruso, hermano del usur- 
pador; pero como juzgamos necesario, para formarse 
ana idea exacta y marcar el instante decisivo, la época 
de transición entre el antiguo y nuevo orden de cosas 
en América, recordar al menos la forzada abdicación de 
Garlos IV, y su reclamación de la corona al mes siguiente; 
la renuncia de sus derechos arrancada á Femando por 
Napoleón en Bayona, y la creación de juntas é insurrec- 
ción en toda la Península: el lector poco instruido en 
estos sucesos hará bien de consultar algunos de los mu- 
chos libros que se han escrito sobre ellos ; nosotros no 
podemos ni ({ueremos narrarlos. Prescindiendo de nues- 
tra incompetencia para tratar con acierto todas las cues- 
tiones que abrazan, comprendemos que perderíamos el 
tiempo inútilmente, sin añadir nada nuevo á lo que plu- 
mas mejor cortadas han escrito. Son hechos juzgados 
ya por la historia, y que, por mas descoloridos y descar- 



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nados que se presenten, ocupan mucho espacio y no 
deben considerarse superficialmente. Importa sin em- 
bargo conocerlos bien para la mejor inteligencia de lo 
que vamos á esponer; importa sobre todo tener en cuenta 
el gloriosa aUamiento d^ las provyi^igs inicindo por la 
de Asturias, y lo» azares dó \% luí^batrabiidapor un pu- 
ñado de heroicos y leales defensores del trono castellano 
contra el poder colosal de Napoleón, hasta la funesta 
batalla de Ocaña, que, sembrando el terror y el abati- 
miento por todo el reino, hizo temer que fuese tan aciaga 
para la .independencia como la de Guadalete, según la 
bella frase del eoodé de Tonmo. Aciaga y fimesta, en 
efecto para Eapaüa, no solo en sa recinto, si qoe tambian 
del otro lado de lo^ mares. 

El 10 de noviembre de 1809 tuyo lugar, pero baabl 
jBnes da marzo no se supo oficialmente én América, euyoi 
habitantes, haata ese momento recelosos y aterrados por 
el mal éúto que hablan tenido lis dos juntas formadaí , 
la una en Méjico el 9 de agosto de 1808, y di^uelta á loa 
treinta y siete dias, y la otra en la Paz el 15 de junio do 
1809, pereciendo en el patíbulo sus autores, no se habían 
atrevido á imitar su ejemplo. Mas llegó lanoticia dd eonf 
traste de Ocaña» abultado por el miedo y la distanela» 
Sa dijo que todas las flierzas españolas que aun podían 
combatir hablan depuesto las armas: que los mísmoa 
reyes de España renuneíaban de nuevo solemnemeníte á 
Éus derechos, para evitar mas desgracias y eflpion de 
sangre ; que en vista de tantos desengaños, las ciudades 
y los pueblos inclinaban, porque no les era dado hacer 
otra cosa, su orguUosa cenix ante las invictas legionoi 



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— 401 — 

del cafritan del siglo : ¡ qué no se dijo é inyentó entonces 
por los que tenían interés, tanto nacionales como estran- 
geros, en qae las Colonias fuesen independientes! 

En consecuencia, Caracas tomó la iniciativa, y el 19 
de abra de 1810 instaló una junta conservadora. Tam- 
bién fué esta la primera sección Hispano-Americana que 
se declcffó independiente, y bajo la dirección del ilustre 
Bolívar constituyóse en República. Buenos Aires y Santa 
Fe de Bogotá crearon sus juntas el 25 de mayo : Quito, 
«1 19 de agosto y Chile el 11 de setiembre del mismo 
afio. 

De este movimiento tan simultáneo y general nos bas- 
tará para nuestro objeto examinar la parte correspour 
diente al Rio de la Plata. Los que tengan alguna curio- 
sidad acerca de los demás países pueden consultar sobre 
algunos detidles los primeros capítulos de la conocida 
obra del Sr. Torrente, leyéndolos con la debida precau- 
ción, pues su autor al hablar de las patriotas no se mues- 
tra nada indulgente con ellos, y hasta altera ó desfigura 
los hechos cuando asi le conviene*, y los hechos, salvo 
algunas modificaciones, en todas partes son los mismos, 
y solo varia el lugar de la escena. 

En cuanto á nuestro país, cuna de la independencia 
Hispano-Americana, el estodio detenido que hemos he* 
cho de las actas capitulares de la revolución, publicadas 
en 1836 por él Sr. Angelis, en el tomo III de su impor- 
tante colección, nos habilita para presentar en su ver- 
dadero punto de vista esa revolución tan calumniada, 
rectificar no pocos errores y dejar también consignado 
sobre bases sWdas é indestructibles el principio, el fun- 



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_ 402 — 

dinaftto, él pnato de arrAiique de mOfün regenerncion 
politiea y soctai; la tradición gen^afriz, la escaniactoa 
viva del dogma imperecedero proclamado por ella ; la 
paMa y la libertad. 

Ya hemos dicho qiie bastará para nueMro objeto oca* 
pamos únieameote de los acontecimleotos del Plata, en 
el primer período de la emaacipacion del Nuevo Mundo, 
porque reasumen y epilogan, y son la eintesíB mas alta 
de lo que sucedió en las demás secciones de Amárioa» 
eon la enorme diferenda de que en todas ellas fué sofo* 
cada la revolución con éxito mas ó menos duradero, 
miratras que en las provincias del Rio de la Plata, siem- 
pre de pié y siempre combatiendo, llevé á todas p^urtaa 
eu bandera libertadora, llegando á ser ln primera, no por 
el orden eronológíco, sino por la solidaridad de sus 
ideas, por su misión de apostolado y propaganda, por 
sus resultados y por su influeneia en los destinos de una 
de esas grandes revoluciones, como la califica Humboldt, 
que de vez en cuando agitan á la especie humana, y que, 
propagándose desde el hemisferio austral al boreal, desde 
las riberas del Plata y de Chile basta el norte de M^jieo, 
abre una nueva era á 14 millones de bi^itantes. 

D. Baltasar Hidalgo de Cisneros , vírey de Buenos 
Aires, en el pleno ejercicio de su autoridad, manifesté 
oflcíahnente Iq^que todos sabían, es decir, la triste y cr('* 
tica situación en que se encontraba la Península, No es 
eiLacto que él convocó voluntaáriamente el auxilio deim 
cuerpo ddibenmta, al que debian concurrir los repre* 
saltantes de la ciudad y de las provioeias del vireinato, 
sino muy &SU pesur, y pot toseintomanalAimantes yni« 



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— 403 — 

ñores fiiniestros que eorriep entre el pueblo» propilaioe 
priompalmente por alguno» jóv^es entueiaitae «pie de* 
liraben coa la regeneración y el porvenir de sa patria. 

£1 cabildo, con fedia 21 de mayü, pasó un ofleio al 
nrey pidiéndole permiso a para oQnYoear la prbieipal y 
mas sana parte del vecindario, á fin de que, en un coi^ 
greso público, espresase la voluntad general, y acor* 
dase las medidas mas oportunas para evitar toda desgra^ 
tía y asegurar su suerte venidera^ » 

Concedido el pemüso por el virey, se envió un contf'» 
sionado al comandante del batallón de Patricios D. Cor** 
nelío de Saavedra, para que se apersonase con el cabildo. 
El ol)jeto de este requirimiento no era otro que el de en« 
eargarle mantuviese el orden y la tranquilidad pábUea. 

Pero ya el pueblo se babia reunido y empe^üo 4 gri-> 
tar que saliese á los balcones el caballero sindico pro^ 
curador (D. Julián de Leiva), que salló en efecto, y fué 
interpelado sobre cual babia sido la contestación que Cjs* 
ñeros diera al Ayuntamiento. Contestó Leivaque babia 
accedido á sus ruegos, y que actualmente se bailaban 
ellos trabajando por el bien públíoo, y que era necesario 
que se retirasen á sus casas para no no perturbar el 
orden. 
Entonces el pueblo gritó con mas fuerza: 
— ¡Lo que queremos es la deposición del virey I 
Leiva intentó en vano persuadirle que se conservase 
tranquilo : en ese intervalo llegó Saavedra^ y después de 
conferenciar algún tiempo con el cabildo, asegurando á 
éste que él respondía de la tranquilidad pública, si^ló, y 
consiguió que ne retirase el pueblo 



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— 404 — 

Los cabildantes detenninaron que al dia siguiente se 
celebrase el cabildo abierto, convocando á la prindpsd 
y mas sana parte del Yecindario, como ya queda dicho, 
por medio de la siguiente esquela : 

« El Escmo. cabildo convoca á Vd. para que se sirva 
asistir, precisamente mafiana 22 del corriente, á las 
nueve, sin etiqueta alguna, y en clase de vecino, al ca- 
bildo abierto que con avenencia del Escmo. Sr. virey ha 
acordado celebrar; debiendo manifestar esta esquela á 
las tropas que guarnecerán las avenidas de esta plaza, 
para que se le permita pasar libremente. » 

El acto se inauguró leyéndose una especie de discurso 
ó esposicion, ea la que se recomendaba al pueblo la fide- 
lidad á Fernando Yll, la moderación y el respeto á las 
leyes.... Son verdaderamente paternales y de una alta 
previsión los consejos con que concluye, y no hay duda 
que si hubiera sido posible seguirlos, ni habrían tenido 
lugar los tristes sucesos que pronto ensangrentaron la 
revolución, ni producido tan amargos fhitos las precoces 
innovaciones de algunos hombres muy patriotas sí, pero 
faltos del conocimiento práctica de los trastornos y cam- 
bios políticos, y de las nuevas situaciones que ellos crean. 
La juzgamos digna de someterla á la consideración dd 
lector. 

FIEL Y GENEROSO PUEBLO DE BUENOS AmES : 

<c Las últimas noticias de los desgraciados sucesos de 
nuestra metrópoli comunicadas al público de orden de 
este superior gobierno, han contristado sobremanera 



Digitized by VjOOQlC 



faettfD iiiimo, y os han hecbo duAír de vofitra fiítoa*^ 
eioD actual y d« waitra «larte futura. 

« Agitados de im conjoato da ídeaí que oí ha sujerído 
vueBtra lealtad y patriotismo, haheis esperado eon aoik 
el momento de eombi&arlas para evitar toda división, 
y vuestroi representantee, qne velan constantemente 
sobre vuestra prosperidad, y desean con el mayor ardor 
conservar el orden y la integridad de estos dominios 
hajo la dominado» del señor don Femando Vil, han 
•bt^do del Escmo, 8r. virey, permiso franco para 
reuníros en un congreso. Ya esUís congregados, hablad 
eon tíbertad *, pero con la dignidad que os es propia, ba<* 
oiendo ver que sois un pueblo sabio, noble, ddcíly gene- 
roso. Vuestro principal objeto debe serprecaver toda di- 
visión, mdíear la confianza entre el subdito y el magistra* 
do, afianzar vuestra unión reciproca» y la de las áem^A 
provincias, y dejar espeditas vuestras relaciones con los 
Otros vireinatos del continente. Evitad toda mnovacion 
ó mudanza, pues generahnente son peligrosas y espues^ 
tas á división. No olvidéis que tenéis casi á la vista uo 
vecino que acecha vuestra libertad, y que no perderá 
ninguna ocasión en medio del menor desorden. Tened 
por cierto que no podréis por ahora subsistir sin la 
onion con las i^ovincias interiores del reino, y qye 
vuestras deliberaciones serán frustradas si no nacen de la 
ley 6 del consentimiento general de todos aqueUos 
pueblos. Asi, pues, meditad bien sobre vuestra situación 
actual, no sea que el remedio para precaver los males 
que teméis, acelere vuestra destrucción. Huid de tocar 
si^npre h cualquier estremo, que nunca deja deier pelí-* 



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— 406 — 

groso. Despreciad medidas estrepitosas 6 violentas, y 
siguiendo un camino medio, abrazad aqnel que sea mas 
sencillo y mas adecuado para conciliar, con nuestra 
actual seguridad y la de nuQstra suerte futura, el espi* 
ritu de la ley y el respeto á los magistrados. » 

Concluido el discurso se leyó el oficio al yirey y su 
contestación : enseguida tratóse de proceder 4 la vota- 
ción. 

Muy fuertes altercados se empeñaron entonces, casi 
no se entendían los votantes; para concluir de una vez 
se convinieron por unanimidad en fijar una sola propo« 
sicion para resolverla respectivamente. Después de re- 
chazadas dos, se adoptó la tercera que es como sigue : 

« Si se ha de subrogar otra autoridad á la superior 
que obtiene el Escmo. señor virey, dependiente de la 
soberana, que se ejerza legítimamente á nombre del 
señor don Femando Yll, y en quién. » 

Para que la votadon se hiciese con mas libertad, el 
ayuntamiento dispuso que los vocale» entrasen á la sala 
de acuerdos á poner su voto cada uno por si, y que ru- 
bricándolo solamente para simplificar el acto en lo po- 
sible, lo publicase después el escribano. 

Estractamos de la larga lista que presentan las actas 
las principales opiniones emitidas por los llamados á 
votar. 

El obispo dijo : — Que mediante las noticias de la 
disolusion de la Junta central, en quien residía la sobe- 
ranía, habla motivos para dudar de su existencia ; pero 
que consultando á la vez la satisfacción del pueblo y la 
seguridad presente y futura de aquellos dominios, opi- 



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— «07 — 
naba qae dd)!a continuar en el mando el yirey^ sin mas 
n(rredad que añadirle dos asociados, todo lo cual debia 
entoiderse provisoriamente hasta ulteriores noticias. 

El general don Pascual Ruiz^Hnidobro : — Que debia 
cesar la autoridad del virey y reasumirla, el cabildo, 
como representante del pueblo, para ejercerla Ínterin 
formase un gobierno provisorio, dependiente de la legi- 
tima representación que hubiese en la Península de la 
soberanía del monarca. 

El asesor general^ don Juan de Almagro : — Que no 
habiéndose recibido hasta entonces documento alguno 
oficial que les asegurase la total pérdida de España, era 
de parecer que no se hallaban aun en el caso de hacer 
novedad alguna *, pero que en el caso que lo Juzgase 
así la mayoría, debían asociarse al gobierno aquellas 
pefsonas de mas probidad que tuviese por conveniente 
el cabildo. 

Don-Comelio Saa/oedra : — Que debia subrogarse el 
mando del virey en el cabildo mientras se formaba la 
corporación ó junta que habría de ejercerlo, que así lo 
exigían las circunstancias y el bien del pueblo, y que no 
quedase la menor duda que este era el que conferia la 
autoridad ó mando. 

Nótese como ya se invoca al pueblo y como se le con*- 
ceden atribuciones que no tenia ni podía tener por el 
sistema de gobierno que hasta entonces le había regido, 
lAadiendo él comandante don Pedro Andrés García : 
« que la salud del pueblo era la ley suprema^n y el Héc- 
tor don Antonio Saez, que había llegado el caso de rea-* 
sumir el ^uüAo su originaria autoridad y derechos, etc« 



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-T 408 — 

Moreno, CUdlaná) Balcitf ee, YMeB^ RiTAdttia, fnm^ 
Bdfralio, CásteUi, Rddrigoez^ Ta^^é^ Freiidi, Bentí^ 
LopeE) Alberti, Matouy Larrea^ príodpalet «clorel mA 
dMHiia de nuestra tevohicfoii) ae adhirieron al dietáaien 
de Hnidobro y Saaredra^ que en el fondo yiene á ser el 
miaoio 'j traes ambos opinaban que debía cesar Gisiien» 
en el mando y subrogar éste en ei cabfldo» 

Don Pedro AtUonio Cervino dqo s ^ Que se formase 
una junta de vecinos buenos y honrados ft eleeckm del 
eáUldo, cuyo presidente podía ser el yirey^ convo<saiido 
á las eíudades interiores para qne entiasen sus Yoeales. 

Ademas, irnos, eomo el oidor don Manuel I. de R^as, 
f epefian que no encontraban motivo por la subrogadod, 
lo que eqiiivaliaá decir que debia permanecer el virey 
A todo trance; opinando sin embargo, que si taplu>^ 
Udad del congreso pensaba de distinto modo se le nom- 
brasen dos adjuntos, sin mas atribuciones que las de 
ayudarle en el despa<dio del gobierno s otros como el 
brigadier don Francisco Orduña y don José Martin de 
Zuloeta ] que mientras no se supiese la total pérdida de 
la metrópoli debia permanecer todo en el mismo estado; 
y en easo de querer innovar, se convocasen diputados 
de las demás provincias del vireinato para su seguridad, 
y que ademas concurriesen ¿ votar mas de doscientos 
Vecinos de primer orden que faltaban ) flnalmwte, aun- 
que pocos, otros como el doctor Bivarola dijeron : q^ 
respecto á no estar instruidos en los datos suficientes 
para votar en materia tan ardua obedecian y obedece- 
rian á cualquiera que representase la legítima a/utori^ 
dad de Femando VIL 



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— 109 — 

Tales son las principales opiniones consignadas en 
ks adas : las reducimos á su última espresíon, despo- 
jadas de las razones mas ó menos especiosas con que la» 
encubrían ms autores, asi como tampoco nos paramos 
ft considerar la diversidad de pareceres en cuanto á las 
fetsems y al modo como debian formar parte del go* 
bienio en unión con el virey, el cabildo, ó en junta es- 
pecial. La cuestión capital, dominante, única, decísiya 
ajuicio nuestro, era la remoción de aquel y la creación 
de una autoridad donde predominase el elemento ame- 
ricano como quiera que fuese. Ck>nsideradas bajo esle 
punto de vista, nos han parecido secundarias todas las 
demás cuestiones, y escusado el perder el tiempo en 
examinarlas y debatirlas. 

Hemos tenido la curiosidad de contar el número de 
los que votaron, no solo para ver si era cierta la supo- 
sición de Zuloeta, sino también para conflmar una idea 
que nos despertó la lectura de sus palabras ; y hemos 
visto en efecto, que apenbs llegan á doscientos veinte y 
cinco, habiéndose repartido cuatrocientas cincuenta es- 
quelas, según leemos en el úHimo párrafo* del acta del 
cmgreso general; y r^rádose, antes de llegarles su 
vezy veinte personas, cuyos nombres se espresan en el 
citado párrafo. 

Esto solo, á nuestro modo de ver, es una prueba indes- 
•^ tmctible de lo adelantada que estaba, de l^^ ramificacio- 
nes é importancia de la revolución, cuando mas de la 
mitad de los vocales faltaron, acaso por vez primera y 
en tan criticas circunstancias, al llamamiento de la au- 
toridad ; y ya se suponga que si no todos, la mayor parte, 

4 



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— m — 
estaban iidciados en los planes de los dMdentes, lo que 
no es posible, porqae nos asisten fondadas razones para 
creerlo asi; ya se suponga que era de miedo y por no 
comprometerse ni con ellos ni con el gobierno espalKd^ 
de todos modos habrá que admitir esta hipótesis : ó los 
primeros eran bastante numerosos, teniaa las simpatías 
de la generalidad y contaban con el apoyo de los hom- 
bres que estaban en disposición de hacer algo para ins« 
pirar á los ocultos vocales confianza ó recela; ó aun<pio 
reducidos en número, eran bastante inteligentes, auda- 
ces y valientes para engañarlos, dividirlos, y en el último 
trauce emprenderlo todo y ganar á balazos lo que no 
podían pacíficamente. En uno y otro caso, se ven si- 
seadas por su base las gratuitas suposiciones del citado 
miot de la Historia de la Revolución Hispano-Ame- 
ricana. 

Nos alejamos involuntariamente de nuestro relato 
cuando quisiéramos en esta ocasión narrar simplemente 
los hechos, que son harto elocuentes, sin anadie una pa- 
labra á lo que dicen las actas. Volvamos, pues, á eUas. 

Había sonado medianoche, cuando concluyó la vota- 
ción de los que habían acudido«á la invitación del ca- 
bildo ; determinóse dejar para el siguiente día el examen 
y confrontación de votos, no obstante que algunos de los* 
concurrentes pedían que se realizara en el momento. 

Reunido el ayuntamiento el 23, leemos en el acta de 
ese día : « estando juntos y congregados los señores que' 
lo componían, reflexionaron que, »n embargo de ha- 
berse fijado carteles citando á los vocales del día ante- 
rior para que á lastres de la tarde concurriesen á firmar 



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— 441 — 

el afits, no eomeoto, por las ocurrausias qae fobr«Yi«' 
ni^on el que se Mciese ima nueva reomoiii ni se const* 
dmdm necesaria para el fin indicado supaesto que en el 
congreso se recogieron los votos rubricados y se publi- 
caron lodos, cada uno en el acto de haberse dado, —fin 
cuya virtud acordaron corriese el acU ea los términos 
en que estaba estendida, sin recogerse las firmas de loa 
vocales *, que se archivasen los votos rubricados para 
cuidquier duda que ocurriese, y se procediera inmedia'- 
tiunente á la reguladon de ellos con el mas prdqo exi* 
men, debiendo dos de los señores eapitubures estar 
prontos para prevoiir á los que concurri^enquese ie-> 
tirasen hasta nueva cltadon. » 

Hasta aquí el acta. Advirtamos ahora nosotros para 
mejor inteligencia, que esa disposición tan intes^eatíva 
y falta de tino, no salió del ayuntamiento, sino que le 
toé inspirada por Gisneros , aguijoneado por algimos 
verdaderos realistas, que con fundamento veian eá su 
deposición la ruina del dominio espaHol y el triunfo de 
los encubiertos planes de sus antagonistas, los ameri- 
canos. Gonoctan instintivamente que su influencia y pre- 
ponderancia en los negocies públicos no podía menoa 
de serles fatal. Sus justos teniores se traslucen en la me-* 
dida adoptada por los caiátulares^ pues hecha deteni- 
dam^te la regulación de los votos y resultando de ella 
ípluraltdad con esceso que el virey debía cesar m el 
manda y recaer este provisoriamente en el cabildo, cev 
voto decisivo el caballero sindico procurador general, 
bástala creación de una junta que habría de formar el 
mismo cabildo en la manera que estimase convaaiente, 



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— 14« — 

eoyaJunUBeenfiargaria del mando mientras aecoogre- 
gasea los diputados que habiaii de con^oearse de las 
provineias interiores para establecer la forma de go» 
UeiBoque correspondiese; estos seüores, tratando de 
eoneiliar los respetos de la autoridad superior cod el 
MengoieFal de estas interesanteeproviDCias, dice Ute- 
lalmente el documento citado no há mocho, propen« 
diendo á su nnion con la capital, y i conservar frmca 
la comunicación con las demás del continente, cuyo ob- 
jeto Jamas ha podido perderse de vista, acordaron que, 
sin embargo de haber ¿ pluralidad de votos cesado en d 
BUDido el virey, no ftaese sepamdo absolutamente, sino 
que se le nombrasen acompañadas con quienes gober* 
■ase hasta la congregación de los diputados del vbret- 
nato, lo cual seria y debería de entenderse por una Junta 
conqniesta de aquellos, y presidida por dicho señor en 
dase de vocal : mediaiüeáque para esto se haUabacoa 
Cacuttades el cabildo, en virtud de las que se les confi- 
rieron «1 el congreso general. 

Oficióse esta resolución á Gisneros, nraibrando para 
ponerla en sus manos una diputadon compuesta de loa 
señores don Manuel José de Ocampo y don Tomás Ha- 
miel de Anchorena (mas tarde ministro de Rosas) encar- 
gándoles muy espedalmente el fin que se proponía el 
cabildo con semejante arbitrio, y cuanto interesaba á la 
tranquilidad y salud pública d que se llevase á efecto ; 
quedando abierto el acuerdo hasta su regreso. 

Gisneros, como es de suponer, manifoBtó á los diputa* 
dos su firme y decidida voluntad de cooperar á ci^^o 
tan santo, y hasta no tomar parte alguna en el mando si 



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— i43 — 

era predso : su contestación i'espira la mayor abn^- 
ctoD, lealtad y amor al soberano y ai pueblo conflaido á 
su gobierno ; pero dOBConflamos de su veracidad, cuan- 
do le Temos insinuar, no aconsejar, mandar, pues asi 
traducimos el juzgar por muy conveniente que se tratase 
el asunto con los comandantes de los cuerpos de la guar- 
nición, respecto ¿ que la resolución del cabHdo no pa-^ 
recia en todo conforme con los deseos del pueblo mani" 
festadospor la mayoría de votos. Es decir, apelar á las 
bayonetas para hacerlo pensar de otro modo. 

Mas ya era tarde : todos los comandantes no estaban 
muy seguros de sus mismos soldados ; y babia ya mas 
de uno relacionado con los disidentes. 

Mandólos llamar el cabildo, y su respuesta acduS de 
confirmarle en que era inútil hacer mas resistencia, y 
pretender conserrar á Gisneros en el poder contra la vo- 
lontad gffl^eral tan espresamente manifestada. No hubo 
mas remedio que ceder. Gisneros se conformó ó aparentó 
conformarse con lo que nó podia evitar : y asi adquirió 
mayor flierza la naciente revolución , mayores brios 
los hasta entonces encubiertos ^motores de la tempes- 
tad conjurada contra él virey. 

El 24, no obstante, reunióse de nuevo el cabildo, y á 
pluralidad de votos y ¿ pesar de todo, decidió que con- 
tinoase en el mando asociado ¿ los señores don Juan Ne- 
pomuceno de Sola, el doctor don luán José Gastelli, don 
Gomelio deSaavedra y don José Santos de Inéhaurregui; 
coya corporación ó junta debia presidir d referido virey 
toú voto en día, conservando ea lo demás su renta y 
altas prerogalivas de su dignidad, mientras se erlgia la 



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— 444 — 

junta general del Tireinato. No citamos las demás difi- 
posiciones concernientes á esta primera Jmita, porque 
son puramente reglamentarías; y porque no habiendo 
tenido mas que algunas horas de existencia, al tratar de 
la que le sucedió, tendremos ocasión de hablar mas des- 
pacio de las que se rocen con los sucesos postericwes. 

Algunas intrigas se hablan cruzado, entretanto : los 
realistas en su agonia, pusieron en juego cuantos recur- 
sos les inspiraba la desesperación y el convencimiento 
de que ya no les era dado retroceder un solo paso slñ 
caer en un abismo. Idéntica era la situación de los pa- 
triotas; y mas horrible acaso, porque la voz de traido- 
res zumbaba en sus oidos con siniestras ammaazas, byas 
de la impotencia y el miedo, mas bien que de la posibi- 
lidad de realizadas y el deseo de venganza. 

Siguiendo el consejo de CÜsneros, algunos miembros 
del cabildo propusieron que se volviese á consultar otra 
vez álos gefes de los cuerpos para ver si después de lo 
dispuesto se hallaban con ánimo y potestad de prei^arle 
su auxilio, á fin de llevar á efecto las resoluciones toma- 
das en tan apremiantes como estraordinarias circuns- 
tancias; y ¡cosa estraña! esos mismos hombres que el 
dia anterior hablan demostrado que era fiaieamente im- 
posible mantener al virey ea el poder contra la voluntad 
del pueblo a contestaron unánimemente que estaban apa- 
rejados y dispuestos á sostener la autoridad que por veto 
de él habia reasumido el cabildo. » 

Pero oíando supieron quienes debían ftvmar la junta 
provisoria, después de algunas disensiones promovidas 
sobre la materia, y especiabnente por el comodante 



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— 4*B — 

-¿ton Pedro Andrés Gareia, sobre que si el cabildo volvía 
á reasumir el mando, debería tener voto decisivo el ca- 
ballero sindico ; y por don Gomelio de Saavedra, sobre 
que debia reformarse la elección de vocal hecha en su 
persona y recaer en Leiva^ porque no quena ser censu- 
rado en lo mas minimo ; contestes espusíeron que aquel 
arbitrio era desde luego' el ánieo que podia adoptarse 
en las actuales circunstancias, como el mas propio á 
conciliar los estremos que debijom constituir su seguridad 
y defensa ; que no dudaban sería de la aceptación del 
pueblo, ofreciendo contribuir por su parte á que que- 
dase plantíficadi^, y se retiraron reiterando las mismas 
ofertas. 

En vista de ellas, acordaron los cabildantes se pro- . 
cediese en el día á la instalación de la junta, y que al 
efecto se citasen inmediatamente los vocales electos para 
que á las tres de Ja tarde compareciesen irremisible* 
mente en la sala capitular ; que al propio tiempo, pasase 
ima comieden compuesta de los dos señores nombrados 
anteriormente á prevenir á Gisneros la misma conferen- 
cia, manifostarle el fin de ella, y el ceremonial dispuesto 
para el caso ; ^ que se convocara igoalmente á los tri- 
bunales todos y corporaciones, al obispo, cabildo ecle- 
siástico, prelados y gefes de los cuerpos á fin de que pre- 
sMidasen el juramento que hablan de prestar los vocales 
en manos del alcalde de primer voto, de desempeñar 
bien y fielmente los cargos que se les conferían *, conser- 
var la integridad de aquella parte de América á Fer- 
nando Vli y sus legitimes sucesores, y guardar pun- 
taahnei^ las leyes del reino. — Todo lo que se verificó 



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— U6 — 
al pié de la letra quedando así instaUada la primera 
junta provisoria. 

Los revolucionarios no se dormían entretanto : desde 
que supieron la desesperada resolución del cabildo y el 
ningún apoyo, la indiferencia con que hablan sido aco- 
gidas por sus compañeros las enérgicas palabras de 
García, empezaron á trabs^ar con actividad febril para 
que no se malograsen sus planes, y quedase en manos 
de Gisneros, por una diestra evolución parlamentaria, 
el poder que casi habian conseguido arrebatarle el 23. 

Apenas habian salido los vocales de la sala capitular, 
la fermentación del pueblo empezó á hacerse sentir : se 
oyeron gritos subversivos; la multitud dividida en gras- 
pos derramóse por la ciudad alarmando al vecindario. 

Gastelli, uno de los vocales y uno de los revoluciona* 
rios mas audaces, hizo presente á Gisneros, exagerán- 
dolo, el peligro que le amenazaba. El éx*virey tuvo 
miedo, se amilanó, no comprendió que le engañaban ; 
cerró los ojos para no ver que todavía algunos miles de 
bayonetas le formaban una muralla impenetrable y que 
á una palabra suya, nada mas que con mostrar un poco 
de serenidad y arrojo, se hundirían en el pecho del in- 
defenso pueblo al grito ,de ¡viva Femandol fviva d 
virey! ¡mueran los anarquistas^ revoltosos y traidores! 
como sucedió en Quito. — Nada consideró Gisneros; 
solo pensó en huir dirigiendo al cabildo, en la mañana 
del siguiente dia, un oficio escrito á las nueve y media 
de la noche en el que le decía: que siendo él la cansa 
de la agitación que se había renovado, procediese á otra 
elección en sugetos que pudiesen merecer la confianza 



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— H7 — 
del pueblo, cuya medida era de urgentísima necesidad ; 
que se reuniese, por consiguiente, sin pérdida de tiem- 
po, y se espidiera como correspondiese en la inteligencia 
de considerarse con el poder devuelto. 

Miedo y terror pánico, inaudito, revela -el oficio del 
ex-Yirey, que no tuvo en ese momento decisivo la forta- 
leza de alma, el pundonor necesario para conjurar la tor- 
menta, manteniéndose firme en supuesto hasta el último 
instante, como era de su deber, y sacrificando allí basta 
la vida si necesario fuese, en pro de la causa que sostenía 
y de la cual era ó debia ser el mas fuerte campeón. 

Toda la noche del 24 al 25 la habian empleado los 
revolucionarios en tocar cuantos resortes estaban en su 
mano, en ver á cuantas personas podían influir en la 
reaUzacion de su proyecto; en acometer briosamente 
los obstáculos siempre renacientes que nacían de una 
situación tan anormal. Porque á escepcíon de unos po- 
cos, nos inclinamos á creer que aun no se sabia á punto 
^0, especialmente de los que tenían tropas á su dispo- 
sición, quienes conspiraban con lealtad y quienes juga- 
ban con dos barajas, como vulgarmente se dice. Toda- 
vía no ha descorrido la historia el velo que encubre la 
parte de gloria legítima y cierta que corresponde á cada 
uno de ellos; y si los nombres de Moreno, Gastelli, 
Saavedra, Rodríguez, etc., simbolizan el partido ameri- 
cano, cuyo objeto principal fué desde un principio, eman- 
cipar el suelo que los había visto nacer, no todos tenían 
las mismas ideas y elevación de miras, ni todos tuvieron 
igual parte en el magnifico resultadjo [alcanzado el 25. 
Tal es nuestra opinión, que aunque en pugna con lo que 



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— 148 — 

generalmente se cree, no por eso menoscaba en manera 
alguna la reputación de los que hayan sido en efecto 
buenos y leales patriotas, y los sucesos, su posición 6 
corta inteligencia no les hayan permitido hacer en 
aquellos* dias solemnes, cuanto hubieran deseado en ob- 
sequio de la patria. Se nos perdonará esta pequeña 
digresión, si se atiende ¿ que esta es una cuestión no 
resuelta aun, que ha dado margen en el calor y cegue- 
dad de nuestras discordias civiles á los mas duros ata- 
ques, aleves suposiciones, y hasta infames calumnias... 
Volvamos á las actas. 

Hemos visto la conducta pusilánime del virey retra- 
tada en su oficio ; la respuesta del cabildo ofrece un con- 
traste tanto mas chocante cuanto parece que él, mas 
que nadie, debia temer la saña y resentimiento del 
pueblo, oponiéndose á su volundad tan espresa y termi- 
nantemente manifestada. No contento con decirle á Gis- 
neros que no puede desprenderse de la autoridad que él 
le confiara ; añade : « que teniendo la fuerza armada 
á su disposición, está en la estrecha obligación de sos- 
tenerla, tomando las providencias mas activas y vigo- 
rosas para contener á los descontentos, y haciéndole en 
suma responsable de las funestas consecuencias que po- 
dría causar cualquiera variación en lo resuelto. 

Apenas despachado el pliego, acudió multitud de 
gente á los corredores de la casa capitular, y algunos 
individuos, en clase de diputados, previo el competente 
permiso, se aper&onaron en la sala, esponiendo que el 
pueblo se bailaba disgustado y en conmoción ; que de 
ninguna manera se conformaba con la elección de pre» 



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- H9 - 
sídente hecha en Cisneros, y mucho menos con que es- 
tuviese á su cargo el mando de las armas ; que el cabil- 
do en la erección de la junta y su instalación se habia 
escedido de las facultades que á pluralidad de votos se 
le confirieron en el congreso genera), y que para evi» 
tar desastres que eran de temer, visto el estado 
de fermentación en que se encontraba el pueblo, era nece- 
sario tomar prontas providencias y variar la resolución 
comunicada á éste por bando : los cabildantes procura- 
ron serenar aquellos ánimos acalorados, como los llama 
el acta, y les suplicaron aquietasen la gente que ocu- 
paba los corredores , en la inteligencia que si ellos 
hablan obrado mal, era por creer que estaban faculta- 
dos para hacer lo que les pareciese mas oportuno y 
conveniente ; que, sin embargo, y ¿ pesar de todo, me- 
ditarian sobre el asunto con la reflexión y madurez que 
exigía, y que estuviese cierto el pueblo que á su repre- 
sentante no le animaban otras miras que las del mejor 
bien y felicidad de aquellas provincias. Con lo que se 
despidieron los precitados individuos, suplicando que no 
se perdieran momentos, pues délo contrario podrían re- 
sultar desgracias demasiado sensibles y de nota para el 
pueMo de Buenos Aires. 

Con estos datos volvieron los cabildantes á tratar de 
la materia, y después de varias reflexiones convinieron 
en que cualquiera innovación, en orden á io resuelto el 
dia anterior, produdria males de la mayor entidad, pues 
qne los pueblos del vireinato, y aun los del continente, 
entrarian en desconfianzas al observar una tan repentina 
variación; y al ver que al gefe de aquellas provincias no 



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— lió- 
se le dejaba la menor autoridad, serla consiguiente la 
división y este el primer eslabón de nuestra cadena (1), 
que la insistencia de una parte descontenta del pueblo 
no debia esponer á todos á consecuencias de tanto bulto, 
y era necesario contenerlo por medio de la fuerza ; 
pero que, estando esta á cargo de los comandantes de 
los cuerpos, era también preciso esplorar nuevamente 
su ánimo, no obstante que en el día anterior se compro- 
metieron á sostener la resolución y la autoridad de donde 
dimanaba. En cuya virtud acordaron citar á. todos en el 
acto para que inmediatamente compareciesen en la sala 
capitular. 

Presentes los gefes, (2) el síndico don Julián de Leiva 
les hizo entender el conflicto en que se encontraba el ca- 
bildo y recordándoles su anterior compromiso, les pidió 

(i) En las actas redactadas por un acérrimo realista, hay va- 
rias espresiones puestas^evidentemente en nn sentido doble, y 
esta es una de eUas. Acaso sea torpeza nuestra, pero no hemos 
podido distinguir si la frase primer eslabón de nuestra cadena 
se refiere á los españoles con respecto á los americanos, ó de 
unos y otros respecto á los esirangeros. Hemos preferido ía se- 
gunda versión aunque violenta, no obstante que en el período si- 
guiente, que casi literalmente ponemos á continuación en el teá- 
to, se espresa la idea de tratar á los disidentes como un puñado 
de rebeldes y facciosos. (Véase la p. 41 de las actas.) 

(2) Comparecieron puntualmente á la hora señalada los seño- 
res don Fraqcisco Orduña, comandante de artillería; don Ber- 
nardo Lecog, de ingenieros; don José Ignacio de la Quintana^ 
de dragones ; don Esteban Romero, segundo de patricios; don 
Pedro Andrés García, de montañeses; don.Francisco Ant^nioOr- 
tfz de Oeampo, de arribeños; don Juttt Florencio Terrada, de 
granaderos de Femando YII ; don Manuel Rihz, de naturales; 



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que le dfjes^n franoameote bí se sentiaa dispuestos ó 
no á sostenerle. A escepcíon de Orduña, tecog y Quin- 
tana, que permanecieron en silenoio, los demás contesta** 
nm que el disgusto era general en el pueblo y las tropas 
por la elecdon de Gisneros para presidente de la junta» 
y algunos que en vano habían trabajado incesantemente 
aquella noche para contenerlas : que no solo no podían 
sostener al gobierno establecido, pero ni aun á si mis^ 
mos, pues los tenian por sospechosos. •• que el pueblo y 
las tropas estaban en una terrible fermentación y era 
preciso atajar este mal con tiempo, contrayendo á él 
solo por entonces los primeros cuidados tía detenerse en 
los demás que se temían y recelaban* 

Estando en esta sesión, las gentes que cubrían los cor» 
redores dieron golpes por varias ocasiones á la puerta 
diciendo que querían saber lo que alli se trataba. Salió 
don Martin Rodríguez^ y consiguió aquietarlos. 

Diremos para abreviar, que el resultado del acalora- 
do debate con los comandantes, y el giro tempestuoso 
que iba tomando el negocio abatieron la arroganda de 
los capitulares.— Cedieron y enviaron á decir á Gisneros 
con las frases usuales en casos semejantes , que ha- 
blan variado de resolución, y si él se convenia, lo hicie- 
ra sin protesta alguna para no eooaspm'ar los ánimos^ 
que ellos en todo tiempo le franquearían cuantos do- 
don Gerardo Esteve y Llac, de artilleros de la Unipn ; don José 
Merelo, de andaluces; don Martin Rodriguez, de húsares del rey; 
don Lúeas Vivas, del segundo escuadrón de húsares ; don Pedro 
Ramón Nuñez, del tercero ; don Alejo Gastex, de migneletes ; y 
don Antonio Luciano Ballesteros, de quinteros. (Actas, p. 42.) 



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cumenlos pidiese y necesitase para su justfficaeior. 
Mientras iban y yenian los diputados nombrados al 
efecto, cundió con la velocidad de la luz la notída entre 
los reYolucionarios del espanto que atfin habian llegado 
á infiíndir basta en los mas obcecados y enérgicos ndem- 
bros del ayuntamiento, y no se contentaron ya con la 
deposición del virey. Con ^1 ardor é irreflexión propios 
de la juTcntud, á nombre del pueblo se presentaron en 
la sala, esponiendo que para su quietud y para evitar 
cualesquiera resultas en lo futuro, no tenia aquel por 
bastante que cesase Gisneros en el mando ; ^o que ha* 
biendo formado idea de que el cabildo en la elección de 
la junta se habia escedido de sus facultades, y teniendo 
noticia cierta de que todos los señores vocales habian 
hedió renuncia de sus respectivos cargos, habia reasu- 
mido la autoridad que depositara en él y no queria exis* 
tiese la junta nombrada, sino que se procediese á cons. 
tituir otra, eligieúdo para 

Presidente vocal y comandante general de armas , 
á don Gomdio de Saavedra. 
Para vocales ¿ los señores 

Doctor don Juan José Castelli» 

Doctor don Manuel Alberti. 

Licenciado don Manuel Belgrano. 

Don Miguel de Azcuénaga. 

Don Domingo Mateu. 

Don Juan de Larrea. 
Y para secretarios á los doctores 

Don Mariano Moreno y 

Don Juan José de Posso» . 



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— 423 — 

No conteiitOB eos esto, impurieron condiciones (1) afir- 
mando paladinamente qae aquella era la vohmtad deci- 
dida del pueblo, y que nada escueharia que no ftiese en 
ese sentido* Uobo todavía, para honor del nombre es- 
pañol, quien volviese á la bred&a y afrontase la calera 
de los vencedores ^ pero nosotros podemos decir con no 
moios orgullo, que no abusaron nuestros padres de so 
triunfo, que no azuzíffon al populacho contra los últimos 
campeones de un poder agonizante. ¡Sublime y grande 
espectáculo! En la mañana de ese dia memorable, por 
vez primera se encontró frente á frente la inteligencia en 
la Américadel Sur, y luchando brazoá brazo el trono y la 
democracia. Alli, como evocados por la varadeunmiyico, 
surgienMide repente inspirados oradores, cuya voz elo- 
cuente vibraba en todos los corazones repercutida por el 
eco de sus propias ideas y sentimientos, y magnetizando 
á la muchedumbre, la hacia estremecerse de entusiasmo, 
entreabrir sus brazos con arrogancia, prestar el oido y 
pasarse la mano por la frente, como si saliese de un largo 
y penoso sueño, y le volviesengradualitiente la memoria y 
las ideas, mostrándole enriquecido con todas las galas de 
su brillante imaginación, un ancho camino rico de glo- 
ria, de esperanzas, de porvenir, de felicidad. Era un es- 

{i) Las condiciones impuesus por los revolucionarlos, ademas 
del nombramiento forzoso de las personas indicadas por ellos 
para componer la Junta, se reduelan á que establecida esta> de* 
beria publicarse en el término ,de q^iince días una espedicion de 
SOO hombres para las proYíncias interiores, costead con la renta 
del \irey, oidores» contadores mayores, empleados de tabaco y 
otros que tuviese á bien cercenar la. Junta, d^ándoles cóngroa 
suSciente para su subsistencia. (P. 43.) 



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- 114 - 

ptetáéulo sublime, repetimos ; porque si de m» parte 
arrancaban frenéticos y prolongados aplausos, basta 
ahogar la tos del orador, los principios que se intoca- 
ban, las acusaciones Mminadas cont^ ios abusos del 
poder, el sentimiento comprimido de un nadarte espirí^ 
ta de nadoiialidad, que se dejaba traslucir al través de 
las fingidas cuanto falaces protestas de adhesión al mo- 
narca, no era menos digna de alabanza, no preocupaba 
menos fuertemente el ánimo, la contemplación de los úl^ 
timos representantes de una tradición de tres siglos, 
tratando de contener, no ya con un muro de lamas y 
bayonetas como sus antepasados, sino únicamente con 
la ItattTza de su palabra vehemente y arroUadom, la rui- 
na del magnifico edificio alzado por aquellosv sin parar- 
ge á considerar que al hundirse amagaba sepultarlos de- 
bido de BUS escombros. 

La discusión se filé animando por grados, hasta que 
negó á un punto que flié preciso cortarla. El cabildo su* 
plicd á los diputados, que para proceder con mejor acuer- 
do, le representase el pueblo por escrito, lo que ellos 
pedían de palabra á nombre suyo (1). En esta situadon, 

(1) SI quedase alguna duda sobre el espirilade parciaUdad en 

favor de la metrópoli con que están redactadas las actas, se des- 
vanecería al ver la tenacidad con que se insiste sol)re estas cir- 
cunstancias. En la página 46 al hablar de las medidas para la 
instalación de la segunda junta, se lee: 

a Y en vista de todo acordaron que sin pérdida de instantes se 
establezca nueva junta por acta separada y sencilla, eligiéndose 
para ella de vocales los mismos individuos que han sido nom- 
brados de palabra en papeles sueltos, y en el escrito presentado 
por io$ que haatfimado ¡a voz dol pueblo, archivándose esos pa- 
peles y el escrito para constancia en todo tiempo.» 



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— i25 — 
rectbidseua oficio de la junta annBCiaiuto la dimisión 
deCisneros, al que se contestó, qneenatoicionálasajiif- 
radas circunstancias y novedades posterionnente oenrri- 
das, se dignase lajonta mandar suspender la publicación 
del bando, hasta que el cabildo le informase de sua últi«- 
mas determinaciones. 

Después de un largo intervalo de espera, presentaron 
los individuos arriba citados el escrito queofrecieron, fir- 
mado por unnúmero considerable de vecinos, religiosos, 
comandantes y oficiales de los cuerpos, vertirado en él 
las mismas ideas que manifestsuron de palabra.— -Los ca*- 
bildantes les advirtieron que cmgregasen al pnebio en la 
plaza, pues que ellos, para asegurar la resolución, de- 
bían oirdel mismo pueblo si ratificaba el contenido de 
aquel escrito : ofrecieron ejecutarlo así y se retiraron. 

Dicen las actas «que al cabo de un gran rato salió el 
cabildo al balcón principal, y el recaudador general, 
viendo congregado un corto número de gentes, con re$- 
pecio ataqúese esperaba^ inquirió que dónde estaba el 
puebh^ y después de varias contestaciones dadas por los 
que aUí se habian apeisonado, y reconvenciones hechas 
por el caballero síndico, se oyeron entre aquellos las vo- 
ces de que si hasta entonces se había procedido con pru- 
dencia porque la ciudad no esperimeútase desastres, se- 
ria ya preciso echar mano de otros medios ; que las g<m<* 
tes, por ser hora inoportuna, se habian retirado á sus 
casas ; que se tocase la campana de cabildo, y que el 
pueblo se congregaría en aquel lugar para satisfitcdoii 
del ayuntamiento, y que si por ftdta del badajo no se ha- 
da uso de la campana, mandarían dios tocar generala, 



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— 426 — 

y que se abriesen h» coárteles, en cuyo easa sofriiia la 
dudad to que basta mitonces se halna querido evitar, y 
los señores, añade piadosamente el escribano redactor 
de las actas, viéndose conminados de tal suerte, y con el 
fin de evitar la menor efusión de sangre que seria una 
nota irreparable para un pueblo que tenía dadas tan 
incontrastables pruebas de su lealtad, noblezay generosi- 
dad, determinaron que pormidactuario se leyese en altas 
é inteligibles voces el pedimento presentado, y que los 
concurrentes espresasen si era aquella su voluntad. » 

Se leyó el pedimento y gritaron ¿ una : «que aque* 
lio era lo que pedian y lo único que querían se eje- 
eutase*...» 

Una vez conformes, es decir, obligados i ceder, ha- 
biendo espuesto detenidamente, y como á manera de 
condición cuáles serism los deberes y obligaciones de la 
nueva junta, determinaron los cabildantes que se proce- 
diese á su instalación sin pérdida de tiempo y se publir 
case el bando sin detenerse en las. fórmulas que se ob* 
servaron en la primera, títándose únicamente á los 
vocales, mbiistros, gdes, prelados y comandantes que 
fuese posible hab^ en tan limitado tiempo. 

Momentos después, don Gomelio Saavedra y sus có* 
legas, hincados de rodillas y poniendo la mano derecha 
sobre los Santos Evangelios, rq^rodudan d juramento . 
de sus antecesores... Era predso hacerlo asi, era pred* 
so pronundar con los labios lo que rechazaba el corazón: 
para no hundir prematuramente mx la tumba el pensa* 
miento colosal que germinaba en su cabeza, para no 
complicar mas la eiítica dtuadon en que se encontraba 



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— «7 — 

la capital^ y dar lugar á que la saagre iinmdafle lasea* 
lies de Buenos Airoi, & que se degencadeDaaen de re* 
peuté todas las pasiones que aun mantoiia siqetaB el vinó- 
culo de una autoridad ante la eual todos estaban acoe^ 
tumbrados á humillarse. Se les ha acusado de pei;}uros ; 
pero no se tiene en cuenta que á ese peijurio se debió 
que el pueblo sacudiese con dignidad sus cadenas, y res- 
petando ¿ los últimos mandatarios de un poder que cier* 
tamente no amaba, no empafiaae con una sola gota de 
sangre la brillante página de ese gran dia, precursor de 
su independencia. No se tiene en cuenta que á ese per- 
jurio se debió que el tránsito de la servidumbre á la li- 
bertad no fuese tan brusco y repentino que lo deslumhrase 
y enloqueciese, y se reprodujesen en Buenos Aires las 
tristes escenas que se han visto en Italia, Franela, Ipglar 
térra y Alemania, cuando el pueblo ha recobrado de 
pronto sus derechos y sobrepuéstose ¿ aquellos contra 
quienes nutria desde largo tiempo antiguos é invetera- 
dos motivos de qucg&y res^timiento, mas órnenos fun^ 
dados, mas ó menos justificables. 

De todos modos, se ve por lo que dojjamos espuesfto, 
que 6sa revolución, obra de la inteligencia mas bien que 
delaftiena bruta, triunfó merced á una audas y verda* 
deraevoltt^n parlamentaria, como las que hoy se ven 
diarimente en los gobiernos representativos. *-Se ve 
que el combate entre los partidarios del antiguo i^égimen 
y los innovadores, grande y sublime sin duda, fué purar 
mente moral, porque felizmente no hubo necesidad de 
quemar un solo cartucho. 

Damos aquí por temtinada nuestra tarea, traslad a nd o 



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— 12» — 

á tratteoaeion por la retareodft que Ueaea coa los suce- 
806 que aeatNiínos de narrar, una prodama fecha el 26 
de mayo y una cireidar ó maaiaesto eq^dido el 27 por 
los miembros de la seganda junta. — AmtM>B docomentoe 
solo tienden á radicar mas y mas en la apariencia los 
sentimientos de flddidad y adtmíon al cautivo de Va* 
lencey, á restablecer la confianza pública, y si no hemos 
leido mal, á jusliflcár á los rerolntíonarios de cuanto 
haUan heeho en ataidon á los fines que se proponían. 
Dicen asi : 

I/i junta provisional gubernativa de la capital del Rio 
de la Plata 

A los habitantes de ella y de las ^ovindas de su su- 
perior mando. 

PROCLAMA, 

Tenéis ya estaUecida la autoridad que rmnueve la in- 
certidiimbre de las opiniones y calma todos los recelos. 
Las aclamaciones generales n^aniflestan vuestra decidida 
voluntad -, y solo ella ha podido resolver nuestra timidez 
y encargamos del grave empeño á que nos sujeta el ho- 
nor de vuestra elección. Fijad pues, vuestra confianza, 
y aseguraos de nuestras intencicmes. Un deseo eficaz, un 
celo activo y una contracdon viva y asidua á proveer 
por todos los medios posibles, la conservación de nues- 
tra religión santa, la observancia de las leyes que nos 
rigen, la común prosperidad y el sosten de estas pose- 
riones en la mas constante fidelidad y adhesión á nt^tro 
muy amado rey el señor don Fernando Yll y sus legítí- 



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— 429 — 

inos «leesores de la eorona deEBpa&i. ¿Na ma estos 
vuestros sentimientos? -— EMos mismos son los objetos 
de nuestros conatos. Reposad en nuestro desvelo y far 
figas; dejad á nuestro euidado todo lo que en la causa 
pública dependa de nuestras facuttades y arUtrios, y 
entregaos á la mas estreeba unión y conformidad reci- 
proca en la tierna efusioa de estos afectos. Llevad i las 
provincias todas de nuestra dependencia y «m mas 9llá 
si puede ser, basta los últimos téimkios de la tierra, la 
persuasión del ejemplo de vuestra cordialidad, y del ver^ 
dadero interés con que todos debemos cooperar i la 
consolidación de esta importante obra. Ella afianzará de 
un modo estable la tranquilidad y bien graeral á que as- 
piramos. 
Real fortaleza de Rueños Aires, á 26 de mayo de 1810. 

La jwnta provüknal gubernativa de la capital de 
Buenas Aires, 

CIRCULAR. 

Los desgraciados sncesos de la Peniasdá han dado 
mas ensandie á la ocupación bélica de los franceses so- 
bre su territorio; hasta aproximarse & las murallas de 
Cádiz y dejar desconcertado el cuerpo representativo de 
la soberanía por falta del señor rey don Femando Vil; 
pues que, dispersada de SeViDa, y aensada de nmlveraa- 
eion de sus deberes por aquel pueblo, pasó en el ái^ 
curso de su emigración y dispersión á constttuir sin for^^* 
malidad ni autoridad una regencia, de la que nadie 
puede asegurar que sea cenlro de la um*dad imeicmal y 



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' 430 •-- 

depóeilo firme dd poder dd mooaica, sin esponer á 
mayores convolfliones qae las que cercabas el momento 
vieioBo y arriesgado de su iusialacioD. No es necesario 
fl({ar la tista en el término á que puedan haber llegado 
las desgradas de los pueblos de la Península, tanto j>or 
la fortuna de las armas invasoras cuanto por la falta ó 
ineertidmnbre de un gobierno legitimo y supremo , al 
que se deben referir y subordinar los demás de la na- 
don^ que por la dependencia forzosa que los estrechan 
al érdin y seguridad de la asociadon, tien^ su tenden* 
da á la felicidad presente y á la precaución de los funes-* 
tos efectos de la dividen de las partes del Estado, que 
temoi con raion todo lo que puede oponerse á la mejor 
suerte en los dominios de América. 

El pueblo de Buenos Aúes bien derto del estado las* 
timoso [de los dominios europeos de S. M. C. el señor 
don Femando* YII; por lo menos incierto del gobierno le- 
gitimo soberano en la representación de la Suprema 
Junta Central disuelta ya, y mas en la regencia que se 
dice constituida por aquella sin Kicultades, sin sufragios 
de la América y sin instocdon de otras formalidades 
que debian acceder al acto ; y sobre todo, previoiendo 
que no anticipándose las medidas cpie deben influir en 
la confianza y opinión pública de los dominios de Amé* 
riea, faltaría el principio de un gobierno indudable por 
su origen, estimó desplegar la energía que siempre ha 
mostrado para interesar su lealtad, celo y amor por la 
causa dd rey Fernando, r^noviendo los obstáculos que 
la desconfianza, incertidumbre y desunión de opiniones 
podrían crear en el momento mas critico que amenaza^ 



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— i34 -^ 

tomandD á la América desapeieiUda de la base aéUda 
del g<d>ienio que padíese determinar su suerte en el 
continente americano eepafiol. 

Manifestó los deseos mas decididos porque los pne^ 
bloB miamos recobrasen los derechos originarios de re- 
presentar el poder, autoridad, y facultades del monarca, 
cuando éste falta, cuando éste no ha provisto de regente 
y cuando los mismos pueblos de la matriz han calificado 
de deshonrado al que formaron, procediaido á susti- 
toírle representaciones rivales ^ledisipan los tristes res- 
tos de la ocupación enemiga. Tales conatos son intima-* 
mente unidos con los deseos honrosos de su seguridad 
y felicidad, tanto interna como estema, alejando la anar- 
quía y toda dependencia de poder ilegitimo ; cual podia 
ser sobre ineficaz para los fines del instituto social, 
cualquiera que hubiese levantado en el tumulto y con^^ 
vulsiones de la Peninsula después de la dispersión y 
emigradon de los miembros de la junta suprema cm* 
tial. 

Guando estas discusiones se hacen en sesiones de 
hombres deseneontrados, son espuestas á las consecuen- 
cias de mía revolución y esponen á que quede acéfido el 
cuerpo politíco', pero si se empeñan por el orden y modo 
regular de los negocios gravísimos, no pueden menos de 
conducir como por la mano á la vista del efecto que se 
desea. Tal ha sido la conducta de Buenos Airasen pro^ 
pender á que examinase si en el estado de las ocurren* 
cias de la Peninsula debia subrogarse el mando superior 
del gobierno de las provincias del virelnato, en la junta 
provisional que asegúrasela confianza de los pueblos y 



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wtase sobre BU conservación ccmtra ciudesquier ase- 
dianza, hasta reunir los votos de todos ellos, en quienes 
recae la Dacultad de proveer la r^resentadon del sob^ 
rano* 

El escelentisimo ^ildo de la capiUd con anuenda del 
escelentísimO' señor vlrey, k quien informó de la general 
agitación agravada con el designio de reteñí el poder 
del gobierno, aun notoriada que ñiese la pérdida total 
de la Península y su gobierno, como espresa la proclama 
dd 18 del corriente, convocó la mas sana parte del pueUo 
en cabildo generd abierto, donde se discutió y voló 
públicamente el negocio mas importante por su funda- 
mento para la seguridad, felicidad y tranquilidad gene- 
ral ; resultando de la comparación de sufragios la mayo- 
ría con esceso por la subrogación del mando del esce- 
laatSsimo señor virey en el escelentisimo cabildo, Ínterin 
se ordenaba una junta provisional de gobierno hasta la 
congregación de la gen'eral de las provincias : voto que 
fué acrecentado y aumentado con la aclamación de las 
tropas y numeroso resto de habitantes. 

Ayer se instaló la junta en el modo y forma que ha 
dejado fijada la base fundamental sobre que debe ele- 
varse la obra de la con3ervacion de estos dominios al 
señor don Femando Vil. Los ejemplares impresos de 
los adjuntos bandos y la noticia acreditada en bastante 
forma que el escelentisimo cabildo y aun el escelentisimo 
virey, que fué don Baltasar Hidalgo de Gisneros, dan á 
Vd., no dejan duda á esta junta que será mirada por 
todos los gefes, corporaciones, funcionarios públicos y 
habitantes de todos los pueblos del vireinato , como 



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— 133 — 

centro de la tinidad para formar la barrera inespugnable 
de la conservación integra de los dominios de América 
á la dependencia del señor don Femando YII, ó de 
quien legítimamente lo represente. No menos espera 
que contribuirán los mismos á qae, cuanto mas antes sea 
posible, se nombren y vengan á la capital los diputados, 
que se enuncian para el fin espresado en el mismo acto 
de instalación; ocupándose con el mayor esfuerzo en 
mantener la unión de los pueblos y en consultar la tran- 
qiAidad y seguridad individual, teniendo consideración 
á que la conducta de Buenos Aires muestra que sia desor- 
den y sin vulnerarla seguridad pnede obtenerse el medio 
de consolidar la confianza pública y su mayor felicidad. 
Es de esperar que cimentado este paso, si Hega el 
desgraciado momento de saberse sin duda alguna la pér- 
dida absoluta de la Península, se halle el distrito de 
Buenos Aires sin los grandes embarazos que, por la in- 
certidumbre y falta de legítima representación del sobe- 
rano en España á la ocupación de los franceses, la 
pusieron en desventaja para sacudirse de ellos; puesto 
que tanto como el enemigo descubierto invasor, debe 
temerse y precaverse el que desde lo interior promueve 
la desunión, proyecta rivalidades, y propende á introducir 
el conflicto de la suerte política no prevenida. Cuento 
Vd. con todo lo que penda délos esfuerzos de esta junta, 
cuyo desvelo por la conservación del orden y sistema 
nacional se mostrará por los efectos. Este ha sido el 
concepto de proponer el pueblo al escelentísímo cabildo 
la espedicion de 500 hombres para el interior, con el 
fin de proporcionar auxilios militares para hacer oh- 



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— 43i — 

servar el orden, si se teme que sin él no se harian libre 
y honradamente las elecciones de vocales di|Mitados, 
conforme á lo prev^ido en el articulo X del bando 
citado, sobre el que hace esta junta los mas eficaces 
encargos por su pudtual observancia, y la del arti- 
culo XI. 

Asi mismo importa que Vd. quede entendido que ios 
diputados han de irse incorporando en esta junta, con* 
forme y por el orden de su llegada á la capital, para que 
asi se hagan de la parte de confianza pública que con- 
viene al mejor servicio del rey y gobierno de los pue- 
blos, imponiéndose con cuanta anticipación conviene 
á la formación de la general, de los graves asuntos que 
tocan al gobierno. Por lo mismo se habrá de acelerar 
el envió de los diputados ; entendiendo deber ser uno 
por cada ciudad ó villa de las provincias, considerando 
que la ambición de los estranjeros puede escitarse y 
aprovechar la dilación de la reunión para defraudar á 
S. M. los legítimos derechos que se trata de pres^var. 

Servirá á todos los pueblos del vireinato con la ma- 
yor satisfacción, el saber, como se lo asegura la junta, 
que todos los tribunales, corporaciones, gefes y minis- 
tros de la capital sin escepcion, han reconocido á la 
junta y prometido su obediencia para la defensa de los 
augustos derechos del rey en estos dominios *, por lo cual 
es tanto ó mas interesante que este ejemplo empeñe 
los deseos de Vd. para contribuir eñ estrecha unión á 
salvar la patria de las convulsiones que la amenazan, si 
no se prestasen las provincias á la unión y armenia, que 
debe reinar entre ciudadanos de un mismo origen, de- 



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— 335 — 

pendoicla é interés. A esta se dirigen los conatos de 
esta junta ; á ello los megos del pueblo principal del 
vireinato, y á lo mismo se le escita con ñranqueza 4é 
cuantos auxilios y medios pendan i su arbitrio y serán 
dispensados prontamente en obsequio del bien y concen- 
tración de los pueblos. Real fortaleza de Buenos Aires, 
á 27 de mayo de 1810. 

ComeUo de Saavedra. — Doctor Juan José Gastelli. — 
MBgnel Belgrano* — Miguel de Azcuénaga. -^Doctor Ma- 
nuel Alberti.— Domingo Maten.— Juan Larrea.— Doctor 
Juan José Passo, secretario. — Doctor Mariano Moreno, 
secretario. 

Estas proclamas y circulares produjeron el efecto 
apetecido, y la revolución iniciada por nuestros padres 
en la mañana del 25 de mayo de 1810, se llevó á cabo 
á la sombra del orden y la legalidad, y aparentando vigi- 
lar por los derechos de la corona de Castilla, amenaza- 
dos por la codicia estrangera en el Nuevo Mundo y apa- 
rejarse para su defensa. Dueños del poder los america- 
nos, provocaron la lucha con arrojo, si, pero también 
con harta precipitación, y por eso sin duda, no procla- 
maron abiertamente la independencia hasta que se tra- 
bó el combí^ y la victoria coronó sus armas. 

Entonces á la voz de las juntas y gobiernos revolucio- 
narios, la Europa vio con asombro ejércitos improvisa- 
dos desbaratar alas mejores tropas de la Península, y 
llevar su pendón emancipador, precedido por la victoria, 
desde las riberas del Plata hasta la cuesta de Chacabuco 
y las faldas del Cordonkanki. 

Asi el alto y bajo Perú, Chile, el Ecuador, la Banda 



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— 136 — 

Oriental y casi toda la Amériea del Sur» en una palabra, 
convertida eii teatro de los brillantes hechos de armas del 
¡Hieblo argentino, ora vencedora, ora vencida, y alentada 
y sostenida por las juntas y gobiernos revcrilucionarios de 
la heroica Buenos Aires, pródiga del oro, de la sangre y 
de la inteligencia de sus hijos, después de una sangrieor 
ta y porfiada lucha de quince años, la América del Sor, 
repetímos, merced al esfuerzo, al patriotismo é indoma- 
ble constancia de todos sus buenos h^os, logró al fin 
llamarse libre é independiente. 



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— 437 — 



IlL 



APUNTES HISTÓRICOS DE 1810 Á 1826. 



Al llegar á los asuntos de 1810 tuve que contestar, 
y el Orden, periódico en cuyo folletín salló á luz 
el bosq[nejo histórico que termina en ese prím^ periodo, 
publicó con las reservas y protestas convenientes las re- 
clamaciones fundadas é infundadas que ora amistosa- 
mente, ora invocando la ley, me dirigieron, entre otras 
personas, D. Marcos Sobremonte, hijo del virey del mis- 
mo nombre, un hijo del general Uniers, y un joven ca- 
pitán, pariente del general Huidobro. El comunicado de 
este último no se publicó por los términos descorteses y 
las falsedades históricas, y hasta calumnias de que venia 
lleno. Asi tuve el disgusto de decírselo al autor, el cual, 
exasperado y furioso, exigió una satisfacción de su doble 
agravio; pueril desahogo de su vanidad ^jada, al que 
contesté poniéndome inmediatamente á sus órdenes. 
Laego, mejor aconsejado, desistió de su idea, recogió el 
comunicado, y conviniéndose en hacer las correcciones 
exigidas, no volvió á buscarme dí en mi casa ni en la 
redacción. 



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— 438 — 

D. Alejandro Olivan entonces, y D. Pedro de la Hoz, 
director de la Esperanza, me indicaron, en vista de las 
dificultades que surgían y que serian mayores á medida 
que penetrase en la historia moderna y tuviese que ha* 
blar de los actores españoles del drama de nuestra re- 
volución, muchos de ellos vivos y residentes en Madrid, 
me indicaron que me ocupase de otros asuntos menos 
ingratos para la justa susceptibilidad y el orgullo espa- 
ñol, humillado con la pérdida del Nuevo Mundo, tanto 
mas cuando habiendo yo nacido allí, y considerando las 
cuestiones bajo el punto de vista americano, era muy 
probable, si quería llevar las cosos al estremo, que ni el 
público ni los tribunales se declarasen á mi favor. 

Confieso que la opinión de estas dos personas tan res- 
petables y autorizadas, unida á la de otras no menos 
dignas de tenerse en cuenta, me hizo meditar muy seria- 
mente sobre el particular; y como yo, por desgracia 6 
por fortuna, no sé escribir sin decir la verdad ó lo que 
creo la verdad, lisa y llanamente, comprendí toda la gra- 
vedad del caso ; y temiendo, no los riesgos personales, 
sino las incomodidades, las impertinencias, las denun- 
cias, las citas judiciales, etc*, adopté un término medio 
que me escudase hasta cierto punto contra el peUgro que 
me amenazaba, y me permitiese ^ la vez continuar sin 
una larga y violenta transición, y sin romper el hilo de 
los acontecimientos sucesivos, la serie de cuadros que 
me propuse bosquejar. 

Eso esplica la inserción aqui del siguiente fragmento 
de 1810 á 1826, que salvo algunas lijeras modificaciones 
de mera forma, está tomado literalmente del Cuadro 



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— 489 — 
POUTIOO, H8T0RIC0 T ESTADÍSTICO BE L4 AMÉRICA BEL 

SUD, publicado en Paris por M. Fermín Didot, en 1827, 
si no me es infiel la memoria. Como apmite histórico, 
sin estar exento de errores, me parece en general bas- 
tante exacto, y creo que llena cumplidamente el fin que 
me propcmgo. Hubiera podido añadirle algunas notas, 
pero entonces habría hecho un trabijo nuevo, de doble 
ostensión, que me llenaría todo el yolíuaien> y me obli- 
garía á estrellarme otra vez en el escollo que he querklo 
y quiero evitar. 

Hé aquí cómo se espresa el autor anónimo (se firma 
A. de A.) sobre los sucesos concernientes ¿ la historia 
del Rio de la Plata, desde la instalación de la primera 
junta revolucionaría hasta un aiko después de la batalla 
de Ayacucho, tumba definitiva del dominio espaSol m 
América. 

El establecimiento de la junta deBuenos Aires, dice, se 
tfectuó con mas tranquilidad que en el resto de América. 
£1 virey Cisneros informó ¿ los habitantes de los sucesos 
déla Peninsula,y desuincertidumbre sobre la legitimidad 
de su propia autoridad. El Ayuntamiento, valido de esta 
declaradon, reclamó la convocación de una junta de 
personas notables, para deliberar acerca del plan que de- 
bía seguirse en tales circunstancias. En efecto, su pri- 
mera reunión fué el 22 de mayo de 1810, con anuencia 
del virey, y comenzó sus sesiones el día 25 del mismo 
mes* 

D. Juan Passo fué elegido para comunicar esta inno- 
vación al pueblo de Montevideo, que se declaró por el 
nuevo gobierno ^ pero las tropas desembarcadas de.Es- 



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- uo — 
paña, en uoa espedicton al mando del general Elio, die* 
ron ftierza al partido de oposidon que formaban algunos 
europeos. 

Las autoridades del Paraguay, Córdoba y Ghuquisaea 
se opusieron también al nuevo orden de cosas, y trataron 
de disolver la junta, apoyadas por el virey, arrepentido 
de su condescendencia* Pusiéronse de acuerdo con li* 
niers, que organisó 2,000 hombres y asoló las cercanías • 
de la ciudad de Córdoba, para impedir el acceso de las 
tropas de la junta. £1 virey y los miembros de la audien- 
da, declarados cómplices, fueron espulsados á Canarias. 
Liniers cayó en poder del coronel Ocampo, geft de los 
independientes. La misma suerte tuvieron Concha, últi- 
mo gobernador de Córdoba, y los coroneles Allende, 
Moreno y Rodríguez, que fueron pasados por las armas 
en el monte de los Papagayos. 

Mientras que las armas argentinas triunfaban en Cor* 
doba, Elíot, capitán de un navio de guerra inglés, se de- 
claró contra el moviíniento de Buenos Aires; pero muy 
luego recibió orden de no mezclarse en las desavenen- 
cias de este pais, de resultas de haberse quejado la junta 
ai embayador inglés de Rio Janeiro. 

El ejérdto mandado por Ocampo recibió refuerzos om 
orden de marchar hacia el Alto Perú, donde se hallaban 
reunidos los realistas, á las órdenes del coronel Córdoba. 
Balcarce, gefe de Ocampo, los venció en las jornadas de 
Santiago, de Cotagaita y Tupiza. Córdoba y Nieto, que 
mandaban los realistas, fueron pasados por las armas, 

consecuencia de la bárbara ley de represalias. 

Asi, el ejército de Buenos Aires se apoderó del Perú 



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— 441 — 

bastn el Desaguadero, limite de aquel vireinato. Bakarce 
leemplazó m el mando á Ocampo, con un aumento de 
5,000 hombres. CastelU, miembro de lajunta, seguía al 
ejército como gobernador del Alto Perú. 

Guando se preparaban á invadir este pais, gobernado 
por el Yirey Abascal, se recibieron proposiciones del 
Ayuntamiento de Lima para suspender las hostilidades y 
tratar de paz. Las bases estaban contenidas en articulea 
presentados y aceptados por la junta, y se coadoyó un 
armisticio entre CasteUi y el general Goyeneche. 

Sin peligro por esta parte, Buenos Aires dispuso de 900 
hombres, mandados por Belgrano para marchar al Pa- 
raguay con objeto de someterle* Los paraguayos» maor 
dados por Tedros, derrotaron & los argentinos en las ori- 
llas del Tebicuarí. Belgrano, después, de una conferencia 
con Yedros, se retiró sin ser molestado, en virtud de un 
acuerdo que sancionó el principio de la separación de 
esta provincia, la cual cayó poco después bsi¡o la influen- 
cia del doctor Francia, que. la segregó completamente 
del trato de los Estados vecinos, sin permitir entrar ni 
salir á nadie en su territorio, ofreciendo un contraste sin- 
gular entre su organización y la de las demás provbíUas 
arrebatadas al dominio español. 

No habia ya mas enemigos que temer sino Eiio, que, 
alendo gobernador de Montevideo, tomó el titulo de ca- 
pitán general. Artigas, rico propietario de la Banda Orien- 
tal, creyendo que habia llegado la hora de proclamar la 
libertad de sn país, y resentido ademas de un desaire del 
gobernador de la Colonia del Sacramento, aband<mó la 
causa real en 1811, y recibió socorros de armas y mnni- 



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dones para esdtar la rebelión en su pro?taieia, á donde, 
por orden de la Junta, pasaron las tropas de vuelta del 
Paraguay para sostener las operaciones de Artigas en la 
formación de guerrillas. El mando del ejército se confia 
rié ¿ Rondeau, oficial distinguido, que habla sido prisio- 
nero de los ingleses en Montevideo en 1807. Artigas y 
Rondeau batieron en muchos encuentros al enemigo, con 
especialidad en la acción de las Piedras, desde cuya ven- 
taja los t>atriotas avanzaron hasta Montevideo, y coa 
nuevos reruerzos se decidieron á sitiarla. 

Habia en la junta dos partidos : Moreno acosaba á Saa- 
vedra de abrigar miras ambiciosas; este, al primero, de 
gefe del populadlo. Saavedra, para apoyar su partido, 
logró que los diputados por las provincias parad con* 
greso general tuviesen asiento y voto en la junta. Moreno, 
ya sin influjo, hizo dimisión*, fué enviado en calidad de 
diputado á Inglaterra, para solicitar la protecdon del go*- 
biemo británico, y murió en la navegaeíon. 

De estas disensiones partidpaba igualmente el ejérdto 
acampado en Guaqui y en Iraicoragua, en tres cuerpos 
á las órdenes de los coroneles Diaz-Velez, Viamont y Bal- 
carce, general en gefe. Este y Diaz-Velez etm del par- 
tido de Moreno, y Viamont del de Saavedra. Goyeneche 
aprovechándose de esta desunión, atacó á Diaz-Velez ¿ 
pesar del armisticio, le sorprendió y arrolló en todas di- 
recdones; la dispersión fué total. El vencedor se esten- 
dió por todo d Alto Perú, y en consecuenda Puirredon 
obtuvo el OAudo dd ejército, quedando Viamont de se- 
gundo. 

A pesar de estas venti^jas, los realistas no consiguieron 



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- 44a — 

sofocar la insurrección de las provincias conquistadas. 
Gochabamba,Ghayanta ySantaCniz de la Sierra se inun* 
daron de guerrOlas que entorpecian la marcha yietoriosa 
de sus tn^ns, sin que les arredrase la amdttcta cruel del 
general Goyeneche, que hacia pasar por las armas á 
euantos caian prisioneros. Saavedra marchó al «jército, 
que aumentó y proveyó de armas y oficiales* 

El gobierno le depuso dwante su ausaida, acosándole 
de ideas liberticidas, y de haber contribuido al destierro 
de Larrea, Peña, Posadas y otros patriotas. Conseguido 
este paso, sus enemigos solicitaron una mudanza en la 
forma de goMemo, disminuyendo el número de los in- 
dividuos de la junta que hacian las resoluciones lentas é 
Insuficientes en momentos de crisis. En vista de estas re- 
damaciones, el Ayuntamimito convocó una asamblea en 
setianbre: en ella se decidió formar un nuevo goMerno 
compuesto de tres miembros y dos secretarios. La elec- 
ción de ios primeros recayó enSarratea, Chiclana y Pas** 
sos; la de los segundos en Rivadeneira y Pérez. Por un 
reglamento ó estatuto, se fijó el modo de r^ovadon 
como sigue : 

« La asamblea de los diputados délas munidpalidades 
de las provindas debía reunirse cada seis meses para 
nombrar el miembro saliente y una junta especial reno- 
vada cada año ; estaba encarga(la de proteger la libertad 
de la prensa, pronunciando en unión con el Ayunta- 
miento, contra las infracciones de dicha libertad. » 

Artigas y Rondeao sitiaron á Montevideo, y Ello no 
podiendo resistir, imploró la protección del gobierno por- 
tugués. La princesa Ourlota empleó su infliiio y envió á 



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Elio QD soó6m> dé 4,000 hambres, bien provistos de to- 
dos los medios neeesarios, á cuyo efeeto vendió dicha 
pnncesa todas sns joyas. El generel Sonza, que mandaba 
las tropas, estaba ya en marcha cuando Elío hizo propo- 
siciones de paz al gobierno de Buenos Aires, que ñieron 
aceptadas en noviembre de 181 !. Los portugueses debian 
retirarse en virtud de este tratado^ y los de Buenos Aitai 
evacuar la Banda (hriental hasta el Uruguay. Se levantó 
el sitio de Montevideo 5 pero los portugueses, lejos de 
retirarse, entraron en el territorio de la Plata, come- 
tiendo toda clase de escesos. 

Á esta sazón, el ejército paviota en el Perú sufrió otro 
nuevo descalabro en Rio Nazareno, cerca de Suipacha. 
ElgeneraLTristan, que mandábala vanguardia enemiga, 
se apoderó de la provincia de Salta. La posición del go- 
giemode Buenos Aires llegó á ser muy crítica* carecía 
de íherzas para contrarrestar á los realistas y oponerse á 
los portugueses. Sin embargo, envió 4,000 hombres coih 
tra los últimos, y al general Belgrano, que mandaba en 
el Perú, se le previno que se replegase á Tucuman. La 
marcha de las tropas de Buenos Aires intimidó á los por- 
tugueses, los cuales propusieron la paz, que se firmó el 6 
dejiinio de 1812. 

Poco antes de la conclusión de este tratado, se descu- 
brió en Buenos Aires una conspiración contra los mieiíi- 
bros del gobierno y los partidarios de la revolución. Se 
hallaba á la cabeza de ella Alzaga, rico comerciante. El 
plan fué descubierto, y los principales autores sentencia • 
dos á muerte y decapitados. 

El general Belgrano se había retirado á Tucuman, se- 



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_ 445^ 
gan laB órdenes del gobierno, y habria continuado, sa 
movimiento retrógrado si el pueblo no se hubiera opuesto 
armándose y obligándole á hacer frente á las tropas del 
Perú. Tristan le atacó el 24 de setiembre de 1812; pero 
tuvo que retirarse con pérdida de 1,100 hombres entre 
muertos, heridos y prisioneros. El glorioso sitio de esta 
batalla fiíé señalado por la denominación de Campo del 
Honor. 

Entretanto se hablan tenido dos asambleas populares 
en Buenos Aires, para la elección de los miembros del 
gobierno. La primera, el 5 de abril de 1812, eligió á Puir- 
redon, declaró que la supremacía de las provincias del 
Rio de la Plata le pertenecia, y propuso alteraciones en la 
Constitución ; esta fué disuelta por el gobierno como aten- 
tatoria á su poder. La segunda, en 6 de octiAre, eligió ¿ 
Medrano, y se decidió á seguir los pasos de la primera; 
pero el Ayuntamiento, el pueblo y las tropas se opusie- 
ron á sus designios, y fué disuelta militarmente. A este 
acto se siguió la ccmvocacion de una reunión popular el 
8 de octubre de 1812, que depuso á los individuos del 
gobierno, sustituyéndolos con Peña, Passos y Ponte. 

Ello fué reemplazado por D. Gaspar Vigodet, que se 
jactaba de destruir pronto la junta de Buenos Aires. A 
mediados de diciembre salió Hondean de aquella ciudad 
y avanzó á Montevideo. Vigodet le salió al encuentro el 
31, y fué rechazado con gran pérdida. Sarratea se pre- 
sentó con nuevos refuerzos á estrechar el sitio de la 
plaza : esto produjo disgustos entre los partidarios de 
Rondeau, que al fin se encargó del mando nuevamente, 
por dimisión de Sarratea. . 

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— 446 — 

AproveeMadose Vigodet de las ftiérau navaled^qna 
tenia á bu disposición, dejando la gaarnicion precisa en 
la plaza, con el resto intentó poner el pié en las costas 
de Buenos Aires. En efecto, el 13 de febrero de 1813 
desembarcó con sos tropas en Is^ márgenes del Parani. 
Era so objeto propordonar vif eres á los sitiados, redn-* 
eidoe k la mayor estremidad. Noticioso de este desem* 
barco el gobierno de Buenos Aires, destacó al coronel San 
Martin con ana división de infantería y caballería. Este 
intrépido militar aprovechó una llanura, y sin esperar la 
infantería, empeüó una acción en que la victoria fiíó com- 
pleta, m San Lorenzo. 

Belgrano recibió orden de atacar á los enemigos del 
Pera, y lo verificó dando la batalla de Salta el 20 de fe- 
brero de 1813. Tristan y todo su ejército quedaron pri- 
sioneros. Estos dos generales tenían relaciones intimas 
desde la juventud; y días influyeron desgraciadlunente 
en los asuntos politices : ambos americanos se abrazar 
ron y convinieron en que las tropas peruanas volviesen 
á Sus hogares. Tristan se retiró al Perú con su ejército, 
después de haber jurado no tomar las armas contra 
Buenos Aires. Esta generosidad no fué aprobada por el 
gobierno : Tristan, reunido á la dWisionde Goyeneche, 
se dispuso de nuevo al combate, desentendiéndose de 
lo sagrado de su compromiso y de la responsabilidad 
de Belgrano. El resultado de la victoria de Salta fué la 
ocupación de una parte del Alto Perú. 

La asamblea constituyente se reunió el 31 de enero 
de 1813. Se componía de diputados nombrados por los 
colegios electorales de las ciudades y pueblos del Rio de 



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— 447 — 
la Plata. Su autoridad ftaé réooüocida; así como el supre- 
mo poder ejecutivo. Los miembros que componían esta, 
eran i Peña, Pérez yFonté. 

El ejército del Perú á las órdenes de Pezuela, sucesor 
deGoyeneche y el de Buenos Aires, mandado por Bel- 
grano, se encontraron en Vilcapugio al norte de Potosí. 
La batalla fué sangrienta, Belgrano derrotado se re- 
plegó sobre Ayouma, al norte de Chuquisaca : perseguido 
por el enemigo, allí fué nuevamente batido. 

Estos dos desastres produjeron un sobresalto estraor- 
dtnarib en la capital, donde la opinión vacilaba y el cré- 
dito del gobierno disminuía. Los miembros propusieron 
concentrar sus fuerzas para aumentarlas. El gobierno de 
tres se coúsideró embarazoso para dirigir el timón del 
Estado eú momentos de crisis : en consecuencia fué anu- 
lado en la asamblea del 31 de diciembre, y Posadas 
nombrado director supremo con un consejo compuesto 
de siete individuos. 

San Martin sucedió á Belgrano, acusado en razón de 
É\x última derrota : marchó hacia Tucuman con tropas 
7 iñunicionés, disciplinó un ejército que en pocos días as^ 
Cendió á 3,500 hombres : formó guerrillas que intercep- 
taron la comunicación entre las tropas enemigas, y las 
privaban de todo gétíero de provisiones. Pezuela aban- 
dono ¿Salta, Tarijay una gran parte del Altó Perú. Las 
guerrillas de Cochabamba, mandadas pdr Arenales, con- 
tribuyeron mucho á estas ventajas. 

Al mismo tiempo se creó una fuerza naval para con- 
trarestar la enemiga. La flotilla compuesta de dos ber- 
gantines, tres corbetas y una goleta con tropas de des- 



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— 448 — 

embareo, se confió al mando de Brown, comerciante 
inglés de Buenos Aires. 

Los altercados entre Hondean y Artigas produjeron 
el que este abandonase el sitio de Montevideo* San Mar- 
tin pidió una licencia para restablecer su salud Hondean 
le sustituyó en el mando del ejército, y Alyear pasó á 
encargarse del sitio, cuya plaza empezaba á escasear 
de Tiveres^ al fin reducida al último estremo, Vigodet 
ofreció capitular b^jo condiciones honrosas que Alvear 
aceptó. Este tomó posesión ^e la plaza en juqio de 1814, 
quedando en su poder 5,500 prisioneros, y 1,100 fií- 
siles, un parque completo de artillería y almacenes mili- 
tares. 

Artigas pidió se le entregase Montevideo, como llave 
de la Banda Oriental, cuya petición ñié negada, y para 
oponerse á sus tentativas, permaneció en las cercanías 
una división á las órdenes de Soler, gobernador de dioba 
plaza* 

Alvear valido del influjo que le habia propordonado 
este triunfo, logró el mando en jeCedd ejército del 
Perú, y se puso en marcha con algunos refuerzos ; mas 
Ronde^u que contaba con popularidad entre sus sóida* 
dos, rehusó recibirle, cuya noticia supo Alvear en Cór- 
doba, y retrocedió á la capital, donde le eligieron di- 
rector supremo en enero de 1815. La insubordinación 
del ejército fué uno de estos manejos de los jefes, y el 
resultado inmediato, la división de las provincias decla- 
rándose unas por Rondeau y otras por Alvear. 

Hacia el mismo tiempo don Fructuoso. Rivera, cau- 
dillo de la Banda Oriental, derrotó las tropas de Bu^u^s 



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Aires, mandadas por el coronel Dorrego. Soler, des- 
pués de este revés tuvo orden de evacuar á Montevideo, 
Artigas la ocupó, y resuelto á atacarla provincia de Bue- 
nos Aireé, marchó contra Santa Fe, y la rindió. Alvear 
envió 2,000 hombres á las órdenes del brigadier Viana 
y el coronel Alvarez para contenerlo. 

Ponte, diputado por el ejército del Perú para depo- 
ner á Alvear, se presentó también, de modo que este no 
tuvo otro arbitrio que dimitir el mando para evitar la 
guerra civil. Sin embargo, como le consideraban con 
bastante popularidad entre los soldados, sus rivales pro- 
Tocaron un movimiento popular el 15 de abril de 1815, 
á favor del cual quedó depuesto. 

En esta reunión pública se anuló la autoridad del di- 
írector y de la Asamblea; el Ayuntamiento se arrogó el 
mando supremo. Alvear se retiró entre las tropas acam- 
padas á una legua, y esparció el rumor que intentaba 
atacar la ciudad : ¿ esta vo^ el Ayuntamiento mandó ar- 
mar á todos los ciudadanos, publicando la ley marcial ; se 
ocuparon todas las avenidas, y en esta situación impo- 
nente le enviaron diputados notificándole que, si no de- 
ponía el mando militar, seria declarado enemigo de la 
patria. Obedeció, y obtuvo el permiso de embarcarse en 
una fragata inglesa mandada por Percy, que sirvió de 
mediador en este acuerdo. 

El Ayuntamiento nombró á Rondeau director supremo, 
después de haber formado una junta de observación re- 
vestida del poder legislativo, sustituyéndole Alvarez, 
mientras se hallaba al IDrente del ejército donde era ne- 
cesario. 



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— 480 — 

Guando los miembros de la administración se deshi- 
cieron de sus contrarios, pusieron sus miras en s^etar i 
Artigas, dueño de Sania Fe, y enviaron contra él una es- 
pedición á las órdenes de Yiamont, que logró pocas ven- 
tajas, mientras que Pezuela, reforzado por tropas euro- 
peas, venció poco después á Rondeau, ^n la batalla de 
Sipesipe, el 29 de noviembre de 1815. 

Alvarez convocó los representantes de la provincia \ 
mas el pueblo sublevstdo le obligó á renunciar el poder 
supremo. Balcarce ocupó su lugar, y la administración se 
confió á una junta. El nuevo Congreso, reunido en San 
Mi^el de Tucuman, procedió al nombramiento de undi^ 
rector supremo, y la eleccipn recayó en Puirredon, que 
tomó las riendas del gobierno con aprobación general; 
confió el mando del ejército á Belgrano, y envió refuer* 
zps á San Martin, que ocupaba las provincias limitrofea 
de ChUe. Este congreso declaró la independencia, del Rio 
de la Plata en julio de 1816. 

Los egemplos tristes de la desobediencia al gobierno 
supremo hablan sido muy repetidos p^ra que pudieren 
cicatrizarse de pronto sus crueles vestigios. La anarquía 
levantó orguUosamente la cabeza. Artigas libre, marchó 
i la Banda Oriental, y la guerra civil devastó aquel her- 
moso suelo agitado por los emisarios del Brasil, donde 
establecieron algunos gabinetes europeos sus talleres de 
desorganización. Santa Fe, Tucuman, Mendoza y Monte- 
video se separaron de Buenos Aires. Los indios salvages 
interceptaron absolutamente las comunicaciones^ y todQ 
el pais ofrecía la imagen del desorden. 

En tal estado de agonía, se presentaron descarada* 



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- 454 — 

mente tes prup^idones de una tnuiaaetioD por medio do 
principes estrangeros para gobernarlo. Los portogiiegei 
se eoneeptuaban poseedores de la Banda Oriental « 99i la 
cuestión se dirigía al otro lado del rio. 

La Francia proponía al príncipe de Laca; el Austria 
negociaba por el infante D. Pedro. Algunos pattriota» y 
la masa del pueblo, descansando sobre su patiiotisiiiOi 
la pureza de sus intenciones y las pruebas de un ewth^ 
tanto valor, rechazando todo convenio deshonroso i la 
consecuencia desu independencia, sin influjo estraogarOi 
bascaban ansiosos una mano capaz de dirigir con tim 
sus generosas disposiciones. Por último» como sucede w 
las grandes enfermedades flsicas, acontece en las poUtí- 
ticas que se curan por medio de terribles crisis; asi su* 
cedió en Buenos Aires en los primeros meses de 1821» 

El movimiento fué tan simultáneo como suigri«9ito 
para deponer las autoridades civiles, siendo de mas con- 
sideración en Buenos Aires, por la mayor escala de 
población y la reunión de los primeros corifeos de los 
movimientos anteriores. Al fin, después de un sacudi- 
miento espantoso, de acpiellos que produce el rencor po- 
pular largo tiempo concentrado, nadó la calma que sigue 
siempre, como conseqjaencia de una gran tempestad. 
Los hombres ilustrados depusieron sus pasiones, y la 
administración se depositó en los esclarecidos patriotas 
D. BemardinoRivadavia,D. Martin Rodriguez, D. Fran- 
cisco Cruz y D. Manuel García. 

Estas personas estimables, que por sus destinos en 
diferentes comisiones fuera del territorio se hallaban 
exentas de las prevenciones que siempre engendran las 



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— 452 — 

facciones, se dedicaron con asiduo empeño á observar 
sus males y á cicatrizar sus llagas, cuyo santo objeto 
procuraron conseguir por medio de sabios reglamentos, 
tomando por bases los principios siguientes : 

a La organización federal del gobierno en sus detalles 
dd)e sor obra de lo que manifieste la esperiencia, dese- 
chando toda teoría, aunque sin salir de los limites de un 
sistema representativo republicano. » 

Se declaró la inviolabilidad de las propiedades, la pu- 
blicidad de los actos de la administración, el olvido de 
todas las disensiones pasadas^ la tolerancia religiosa y el 
restablecimiento del crédito. 

La creación de un Banco de descuentos en 1822 es uno 
de los actos quemas honran á esta administración^ y que 
mas útiles y beneficiosos han sido al país. Fué obra del 
ilustre ministro Rivadavia. 



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— 453 — 

DE 1826 A 1846. 

UYALU T EL EJÉRCITO LIBERTADOR. 



En 1826, filé elegido presidente el esclarecido patriota 
Riyadavia, quedeseabaardientemaite llevar acabo la or- 
ganización de larepública. Por desgracia, el resultado no 
correspondió i sus esf^^zos : triste es dedrio, pero el país 
no estaba todavía preparado para las grandes mcgoras 
que él se empellaba en realizar. La Constitución redac- 
tada por el congreso general, convocado al efecto, encon- 
tró una viva oposion en los caudillos de las provincias, y 
Rivadavia, que era un verdadero patriota, resignó el 
mando y se retiró á la vida privada. Sucedióle provisio- 
nalmente D. Vicente López, que fué en breve reemplazado 
por el coronel Dorrego. 

n La presidencia .nacional, 6 mas exactamente el 
hombre Rivadavia, dice el ilustre escritor argentino don 
José Rivera Indarte, se revela en la historia contempo* 
ranea por convicciones profundas, pero teóricas, por 
una superioridad sobre los hpmbres de su época, sin 
disfraz, y por consiguiente, irritante. Es un continuo en- 
&ayo de sisf^^as sociales de altura eminente, casi si^ospre 



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- 45* - 
desgraciados, pero qae han dejado profundos surcos en 
la sociedad argentina de enseñanza y de progreso. Hay 
en ellos cosas que han caído por sf mismas. Otras tan 
útiles y necesarias que todos los gobiernos se han visto 
obligados á respetarlas* Han »ido obra sublime del po- 
der de la mteligencia sobre la fuerza bruta. Veinte años 
de guerra y trastornos políticos no han podido destruir 
los gérmenes que ella sembró, y que se reproducen bajo 
los golpes incesantes de lá hoz de la muerte. » 

En 1825, el Brasil habia declarado la guerra á Buenos 
Aires con motivo del ausilio que este prestaba á los su- 
blevados de la Banda Oriental Incorporada al hnperio en 
1823. La batalla de Ituzaingó ganada por los patriotas 
el 20 de febrero de 1827, á las órdenes del general ar- 
gentino don Garlos Maria de Alvear, obligó al emperador 
don Pedro I á desistir de sus pretensiones-, y por mter- 
vencion y mediación de la Gran Bretaña se firmó el 27 
de agosto de 1828, una convención preliminar de paz, 
cuyos principales artículos garantizaban la independen- 
cia de la provihcia disputada, dejándola en libertad de 
adoptar ta forma de gobierno que creyese mas éonve- 
nimite 4 sus necesidades é intereses. 

El I"" de diciembre de 1829, sublevóse m Buenos Airea 
ana diviftimí del ejército que habia hecho la eampafta 
éú Brasil, comandada por Lavalle (1). El gobernador 
Dorrego y don Juan Manuel de Rosas, que ya entonces 
figuraba ostensiblemente en la polítiea, y era coman- 
dante general de las milieias de campaña, huyerop á esta 
última y llamaron sus parciales i las armas. LavaUb 
toa vendó ^Navane, tomó prisioiiero AOorrego^y 



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— 4((5 — 

cometió el atentado de mandarie ftuDar en el aeko (S). 
Rosar ee asOó i la provinda de Santa Fe, voMó eon el 
ejército de esta provincia, y en breve alcanzó en Puente* 
Márquez un triunfo completo sobre las fuerzas de su adp* 
TO^rio. Celebróse un tratado, y Lavalle se retiré á 
Montevideo. 

En 1830 fué Rosas elegido gobernador con facultades 
estraordinarias y desplegó una conducta demasiado se* 
vera. La supresión de la libertad de imprenta y de vbf- 
rios institutos de enseñanza datan de entonces. 

De 1833 á 1835, sucediéronse en el poder los generales 
Balearee y Yiamont y el doctor don Manuel Vicente Maza. 
Rosas fdé reelegido con fiícultades estraordinarias, y 
desde esta fecha no descendió hasta que lo derribaron 
de la silla del poder. Por espacio de 17 a&os suvoluntad 
de hierro fué la única ley de la República Argentina. 

En 1837) fundándose Rosas en una ley promulgada 
diez años antes, quería que los franceses prestasen el 
servicio urbano como los naturales. Continuos v€{}imeo 
menes por su parte, y continuas reclamaciones de los 
agentes franceses, especialmente deM. Á.Roger, obli* 
garon al fin á la Francia á volver por su honor vulne* 
rado ; y el 28 de marzo de 1838 se declararon en estado 
de bloqueo todos los puertos de la Confederadon Ar* 
gentina. 

En enero de 1839 Lavalle, qoe se hallaba retirado en 
Mefcedes, lejos de la política y de los sucesos, flié Invi* 
tado por la comisión aigentina que se (ormó en Montfr- 
\ideo, para que se pusiere al frente de nnacnuada que 
se preparaba contra Koúb. 



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LavaUe cimtestó al doctor doa Florencio Várela, co- 
nüsionado ad hoc, que nü^tras no supiese á fondo las 
intenciones de la Francia, no empuñaría las armas para 
ayudar á oprimir á su patria. 

Las mas solemnes protestas y satisfacciones le fueron 
dadas. 

De resultas de esto, pasó Lavalle á Montevideo, 
donde esp^imentó muchas y gravísimas dificultades, 
antes de verse en disposición de realizar su intento* Ai 
fin el 2 de julio con 130 hombres embarcóse con direo» 
cion á HartinrGarcia. 

Desde alli escribía estos bellos renglones que reflejan 
su alma heroica, su corazón tan patriota y americano: 

« • . . en cuanto á mi, Vd. me ve en un camino único — 
el de la Patria, — y aunque todo el universo se coi^'' 
rase contra mi yo iria á morir allij porque así me .lo 
mandan mi deber y mis compromisos (1) . » 

En Martin-Garcia encontrando nuevas dificultades m 
los franceses para trasportar su pequeña división al Sur, 
y viendo que la venida de Echagúe, general de Rosas, 
al Estado Oriental, le dejaba libre el paso en Entre- 
Rios, varió su primer plan que era ir á la provincia 
de Buenos Aires, y dirigióse á la de Entre-Rios. Logra 
desembarcar sin ser sentido, mont& su división y sein* 
tema á lo largo del Uruguay. El 22 de setiembre se en^ 
cuentra en el Yeruá con las fuerzas de la provincia, 
mmidadas por el g(d)emador Zapata, en número de 
1,600 hombres, que acuchilla y destroza,, teniendo él 

(1) Carta á don A. Lamas datada en Martin Garcia el 18 de julio 
delS39. 



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apenas 400 reclutas, pero si gefes y ofldales esodoites. 

Vencedor en el Yeniá, Lavalle envió agentes y entró 
en correspondencia secreta con varios ciudadanos de la 
subyugada Corrientes, pueblo siempre enemigo de Ro- 
sas (3), y el 5 de octubre de 1839, en varios puntos de 
esta provincia estalló simultáneamente una revolución 
que se logró sin disparar un tiro. 

La variación del plan de Lavalle y el entusiasmo cau^ 
sado por la batalla del Yeruá, hicieron que muchos ha- 
cendados del sur de Buenos Aires, siendo el principal 
don Manuel Rico, y toda la Juventud que residía en sus 
estancias, reunida á sus peones, precipitando la revolu- 
ción preparada de antemano, se levantasen contra 
Rosas, al mando de Castelli, hijo del célebre patriota de 
1810. Al instante reunieron como 1,500 hombres. 
Pero por desgracia carecían de todo ; y en vano se pu- 
sieron de acuerdo con los buques franceses que vigila- 
ban la costa-, en vano por medio de ellos pidieron ar- 
mamentos y gefes á sus amigos de Montevideo. Rosas no 
les dio tiempo para organizarse. 

Contando Castelli con el coronel Granado gefe ene- 
migo, que mandaba un cuerpo de veteranos en el Sur y 
que fué Infiel á sus compromisos, cometió el error de 
presentar batalla en Cbascomús el 7 de noviembre de 
1839 con masas inorganizadas y casi desarmadas á las 
fuerzas de milicias, de indios y veteranos que el gober- 
nador de Buenos Aires, apenas tuvo noticia de su alza- 
miento, envió á las órdenes de su hermano Prudencio. 
Castelli- fué completamente deshecho como era de espe- 
rarse ; pero es indudable que, sin la traición de Granado, 



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— 458 — 

hibria triimflido, y qae eUa ftié la causa primara de m 
derrota. 

Vencidos los revolueíonarios en Chascomús, los que 
pudieron ganar la costa se embarcaron en buques firan* 
ceses, siendo voluntariamente seguidos por mas de 800 
gauchos. Llegaron á Montevideo y sin querer admitirla 
hospitalidad que se les brindaba, sin descansar de sus 
fatigas, embarcáronse de nuevo al cabo de diez dias con 
direcdbn al Uruguay. Subieron hasta el Salto, camina- 
ron de aUi por esta costa á la altura competente, vádea- 
fon^el rio y se reunieron por fin á Lavalle en Corrientes, 
en enero de 1840. 

Ciertamente no comprenderá un europeo la magnitud 
del sacrificio que hacian los gauchos, al abandonar su 
runcho y su parejero, para encerrarse voluntariamente en 
un buque, donde se ahogan y sofocan acostumbrados á 
la vida hiquíeta y vagabunda de nuestros campos, á la 
inmensidad del desierto, al aire impregnado de trébol y 
suaves aromas que se desprenden de las cuchillas ves- 
tidas de flores. El movimiento continuo es ima necesidad 
tan vital como otra cualquiera para el gaucho, que vive 
y se ha criado oicima del caballo, desde la edad de tres 
años, ó mas bien desde que nace hasta que muere. Ifu- 
chos hacendados de nuestra campafia, han sucumbido 
en la última emigración, no de miseria, no por las fati- 
gas militares, sfaio por el cambio de vida, por la tris- 
teza, por la postración física y moral que se ha apode- 
rado de ellos, al verse encerrados dentro de los muros 
de Montevideo, stai un potro, para cruzar, libres como la 
brisa que las perfuma, esas llanuras qué divisaban á lo 



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— 4S9 — 

lejos, y dirigirse como ea días mas fdiees ¿ suspugos^ 
donde el mate les esperaba en la puerta del rcmeho^ bijo 
d Ombé, en \9í estancia veeina, así como el asado eon 
cuero en medio de la algazara de una yerraj ó de viaje» 
en el silencio de los campos, á la margen de algún ar- 
royo, bajo la sombra de los Talas y Sarandies... 

Solo asi se comprende fácilmente cuan insoportable 
dd)e ser para el; gaucho, aunque sea por algunos inft<- 
tantes, la inacción á que se ve forzado dentro de un bu-* 
que, y el mareo que le quítalas ñierzas, leespei:ie á I9 
risa de los otros, y acaba por desesperarle si se prolonga 
mucho tiempo. Solo asi se esplica la aversión instin-> 
tiva, involuntaria que profesa al mar. 

Conviene recordar, ademas, que estos gauchos que tan 
espontáneamente iban á buscar á Lavalle, eran los mis- 
naos que diez años antes habían peleado contra él en el 
Pítente de Márquez y en Navarro. 

Algunos meses antes (julio de 1839) Echagüe, después 
de haber sometido á Corrientes había invadido la Banda 
Oriental, con un ejército de 6,000 hombres, que iba au- 
mentando á medida que avanzaba; y el 29 de diciembre 
de ese mismo año, aunque logró sorprender al ejército 
Uruguayo en Gagancha, fué completamente batido por 
la reserva de este, que se componía de 1,200 ginetes. 
En esa batalla memorable los orientales p.elearon uno 
eontra seis. 

Alentado con este triunfo, en marzo de 1840 abrió 
Lavalle su segunda campaña sobre Entre-ríos, con un 
ejército bisoñe, compuesto como de 4,000 hombres, casi 
todos de oabaUeria. En esta provincia Echagüa ooo vm^ 



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— 460 — 

TOS refuerzos de Buenos Aires, babia organizado, des- 
pués de su derrota en la Banda Oriental, un nuevo ejér- 
cito que constabade 3,000 caballos, 1,200 infantes y 10 
piezas de artillería. 

Entretanto las provincias de Jujuy, Salta, Tucuman, 
Catamarca y la Rioja, al saber este suceso y los anterio- 
res, se alzaron, se ligaron, y nombraron de generalísi- 
mo, al general Brizuela, gobernador de la Rioja, hombre 
que haUa sido de gran vigor y prestigio entre aquel 
gauchage; pero que habia llegado entonces á inutilizar- 
se enteramente y á embrutecerse con la bebida : copia- 
mos literalmente estas palabras de un manuscrito que 
tenemos á la vista. 

£1 10 de abril de 1840 Lavalle atacó á Echagüe en 
don Cristóbal. Las cargas desús escuadrones fueron tan 
brillantes que en pocos instantes deshicieron complete- 
mente toda la caballería enemiga. Echagüe protegido 
por su artillería é infantería veterana, consiguió no sin 
gran trabajo, situarse cerca del Paraná en el Sauce Gran- 
de, entre la Bajada y Puntagorda. 

La fisonomía característica de nuestras localidades^ 
y su conocimiento práctico han salvado muchas veces 
á los que parecían enteramente perdidos. Situado E<Aa- 
gúe donde hemos dicho, en lugares escabrosos^ sin ca- 
ballería que .le ausiliase, casi sitiado durante tres meses 
por Lavalle, habría tenido al ñn que sucumbir, si no 
hubiera escojido la posición tan ventajosa de Sauce 
Grande, desde donde podía comunicarse con Buenos Ai- 
res y pedir socorro. Los 700 hombres que le envió Ro- 
sas, al mando de Ramírez, reanimando sus batallones 



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— 161 — 

abatidos les pusieron en estado de resistir con éxito los 
ataques de sus adversarios. 

El 16 de julio, Lavalle habiendo recibido ciento y 
tantos vascos redutados en Montevideo, armas, pólvora, 
etc., atropello con su caballería las posiciones de Echa- 
güe. Fuá rechazado sin pérdida notable, y se retiró á 
Puntagorda, sin que Echague durante tres dias, le 
siguiese ni saliera de sus zanjones. Esta fué la batalla 
de Sauce Grande que se festejó en Buenos Aires como 
un gran triunfo, cuando en realidad signiñcaba bien po« 
co, mientras Lavalle, ausiliado por los ñ*ancese8, embar- 
caba en un convoy que pasaba por el Paraná, á la vista 
del enemigo, su ejército compuesto de 3,400 hombres. 

El proyecto de este era demasiado notorio para que 
se. escapase al general Pacheco, gefe de Rosas, que con 
1,500 hombres, iba siguiendo el rumbo de los buques 
por la costa occidental del Paraná, para privarles de ca- 
ballos y ganados, é impedir el desembarco ; pero Lava- 
lle, gracias al arrojo y decisión de algunos de sus jó- 
venes compañeros, en la noche del 10 de agosto, 
consiguió montar una división, se puso á su frente y se 
dhrigió al Tala. Pacheco venia en marcha con la idea de 
sorprenderle. Era una noche estremadamente oscura, 
y Lavalle al sentir la aproximación del «nemigó, mandó 
hacer alto y que sus escuadrones, lanza en ristre, espe- 
rasen á que se aproximara. El éxito mas brQlante coro- 
nó su audacia : la derrota fué completa; Pacheco perdió 
allí la espada y unade sus espuelas, indicio seguro del 
terror pánico que le acometió. 

Uno de los episodios mas bellos y dignos de inspirar 



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— ieí - 
á un bardo americano, una de las mas altas leeciraes de 
devoción y patriotismo que nos ha legado esa javenfxid 
^eróiea, qne ha derramado su sangre, y hecho toda da- 
se de sacrificios, sin mas lauro ni recompensa que el 
santo amor á la patria y el deseo de libertaba, es sin 
duda la audaz empresa que dio margen á esta victoria; 
empresa llena de abnegación y sublime heroísmo. 

Obligados á la brevedad por el plan que nos hemos 
trazado, diremos en pocas palabras lo sustancial del he- 
ebo que, en nuestro dictamen, los recomienda al apre- 
cio y consideración de todos los verdaderos patriotas, de 
todos los hombres de corazón que ven en la juventud la 
esperanza y el porvenir de su patria. Debemos estos de- 
talles i la bondad del señor don J. Maria Pelliza, joven 
Argentino, amigo de la libertad, soldado de Lavalle, que 
ha peleado también por la defensa de Montevideo. 

El 26 de julio de 1840 el general Lavalle hizo llamar 
á los jóvenes del Norte (1) y les espuso la situación 
apurada en que se encontraba el ejército, preguntándo- 
les sí se sentían capaces á riesgo de su vida, de propoF- 
eionarle caballos en la provincia de Buenos Aires. To- 
dos contestaron que sí :— corria por sus venas la sangre 
de los héroes de Mayo! 

Una vez decididos, se embarcaron en una goleta, co- 
mo eon 250 hombres de tropa *, y cuando estaban en d 

(1) Con sincero placer consignamos aquí los nombres de esos 
Talientes : merecían estar escritos con letras de oro : don 
José Iraola» don Gregorio Güerríco, don iost María Pelliza, 
don Mariano Cahelino, don Pedro La Gasa, don Maruno Goll, 
y algunos otros jóvenes agregados, cuyos nombres ignoramos. 



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— 46a - 
costado de la Espeditive donde Be hallaba LavaDe, e&te 
los hizo llamar y uno á uno les habló en estos términos: 
— Amigo miú^ por la patria e& preciso saerificarh to^ 
do,., es alta la empresa^ pero grande en sus resultados... 
si como V, me promete^ me da solo diez caballos, yoes^ 
taré con V. á las doce horas de haber llegado ; montaré 
esos diez caballos^ me haré de 500 y veremos qué hace 
el tirano cuando me vea en la plaza de la Victoria... Les 
daré á Vdes.patria^ si me proporcionan caballos /... 

£n este lenguaje continuó hablándoles por algunos 
instantes, y la unción de sus palabras penetró de tal modo 
en sus corazones, que todos salieron de allí resueltos á 
morir ó á realizar su empresa. 

Todavía, Lavalle, inundados los ojos de lágrimas, les 
dijo al despedirse apretándoles la mano : Me parece que 
no nos hemos de volver i ver.. . — 5i, mi general^ contes- 
taron ellos Qon acento varonil, con la confianza del que 
conoce lo que vale y se siente flierte y ci^az de cum- 
plir lo que promete. 

£1 I"* de agosto á las ocho de la noche llegaron al 
puerto de Cabrera, y cada uno de los seis jóvenes que 
mencionamos, con 30 hombres, se dirijió por distinto 
rumbo á realizar su intento, ó á sucumbir si no le era 
posible. 

Fuertes partidas enemigas hablan venido por la costa 
acechándolos y |pritándoles las obscenas y sangrientas 
palabras que forman el primer capitulo del Sistema Am/S" 
ricanoy que ha inventado Rosas. 

Venían á galope siguiendo la goleta para asesinarlos 
cobardemente apenas tocasen en la orilla. 



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— 164 — 

Figuraos cual seria su situación. 

Las olas embravecidas. •• la noche lóbrega y tormento* 
sa. .. solos en la playa. • • con el sable en una mano y el 
freno en la otra. • . . hundiéndose hasta la rodilla en el 
terrreno fangoso y lleno de cañaverales de la costa de 
Cabrera. . . sin poder distinguir el camino. . • mientras 
el enemigo á poca distancia los buscaba y tal vez se ha« 
liaba á veinte pasos!. . . 

Horrible situación! 

Nos falta espacio, sino narraríamos ampliamente este 
suceso con todos sus detalles, que son interesantí- 
simos. 

Después de angustias y tribulaciones de todo género, 
generosamente ayudado por los Casteses y San-Marti- 
nes (hacendados del Norte) reunieron 2,000 caballos. 

Layalle por obstáculos imprevistos no estuvo en el 
pareye señalado en el tiempo convenido. 

En fin, el 4 de agosto, con la primera luz del crepús- 
culo, pasaron á la isla áelBaraderOy y esa noche, á las 
ocho y media pusieron en San Pedro á disposición del 
general 1,600 caballos y 800 vacas, habiendo quedado 
sumergidos en los fangales de dicha isla, con algunos 
soldados, 400 caballos. 

' Todo el ejército prorrumpió en vivas al verlos llegar: 
al otro dia bajó Lavalle, los hizo llamar y, vivamente 
conmovido, les diríjió estas sentidas nalabras : — Mis 
amigos j la patria recompensará algún dia este impor^ 
tante servicio. Vds, han llenado su misión de un modo 
que no esperaba. Es preciso que me sigan : con 60 como 
Vds. nada mas^ yo realisaria la empresa que ms pro- 



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— 465 — 
pmgo.-^Vds. han salvado al ejército^ reeibanpar medio 
de míy el testimonio de su gratitud... 

Al saber Rosas la derrota del Tala reunió activamen- 
te las milicias del Sud y del centro de la campaña : llamó 
las fuerzas veteranas de la frontera : formó entonces y 
fortfficó con 100 piezas y 4,000 infantes, su campamen- 
to de los Santos Lugares^ á 5 legaas de Buenos Aires. 

A fines de agosto, la vanguardia del ejército liberta- 
dor, deshizo con indecible facilidad en la Cañada de la 
Paja^ á 18 leguas de Buenos Aires á las fuerzas del cen- 
tro de la campaña, mandadas por los españoles Gonzá- 
lez y Maestre, que huyeron al amago y sin pelear. 

El 5 de setiembre, Lavalle, que habia marchado len- 
tamente, procurando aumentar su ejército en el camino, 
llegó á 7 leguas de la ciudad. 

Son dignos de notarse los siguientes renglones de 
una orden comunicada al ejército, al pisar la provincia 
de Buenos Ayres : los tomaipos de uno de los manus- 
critos que tenemos á la vista : 

« Orden General del Ejército Libertador. — Cuartei 
general en San Pedrcf^ agosto 9 de 1840. — Art. 4*>..m 
Sres. ge fes, oficiales y soldados del Ejército Libertador: 
en estos dias se va á decidir la suerte de la República 
Argentina y la de todos nosotros. Dentro de pocos dias 
nos veremos bendecidos por 500,000 Argentinos y cu* 
biertos de gloria^ ó moriremos en los cadalsos del ti-^ 
rano, ó arrastraremos una vida ignominiosa y miserable 
en paises estrangeros, mientras su rabia se satisface en 
nuestros padres, esposas é hijos, ¡ Elegid, mis bravos 
eempañerost Media hora de corage es bastante' para la 



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— 46$ — 
gloria y felieidad de la Bepi^liea Ar^eiUina^ y para 
nuestra propia felicidad y gloria. El General en Gefe 
tieneuna gran confianza. — J. Lávalle. 

Nunca Rosas se ha encontrado en situación mas apu^ 
rada. La Francia bloqueaba süs puertos : las provincias 
se habian alsado contra él : el general Paz en Corriente! 
organizaba un ejército. El Estado Oriental se preparaba 
para atacarlo : süs ejércitos completamente desmoraliza- 
dos en el ulterior, huiansin pelear ante los libertadores: 
nadie podia socorrerlo* El mismo Lopéz que^ desde lejos, 
seguia la retaguardia de Lavalle, era tan impotente, que 
habiendo atacado por tres yeees áSan Pedro, donde ha- 
bian quedado los enfermos del ejército, fué rechazado 
en todos por la escasa fuerza que 1q custodiaba. 

Y Lavalle en estas circunstancias, no tenia mas que 
estirar el brazo, para tocar <;on su lanza las puertas de 
Buenos Aires I 

Los masorqueros, cabizbajos y humildes andaban en 
la ciudad abocándose con los que ellos llamaban sal*- 
viyes unitarios, disculpándose y poniéndose en buen 
lugar, — para que intercediesen con el vencedor. 

£1 tirano mostró en esos dias cuan pusilánime y men- 
guado es : apenas vio suspensa sobre su cabeza la espa-* 
da de la justicia se preparó para huir. Su equipaje donde 
iba una immensa cantidad de oro, robada á los pueblos 
que tiranizábala los unitarios cuyosbienes confiscaba, es- 
taba abordo; un buque inglés le esperabaen el puerto; y es 
indudable que después de tantas bravatas hubiera huido 
cobardemente, si Lavalle, penetrando audazmente en la 
ciudad, hubiera prestado su apoyo y el prestijio de su 



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— 467 — 

presencia á los que alli le esperaban; creemos que os 
alzamiento espontáneo y eléctrico habría tenido lugar, 
y acaso en los Santos-Lugares también* 

Nos hareferido una señora que, en esa época, se halla- 
ba en Buenos Aires que era tanto el gozo por la llegada 
áA ejército libertador, que los amigos de la causa se 
reunían secretamente en sus casas á felicitarse y brindar 
por los triunfos y la entrada de Lavalle. Era tal el en- 
tusiasmo, que muchos hombres Ueyaban un chaleco 
celeste, bajo el punzó que se yeian obligados á usar y se 
quitaban desde que pasaban el umbral. Los viejos llora* 
ban de placer, los jóvenes bailaban sin música 6 con 
guitarra en las piezas mas retiradas de la casa... en fin, 
era una especie de alegría loca, de vértigo y delirio 
indefinible. 

Bien lo pagaron después ! 

Se dice que Rosas lo supo, y que solo pronunció estas 
palabras;— Se dí^j^ran, eh?... Está bien..^ mañanaserá 
otro dia. 

La vanguardia del €|jército del mas antiguo é impla- 
cable enemigo de Rosas, se aproximó hasta divisar las 
torres de Buenos Aires; pero de repente Lavalle, sin que 
todavía se sepa bien el verdadero motivo, dló la orden 
de retroceder. Su estrañaconducta ha dado origen i mu- 
chas suposiciones. Se ha dicho que fué para sorprender 
á López; se ha dicho que para reunirse ¿sus amigos del 
interior y volver luego con fuerza competente. Se ha di- 
cho también que Rosas envió un chasque con falsas co- 
municaciones y que Lavalle engañado por ellas retroce- 
dió. Lacasa» oficial de este úUímo, que hizo con él toda 



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— 168 — 
la campafia, y que ha publicado en el Nacional de Mon- 
tevideo unnotable trabajo sobre ella, asegura que cerca 
de 12,000 enemigos venian por distintas direcciones á 
cortarle el paso \ pero sea de esto lo que fuere, el he- 
cho es que retrocedió y que después de su retirada tu- 
vieron lugar en Buenos Aires las tristes escenas de que 
tanto se ha hablado en América y Europa. 

Lavalle se dirigió á Santa-Fe, cuya capital defendida 
por alguna infantería y siete piezas de artillería, tuvo 
que rendirse el 29 de setiembre, quedando prisionera 
toda la guarnición Junto con sus gefe y oficiales. 

Las fuerzas que al mando de Garzón defendían á Santa- 
Fe, ascendían á 500 fusileros y 7 piezas de artillería.— 
Las defensas de la ciudad consistían : en ocho parape- 
tos que cerraban otras tantas calles que terminaban en 
la plaza mayor : estos parapetos estaban foseados, y en 
todos, menos en uno, había una pieza de artillería. Las 
azoteas principales de la plaza y la torre del Convento 
de la Merced, situado en una de las casas, estaban guar- 
necidas de infantes ) así como el edíñcío del Cabildo, 
que es una verdadera casa-fuerte. — En el radio de 
una cuadra de la plaza las azoteas principales estaban 
igualmente ocupadas por infantes enemigos, lo mismo 
que la torre del convento de Santo Domingo. La adua- 
na, otra «asa casa fuerte distante dos cuadras de la pla- 
za, tenia una guarnición de 150 fusileros : bien defen- 
dido este edificio era intomable \ pero su defensa ais- 
lada, no se ligaba con la de la plaza. 

El 28 de setiembre de 1840, el general Lavalle or- 
denó al general Iriarte que atacase la ciudad y la to- 



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-469- 
mase en el dia, pdrqae el campo que el ejército ocupaba 
en Andino á des leguas de la ciudad estaba exhausto 
de pastos; estos no se encontraban en una gran dis- 
fancte y era urgente eonclnir la operación para que 
les eaballds no se aniquilaren^ Solo se esperaba el re- 
soltado para marchar á los pastos y aguadas del Cha- 
e6. -^ La columna destinada al adaltd de lá ciudad 
eonstaba de la dirision Vega 400 hombres de caba- 
lleria, la legión Méndez 200 hombres de caballería, 
la legión Salvadores 3S0 infacítes y 4 piezas de ar- 
tiUeria« Total 1,000 hombres. — Los infantes y los ca- 
rabineros de los cuerpos^ que echaron pié á tierra para 
él asalto, formaban el total de 6fi0 hombres : 300 lan- 
ceros, 100 de la ditiáion Vega, y toda la legión Méndez 
permanecieron á caballo en reserva y de observación^ 
Antes de romper el movimiento se envió á la ciudad 
nna mujer con una intimación á Garzón, á la que con- 
testó únicamente « dígale V. que tengo pólvora y plomo. » 
— En el momento á las 3 de la tarde, las tropas desti- 
nadas al asalto se pusieron en movimento y entraron 
en la ciudad sostenidas por 4 piezas de artillería, y ocu- 
paron á viva fuerza algunas azoteas de que se desalojó 
álos enemigos. Pero la noche se aproximaba, y se creyó 
prudente diferir el ataque para el dia inmediato, por 
evitar el desorden de un asalto en medio de la oscu- 
ridad y librar la ciudad de sus horrores. 

El 29 se tuvoque esperar un refuerzode 200 hombres 
de milicias de Buenos Aires que el general Lavalle anun«- 
dé que iba á mandar. Todas las tropas destinadas al 
ataque se sobdividieron en pequeñas columnas de 200, 



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— 470 — 

100 y hasta 50 hombres que se apostaron en las callea 
que afloian á la plaza ; se ocupó el convento de la Mer- 
cedy y se dio orden que, sin esperar otro aviso, las co- 
lumnas atacasen á un mismo tiempo las trincheras al 
toque de « k la carga.» Esta orden fué ejecutada puntual- 
mente, y este movimiento simultáneo aterró al enemigo 
que sufría ya los fuegos desde algunas azoteas de la 
plaza, que se hablan tomado de antemano á viva fuer- 
za. — Toda resistencia fué inútil, atacados como se 
vieron en todas direcciones en el mismo instante. El 
Cabildo se defendió mas tiempo, pero al ihi cedió. Garzón 
que estaba allí pudo retirarse á la aduana, cuya guar-« 
nicíon capituló poco después. 

La permanencia en Santa-Fe, fué fatal al vencedor. 
Esta provincia tan insignificante por sus medios mate- 
riales y personales, ha sido sin embargo, en todos tiem- 
pos el sepulcro de los ejércitos, relativamente numero- 
sos y fuertes de Buenos Aires, que la han invadido; y 
la razón es muy sencilla : todos los elementos de nuéstea 
clase de guerra son allí negativos : suma escacez de ca- 
ballos; poquísimo ganado vacuno y lanar; aguas salo- 
bres é impotables, escasos y malos pastos. Los densos 
bosques del Chaco, quejempiezan á distancia dedos leguas 
de Santa-Fe, y la mortífera yerba llamada mío-mio, que 
los caballos apetecen y los mata á las pocas horas de 
haberla provado, son otras tantas causas de efecto tan 
sorprendente para los que no conozcan tan poderosos 
obstáculos, para los que no sepan que por ellos Santa- 
Fe es un pésimo teatro de guerra para un ejército inva- 
sor. Pronto podrá el lector apreciar la importancia de 



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— ni — 
edtas observaciones, cuando hablemos de la jomada del 
Quebracho. 

Rosas reconcentró sus ñi^rzas en Coronda, y puso 
bajó las órdenes de Oribe el numeroso ejército délas 
tres armas que reunía en ese punto, y también á Pa- 
checo, de quien estaba descontento desde el desembiurco 
deLavalle. 

En este estado se encontraban las cosas, cuando el 
gobierno francés envió al Rio de la Plata ¿ M. Ángel 
Rene Armand de Mackau, barón de Mackau, gran oficial 
de la orden real de la Legión de Honor, vice-almirante, 
comandante en gefe de las fuerzas navales de Francia, 
empleadas en los mares de la América del Sud, etc., etc. 

Este señor, condecorado con tanto titulo, llegó á 
Montevideo el 23 de setiembre de 1840 y el 29 de 
octubre del mismo año, firmaba á bordo de la Btmiovir 
naise el ignominioso tratado que, en el Rio de la Plata, 
ha hecho su nombre sinónimo de traición, como el de 
Judas lo es de perfidia en todo el mundo civilizado. 

<( El Estado Oriental, los pueblos y ciudadanos Ar-^ 
gentinos, que tan principal papel representaron en el 
drama del Rio de la Plata, han sido innoblemente ven- 
didos en este desenlace, que preparó la política impró- 
vida jp desleal del goMnete francés. 

« Un sentimiento unánime de indignación, de que en 
igual grado participan los Argentinos^ los Orientales^ 
la crecida pobladofi francesa de estas paisas, y — pre- 
ciso es reconocerlo — la marina misma, cuyo gefe celebró 
el tratado que termina la cuestión, ha condenado seve* 
ramente ese acto de ignominia, como contrario al honor. 



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- 47« — 
4 la dignidml y i la$ interés matemte$ de la Ftmh 
cia , como una traición vergonzosa i sus aUodos m §1 
Plata (1).}^ 

La Dota de nuestro minietro de relaeioaee exteriores 
fecha 22 de octubre de 1840 (2) y los hechos y razones 
alegaéos por el autor del folleto citado prueban (cap* II 
y III) que la alianza de hecho y de derecho ewtia entre 
la Francia, la Jtep^lica Oriental y el pueblo argentino, 
representado por el ejercito del general Lavalle y Ul 
^gftaeion de Montevideo : y el art. 3^ del tratado en 
que Rosas ofipece 4 los Argentinoa proscritos anmii^a, 
olvido del pasado y garaatiaSi es una amarga irrisión, 
pn lazo torpemente tendido, que ni siquiera tiene ü 
inérito de haber sido preparado con astucia; --* la reati- 
laciop de ese artículo nada menos importaba que eui- 
tregar i Rosas sus enemigos desarmados para que los 
degollase á su satisfacción. 

Esto es en lo que respecta i los Argentinos, veamos m 
lo que respecta á los Orientales. 

Por el art. 4"", Rosas debia de seguir considerasido en 
estado de absoluta y perfecta independencia (estúpida 
ironía, pues al ingerirse en los asuntos de nuestro pais 
atacaba su soberanía) á la Bepúbliea Oriental sin pm^ 
juicio de sus derechas naturales^ toda vez que lo reelamm 
la justicia j el honor y seguridad de la Cottfederaeion 
Argentina. Es decir — que podía Rosas en virtud de ese 

(1) Sobre la Gonyencion, etc., foU. de i20 pág., por el Pr. F* 
Várela.— Imprenta de la Caridad.— 1840— pág. 40. 

(2) Documentos oflciales» etc.^foU. de 32 pag. -*-Imp. del 



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— 473 — 

articulo (como lo hizo), desconocer nuestros derechos, 
invadir y talar nuestros campos y ciudades, y degollamos 
también, cuando la justicia, el honor y la seguridad 
de la Canfederacim Argentina, que, como todos sa- 
bemos, eran su capricho y voluntad únicamente, asi lo 



En vano el imbécil que firmó esa convención, luego 
que se vio interpelado por los mismos que traicionara, 
ha querido sacudirse del fango de que se ha cubierto, 
negando la alianza de la Francia con los Argentinos y 
Orientales (1) *, pero aun cuando eso fuera asi, por qué 
relación, por qué vinculo de ios que conoce el derecho se 
hacreido obligada la Francia á incluir á la República 
en el tratado que ha celebrado, si ella no era su aliada, 
ó si lo era, cómo se ha tratado sin su participación (2)? 
Este dilema -^ que puede aplicarse ¿ los dos pueblos — 
con el que nuestro enviado el señor D. Andrés Lamas 
interrogó al vice-abnirante, que nada contestó, reasume 
toda la gravedad de los cargos, toda la mala fe é injus- 
ticia de ese tratado. 

A la verdad, es imposible leerlo sabiendo sus conse- 
cuencias sin descargar una maldición sobre el que lo 
firmó. Mucho convendría que los pueblos ameñcanos no 
olvidasen esta lección* 

Por el articulo V de la convención de 29 de octubre, 
Rosas reconoció las indemnizaciones debidas á los fran- 
ceses. Un poco de dinero, pues, y las serviles adulaciones 
del tirano y sus ministros, fueron sin duda lo único que 

(i) Documentos oficiales, etc., pág. 13. 
(3) Foüeto eludo en la misma p¿g. 



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- 474 - 
9btii¥o Uac^u en pagq ^ su iprnaniota ; en pü» M 

alzamiento del bloqueo, ele la devolueiim 4e la iala da 
Martín García, repuesto el material de armamernto quo 
tenia cuando (ué toma^da, y dos buquea maa, coa la 
misma cláusula — eomo se convino en el art- S^ y 
como se efectuó literalmente por el complacieata na0Q-> 
ciador (1). 

AI leer los docmnwti^ do ^a épooa» y al ver el Qiod9 
como los gabinetes europeos han copaiderado reoieat^ 
mente la cuestión d0l Plata, casi erip^mos (pie Mackaii 
no ha hecho mas que yecutar las árchim de su gobmnB^ 
como él mÍ3mo dice : ,.. mongmímmmmU dorhtjévíoi 
fait qu'eú^éwter les ordres (2). P«ro así mismo, f( si 
ellas le prescribia^^baoer loque ha h^eha^ el ^Imimnl^ 
jamás debiá emargarse de una misim de deshonor; 
debió imitar la conduela del se$íor BaudMy fon^fue f | 
brillo que procuran los favores de unsi corte no borren 
la negra mancha de una acción indecorosa (3). » 

Los hechos por otra parte, debieron abrir los ojos é 
M. Mackau, al considerar que todavía flameaba sobre su 
fragata una bandera parlamentaria ouando los Argwtinos 
y estranjeros eran degollados en las calles de Buenos 
Aires : citaremos algunos — Nobrega subdito portugués, 
Gándara ingles, Cladellas ahogado en unbaul^ Gonsales 
(D. Lucas) españolea, Yarangot faaneés.,. y anterior- 

(1) Véase el^tado ; se halla entre los documeiitos ofipialefk 
JustificaüvQS del folleto sobre la Gonyencioii, etc. 

(3) Documentos oficiales, etc., pág. 30. ^ Nota del barón de 
Mackau al señor Lamas.-^ Gap. tiu. 

(3) Sobre la Convención, etc., p¿g, ^ 



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— n6 — 
«leiite Bade muerto por el mal trato que ae le daba ea 
la cárcel, Buchi asesinado por la mas orea á mediados 
del año 39, Dubué fusilado en Mendoza el 21 de agosto 
de ia39 y los demás que cita ladarte en las Tablas de 
Sangre : todos franceses ! 

Pero eso qué importaba I Meses después de su llegada 
á Paris, Mackau fué nombrado ministro de la guerra. 
|Ib las dos cámaras sostuvo luego la validez de la con- 
f endon del 29 de octubre ratiflcada por M. Guizot : mas 
de una vez ha tratado de hacemos aparecer como pue» 
blos semi-salv2úes ft los cuales solo conviene un gobierno 
despótico como el de Rosas. — El señor Page, su digno 
eo)at)orador, ha escrito con este'objeto sendos artículos 
en la Rbvista ds ambos Mundos, 

En cambio el señor Bellemare, salió exprofesamente 
de Montevideo para ir á poner en manos de los diputados 
la protesta que, con fecha 11 de noviembre, les dirí* 
jieron los Franceses residentes en Montevideo — ya de 
antemano el noble conde Dubouchage, en sus pregun- 
tas (1) y el gefe del gabinete en sus respuestas, tádta* 
mente, ignorándola, hablan reprobado la conducta de sii 
plenipotendario. 

Y mas tarde Odillon Barrot, de Siéyes, BiUaut y 96 
diputados que forman la lista publicada en el número 
121§ del Patriota fkamcbs, asi como el gefe del partido 
legitimista, el elocuente Berrier, y el mismo Thiers que 
MI plena cámara (2) declaró salteador (brigand) á Rosas, 

(1) Sesión del 15 de JnUo de 1840. 
(9 86SÍ0B del 15 de nano de 1844. 



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— 476 — 
han demostrado la inutilidad, desdoro y torpeza de la 
convención de 29 de octubre. 

A principios de noviembre Lavalle recibió en Calchines 
la noticia de la convención Mackau; y una sonrisa de 
desprecio, indignación é ira reconcentrada, pero pro- 
funda, fué lo único que le arrancó. El 23 se presentó un 
soldado prisionero del ejército libertador con pliegos 
dirijidos á este último por Mancilla, comisionado de 
Rosas : el de Mackau, M. Halley, llevaba la comisión 
de ofrecer indemnizaciones en Francia á Lavalle y á los 
gefes escluidos en el art. S"* con tal que se adhiriesen 
á él... 

Lavalle y sus amigos rechazaron con desprecio las 
ofertas que se les hacían : prefirieron morir peleando 
como buenos á traicionar su causa. 

El tratado Mackau hizo tanto mas daño á la revolu- 
ción, cuanto algunos días antes, el 10 de octubre, á 
consecuencia de haber el general Lamadrid sublevado 
la Sierra de Córdoba asi como el Norte con su repen- 
tina aparición por la parte de los llanos de la Rioja, la 
provinciay ciudad deCórdobase habían levantado contra 
Rosas. La revolución de la capital se verificó hallándose 
dicho general á cinco leguas de ella en la Ghacarrilla, 
por aviso que dirigió á sus amigos de su aproximación, 
y de la intimación que había dirigido al gobernador 
López. 

El 21 de noviembre salió Lavalle de Ascochingas, á once 
leguas de Santa-Fe, para reunirse á Lamadrid. Oribe 
apenas tuvo parte de sus movimientos, emprendió su 
marcha tras él con tropas frescas y bien montadas, 



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— 177 - 

mientr93 los ca()all08 ie wa eoutrvioa üm cayéad^-i 
sele3 por el c^miuo, muprtosi ^6 esteouaeípii} fi4m^ 
un grví eonfpy de familias tífi^f^ y r4^r<}iit>fi su ipar«« 
cha. 

£1 28 logró Oribe alcanzarlos en el QuebraQho, estaña 
do desmontada I4 mit$^d 4e ^u caballerfa. JLayAÜQ vióse 
obligado á aceptar la batalla; « El cyór^ito eQ^ij^o diM 
el señor Lacasa, constaba de 4|000 caballos, 3,000 in- 
fantes y 10 piezas : El portador de 3,000 caballos, 300 
infantas y i piezas, pero de aquellos mas de 1,000 esta- 
ban con el recado (montara) al hombro, asi es que en- 
traron en linea apenas 2|S00 Roldados. » Después de la 
derrots^ retiróse LavaUe 4 Céjrdova lentamente y sin ser 
perseguido por Oribe. 

Bien vengas mal si. vienes solo : el 12 de Enero de 
18il por una inconcevible incuria y desmido del coro- 
nel Yilela, }a división que mandaba fiíé sorprendida por 
Pacheco, de noche, en Sanéala. Hó aqui lo que dice La« 
valle acerca de la empresa que lehabia encomendado. 

^ Esa ppeoma columna la habia yo destifUido á oeur 
par la$ provincia9 áe Cuyo, donde á la saaon el fraiie 
Aldao no podia oponerle sino 800 á t.QOO hombresil). 

El general Acha operaba entretanto en San-Juw cm 
la inteligencia y arrojo que revela el siguiente parte oíi- 
Qial, 

« El general Acha al mando de la legión Brizuela, es- 

(i) Carta del general Layalle al general Ps^z datada en Salta el 
3 octubre de 1841. — Nuestro amigo D. Andrés Lamas ha tenido 
la bondad de facilitamos una copia de esta carta, de otra que le 
luJüa franqueado el genoral D. Ignacio Alvarei. 



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— 478 — 
CQadron Paz, batallón Libertad y dos piezas de artilleria, 
conduda á distancia de 12 leguas la vanguardia del ejér- 
cito. (De Lamadrid que iba á invadir las provincias de 
Cuyo.) 

« La vanguardia habla ocupado la capital de San 
Juan] el 13 de agosto y se habla montado perfecta- 
mente. Empezaba á reunir lo necesiffio para auxiliar al 
ejército, cuando apareció en las inmediaciones de la 
Punta del Monte una división enemiga al mando dd ge- 
neral Benavides. 

« La legión Brizuéla bajo la dirección del valeroso 
joven, teniente coronel, D. Crisóstomo Alvarez habia 
salido en protección del coronel Oyoela que huía en ese 
rumbo. 

ft Al llegar á aquel punto se encontró con una y otra 
fuena reunida, ordenó la suya inmediatamente, las ata- 
có y arrolló en todas direcciones. Un momaito después 
se descubrieron los polvos del ejército de Aldaó, que en 
masa se acercaba á protejerlos. El general Acha enton- 
ces, que con su columna seguia los pasos de Alvarez, 
formó su linea y esperó á los enemigos que en número 
de 2,200 circularon aquel puñado de vaUentes. 

« En este dia tuvo lugar uno de aquellos acontecimien- 
tos singulares en la historia. Nuestra división al empezar 
dcombate solo constaba de 450 hombres : sucesos impre- 
vistos le hablan arrebatado el resto de su fuerza, y hasta 
sus dos piezas de artilleria se hablan inutilizado en los 
primeros tiros. 

(i La sangre corrió durante ocho horas, y el campo de 



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— 179 — 
Aogaco quedó consagrado el 16 de Agosto por un su« 
ceso inmortal, por mil rasgos de un heroísmo ejemplar, 
y por la mas espléndida yictoria de la libertad contra la 
tiranía. 

« El ejército enemigo fué completamente deshecho y 
su infantería prisionera con todos sus bagajes y ele- 
mentos de guerra.... n 

Enseguida refiere Lamadrid la vuelta de Benavides 
con nuevos refuerzos y la gloriosa defensa de Acha en 
San-Juan, durante tres días (que no transcribimos por 
ser muy estensa), y concluye diciendo que solo capituló 
cuando $e le acabaron las municiones (1). 

El general Acha capituló bajo la condición de respe- 
tarse las vidas. No obstante, después que Benavides se 
reunió á Pacheco, fué fusilado por su orden el 21 de se- 
tiembre en el Desaguadero, y su cabeza clavada en un 
palo en el camino que conduce á este rio^ entre la jRe- 
presa de la Cabra y el paso del Puente (2). 

La sorpresa de Sancalá, desbarató los planes de La« 
valle y Lamadrid, que se retiraron á las provincias del 
interior. El primero se dirijió ¿ la Rioja y el segundo á 
Tucuman. Brizuela no prestó á Lavalle la cooperación 
que debiera. En tanto, Aldao y Benavides invadieron la 
Rioja : Brizuela nada, absolutamente nada hizo, hasta 
que cayó en manos de los enemigos. A principios de 
agorto, Lavalle pasó de la Rioja ¿ Tucuman, mientras 
Lamadrid se ponia en marcha hada Cuyo *, y el 19 dia 

(i) Parle del general Lamadrid impreso en el número 879 del 
Araucano, periódico chileno. 
(3) Palabras del parte de Pacbeco á Rosas. 



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— 480 — 

setiembre de 1S41 en los campoft de Fftmálla, el lügei 
de la muerte coronó por segunda Ves oofi lauro de vietO-< 
rihiaa baüderas de Rosas. 

Se ha acusado á Lavalle por esta batalla y creemds 
fue sin rason. El bko euanto estaba de su parte para 
tritmfar ) pero la negra estrella que le perseguía^ como 
ha dicho La Casa, inutilizó todos sus esfuer2os. Cuándo 
Begó ó Tucumati , un traidor (Ferreyra) encargado de 
Imerle en ese punto caballadas y vaquéanos, estaba de 
aenerdo con los enemigos. Oribe venia en marcha, y Lil^ 
ttiU tuvo que salir inmediatamente de la ciudad^ c[ue 
fué ocupada por Garzón;. <« Oigamos al mismo Lavalle : 

« Dos dim medité profundamente sobre mi situación, 
y mé resoM á atacar al eféreito enemigo^ siéndome 
imposible caer sobre taparte mas débil en número qué 
era la guarnición de la ciudad. Las razones porqué 
me reéolvt á dar esta batalla tan desigual^ tas espon^ 
dré si algún dia se mé hace cargo del resultado. (1) n 

Según esa carta, no tenia él mas que 1,300 hombres 
de caballeria, 80 infantes y S piezas de á cuatro : el 
^éreilo enemigo^ 800 infantes, 6 piezas de campaña, 
ISOO hombres de caballería porteña, y 1000 santlague- 
Sos : dé los cuales, descontando 200 infantes^ 400 ca- 
ballos y 3 piezas que hablan quedado en la capital dé 
Tiicoman á las órdenes de Garzón, siempre quedan 
Í4CN) hondires contra 1380 : es decir, casi el doble , 
rin contar la desventaja de la artillería é infantería. 
Solo asi es que sabían ganar batallas los tenientes de 



(1) Carta citada ai genei^l Paz. 



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— 4&4 — 

Cinco días después, Lamadríd ñié igualmente 
cido en el Rodeo del Medio (provincia de Mendoza). Se 
ha pretendido que aun contaba con fuerzas considerables; 
pero según resulta de los datos que el mismo general se 
sirvió comunicamos en Montevideo en 1845, su reducido 
ejército, era muy inferior al de Pacheco. Según sus 
apuntes, apenas llegaba á 1,150 hombres de las 
tres armas, mientras el de Pachaco se componía de 
2,000 infantes, 1,300 caballos y 13 piezas de arUUeria, 
mandados por él y Benavides, según el parte del mismo 
Pacheco, publicado. 

La batalla empezó á las 12 del dia 24 de setiembre, 
con la derrota de toda la derecha enemiga y retroceso 
de toda su infanleria, que se habia estendido hacia el 
ala derecha del ejército de Lamadrid. Por cerca de dos 
horas estuvo decidida la victoria á favor de este último : 
pero la escandalosa fuga de uno de los gefes, después 
de haber desobedecido todas las órdenes que se le dieron 
para que cargase sobre la izquierda enemiga, la decidió 
al fin á favor de Pacheco. 

Lamadrid entró á Mendoza á las 4 de la tarde de ase 
mismo dia, con 700 hombres de caballería, y se lanzó 
con ellos á atravesar la Cordillera. 

En el corazón del invierno, cuando cerrada entera- 
mente por el hielo, corrían el riesgo de quedar sepulta- 
dos bajo la lluvia de nieve que incesantemente cae en 
esa época. A fuerza de amonestaciones y repetidas ins- 
tancias, con gran trabajo consiguió Lamadrid que, á 
algunas jomadas, se volviesen como 200 hombres. Iban 
á morir de hambre y de frío y no quería ese valiente 

6 



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- l$2 - 
fcteraM, qae se «acriflcaaen allí inútilmente, emnáo 
podian ann sahrarse y consertar su vída^ para rendirla 
mas tarde si él ydvla, ea el altar de la Patria. 

Oetenjámooos un kstante.,.* contemplemoa á esa 
pequeña, pero esforzada hueste que prefiere encontrar 
digna tumba en la terrible Cordillera con su ^iejo adalid 
á la eabeza, antes que doblar la cerviz al yugo. Séaness 
permitido reproducir algunos versos que eonsagramos á 
ea|e hecho tui glorioso como memorable en un largo 
canto títulado CRUZADA ARGENTINA. 

Lamadrid 

alli vencido 

Cual centella veloz despareció, 

Entre loe pliegues húmedos del mairto * 
Que flota de los Andes en la espalda, 

Y corona, cual pWda guirnalda, 

Las montañas que se alzan á sus pies : 
Entre el mar de neblina, que á torrentes 
En ondas de zafir, azul y plata, 
De su nevada cumbre se desata 

Y en nubes convertido cae después. 

Seguido de un puñado de valioites, 
Lanzóse ¿ atravesar la Cordillera 
En el mes de setiembre, cuando era 
E) frió mas intenso y matador : 
Cuattdo el kiviemo en su mayor ernóza 
Cristalizando el aterido sudo. 
Alevoso encubría b8\)o el hido 
La senda del camino al vb^ador. 



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-411 — 

Envano por do quiér aterradora, 
De sempiterna níeye Inmensa faja, 
Amagaba, cual fúnebre mortaja, 
Tragarlos en su paso, al ronco sóq» 
Con que el sonante casco de los potros 
En la escarcha sus huellas imprimía... 
La nieve, aunque glacial, se derretía 
Al calor de su ardiente corazón! 

Adelante! dedan, y á este grito 
La atmósfera' en redor se ealdeaba, 

Y la sangre eBdos venas eircuIdM, 

Y volvía su pecho á palpitar* 
Adelante! decían : y sublime, 
Disipando la niebla aparecía 

La Argentina bandera, que se via 
De cima en cima, rápida ondear. 

La catarata con su vos de trueno. 
Con su áspero I^amido los torrentes^ 
Con su murmullo d viento y las eorrimites^ 
Con su lava el volcán atronador, 
Saludándola en coro, con terrible 

Y salvaje harmonía estrepitosa, 
Callaban á una voz cuando radiosa 
La miraban pasar, mientra el Cóndor, 

Sus resonantes alas sacudiendo, 
Al abatir su vuelo, con desmayo, 
Cual si lo hiriese repentino rayo. 
Se posaba en el asta del pendón; 

Y sus ftthntneos ojos enclavando 



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— 484 — 
Eíi el Sol que en su centro relucía, 
Con tremendo graznido se perdia 
Del blanquecino espacio en la ostensión! 

T ellos siempre adelante, y adelante! 
Siempre adelante, con ardiente anhelo, 
Resbalando cual témpanos de hielo, 
Que furioso desprende el vendabal 
De la cúspide azul del Illimani (t), 
Cuando el rayo, que pasa de carrera, 
Ya imprimiendo en su nivea cabellera 
Sus fulminantes garras de metal. 

Unos rodaban desde el alta cumbre 
A los profundos senos de un abismo, 

Y en su postrer, horrible parasismo, 
Con sus trémulas manos, al caer, 
En las grietas del hielo ansiosamente 
Suspensos un momento aparecían, 

Y luego, dando un grito, se veian 
Al fondo del abismo descender! 

Otros rendidos, sin aliento casi, 
Postrados por el hambre, por el ftío, 
Por las marchas continuas y el implo 
Soplo del huracán abrasador, 
Paraban el corcel, y reclinando 
La cabeza en su cuello, — su bandera 
Que se alejaba, — por la vez postrera 
Contemplaban con intimo dolor! 

(t) El cerro mas elevado de la cordillera después del Sorala. 



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— 485 — 

Hasta que yerta mano, por sus miembros 
Cual serpeador reptil se deslizaba, 

Y sus nublados párpados cerraba, 

Y oprimia convulsa el corazón* 

Hasta que helados, como estatuas mudas 
Que un manto de verdura encubre leve, 
Sepultados quedaban en la nieve, 
O arrogantes encima del bridón ! 

Y siempre, siempre airado el enemigo 
Siguiendo sus pisadas incansable, 

Y rompiendo la nieve con el sable 
Para sacar sus victimas de alli : 

Y enseguida, la punta del acero 
Enclavando en su pecho inofensivo, 
Deleitarse en las ansias del que vivo 
Conoce, al despertar, que va á morir! 

Y esta ferocidad atroz horrorizará mas al lector 
cuando sepa que era un sacerdote el que azuzaba á los 
veneedores para que no diesen cuartel á los venddoe. 
Un obispo, Santo Dios ! José Manuel Eufraeio, obispo 
de CuyOy al que Rosas congratulándole por sus justas 
anatemas contra los salvajes unitarios^ impíos enemigos 
de Dios y de los hombres^ le dice : que resalta la verdo" 
dera caridad cristiana^ que enérgica y sublime por el 
bien de los pt$ebloSy desea el esterminio de un bando 
sacrilego^ feroz, bárbaro^ etc.^ etc., etc. (1) 

<c Este prelado se colocó al firente del gobierno de San 
Juan y en ese doble carácter presidió á las horribles 

(1) Oficio de Rosas á dicho obispo 6ae.-*5,483. 



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— 166 — 
escenas de fines de 1841 \ alli, ca^iá ia vista estaba cla- 
vada la cabeza del valiente Acba ^ los enemigos de Ro- 
sas bulan vencidos y sin esperanza^ y huyendo del puñal 
que los amenazaba, eaian entre los bielos de los Andes 
que se desplomaban 6<ri)re éüoA, Sra m espectáculo 
tremendo, y ea medio de esta camieería, deboite de 
esos desgraciados que knobaban con U^m los rigores de 
la fortuna y de 1(^ elementos, el «M^ levmtAba su 
báculo gritando : — muerte y esterminio á los venci- 
dos!/! (i) n 

Valerosos proscritos ! en los Andes^ 
Teñida en vuestra sangre, habéis escrito 
Con vuestra espada en moles de granito, 
Gigantesca una página inmortal ; 
Que en ígneas letras en su cumbre un día 
Mirarán vuestros nietos palpitantes, 
Cual vio las tablas de su ley radiantes 
£1 pueblo hebreo en Sinaí brlDar. 

Al fin tras penas tantas, un sol purp 
Rompió las densas nubes, y sereno 
Entre las fgjas del pendón Chileno 
Con tibio rayo vuestra sien cubrió. 
America os aplaude y dice absorta : 
« Modelos de constancia y fortaleza, 
i< Levantad con orgullo la cabeza, 
(( Alta^ muy alta, que os bendigo yó ! » 

Pespues de enteles padecimientos, quedando algunos 
buyo to. nieve, otros tuUi4oSf otros sin píes y sjn mano», 

(2) Andrés Lanas-^Apiíiiies bMHMi. 



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— 487 — 

ll«gftitm m eflBcto á Chile á prindpios dé o^id>r6. La 
mas generosa protección les fbé acordada por parto d<^ 
gobernador de loe lüíides O. José Eradmo Jofré, el vecin- 
dario de Santa Rosa, el gobierno déla capital, laepmk 
dmi Argentina, j ai «dlor D. DbmingU Sarmiento. 

El general l^amádrid, en eos fl^ntes, lo recomienda 
repetidas veces, al referir los importantes servicioi que 
Uso i a y á $08 proecritoa e(H&pañeros deade i{ue wpo 
sn aproximacioii. Los que conocen al señor Siaunnieiito 
saben que no es este el único titulo que tiene al epve^ 
eio de BUS compatriotas y de loa uaigos del pmbto 4r* 

^ÉVlllItOk 

La travesía de los Andes, realzada por las oir^tmi* 
táñelas que bi acompañaron, merece ocupar un lugar 
al lado delosheobosde armasmasgloríoeoB,y noea vane 
decía la comisión Argentina al general Lamadrid en laa 
notas que le dinjii con íedba 19 da setiembre y 8 d« 
oebibre de IMI* 

« Mticho ha perdido la República ArgetUina ; nm le 
queda V. E. ^ le quédate sus valientes compañerm de 
gloría; le queda mas arraigado el odio á su bárbaro 
tirano, le quedan los huesos de sus hijos smnbrados en 
los campos para recordarles que es precisa ser libres ó 
morir como ellos^ si se ha de llevar el nombre argenUmo 



« Hambres eapaces de concebir y ejeetUer taks pm^^ 
swnientos son dignos de la admiración que inspiran^ y 
del lugar que desde luego les reserva la historia para 
recomendarlos á la posteridad como modelos de patrio- 
tismoy de elevación y de grandeaa. » 



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— 188 — 

Volvamos á Lavalle, á quien hemos degaáo en Fa- 
maUa, eompletameate deshedio. 

£1 enemigo persiguió per algunas leguas á los restos 
del ejército , y con eneamizami^to al general en 
gefe, qpie salió del campo de batalla como con 60 hom- 
bres y se dirijió á Salta, donde llegó á principios de 
octubre. 

tayalle, según la carta citada al general Paz, habia 
pensado hacer la guerra de recursos en Salta y no aban» 
donar el territorio Argentino, sino en la última estremí- 
dad ; pero en ese punto, el 5 de octubre, los escuadronea 
de Hornos y Ocampos, no se sabe aun si espcmtanéa- 
mentid ó impulsados por algunos snbaltemos, manifesta- 
ron su decidida voluntad de atravesar el Chaco, y diri- 
jirse á €k)rrientes para incorporarse al general Paz. La« 
valle supo esta fatal noticia por los mismos jefes ; y en 
la imposibilidad de contenerlos, los dejó partir. En la 
noche de ese mismo dia se les incorporó el coronel Sa- 
' las, los hermanos Camelinos, y algunos otros. 

Este acontecimiento desbsurató los planes de Lavalle, 
({ue, con poco mas de 100 hombres se dirijió á Jcguy. 

El 8 de octubre llegó ¿ la ciudad á las 12 de la no» 
che, y dispuso que se acampase su fuerza á distancia de 
tres cuadras de ella en una quinta inmediata, y él con 
una guardia de 8 hombres mandada por el teniente AI- 
varez, su secretario D. Félix Frias, y su ayudante D. P. 
La Casa se retiró al alojamiento que le tenia preparado 
de antemano el gobierno de Jujuy. 

Esta confianza, este menosprecio de la muerte cuando 
estaba cierto que los enemigos venian siguiendo sus 



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— 489 -- 

pisadas, praeban el tempA diamantino de su alma y el 
brio inquebrantable de su corazón magnánimo. 

En la mañana del 9 de octubre, al amanecer, la casa 
donde estaba Lavalle ñié cercada por mía partida de 25 
ó 30 hombres* Su ayudante vino á prevenírselo— I^avdle 
le j^egunto únicamente qué clase de enemigos eran, y 
contestándole La Gasa que eran paisanos : 

■^Entonces no hay cuidado (respondió) t;aya Vd,j 
cierre la puerta y mande ensillar^ que nos hemos de 
abrir paso. 

De allí á algunos instantes se oyó simultáneamente el 
galope precipitado de algunos caballos y tres tiros.»; 

Cuando entró La Gasa y sus compañeros, el primer 
patriota de la República Argentina ya no eiistia ! 

« ün profundo dolor reunió alrededor de sus restos 
á la pequeña división y se acordó transportarlos á Bo-' 
lifria. (1) » 

Cuando pasaron los primeros momentos de conster* 
nadon, se colocó el cadáver de Lavalle atravesado sobre 
un caballo, cubierto con su poncho. El general Peder* 
ñera se puso á la cabeza de la flierza, y empezaron la 
marcha. 

No habían andado una legua cuando supieron que el 
enemigo, por distintas direcciones, fracdonándose en 
fuertes partidas, venia á cortarles el paso : pero ello» sin 
desanimarse y atrepellando cuanto se les ponía por de- 
lante siguieron su camino. 

A cuatro ó cinco leguas de Jujuy, el valiente y leal 
teniente coronel Mandila, se hizo cargo del cadáver; y 

(t) La Casa— iVffd<maí citado. 



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— 190 — 

4la«ad* y^TMgiddo continiBmaate, «in alfijane «na 
pulgada áñ él, estufo tres 6 cuatro veces por eaer m 
peder de los enemigos. 

. Pero la corrapeioo empeeó & apodeiarse del eadárer 
jr en el temer que se les cayese á pedazos, lo desoama*- 
ron en Rodero, mas allá de Humabaaea, entre doe meor 
tañas, en una quebrada, á la margen de un riadiuBlOy 
donde lavaron sus huesos... 

Impulsados del víto ínteres que nos inspira tode Je 
concerniente á Lavalle, hemos tratado de infonuamoa 
de alguno que hubiese estado alli y hubiese visto eon 
sus lyos lo iqpie nosotros hemos leido.~FeIi2ment0i el 
coronel Dannel, antiguo veterano que ha hecho toda la 
campafia con Lavalle, que era su ayudante y ha acom- 
pañado su oadáf er hasta Solivia, bondadosamente, eon 
la msgor voluntad nos ha referido cuanto podíamos ie^ 
sear, y hemos visto con placer que su relato coíndde 
con lo que ha publicado la prensa de B(dívia y Chil#, re* 
produeido por la de Montevideo. 

En la persecución, nos ha asegurado el coronel Dmnel 
que estuvieron cinco y seis dias sin comer : y cuando 
al cabo de este tiempo obtenían un poco de mtíi crudo 
en las rucharías de los mdios por donde pasaban» se 
«onsíderaban muy felices y lo devoraban sin ma<i pre- 
paración. 

Los restos del cadáver fueron depositados en la cate- 
dral de Potosí. 

Algunas partidas del ejército memjgo pasaron tf ter- 
ritorio Boliviano persiguiendo á los fugitivos. El genial 
Urdimenea, jefe de la fronte ra, les intimó que inmedía- 



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— 194 — 

tatteiit» sa Forana bo pena de in^Ids como i eae* 
mfgos : Oribe furioso y despechado redamó la estmdí* 
cion del cadáver , el ooble jefe boUviaiio lleno de iadlg^ 
naeioii^ ni efquieraie dignó coQfeelarle* (1) 

fli no hubiéramos sido tan serios, tan i^rtos que 
h^nos apuntado únieamente los rasgoi mas lurta^ 
blesdecada suceso, según nuestro modo de comppm<>> 
dedos, con gusto habríamos consagrado algunas pági- 
nas á este virtuoso y digno soldado de Lavalle. 

Son rarísimos Iok ejemplos de un afecto tan vehémeiih 
to y de3hiter6sado,-*d0 mía fidelidad tan ae«idrada y 
constante. 

Mancíllaera un indio, gaucho de los que en IBSt pe^ 
learon contra Lavalle á favor de Rosas. Perseguido mea 
tarde por este último, emigra y apenan aupo que su «n- 
tiguo enemigo iba á haeeríe la guerra, se puso bajo 
sue órdenes y desde que salió de Montevideo leacompafió 
fiéhnente en todas sus campañas. Cuando se trató de 
salvar el cadáver, se hizo espontáneamente cargo de él 
y no lo abandonó por un solo instante : llegó á Bolivia ; 
depositó sus restos en lugar sagrado^ constituyóse 
guardián de ellos, y permaneció allí por mas de un afio, 
hasta que los condujo á Valparaíso con destino á la fa- 
milia del General. En Valparaíso, donde hoy esMea, 
mnríó este leal y benemérito soldado. 

Si algún dia la patria Argentina,^y ese dia ha de lle- 
gar — ^recojo los huesos de sus hijos dispersos en los cam- 
pos de batalla, ó proscritos en suelo eilranjero, y les 

(1) Véase para mas amplios pormenores el articulo Rosas juz- 
gado según sus propios documentos. 



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— \n - 
alza un monumento que eternice su memoria, al lado de 
la wna del General LavaUe debe de coloearse la que 
contenga las cenizas del Teniente Coronel Bfandlla. 

tt Si alguna vez ha dicho á propósito de Rufino Vá- 
rela un malogrado escritor, mártir de la ruda tarea que 
se impuso combati^do sin descanso á la tiranía ; si al- 
guna vez volvemos á esa patria viuda de sus mejores 
hijos, le llevaremos la urna que contenga cenizas tan pre- 
dosas, capaces de inflamad en niego patriótico á cora- 
zones, de mármol. Cerca de ella irán á inspirarse los jó- 
venes de una generación venidera, mientras que noso- 
tros la regaremos con nuestras lágrimas, la honrarcasios 
con. la religión de tan santos recuerdos, y con d olvido 
de nuestras malas padones. (1) y> 

Así se espresaba, cuatro años antes de su muerte, d 
infatigable escritor que ha cooperado mas que ninguno 
con su inteligencia, al sosten de la causa de la dvUiza- 
cion en el Rio de la Plata. — Pobre Indarte ! cuando es- 
cribía esas proféticas palabras muy lejos estaba de pen- 
sar que en él empezarían á realizarse. 

En efecto, en laórden g^eral comunicada al ejército 
Correntino el 4 de noviembre de 1845, encontramos la 
¡siguiente disposición de su general en jefe, entonces, 
don José M. Paz: 

n Art. 2° El general del ejército Imgo que la patria 
sea libre del Urano que la oprime^ solicitará del gobier^ 
no de ella : 

V Que los restos de don José Rivera Indarte sean 
traídos á su sem^ y colocados con el honor correspondiente 



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— -193 — 

á sus eminentes servidos en un moimmento pnblieo,{í)vt 
l>e8{mes de Famalla y Rodeo del Medio, la heroica ja- 
ventad gue componia los dos ejércitos libertadores, end" 
gró á los estados limítrofes y derramóse por la Keptt- 
blica Oriental, Chile, Solivia y Perú. 

Tomemos acta, antes de alqamos con ella de los 
campos de batalla, y pongamos^ en paralelo la conducta 
observada por los contendientes de una y otra eomnoion 
politica. Admiremos el heroísmo, la lealtad caballeresca, 
la clemencia y grandeza de alma, mayor en la adversa' 
qae en la próspera fortuna, de los campeones de la noble 
causa déla libertad argentma, tanto mas admirable 
cuanto no hay crimen por nefando que sea, que no 
hayan cometido los procónsules del tirano en las mi- 
seras provincias que han caído bajo su yugo. Hable 
Corrientes, Córdoba, Tucuman, Catamarca, San Juan, 
Mendoza. Los libertadores ni fusilaban, ni perseguían, 
ni insultaban anadie. Los seides de Rosas pasaban ácu- 
diHIo á sus prisioneros : Lavalle les devolvía los suyos 
tomados en Santa Fe; Acha respetaba la ^a de los que 
se rindieron eu Angaco ; Várela (D. Rufino) defendía, 
en una ciudad tomada por asalto, esponiendo la suya, 
la vida de los que en el ardor del combate, puestos de 
rodillas, clamando en vano misericordia, veían ya auna 
pulgada de su pecho las bayonetas de sus airados ven- 
cedores.... Ese mismo Várela que después fué tan vil, 
infame, y traidoramente asesinado, al ir á entregará 
Oribe con bandera de parlamentario á Garzón y demás 
jefes prisioneros en Santa-Fe, que le vieron caer bsyo el 

(\) Com. del Plata, núm. 53. 



Digitized by VjOOQlC 



pnBaldeimiSMtfiOytiB i&terpooMe «ntr&ély w li- 
berador : sin a<M>rdarse siquiera eomo milittreS) ^e su 
honor estaba empeñadoonque estevolviese m)r8éikso á 
dar las grftctas di bombre generoso, que tan&oblesiente 
habia roto sus prisiones t 

Por mas que se reflexione, ha dicho perfe^^amenti el 
séftor La Gasa, no se puede ym en los jefes y soldedoe 
M ^érelto libertador masque un grupo de falientesq^e 
han buseado en toda la esteñsion que se ene&wra Mbe 
les Andes y el Plata, el sitio y el diapara eumpli^ su ju- 
ramento de vencer ó m(H^r por la libertad de su patria. 
89 han perdido una cuestión política en su derrota, han 
ganado una cuestión mcnral con su constancia sin par y 
con su muerte heroica* 

En efecto, la pérdida que ha hedm la Rq^biica Ai^ 
gentina en esta crusada de jeüra y efldales distíngin- 
des, muchos de ellos soldados de la guerra de la inde- 
pendencia, es muy notable. Quiaíéranios tener el tienq^ 
pre<^, para leer detenidamente todos los partes ofl- 
dales y consignar aquí los nombres de esos vicjíos 
guerreros ^gentinos, que han puesto en la frente de 
Buenos Aires una cor<ma de laureles, arrancados ra di- 
Torsas regiones, peleando por la independmiGta ameri* 
cana ; y han venido después i dejar sus huesos en los 
campos de batalla sostenieiido los dogmas deesa rovo* 
lucion inñiortal. 

En la imposibilidad de hacerlo como deseáramos, 
afiadimts algunos nombres que recordamos en este ins- 
tante, & ios nombrados enteriormente. 

Maciel, tomado prisionero en la frontera de Corrien- 



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tes jrfüjyiaclo por orden de Oribe: Vilela,dd8|paeg de Fa* 
malb : Grámmer muerto en Chaaeomvs : Mai^rala fax 
Haohigasta : Rojas, en Catamare^ ¿ Salvadores» en Man- 
do^: Sardina» en Tucoman.,.. 

¿ Y <iu4 diremos de la bravura y arro|o de la juven- 
tud que acQmpaSió á Lavalle? No bay mas qye abrir Iq§ 
periédicos de la época para eaeonU'ar en eada swei9» 
íéUi 6 desgraeiado, unn ó muahps raagos de vator* í^e^ 
astados eseiuáivamente por eUa. 

V es digno de mencionarse que entre tantos ni^odbres 
distinguidos el de Alvares es el mas notable. 

Retsordamos seis individuos de este nombre (y todl^* 
vía hay mas) que todos, menos uno, han sucumbido bi'^ 
zarramente sin desmentir la nol^esa de su raza» 

D* €ri6óstomo Alvares, muerto ea San Juan; el 
Dr. don Francisco Alvares, gobernador de Córdoba» 
muerto en Angaco; don Zacarías Alvarez, jefe dd ee- 
cuadronMasa, muerto en Sauce Grande \ don Eduiirdo 
Alvares (hijo del general don Ignacio) muerto en esta 
misma batalla; don Ignacio Alvarez, otro hijo del gene<^ 
ral muerto enFamalla; Alvarez, teniente, unodelosuMS 
deeididos defensores del cadáver de LAvalle» 

Con la desaparición de Lavalle consúmese la desorga*» 
nizaeion súbita y completa de todos bs elementos rea*» 
nidos y asestados contrA la tir^nia por el noble mártir 
que aeababa dé morir. 

En esa época un solo pueblo quedaba en pié : Cor* 
rientes; pero Corrientes no hacia mas 9ie seguir el im- 
pulso que le había dado anteriormente Beron de Astra- 
da : Corrientes como Montevideo, no ha seguido pe- 



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— 196 — 

leando después, sino por sostener su independencia y 
empeñada en la lucha por compromisos anteriores ; y 
su principal conato como el de Montevideo, no ha sido 
otro que el de salvar su independencia á todo trance. 

Mientras la cruzada Argentina y la conflagraci<m que 
produjo en toda la República, empezaron y acabaron con 
Lavalle. Lavalle es respecto de ellas lo que el punto 
céntrico de un circulo, respecto de las lineas que parten 
de la circunferencia y vienen á confundirse en él. Si ha- 
cemos abstracion de ese punto, las lineas mudan de po« 
sicion y el circulo desaparece; Asi, muerto Lavalle, se 
apagó con todas sus consecuencias y resultados la re- 
volución que habia hecho nacer 

(( El soplo de fuego que vida le dio. » (1) 

Seriamos, sm embargo, injustos si noreconodéramos 
con placer y orgullo que á pesar de todo : « La juventud 
Argentina en la proscripciony obligada á ganar el pan 
con el sudor de su rostro^ continuamente sobresaltada 
por los infortunios de su patria y por los suyos propios j, 
hostigada y aun injuriada por preocupaciones locales^ y 
por el principio retrógrado, sin estimulo alguno^ ni es- 
peranza de galardón, ha trabajado, no obstante cuanto 
es dable por merecer bien de lapatria y servir la causa 
del progreso. Ninguna desgracia, ningún cwUratiempo 
ha entiviadosu devoción, niqu^rantadosu constancia; 
y aunque en distinta arena ha combatido sin cesar co-^ 
mo los valientespatriotas con el fusil y la espada. (2)» 

Si, titulo grande y patriótico es sin disputa la lucha 

(!) Pacheco y Mitre. 

(3) E. Ecbeverria.— Ojeada retrospectiva, etc., pág. 66. 



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— 197 — 

eacamisadá y no menos gloriosa que la juvHilitd Af- 
gentína arrojada de los campos de batalla^ ha sostenido 
después por medio de la prensa en el hogar del estraiH 
jero. Sus robustos acentos han atrayesado los mares, y 
hoy, gracias á ella, sabe todo el mundo civilizado que en 
la rivera derecha del Plata, hubo un monstruo, un de- 
monio en forma de hombre que se llamó Rosas. Toda 
la América del Sud conoce los nombres de algunos de 
esos dignos apóstoles, que llevan con tanto honor la 
bandera del progreso. Ellos han demostrado ccm el con- 
sejo y el egemplo que, 

c( No solo es fuerte el que el acero esgrime 
Y sabe diestro fulminar las balas. 
El que de fiíego al pensamiento dá alas 
Puede en la lucha descollar también ! » 

Asi se han estrechado los vínculos que unen al pueblo 
Oriental y al Argentino, y la libertad ha vuelto á encon- 
trarlos juntos en eleamino del honor y de la gloria, con- 
tinuando la bella tradición que nos legaron nuestros 
padres al morir por la independencia Americana (4). 

Tal ñié el desenlace de esta revolución, de este gran 
sacudimiento social que conmovió basta en sus mas 
hondos cimientos á la república Argentina y los países 
comarcanos. Cuna y origen de los grandes aconteci- 
mientos políticos que en estos últimos años han llamad 
do la atención del mundo civilizado, hemos debido pre- 
sentarlos, aunque rápidamente, con toda la conciencia é 
imparcialidad de que somos capaces. I/)8 sucesos pos* 



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— -IfS — 

teriorés toi nAetén i Montevideo, al Brasil, ^ RmgMj, 
¿ Gbnleiites y ti Entre-RtoB, estados y t>ro¥áieiai em 
las eíialeíi se ha visto Rosas empeftado áptes y despaes 
ep nusm» gaerras hasta que una cruzada «utiversal [hto- 
mo^da eontra A por el Brasil, amqaiié pera siempre su 
poder en Monimmer^y tanzándole á mendigar un asilo 
del otro late de los mares. 



(1) Ré aquí loft datos que hemos podido recojer acerca de las 
campañas de LaTalle. Pocos generales habrán escrito con su 
espada, una hoja de servicios tan gloriosa como la suya. Y sin 
embargo que no la ofrecemos completa, y desconfiamos que algo 
le falte, asi mismo ella basta para calificarle de %ér6e. 

El general O. Jiua Lavalte nació el 16 de octubre de 1*^7. 
En^ó á servir en 1812 ó 13, en el regimiento de granaderos á 
caballo que mandaba el coronel D. J. San Martin. L09 primeros 
ensayos militares del joven Lavalle fueron en nuestro pais, contra 
Artigas en 1814 y 13; y la primera acción de armas en que se 
encontró, el combate de Arérunguáy en clase de alférez. Pasó 
deflpaes á Meadoi^ donde se organizó el ejéreito de los Aato á 
las órdenes de San Martín; y en la batalla de Chacatmco^ el 12 
de febrero d« i8i7, Lavalle que ja era teniente del mismo rai- 
miento, empezó á manifestar todo lo que debia esperarse de su 
valor. Siempre en el mismo cuerpo, hizo en clase de capitán la 
campaña sobre el Mñule, y se encontró en hi sorpresa de C«M0te 
ñnyaia el «9 de marzo éa 1818. Asistió á la baUUa de MMipé el 
5 iñ tübril del mismo año; y en ella, como en la de ChaaUmco, 
se distinguió como buen soldado. Después hizo la campaña al 
Sud de Chile á las órdenes del general Balcarce : correspondió á 
ISls esperanzas que de él se tenían como valiente en el bloqueo de 
Taícahuano y en diferentes combates de eaballeria, que tavievou 



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Itgar dttnBte wpHBHb .<8tinpllUu fin «gwfto de «fiO M enOiafcé 
con su meginiiento, que b«cia parte M cjárc^td iiijiie<^c¿ooifto y 
liberudor del Perú m^ná^áo por Bkn IlaKíA. 86 iMtUó bu 4íIb* 
rentes «oiBibates, y mvo uiuí parte activa en la vietoiria del Ce¥tú 
de Pcs6«, sirviendo á las éf denes del general ^reoates que bUib* 
daba tma diviaM^n qiia iiiaiiiol)raba en la Sienra* Pimnovido 4 
sargento mayor de su regimiento, fué poco después, mandanéo 
1010 de sus esídiaiiffoiiea, el béroe áéí eombate de Rié Ban^f en 
el qw, Tariaa (i^rf aa muy atrevidas que di6, decidieron la vio<- 
toria. fin la acción de Pinchinehay Laralle mandó» á las évú^im» 
M general colombiaiie Sacre, el contingente de caballería del 
ejérciU) de los Andes, y por su brillante comportacion en esa jor- 
nada, en que tuvo buena parte, ftié promovido á teniente epr^nel 
de su regimiento. Hizo también la dep^strosa campaba de loa 
Puertas íntermeéiot; bailóse en Tarata y en Moquáhua el U 4e 
enero de i8S3, dimde habiendo sido berido el coronel de su re(Hi.* 
miento D. E. Necocbea» se puso á su frente La valle, y combaUó 
con tanta tenacidad y bravura que llenó de admiración i ios pa- 
triotas y á los realistas. Sin duda fué alli, donde, protejiendo la 
retirada del ejército, dié cuarenta eargoi enundiay medio. (Ser- 
mi^to« -^ Vida de Quiroga, pág. i94.) 

i>ec4)qes de esta derrota se embarcaron en Sama las lueiiMs 
salvadas : « 4I b%qvie que conducta los granaderos á caHUo habia 
mra4e, de modo que fué preciso d estes saUar d tierra^ y atra^ 
v^ar dpiéy siu recursos, un grande espacio de arena en donde 
corrieron el riesgo de perecer todos dfi sed; pero al fin, salvos se 
encaminaban á Lima (Apunt, sobre la sublevación dd Callao de 
Urna en 1824 por el general D. E, Martínez. — Gom, del Plata — 
245,) No obstante que Miller, en su magnifica descripeion de la 
ceata desierta del Pera, diee : {Uemoriae, tom. II, pág. M) ...cerca 
deew» eaddveres insepultos, esparcidos por ¡a lAgúbre mansm 
del desierto, marcarán por siglos él camino que llevaron^ gp^fp^ 
tuaréu el recuerdo d^ sus padecimientos. » 

En 1823 regresó á Buenos Aires condecorado con el grado de 
coronel, después de baber establecido en las campaüas del Perú, 
una Mllante reputacápn militar como soldado esfior^^P* J^ l<^ 



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— áOO — 
años de 1826, 27 y 28 hHio la campaña del Brasil : mandó en el 
combate del Yerbal : asistió al de Camacud y al de Ituzaingó^ 
mandando siempre el regimiento de caballería^ número 4, que él 
habia organizado. Ya era coronel efectivo. Por su bello compor- 
tamiento en Ituzaingó, como gefe de una división de caballería 
á que pertenecía el número 4, fué promovido á la clase de coronel 
mayor. 

Emigrado á la República Oriental espedicionó sobre el Entre-Rios 
en 1831 contra el tirano de Buenos Aires, pero tuvo que retirarse, 
porque su empresa fUé malograda. En 1836 se unió al ejército 
del general Rivera, y se encontró en la batalla de Carpmteria^ 
que habiéndoles sido adversa, le obligó á emigrar al Brasil. 
En 1837 volvió á la República Oriental y peleó con su bravura 
acostumbrada en la batalla del Paltnar,,^ 

Desde aquí se abre una nueva época, una nueva serie de triun- 
fos, de rasgos de valor y patriotismo, que empieza con su partida 
de Montevideo y concluye con su muerte en Jujuy. 

(2) Una de las dificultades, quizáis mas grande que se presenta, 
al inteiitar bacer la apología y juzgar á los hombres contempo- 
ráneos, es la multitud de eslabones que todavía los ligan] al 
mundo. La loza de la tumba cubre susbuesos; pero su nombre 
vivo y palpitante, sin el prisma de los años, se ha encamado en 
las creencias de la multitud, vive de su vida, y al mismo tiempo 
que un himno canta su apoteosis, un eco del infierno, compuesto 
de todas las pasiones mezquinas que heredamos de Gain, le arroja 
una maldición tremenda. ¿De qué parte está la justicia? Merece 
ó no la glorificación ó la infamia? 

La posteridad lo decidirá. Entretanto, cada hombre puede Juz- 
garlos según le dicte su conciencia. 

Podemos equivocarnos, pero en cuanto á Lavalle, tenemos la 
convicción profunda que es digno de la mas alta y grandiosa 
idealización. 

Fué un verdadero patriota y un noble mártir de su altas creen- 
cias; magnánimo y generoso hasta en sus errores. 

Sin embargo, hay una mancha que empaña sos laureles... pero 
él la ha lavado con su propia sangre muriendo por su patria. 



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— 204 — 
Creemos que la muerte de Dorrego fué un girande error polUíco 
y nada mas. No es aquí el lugar de entrar en esplicadones, pero 
si Napoleón que era un genio, pudo fusilar al duque d*Enghien 
(1804), qué estraño es que Lavalle se equivocase después de la 
revolución del i"* de diciembre, en una época tan azarosa como el 
año 28? Y en fin, si en el cielo hay piedad y perdpn para el 
culpable que se arrepiente, por qué en el mundo impío no ha de 
haberla para aquel que, si comete un crimen, tiene la nobleza de 
confesarlo, y apenas conoce el mal que ha hecho, cruza los 
brazos, baja la cabeza, y, vertiendo sincero llanto le dice con el 
acento del dolor : juzgadme! Guando espía su falta con largos 
años de sacrificios y patriotismo, cuando cae sin vida al pié de 
la bandera de la civilización peleando contra la barbarie y la 
tiranía?... 

Involuntariamente nos olvidamos que escribimos una nota. 

(3) £1 heroísmo de Corrientes es admirable. Seis veces ha sido 
invadida : y cuando no se ha ceñido de laureles, ha caído peleando 
valerosamente. En la primera invasión (marzo de 1839) fué de- 
golUida mas de la mitad de su ejército en la batalla de Pago^ 
Largo. En la segunda (enero de 1840) López llega hasta el río 
Corrientes, en busca de Lavalle, y retrocede espantado al no ver 
una sola persona en un radio de muchas leguas; tan espantado, 
que ni siquiera se detiene en Entre-Ríos , sino que repasa el Pa- 
raná y se vuelve á Santa-Fe. En la tercera (octubre de 1840) 
Echagüe, que la habla invadido creyéndola indefensa, la abandona 
precipitadamente, al encontrarse con un ejército débil en nú- 
mero, pero fuerte en disciplina y entusiasmo, organizado por 
Paz. En> la cuarta (setiembre de 1841) destroza completamente 
en Caa'gmzú el 28 de noviembre al ejército de Echagüe. En la 
quinta (enero de 1843), á consecuencia de la batalla del Arrogó- 
Grande, es sometida de nuevo : — pero muy pronto los Mada- 
riagas, vuelven del Brasil en donde estaban proscritos, enar- 
bolan su bandera y la libertan de sus opresores. Y en la sexta 
(febrero de 1846) reduce á la última estremidad á Urquiza, que se 
le escapa de entre las manos, gracias á la superioridad de sus 
caballadas. 



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(4)D60é9 lol primivos cobIbMc» áh la gmna de la ladepen- 
deacia los nombres de Orientales 7 ÁrgenUiios kaü diridido les 
lasreles y loe infortui^os, en aquella lucba ínmortaK 

La aattgrftOvieDtal j ÁrgentiDd se eacueotia neselada, en noa 
mlBiBa üa» desde 1810, en las eríUas del Piala» del H^ogiiay 7 del 
Paraná 3 y después en los den eampos de batalla q«e se Ihmi 
abierto al fné de loa Andes en aqnella gnerra de tHaiPes. 

Este magnifice recuerdo de (^etia nacional, eatá oonsignade en 
«na de laa eaUe» de Montevideo : el doonnMnlo ofieial dé ees 
nomenclatura, uno de los mas bellos timbres de su antor, el seüor 
U. Andrés Lamas, lo espresa con las signientes palabras : — 

« ¿#f Andes fcc» vitío tiMfte é $w piáB, deiée U$ <me$$a 

ée Ckaeá^neo hoita las flAOa* del Chímb^raxo y d§l C^réenkankl, 
los mas gloriosos campos de batalla de la guerra de la Mepmf' 
deneia Sud Americana, En ninguno de eUos dejarm d$ brtílar 
km espadas del Ria de la Plata, y en muy pocos las de su margen 
éfimal, » (Nae. ^ Nta. 1335.) 

Los Orientales, en efecto, asistieron á ese gvandioso drama, no 
snlo como soldados, oficiales y gefes de los ejércitos Argeniinee, 
sino también fonoando un cnérpoespecial. El batallón, número 9, 
qne salió de Baenos Aires para el Perú en 1^14 al mando del 
coronel B. Manuel Vicente Pagóla, y qm sostuvo tan dignamente 
rtbonordelas armas republicanas, era compuesto totalmente de 
Orientales. 

Mas tarde en Ituzaingó, Juncal, Yerbal, Bacacay, Valles y tantos 
otros combates de glorioso re(^fórdo,;^Argentines y OríentaleiB 
pelearon reunidos bajo un mismo pabellón, ya acariciado por te 
brisa de te victoria, ya despedazado por el aliento alnrasador de 
te metraUa. 

Decimos que pelearon rranidos ba^ el pabellón Argentino, pev- 
qne aimque en 1825 el general Lavalleja desembarcó con te 
bandera tricolor de 1815 y id, fiíó suprimida poeo despnes : y 
baata el i8 de dtelembre de 1838 no tuvimos otra bandera que te 
Argentina (Véase élBiario de sesiones de la H. A. €k>naUtuyenie, 
Kúmero 13, tom. I, pág. iOi), en que te naf^onal ftié creada por 
ley especUl de ese dia. 



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- Í0S *- 

y en fln, m toda la pretente guerra te han lÁito mexéUOoe lea 
nambrei Argentina con los Orientale$ en la lucha santa, en que 
la paciencia y el valor te han puesto 4 prueba. Junto al nombre 
del general Bivera te alza el M general Paz i al M» éelosde 
Medina, Aguiaf^ Luna, Silta, Fletes y tíros^ sé encn^tutn el del 
ministro Pacheco y Obes, Baez^ (Havarria, Hornos y otros en el 
ejército en campaña. En el de h^ capital : esos mismos nombres 
Orientales y Argentinos se confunden, y en el dia que la poesia 
distribuya sus coronas^ y vaya cantando las victimas que murieron 
en defensa dé esta tierra, encontrará repetidas ocasiones de decir, 
que si un dia cayó valiente D. Guillermo Aguiar, no menos bravo 
cayó en otro el esforzado D. Prudencio Torres. (Apuntes Histó- 
HeMM ^tio4»]fOfttefidt«porD«F.Wri9bmág.9l4^ 



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— Ui 



ROSAS Y SU SISTEMA. 



(Publicado en la Ilustración de Madrid el 5 de julio de 18S1 J 



¿Qttién es Rosas? ¿Qaé rqNresenta? ¿ Qaé se propone? 

Sns parciales de América y Earopa le pintan como un 
genio que domina los acontecimientos , los hombres y 
las cosaSy como el único eminente politico, capaz de 
regir la República Argentina y labrar su felicidad. 

Sus enemigos , que no son pocos , le niegan hasta las 
mas insignificantes cualidades. 

Entrambas opiniones son erróneas á juicio nuestro» 
y vamos á probarlo , dando á conocer los medios de que 
se ha valido para llegar al poder y vincular la dictadura 
en su persona. Su £pioso sistema americano, al que 
plumas ignorantes ó engañadas, venales 6 serviles, tan 
torpes é inmerecidos elogios tributan, aparecerá en toda 
su repugnante desnudez , reflejado en algunos de sus 
propios documentos públicos, insertos en los periódicos 
de aquel pais y muy principalmente en la Gaceta mer- 
cantil de Buenos Aires , el órgano oficial de Rosas y su 
jauría de dogos carniceros. 

Aun asimismo desconfiamos que se dé entero crédito 
á nuestras palabras. Tantos y tan increíbles son los aten- 



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— 205 — 

tedos , Ifts aberraciones y lod crimeñes de fóe hombre 
fonesto , ^e en nuestros diád ha alcalizado una triste 
celebridad, porque dotado deí genio del tíial f favorecido 
por circunstancias especiales , representando uria farsa 
horrible , ha sabido imperar despóticamente por espacio 
dé teinte años en el Rio de la Plata, y hace die2,— desde 
la famosa cuestión con la Francia, — ocupar vivamente 
la atención del mundo civilizado. 

Rosas no es un hombre vulgar ; ál contrario, su volun- 
tad de hierro, su energía y perseverancia, encaminadas 
al bien hubieran labrado la felicidad de su patria ; pero 
con stts resabios de gaucho malo (1) con su poca ó nin- 
guna instrucción , con su ferocidad inaudita , no es otra 
cosa que la encamación viva del principio retrógrado , 
estacionario y estéril del régimen colonial, en pugna con 
(A progresista, regenerador y fecundo proclamado por la 
revolución de 1810: es la personificación mas alta del 
caudillaje , de esos cacicazgos que han surgido de la 
anarquía y que mantienen á la América eñ lucha eterna 
y en un estado comparable solo con el de los más átr^r 
dados pueblos del Asia : es , eñ stuna , la síntesis inás 
completa de los odios de raza , de los instintos ciegos , 
fibroces , estúpidos del salvaje contra todo lo que sale dé 
la esfera de sus hábitos y preocupaciones; del predominio 
dé la fuerza bruta sobre la inteligencia *, del desborda- 
miento de todas las malas pasiones que han despertado 
y embravecido , en la mitad del continente americano , 
los abusos y males hiherentes á los gobiernos coloniales, 

(I) Los gauchoi son los babitanies de la campaña^ j]mmh$ 
los que se ban distioguido por sus delitos. 



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— 206 — 

las ambiciones de los caudillos , la profunda ignorancia 
de las masas , los estrayios de los partidos, los intereses 
encontrados de cada localidad , y la relajación de loe 
vínculos sociales por la guerra civil. 

No hay un solo hecho de la vida pública y privada de 
Rosas que no tenga su esplicacion satisfactoria en algimo 
de esos antecedentes. 

Los estrechos límites á que por fuerza tenemos que 
sujetamos, no nos permiten entrar de lleno en su análisis, 
ponerlos de relíevecontodo el detenimiento que merecen. 
Entonces probaríamos las muchas inexactitudes y errores 
en que han incurrido é incurren diariamente los que 
pretenden esplicarnuestrosfenómenospoliticosy sociales 
por sus ideas y teorías europeas. Detrás del Altántico 
hay otro mundo moral,— campo vastísimo é inesplorado 
por la ciencia , — que está aguardando un observador 
inteligente que penetre en él y revele ala £uropa atónita 
el secreto de la actual sociedad Híspano-Americana, el 
desarrollo de su vida , el choque , la asimilación y 
absorción mutua de los elementos heterogéneos que 
hierven en su seno, y mas que todo eso, la marcha fatal, 
inevitable , de sus diversas razas hacia la unidad de 
creencias , leyes y costumbres , en medio del combate 
tenaz y á muerte de las ideas con las bayonetas , y de 
la civilización y la libertad contra la barbarie y la tiranía. 

Concretándonos por ahora al Río de la Plata, ¿ nada 
dice, nada enseña la desesperada cuanto gloriosa resis- 
tencia de Montevideo , que en ocho años de asedio ha 
resistido heroicamente á la fatiga, al hambre, ala miseria, 
prefiriendo hundirse entre ruinas como Sagunto y 



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— 207 - 
Numanda, antes que doblar la rodilla al opresor de los 
argentinos? ¿ Nada dice , nada' ensefia el armamento 
voluntario de esos millares de estrangeros , españoles , 
franceses, italianos , ingleses , comerciantes, artistas, ó 
artesanos honrados y laboriosos , que abdican basta su 
oadonalidad (1) y prefieren la muerte en las murallas de 
Montevideo, al reposo, al bienestar y quizá la fortuna en 
Buenos Aires? ¿ Nada dicen , nada enseñan las perdu- 

(i) Los estrangeros no habían pensado én armarse hasta que 
Oribe espido una circular el 1*" de abril de 1843 á los cónsules 
residentes en Montevideo, en la que se mostraba dispuesto á no 
respetar sus propiedades ni sus vidas. Guando nos ocupemos de 
la defensa de la plaza sitiada, insertaremos ese documento ini- 
cuo. Con este motivo, mas de mil españoles y seis mil firanceses, 
ingleses, italianos, etc., se reunieron espontáneamente y acudie- 
ron al gobierno pidiéndole armas, y el gobierno accedió á su 
deseo. —Un cónsul vendido á Rosas y el celebérrimo almirante 
M« Massieu de Glairval levantaron su voz oficialmente y decla- 
raron que los que tomasen las armas perdían su ciudadania, y no 
serian mas protegidos por ellos ni por su rey. Los firanceses que 
solos pasaban de 4,000 hombres, no se arredraron por eso. El 
cónsul y M. de Glairval intrigaron de mil modos, y hasta tuvieron 
la impavidez de convocar á todos los gefes de estaciones navales, 
ministros y cónsules estrangeros para recabar por la fUerza el 
desarme de las legiones y obligar al gobierno legal de la Repú- 
blica á capitular con los invasores. Todas sus amenazas y ten* 
tativas se estrellaron en la decisión de sus compatriotas. El almi- 
nnte despechado exigió que los franceses no usasen en adelante 
IthiaBdera ni las insignias de su nación; doro sacrificio al que, 
después de una porfiada resistencia, se prestaron los legionarios. 
El gobierno en gratitud los declaró nacionales^ y les concedió 
todos los derechos y franquicias que gozan los hijos del país. Este 
solo hecho demuestra bien cual era la guerra que hacian Becas y 
sus tenientes. 



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r^les gmsrr^ deRpsas con 1^ prov}a<ím 4^.1^ «m^ 
federación y los est^dQ^ vecino^? Lo flúf^mo epn fintrpr? 
rio3 que poi^ Corrientes , lo mismo con la Qanda Or^ent^ 
que con el Paraguay, lo m|snio con Solivia qu£ pop ^ 
Brasil? j, r*^ada dicen, nada enseñan , ^^ fin , sus eterna 
disputas con los gabinetes europeos , y las coAtjpiia^ 
recliun^cíones de estos en favor de sus subditos, de loi 
pactos infringidos y de las promesas que el traidor jjíiiiKriMf 
viola descaradamente tan pronto como los ministros 
estranj^erosle yuelven las espal4as?... 

Anit^ 1^ lógifí^ ififlexible 4€| los bPp))o§ paPsi» If^ 
sofismas de la impudencia y la calumnia : elijan nuestros 
lectores: ó todos esos pueblos y hombres se engañan y 
son unos perversos , ó Rosas es un déspota ambicioso , 
^^guimiriQ y feroz , con el cu^ no pueden entep4P^6 
ni propipsi ni estraüQs. Has adelante les protoremo^ quft 
esta segunda hipótesis es la úi^ca verdadera. 

¿ Cómo conquistó ese hombre su ppsidon , cuáles 
fueron sus antecedentes políticos? 

Hijo de una fai^ilia distinguida , cuando todavía Qg 
contaba veinte a&os, espapóse ó fué espulsado de la pas» 
de sus padres & consecuencia de su mala conducta , y 
anduvo errante largo tiempo en las estancias (1) y 
desiertos dfl laHepública Argentinay déla Bao4^ Orient§|x 
1^ e^ vida errante y vagamunda contrsgo pstrecbfn 
relaciones con los gauchos y los indios , se fámiliarizé 
con sus usos y costumbres y adquirió cierta celebridad 
entre ellos por su destreza en el caballo, por su liberalidad 

(1) Posesiones rurales destinadas al pastoreo, matanza de los 
ganados, etc. 



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— 209 — 
y 8u aire de matón. Luego , favorecido por don Luis 
Dorrego, á quien mas tarde declaró salvaje unitario y le 
confiscó todos sus bienes en pago de los beneficios que 
le debia , lo mismo que al doctor don Vicente Haza , se 
encargó de la administración de una de sus estancias y 
establecióenellaunáespeciedefeudosócoioniasmilitares, 
prestando el mas decidido apoyó á sus antiguos com- 
pañeros de glorias y fatigas. Tal fué la base de su influjo 
y preponderancia en la provincia de Buenos Aires. 

No bien Rosas se conceptuó con algún prestigio, intrigó 
para que se formase un escuadrón de milicianos com- 
puesto en su totalidad de los gauchos ó peones de su 
establecimiento , y gracias á los disturbios de la época, 
suideaencontró benévola acojida cerca délas autoridades. 
Creóse el escuadrón que se llamó de Colorados del monte, 
y Rosas no descansó hasta que le nombraron su 
comandante. 

£n 1820 aparece su nombre por primera vez en la 
escena poUtica : á presencia de los ejércitos de Buenos 
Aires y Santa-Fe se compromete á entregar cincuenta 
UíL cabezas de ganado á la segunda , empobrecida y 
aniquilada perla guerra civil : hace aparecer esta oferta 
como un donativo suyo , y luego por medio de un ardid 
que no carece de ingenio, arranca al gobierno dncuenta 
mil duros , pide auxilio de hombres y caballos para 
facilitar la saca y transporte de los ganados, y á fuerza 
de astucia y maña se proporciona las 50,000 cabezas á 
espensas de los demás estancieros , y sin saeriflcar él ni 
una sola res de su establecimiento, sale airoso de su 
compromiso , gana DOSCIENTOS MIL DUROS en este 



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^saqn^ftloso negocio , y adquiere qmigiM , influeneia 9 
Bopu}an4»4 op 1^ prqyipeia 4e S^ta-Fe, m% ie l^i ¡bm 
belico^ftp y v^líepte^ d^ la confe^eraciQíi. 

Las frf cupiftt^P a6pTe4a<^iftPefl 4p 1Q9 HlvVPi 49 1« 
Pa»}pa y el CA<^o Ip babiU^ para propquep p^ep 
después al gpbiemo mía especie de teansaeiop gne & 
llama ai^^a^'a pa<?í/f(?Q , y qu^ se reduce á pagar á Im 
i^im m tributo apual, pp .dinero, licores, manta* ete. 

El artero ^ftt«f{^o CQQQce á tq4os los ^cique^ , rfi|on^9 
con su Gal)e9a de su fi4elidad , y el gobierno alncipado 
por susprotefiftap, epne ep sus maposeste poderoso pe^io 
de oentppIlAlir gu for^ppa, su ipSuenda, SU populafiidaá. 

AI espirar el aflo 99, LavallOa gefe de ppa di^ilíOP 49l 
ejército que bi«o la campafta del fiíiaiU, se subleya contra 
PorrfigQ (beripapo de dop Luis) gefedel partido federal, 
y eotoncea gobernador de Suepos Aires ^ le bate ep 
Navarro , le coge prisionero y comete el desatipo da 
«laudarle fusilar cp el acto. Rosai gpe pe epcQptrtS op la 
batalla y que ya era comandapte.geperal de Ip núUciai 
de campafta , eu ve^ de prolopgar la rei^tap^a , cmia 
pudo y debia, ó cobarde ó aleve, huye y ya á asUarsa i 
SautarFe. 

Hittnbres oscuros del partido fe^erallevantaplabandera 
que Rosas ba dejado cubierta de Ifido y siapgra m I09 
campos de Kayarro , y luchando con ii^omabla arrcóa 
teiuB&uxc^ )a Gma^i^ del mmt^ y en Is^ Visp^u^^im , 
obligas i ratroqedeiF á Lavalle que maicbaba irictariosQ 
sobre Sautatffe , y orgapisau la resistepeía, en términfks 
que al pieseatarse Rosas con el fjíérdto de aquella pro- 
vteeia,doaiueacasi(odala dÉBuenoa Aifps.. UbiaHpear 



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— 814 — 

flii t^^ batiilla oonwil en p^ellit^ííargmí^ y la ^«toria 
se declara á su favor. 

L^vallepqede luqhs^r aun-, pero se decide ^ deponer 
las furmos, ¡^éyi^ ui^ convenoion 4e pe? Que su en^oaigo 
\iol<^ enseguida con insigne mala fe. (1) 

En 1830 se bace Rosas elegir gobernador... m^Igesti^ 
que no pued^ gobernar sin facultades estraordiparias, y 
se las qoqceden. Publica un programa del que todos lo 
rien : 41os pocos dias prende y fusila siu forma de proceiq 
á Gox 9 á Molina , al mayor Montero y 6 otrqs mufdios. 
Suprime }a libertad de imprenta, decida abqUdos vastos 
institutos de enst|iftU9»ft , se avoca algunas causas csriini-^ 
nal^s , y las f^Ua según ^u capricho^ jnicii^ la pretensión 

(1) Bl srtf«vlo vil de te eenvencion diee d» este mode : 

< I)iogan individuo, de c\i^lqu}er^ cl^^ y condícipn que a^m 
será molestado ni perseguido por su conducta ú opiniones poli* 
ticas anteriores á esta couTencion : las autoridades ^rán ii^exo- 
rabies con el que de palabra ó por escrito contrayenga á lo esti- 
pulado en este artículo. ' 

Y el cartaginés Rosas no bien sphió al poder, pid>licó el si^ 
gi^i^tf 4e6reto: 

Art. I"" Todo el ((ue sea considerado pAblicamepte como a^iUor, 
fautor ó cómplice del suceso de 1° de diciembre (la subleyacioi^ 
de Lavalle contra Dorrego) ó de alguno de los grandes atentados 
eometldos contra las leyes por el gobierno intruso que se erigió 
en esta dudad aquel mismo dia, y que no biibiese dado, ai diese 
de l|oy ^n ^df)lapte prueí^s ipeqitivo^p deque mfra coa li^riOB 
tales $teata4ps, ^^rá casti^^o copip rep de lebeUoii. f 

Si^eñ otras amistosas advertencias por el estilo. 

Ambos documentos se encuentran en la Recopilador^ de leyes 
y deeretes promulgados en Buenos Aires, etc., tomo II, pági- 
naienviW. 



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— Í1Í — 
estúpida de que los esti'aogeros presten el servicio militar 
como los hijos del pais ; espide un decreto sobre estampas 
y libros prohibidos, y le da un efecto retroactivo , man- 
dando despedazar y quemar en la plaza de Buenos Aires 
cuadros y obras, como el grupo de las gracias y las ruinas 
de Palmira ; y por últhno , fomenta las divisiones intes- 
tinas de los caudillos de las provincias, para deshacerse 
de los que le eran desafectos , para mediar en sus con- 
tiendas , y establecer su imperio sobre la desunión y el 
abatimiento de todos. 

Todas estas arbitrariedades, violencias, amaños é in- 
trigas empiezan á conmover los ánimos, ¿ esparcir el 
terror; familias enteras emigran de Buenos Aires; una 
agitación sorda, precursora de la tempestad, se deja 
sentir en las provincias. Rosas conoce el peligro y se 
apresura á abandonar el puesto. El general Balcarce le 
reemplaza; 

¿Y qué le importa ? ya ha hecho él su primer ensayo ; 
ha demostrado lo que puede y de lo que es capaz ; ha 
robustecido su poder, preparando en los últimos úíba de 
su mando una formidable espedicion ai desierto con el 
objeto aparente de estermínar á los indios, pero en rea- 
lidad con el único fin de conservar la fuerza armada á 
su disposición. Deja que los pocos hombres que aun 
pueden hacerle alguna sombra, se gasten en el gobierno, 
en las lides parlamentarias,' en los debates de la prensa, 
en los mil escollos del sistema republicano, y él, cons^ 
tante en su propósito, sin rebelarse abiertamente contra 
la autoridad, le suscita obstáculos, crea \m9ísociedadp<h 
putar restauradora , llamada mas-horca , su columna 



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- m - 

mas fuerte (J), ^tiza el fuego de la discordia,. gromueve 
motines, naanija asesinar cobardemente al único p^illo 
federal que Je supera en valor, en audacia y prestigjpi al 
terrible F^pqíJdo Quirpga, llamadla pon r^oa el Tígr^i§ 

(1) £1 señor Lefebre de Becour, parUdatío ^eclar^dQ 4e H^a», 
encargado de Negocios de Francia en Buenos Aires jurante ágf 
anos, y uno de lof colahoradoreB de la incalificable convención 
Maciauy se espresa de este modo al bablar de la mas-horca-, 

f £1 club de lofi lacobinos en 178d no ftié mas terrible á la an- 
tigua nobles 4e Francia; cpmpueata de ima reimiim de perse* 
nas sin carácter, mancbgdas If mayor partp pon detitos d9 todo 
Ihiage, de la bez del pueblo^ en fin, se sostiene por el terror que 
inspira. Se Uama boy la Sociedad popular; pero al principio se 
llamd Sociedad de la mas-horca (del marlo ó espiga del maiz 
símbolo de la unión). Los asociados pretenden que están unidos 
entre si cQWQ los granos de maiz sobre la planta. 

« Los crímenes nocturnos que ban desolado á Buenos Abres y 
snmido 4 la dudad en una especie de terror e^túpi^Of son ep^^ 
napipn de ese club; l^a CQinision direptiva resuelve, una band^ da 
verdugos ejecuta. Contra el partido unitario» y para estingulrloy 
8^ ^ formado esa monstruos^ asociación.». Esa horda-salvage 
lan^ b|rgfni408 contra el partido:u&itario y contra los que sos» 
pechaba le eran favorables; ella enviaba á sus seides á registrar 
las casas, á insultar á las mugeres y á los viejos, á robar y sa- 
quear, á pretesto de buscar pruebas para sus acusaciones. G^d^ 
dia alumbraba un nuevo crimen; ya se encontraba por la mañana 
el cadáver de un hombre que y acia en e( barro, desfigurado y 
sin cabeza, ya la cabeza de una víctima clavada en la punta de una 
lanza ó colgada de la cuerd^ de nn farol. Todos los buenos cin- 
dadanps se estremecían de horror; un silencio tétrico, un estupor 
mudo reinaba en la ciudad. El puñal de los asesinos hacia jus? 
ticia por la noche de una palabra escapada durante el dia en favor 
del partido cuy^ mina habia sido jurada. » 

Este articulo» eon el epígrafe li^tr«t de Bu$uo9-^yr4s, $x^ 



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— 214 — 
los Llanos ; hace la sitaacion insostenible para todo go- 
bierno regular, y antes de tres años de su descenso de la 
silla gubernativa, los representantes y las personas mas 
influyentes de su partido van h rogarle una y otra vez 
hasta que acepta, que admita el gobierno como él lo 
quiere, es decir, con facultades estraordinarias, ó con la 
suma del poder público, según la novísima frase inven- 
tada por él. Esto pasaba en 1835. 

Su elevación fué acompañada de sangrientas ejecucio- 
nes, de destituciones en masa, de medidas escepcionales 
y despóticas r^esde entonces hombres y mugeres llevan, 
los primeros en el ojal del frac ó levita, y las segundas 
en la cabeza en forma de lazo, una cinta colorada como 
un estigma de Oprobio, como el signo con que el estaña 
eiero marca el ganado (1) ; un trapo color de sangre, de 

dition de la France, etc., firmado por un pretendido oficial de la 
escuadra francesa se encuentra en la Revista de Ambos Mundos 
de 1° d^ febrero de 1841. La traducción pertenece á don Andrés 
Lamas, que acaba de publicar últimamente una obra notable por 
mas de un concepto, titulada : Apuntes histáricos de las agre^ 
siones de Rosas contra la independencia de la R^^Uea OrietUtU 
del Uruguay; libro escrito con admirable conciencia, y que nos 
ha sido útilísimo, sobre todo en las citas y documentos oficiales 
de Rosas. 

(1) Con fecha 7 de julio de 1889, escribía Rosas al gobernador 
de Santa Fe don Juan Pablo López : 

' « No se olvide Vd. de lo conveniente que es hacer generaliiar 
en las mugeres y en los hombres el uso de la divisa federal : los 
hombres al pecho en el costado ilquierdo, y las mugeres al lado 
izquierdo de la cabeza.» 

Guando el general Lavalle entró victorioso en Santa Fe, en- 
contró en la casa de gobierno esta carta y otras muchas, que se 
publicaron en todos los periódicos de Montevideo. 



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-^ 245 — 

ese color, símbolo de la barbarie, de ese color que predo- 
mina en todas las banderas, de los pueblosmas feroces co» 
mo el Japón, Siam etc. y que escogen siempre los hombres 
ávidos de crímenes y destrucción, como bonos visto últi- 
mamente en Paris; un trapo color de sangre, repetimos, 
donde se leen las palabras sacramentales del famoso 
sistema americano. /// Mueran los salvajes nnita-^ 
riosü! 

/// Mueran los salvajes unitarios !t! palabras tremendas 
que se reproducen, mas aterradoras que las del profeta 
Daniel en el festín de Baltasar, al frente de los docnmen- 
tos oficiales, en los anuncios de las esquinas, en los 
avisos de los periódicos, en las muestras de las tiendas y 
establecimientos públicos, en las telas, en los muebles y 
objetos destinados á los usos mas comunes de la vida, 
en los billetes de los teatros, y hasta en las taijetas de 
convite á un baile ú otra diversión cualquiera! Palabras 
qué repite el sereno en las altas horas de la noche, y 
que estampadas en todas partes, pronunciadas de mil 
modos distintos, oidas en las oficinas del estado y en las 
pulperiasy (tabernas) en el hogar doméstico y en las calles, 
al levantarse, al acostarse, y aun en medio del sueño, " 
acaban por grabarse como un axioma en la memoria dé 
los que las escuchan, sistematiztm, engrandecen y perpe- 
túan los odios y rencores entre los hermanos de una 
misma familia y los demás pueblos de la. tierra : porque 
no se crea que los unitarios son únicamente los antiguos 
compañeros de Rivadavia; Rosas entlrade por tale? ¿ 
todos sus enemigos, sean porteños, orientales, tucüma- 
nós, franceses ó ingleses. 



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— «16 — 

Sértáéediñ^licáciones cóñ Bolivia y algunos disturbios 
en la» provincias á eOüsecueiícta de los asesinatos de 
Qliirdga, Cullen, ios Reinafés etc., etd., mantavieron á 
Héfáas bástante éhtteieúido hasta 193S y Síd en qile tuvo 
lugar el Moqueo de la Francia y la cruzada del general 
Utalié, á cuya ibt se levantaron contra el dictador casi 
todaá las provincias argentinas. 

La obra del Nerón americano apareció entonces tal 
edmo era. El gobietno francés (Cuizot) abandonó vflmente 
á sus álMdos, y Rosas que habia estado á dos dedos de 
m ruina, sé levantó mas erguido y terrible que nunca. 
Elté1ñ^of, ese resorte de su gobierno en todas ocasiones, 
<g€!^dó eñ uüa escala inmensa, aseguró en sus manos 
Vacilantes el cetro de hierro que una fácü victoria pudo 
baber roto en su cabeza maldita, (l) 

Antes babia fucilado en Buenos Aires á centenares de 
Indios indefensos *, sus hordas habían pasado á cuchillo á 
lo9 pf isSoíieros de Pago Largo, en Corrientes ; con tá 
piel de Betón de Astrada su caudillo, se tejió una manea 
{Mra el ediállo de Rosas ; la cabeza de Zelárrayan fué 

fi) liAvalle^ veiKMor ed el Yeni«, don Gristóiial y el Taia, líegó 
kasta d&oo leguas ée Boeooi Aires eon im poderoso egé^O^. 196 
babia salvación para Rosas, oslaba perdido» completamente per- 
dido; su equipage, repleto de oro, se encontraba ya abordo de 
tín buctue inglés é iba á embarcarse, cuando el infierno le inspiró 
una idea diabólica, j realizó casi un milagro en su fáyor. Lavalle» 
ei^ñado por un cbas({ue(especie de correo) retrocedió creyendo 
fue leída á sus espaldas las ftierza» de López; y Rosas, en tanto, 
celebró su tratado con la Francia^ intimidó á la* ppblaeloneft 
con sus atroddades, y se puso bajo un pié req^etable de de* 
fensa. 



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escolada y pisoteada por este -, caj^taneó en persona una 
cuadrilla de mas^orqueros gue asesinaron en el recinto 
de la sala de representantes al doctor don Vicente Maza, 
presidente de ella, su protector, y mandó fusilar á su hijo 
don Ramón, coronel de infanteria..t; pero todo esto es 
nada si se compara con lo que hizo este insigne malvado 
eoaiido se retiré Lavalle y la victoria empezó á favorecer 
SQsarmas* 

liOs degflelloj en Buenos Aires por la mas^horea y la 
guerra de esterminio en las provincias, señalan con ras- 
gos sangrientos esa época ominosa de su dictadura. 

Los sucesos se agolpan, crecen bajo nuestra pluma y 
tememos esceder las regulares proporciones de un arti- 
culo de periódico. Tiempo es ya de que apoyemos con 
algunos documentos lo que llevamos dicho y lo mucho 
que dejaremos sin decir; pero que suplirá fácilmente el 
buen sentido y la impardálidad de nuestros lectores.— Co- 
razones de piedra, que nos preguntáis todavia por qué 
combatimos contra Rosas, leed... y avergonzaos... pero 
no ; os aplazamos para el próximo número. La multitud 
de documentos acompañados de las convenientes aclara- 
ciones para su mejor inteligencia, ocuparán mucho lugar 
y sabemos que los lectores y sobre todo las lectoras de 
Lailustragion, detéstenlos artículos demasiado largos. 

VI. 

ROSAS JUZGADO SEGÚN SDS PROPIOS DOCUMENTOS. 
(Publicado el 12 deiulio de 1851.; 

« ¡Corazones de piedra, que nos preguntáis todavía 
por qué combatimos contra Rosas , leed y avergonzaos! » 



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¡i§% dkiMM>i ti tümimr ouMtio pAmm irtM», y 
«iaf«p«tiaioidpfted{4ar elaeguado^yeso dyiuMHry 
aio itpetíiDo», porqQ* nos ptr«ot iovawUa qm ia ifa»* 
pif }#etora d« loi documontos 4 i|d« im rfferiiM«« ao 
«rraiuiaa uoa iwl4icioA v^lie^te y poderosa contra iñ 
diotodor y soft aayooes, é todo coraron him puesto^ á 
todo hombre que irrigue leatUntentos bmiwoi, y nada 
mas, aunque profese simpatías á Rosas, porque no !• 
cpQOxea bien, ó por estar mal inforyoado. No se trata 
ya di doetoiaaa ni de priocú^io» poUüooa ; ea trata 4a la 
humaaidadf da la oiviUsacioo, de labonra y del parva» 
nir da uo paabk» qoa pcotarta eoatra esoe edmaaee^le- 
vaotiíadoie aada aso contra «u autor, y soeoiobiaiida 
haróiaaounta baío las lanzas da les gaMciíat, negras 
aScicanos ó mam bnwoi que forman las cobortaa da 
RMa|. 

Nos duela como americanos tener que sacar i la ?ap- 
gfiansa páhlioa el oprobio, el envilecimiento y degrada- 
don que revoto una psurta da esos dociunantos; paro 
al hacerlo asi, cMunplimos con un deber ¡flKpreseindibta^ 
ftasaa volverá i repetür que todo as wa ta/aam aateas* 
aiia; qf» perteieeamos al saiw^ y a^gneresa taMb 
wiitamMiemigodaDioMy de hihorntres^ quaestUBoa 
vmdidos al qtq inmumio francés, que nuestro abaalo 
era godo y realista acérrimo, etc. Eso repetirá el dicta- 
dor, ó su Gaceta y el Defensor del Gerrito^ pero los que 
como nosotros prefieren las amarguras de la emigración, 
y morirán en tierra estraña antes que ir á vivir en aquel 
lodasal de sangre, mientras imperen alli reyezuelos in- 
trusos eomo Oribe y Rosas \ los qiie altivos en su Aofi* 



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— 2i9 ^ 
r0da pobreza (pobreza que no han cmoeido hasta que 
Rosas y Oribe ocuparan militarmente su pais); los que 
en una situación tal, luchando afios enteros con su in- 
grata suerte, no han cometido ninguna acción que los 
obligue á inclinar los ojos al suelo delante de nadie y 
pueden llevar la frente erguida do quiera que se presen- 
ten.*, esos tienen derecho, si no á que se les crea sobre 
su palabra, al menos á que se escuche con atención lo 
que digan y se respeten sus convicciones. 

Nada irrita tanto á Rosas y á sus tenientes como Ja 
eibibieion de sus doeumentos; ¿por qué?.., porque son 
tales que ¿ veces ellos mismos deben avergonzarse de 
haberlos escrito y publicado ; porque hablan con tanta 
elocuencia que no se necesita mas para juzgar i sos 
autores. SupUcanioa al lector que los lea oon dateni» 
miento. 

Hé aqui como se espresa Prudencio Rosas, hermano 
del dietador, al remitir al juez de paz y comandante mi- 
litar de Dolores, el 20 de noviembre 1839 la cabeza de 
de D. Pedro Castelli, hijo del célebre patriota de 1810* . 

c Con U mas gnuta tfttiaiicdon aoompafio áosM la cabeía 4M- 
tiaMdr Koragido unálarto saWago Pedro GasteUi, gneral en gefo- 
Ululado de los desnaturalizados sin patria, sin honor y leyes, ete.» 
para qpe la eolo^tue en medio de la plata á la etpectaeian pih* 
bUea*,> la colocación de la cabeza debe ser en rni palo bien alto, 
debiendo estar bien asegurada para que no se caiga y permane- 
cer asi mientras el superior gobierno disponga otra cosa; debiendo 
nsted transcribir esta misma nota á S. E. nuestro ilustre restau- 
rador dd las leyes para su satisfacción. » 

Desaguadero setiembre ^ de 1841. 

« El titulado salvage general Mariano Acha, fué decapitado 

ayer |y su cabeza puesta á la espectadon pública en el camino 



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— 2M — 
qae conduce á este rio entre la represa de la Cabra y el paso del 
puente. Ángel Pacheco» » — {Diario de la tarde de Buenos Alies 
del 22 de octubre de 1841.) 

Acha, según resulta de una comunicación publicada 
m el Boletín de Córdoba^ se entregó bajo condición de 
que se le perdonaría la Tída á él y á sus compañeras. 
El fué degollado y sus soldados fusilados. 

Ceibal setiembre 14 de 1841. 

^ « Entre los prisioneros de la batalla (del Monte Grande) se 

bailó al traidor saltage unitario ex-coronel Facundo Borda, que 
faé tfl momento ejecutado con otros traidores titulados ofieitOea 
de entre los de eabaUeria é infantería. Manuel Oribe. »— (Diario 
dtado). 

Santiago octubre 8 de 1841. 

« .... Asi como la cabeza del salvage Acha está pnesta sobre oa 
palo en d camino de Mendoza, de Igual modo la de los salrages 
Avellaneda, gobernador de Tucuman, y Gasas están en la plaza 
de Toeuman. Adeodato Gondra. » — {Gaceta Mercantil del 6 de 
diciembre de 1841.) 

Catamarca 29 del mes de Rosas (octubre) de 1841. 

« Después de mas de dos boras de fuego, y pasado d eu-^ 

chillo toda la infanteria, ba sido derrotada toda la caballería y el 
cabecilla solo buye por el cerro de Ambaste; se le persigne, y 
pronto estará su cabeza en la plaza, así como ya lo están las de 
los titulados mmistros González y Dulce, y también la de Espeehe, 
gobernador que puso el Pilon...(l) en fin, mi amigo, la fbena de 
este salvage unitario tenaz pasaba de seiscientos hombres^ y to^ 
dos ban concluido, pues así les prometí pasarlos á cucbillo. Ma* 
riano Maza.^^ (GaceU ciuda.) 

Nótese et lenguaje tabernario, procaz y verdadera- 
mente satánico de Rosas y sus seídes. Fye el lector su 
atención en ese afán de llamar salvajes^ desnaturali- 
zados^ traidores y sacrilegos á sus enemigos, cuando 

(1) El general Lamadrid. 



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— 821 — 
nadie es mas salvage, mas traidor ni desnaturalizado 
que él y sus esbirros. Si alguno lo duda, que pasee sus 
ojos por las siguientes lineas que harian ruborizar al 
mismo Gain. 

« El infirascrito tiene la grata satis&cdon de participar á V. E. 
(á Rosas) aguado de ku «mw gratoi sensaeianes... que el íníSime 
eaudiUo Mariano Vera, cuyo nombre pasará maldecido de gene- 
ración en generación, quedó muerto en el campo de batalla cu- 
bierto de lanzadas igualmente que su escribano José Pino. Ca- 
ÍMú Vera. •^(Gaceta del 3 de abril de 1840.) 

Caliste Vera era hermano de padre y madre del ge- 
neral don Mariano Vera, y no le mató en ningún campo 
de batalla, sino yillanamente, á traición y en una em- 
boscada! 

Se ha hecho un crimen el interceder por los reos, se 
han perseguido cadáveres con el solo objeto de cortarles 
la cabeza, y se ha llevado la ferocidad hasta el estremo 
de negarles sepultura. 

ORDEN DEL DÍA. 

Erare Bioi^-^Maifú tt de 1848. 

Art. 1* S. E. el Escmo señor gobernador de la Provincia or- 
dena que el tadividuo ti» escepeian de eUue que pida por un 
salvage eufHrd ¡a mkma pena que el reo. — Juan AveUano. 

Cuando murió el general LavaHe todo el ejército de 
Oribe se ocupó en rastrear sos haesos : los curas parro* 
coa e^dieron certificados de que no le hablan dado 
sepultura ea sus parroquias (puede verse uno de ellOB 
en la Gaceta del 6 de diciembre de 1841): finalmente, 
Oribe escribía ¿ Arredondo, gobernador de Córdova : 
t( Be mandado hacer activat pesquüas $obre el lugar 



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— Mí — 

donde está enterrado el cadáver para que fe corten ia 
eabeaa y me la traigan/ » 

Esta persecución de caníbales dio margen á uno de 
los mas bellos episodios de nuestra historia contempo- 
ránea, y no podemos resistir al deseo de copiar una 
nota de la obra del señor don Andrés Lamas, en cpie ha 
consignado un hecho tan memorable y que por sí solo 
hace la apología de nuestra causa. 

« Una de las acciones mas hermosas de esta guerra dé Quince 
añosi tan rica de beroismo y sacrificio por una parte, como de 
abominable barbarie por la otra, es la defensa del cadáver del 
general Layalle. Es una acción digna de la mas alta y religiosa 
epopeya. Pero ante ese puñado de bravos escapados á la muerte 
en los campos de Famalla, que se detiene en los limites de su 
patria y los cierra con su sangre al paso de cuadruplos enemigos, 
de esos soldados que caen y mueren alli sirviendo de «acudo al 
cadáver de su general, que luchan con brío indomable y se sacrir 
fican con júbilo, solo para que ese cadáver tenga tumba cristiana 
en la tierra estranjera que va á servirle de asilo; que ofrecen su 
sangre y sus cabezas á la rabia de ans enemigos, solo para que no 
profanen la cabeza de su muerto general... ante ese espectáculo 
de heroica piedad, Oribe y sus compañeros de crimen no sin- 
tieron ni enervado él brazo, ni conmovido el pechó, ni enalteMa 
la mente, ni ennoblecida siquiera la palabra..* 

» Esto muestra al hombre, lo maestra todo entero. Bs mode 
esos hechos que son una verdadera autopsia moral. » 

» t!n el momento que supo Oribe que habia caido sin vida el 
Vftliénte soldado de Maipú, Ghacabuco, Pasco, Rio Bamba, ^ 
olüncha, Bacacay, Y^bal, ltuzaingó,el soldftdo dé la independoií* 
eia de cuatro repúblicas, mandó peraeguhr wa cadáver cOñ tth 
camizamiento,y que se arrancase á la tierra aquella noble cilieMí 
si la tierra la habia acogido en su seno ! » 

Lfikres los despojos humanos dd general Layalte en tiem bo« 



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— IM — 

UviMa, por el heroico saeriMo de los ¡MtrioUs que k» eotlOH 
diabao (1). Oribe en M despecbo reclamé la eétrtOUi&lkáatiq^ 
Üos restos. El general Urdí menea rechazó con horror tan alroz 
proposición. (Apuntes históricos,— Nota 34 J 

Los artículos sigoientes de tres decretos de lod intru- 
sos gobernadores de Tucuman, Catamarca y Corrientes 
j^onen el sello á este cúmulo de horrores : 

El artículo quinto del primero dice asi : 

foáes he argentinos eetáñ autoriMaéet á quitar ta Ma á Üm 
smpraUHdoa en el amerar ttrñeute (á lot unttMlM, m éMti^ i 
lodos los enesDigos do Rosos) m enalpiihr ktgar M isrriloHo 
de la República, etc. 

£1 segundo es mas esplícito : ved como se espresa : 

c Considerando que es un crimen el mirar á los maWados &- 
duerósoi con clemencia, etc. 

Art- i* Quedan proserltos para Hámpre y fimm da la iéi^^ 
todos los individuos de uno y otro seio qa» so hallan alistadlo 
en las filas de las dos divisiones de bandidos y malvados salvages 
inmundos unitarios. 

Art. ^ Son comprendidas en el artículo anterior todas las 
personas de uno f otro sexo que hubiesen cooperado y prestado 
OQ infloencia á los perversos asestadores del órdea aetuit 

Art. 3** Será igualmente cmnpreiidido ea ol art i*" todo aqoot 
<|M auxiliase, protegiese ó escondiese á alguno de los di^ertoa, 
etc., debiendo necesariamente dar parte en el acto que llegaee á 
su noticia^ al juez ú oficial de su departamento. » 

El de Corrientes afiade : 

Art. 3* Todo el que mantuviese correspondencia con los ante- 
dichos, ó á favor de estos implorase la elemeicia del foMmOt 
ó por aigtm modo u le probase adhesión á ellos, son incursos en 

(1) Habiendo ompeudo á apoderarse la oorrapdoa dol cadi- 
vor, k> descarnaron y se repartieron sus huesosi que depositaron 
luego en la iglesia de Mojo, primer pueblo de BoliviOi donde 
llegaron. 



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— 224 - 
la misma pena. (Véanse las Gacetas del 29 de enero y 20 de se- 
tiembre de ÍU% y la del 20 de abril de 1943.) 

És preciso remontarse ¿ la época mas ominosa del 
terror en Francia para encontrar ejemplos de un en- 
cono tan profundo y refinada crueldad, y dudamos que 
en los anales de pueblo alguno se encuentren aberra- 
ciones tan tristes como las que hemos presenciado en 
esos dias de dolorosa prueba á que el Altísimo en sos 
juicios impenetrables ha qua'ido «yetamos, sin dada 
para expiación nuestra y escarmiento de lá generaciones 
venideras. 

Entre esas aberraciones hay algunas que nos sofoca- 
rian de risa, si no nos ahogase la indignación al consi- 
derar la perversa intención \iue envuelven : hihabüitar 
al vencido para enajenar sus propiedades ó traspasadas 
con falsas escrituras á manos estrangeras. 

Tal es la índole del decreto que á cohtinuadon inser- 
tamos, decreto redactado por el mismo Rosas, según 
pública voz y fama, y puesto en egerdclo por el apóstata 
firaüe Aldao (de negra memoria) en ia provinda de Mea- 
doza. Su estravagante originalidad nos incita á copiarlo 
casi íntegro. Necesitamos probar que el sistema de Rosas 
es lo mas absurdo, lo mas inicuo é inmoral que se co- 
noce. Dice así el documento sui géneris y clareo del 
Patriarca de la mo^-Aorca; 

Mendozá mayo 31 de 1842. 

El Poder ejecutivo de la provincia de Mendoza : 
Considerando qae desde el principio de la lucha de los fod^ 
rales contra el bando salvage de unitarios, han manifestado estas 
últimos un desquicio completo de su cabeza, etc. En uso de las 



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- ÍÍ5 — 
laculudes ordinarias y estraordioarias qae inviste, lia acordado 
y decreta : 

Art»l* Es encargado el gefe de policia de disponer una casa 
de las del estado, para asegurar á los salvages unitarios que á sa 
jnido se consideren mas ftenótícos. 

Art 9* Ningún salvage unitario podrá disponer de mas del Talor 
de diez pesos, sin previo conocimiento de la poUda, á cuya au- 
toridad se les nombra como tutor y curador. 

Art 9* Será de ningún valor todo contrato de compra y venta, 
danacion y cesión, habilitación, mutuo, préstamo, arriendo de 
bienes, sean muebles, semovientes ó raices, que esceda del valor 
espresado sin previo conocimiento del gefe de polida. 

Art. 4'' El escribano que procediese á autorizar algún contrato 
de la calidad referida, sin una constancia de haber sido visado 
por d gefe de policia, será penado con la pérdida de su oficio. 

Art. 5** Serán declarados salvages unitarios los que resuUen 
comprendidos en las listas de clasificación, que con esU fecha se 
pasan al gefe de policía. 

Art. er Ninguna persona, sea estrangera ó de la ReptU>lica, ten- 
drá opción á reclamar sobre cualquier contrato que tenga con 
los comprendidos en el articulo anterior, sin que antes haya pre- 
cedido el consentimiento de la poUda. 

Art. 7*" No podrán servir de testigos en ningún instrumento 
público ni privado, asunto ni causa civil ó criminal, escepto en 
los casos de grave urgencia en que no se encuentre otra persona 
hábil, y después que el gefe de la policia sea certificado por un 
fienltativo de confianza, de hallarse en disposición de que su juicio 
se halla restablecido algún tanto. 

Art. 9^ Sus esposidones no harán fé en juido, sino después de 
obtenido el consenso del gefe de policia, é vfartud dd reconod-» 
miento respectivo que mandará practicar de su estado y capa- 
ddad, etc. 

Rosas á pesar de ser su autor, y á consecuencia de los 
graves cargos que le dirigió con este motivo la prensa 
de Montevideo y Chile, no se ha atrevido ¿ reproducir 



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-«fi- 
en su Goóeta edte abominable escrito, flnnado por el 
fraile Aldao, como gobernador de Mendoza, é inserto 
en el Boletín oficial de la misma provincia. 

Así por medios indirectos ó direelos ha estaUeoldo 
la oonflsoaoiofi, esa ley de loa tiempo» báii)ar08, donde 
quieht que alcanza dtt poder. Cuando ha tenido- el mas 
ligero pretesto, ni siquiera se ha tomado la molestia 
de disfrazar su pensamiento. Con estas depredacione» 
ha enriquecido ¿ sus teniente» y se ha atraído las sunp«* 
tías de la parte Inculta, viciosa y corrompida de sm 
tr^s y pardálas (1). Hé aqui el testo literal de algunos 
decreto». 

Buenos Aires 16 de setiembre de 1840. 
Aít. 1* Séf declai^ail especialmente responsables los bienes, 
mUébléS é inmuebles, derechos y acciones de cualesquiera clase 

(1) Añtefl 7 tfeftt)üé& dé lá tl(;tor¡á les bá prometido y otorgado 
mdgnffleas reeompefisaí á eosta de sus enemigos. A los ▼eitcedo*< 
r»s dé Paigo-Lárgo les concedió medallas, Utolos, etc., y adema» 
cuantiosos ganados, que representan una suma inmensa : el ejér- 
dto constaba de iO,000 bombres. £1 artículo 9 del decreto á que 
dos referimos dice así ! 

« Be lúe haóienáas qué fueron de los éálvages uríumos eñ la 
éObfóderacion, se concede al géneriil en gefe de dicho éjérdto 
S,000 cabezas de ganado tacuno y 3,000 lanares. A lo» genérale», 
2,500 vacunas y 2,500 lanares. A loñ coroneles 1,SI00 tacnna» y 
iJHOQ lanares. A los téniantea coroiiciaa, i^OOOmcuDas | i^OOO 
laiMurea* A los mayores, 000 vacuna» j 600 laaarati A lo» ci^-- 
ianes^ 400 vacunas y 500 lanares. A lot lenitntea, 900 vaceAM y 
400 lanares. A los alféreces, 200 vacunas y 300 lanarea* A lea 
sargentos, 100 vacunas y 200 lanares. A ios cabos, 90 vaauM» y 
180 lanares. A ios soldados, 50 vacunas y 150 lanares. 

Ari. 12. Los indios amigos gozarán según $us ciases, de los 
óüsmos premios bonoríficos que acuerda esté decreto. 



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— M7 — 
qm MN^ en la ciadad y eampafia porlMedeatea á loa. tiiidares 
saWagc» uniUrios, á la reparación de los q^iebrantos causados m 
las fortunas de los fieles federales por las hordas del desnatu- 
ralizado traidor Juan Lavalle, etc. 

Siguen las mismas disposiciones que en el anterior, 
tocante á escribanos, ocultación, etc. 

TütotfAN % del mes de ttoiOB (octubre) dé 184!. 

il gobernador j capitán general de la protinda de TuMIftii, 
eoiisiderando, ate* 

Art. i*" Quedan ocupados todos los bienes, muebles, raicü y 
semovientes en esta ciudad y campaña, de los salvajes unitarios, 
tecinos ó naturales de esta provincia, etc. 

Art. 8* Una comisión de cinco individuod procederá i ttottbrar 
Mlvldualmente los prófugos y Á aplicarlas la pasa utAbliOlda 
«B el artículo anterior. 

Art. 3° Esta comisión procederá á la clasificación de loa lál* 
vages que con el disfraz de la federación residen en esta ciudad 
y su campaña, después de baber cooperado con su influjo y por 
Obra á íbmeutar la guerra contra la federación, etc.^((!r9Mto 
^1 99 dé enero de 4843). 

Y no se crea que estas rauzias revestida» de dierlo 
colorido de legalidad, se encaminan únicamente al dM>- 
pojo de las posesiones 4 bienes de alguna importancfai. 
En los periódicos de la confederación, os muy frecuente 
«neontrar avisos como este ; 

Ranate por 1. 1. Arrióla, fin la onUa de tajan r iO. Hoy juévas 
31 dal corriente a las diez de la mañana, da orden del señor juez 
de primera instancia, se rematarán á la mejor postura las exis- 
tencias de dicho cuarto, que pertenecieron al salvage unitario 
Pedro Ecbenagusia (1). (Sigue una relación de muebles y ropas 
4e use que no titea seta Aaravedlaes.) {Q9Cí$a dal 8i de dietom> 

imd^iSIO.) 

• 

(i) Degollado por la mas-horca en las calles de Buenos Aires 
el 9 de octubre de laiO. 



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— M8 -^ 

Si Imyendo de la ensangrentada arena de la poMtica, 
donde se revuelcan víctimas y verdugos cubiertos de 
fango hasta la garganta, nos refugiamos en el hogar do^ 
mástico, I cuánta miseria, cuánto vilipendio, cuánta de- 
gradación!... La muger, su ángel guardador, su divi- 
nidad protectora, manchada y envilecida en las continuas 
orgias y bacanales del déspota, ha trocado su misión 
de paz y consuelo por otra de venganza, ludibrio y bu- 
millacion. En las Gacetas correspondientes al 25 de fe- 
brero y 25 de marzo de 1843 se registran los nombres 
de 32 mugeres, algunas de ellas señoras á las que se han 
pagado gruesas cantidades por servicios estraordinarios^ 
palabras que en boca de Rosas significan libertinage, de- 
lación y soborno» 

Lejos de nosotros la idea de escarnecer al bello sexo 
ai^entino ! narramos un hecho con las pruebas en la 
mano. Esas infelices son mas dignas de compasión que 
de desprecio. No sabe el mundo todavía cuánto ha tra- 
bajado Rosas y con qué brutal tenacidad se ha emptíiado 
en poner en contacto á la parte mas rica, mas inteli- 
gente y noble de la sociedad con la escoria de ella. Ha* 
lagando los instintos de la plebe, se ha conquistado su 
benevolencia. El y su hija Manuela han sido los primeros 
en contaminar á los demás con su mal ejemplo. En to- 
das ó en casi todas las festividades públicas y privadas 
se han reproducido escenas parecidas á esta : 

«Gran porción de vecinos se reunió en la casa contígua ala 
del juez de paz, donde fué servida con abundancia carne con 
cuero (1) : concluida la comida, se formó del contento general la 

(1) Y alnindante vino carlon, debemos añadir. 



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— 229 — 
mas federal y republicana danza en el palio de la casa del juez 
de paz, adoptando nuestra alegre mediacaña por baile, la que 
era tocada por la música restauradora : en esta danza aceptada 
unánimemente por todos, no quedó nadie sin bailar, pues todos 
entreverados no se conoció distinción. La señorita doüa Manuelita 
de Rosas, digna hija de nuestro ilustre restaurador, y la respe- 
table familia de S. E. dieron realce con su presencia, etc. (Gaceta 
del 10 de Agosto de 1839). 

¿T sabéis lo que es la media^cañal.*. una danza nada 
honesta que solo bailan en público los negros y las mu- 
gercillas de vida airada ; una danza en la que se recitan 
coplas por el estilo de esta : 

< Al que con salvsges 
Tenga relación. 
La verga y degüello 
Por esta traición , 
Que el santo sistema 
De federación , 
Le da á los salvajes 
Violin y violón (1). 

Caligula se hacia tirar en un carro por mugeres des- 
nudas : Rosas ha hecho algo peor que eso ; pero en la 
imposibilidad de probarlo, nos limitaremos á transcribir 
uno de sus caprichos que se parece bastante al del im- 
bécil emperador romano. ¿Quién no ha oido hablar de 
las célebres fiestas parroquiales , en que su retrato fué 
paseado en triunfo por las calles en un carro ad hoc por 
los primeros dignatarios y las principales señoras de 
Buenos Aires y colocado en los templos , al lado de la 
imagen veneranda del Señor de cielos y tierra ? . . . Ah{ 

(1) El violin y violón es una frase que significa degollar, in- 
ventada por Haríano Maza. 



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-f so- 
fá cBt parraflto de od largo nstíaúo qm t€a«BM á la 

vista : 

Luego que el ieñor iaspeclor general difuso la retirada del 
retrato f empezó la marcha en el mismo órd^ » siguiendo la co- 
lumna por el espresado arco principal y de este por la calle de la 
Reconquista basta la casa de S. fi. Al salir de la fortaleza el acom- 
pañamientOy se empeñaron las señoras en conducir el retrato de 
S. E. TIRAN Bo DEL GARRO que alternatÍYamente hal^ian tomado los 
generales y gafes de la comitiva al condccirlo al templo, etc. 
(Gaceta ddl 19 de setiembre de 1839.) 

Así ha convertido los altares en trípode de sacrilegas 
profanaciones : asi han subido al pulpito los sacerdotes 
para inocular en el pueblo con su palabra santa la escla- 
vitud y el baldón. El impío ha sido deificado por los 
mismos que debieran anatematizarlo. Leed, leed: 

« Asi que regresaba la procesión al templo subia al pulpito el 
padre presidente fray Juan González^ y enseñaba al público la doc- 
trina y enseguida predicaba un elocuente sermón, en el que á los 
feligreses después que los exbortaba, baciéndoles ver, que si era 
justo amar áOios Nuestro Señor, que del mismo modo lo era amar» 
obedecer y respetará nuestro actual gobernador, á nuestro ilustre 
testfturador de las leyes don Juan Manuel Himas, ete« — (Qacata 
del W octubre de ia39.} 

) lAtenaatot! -^ esclama el cura vicario de la Guardia del Salto, 
refiriéndose á los unitarios en un oficio dirigido á Rosas con mo- 
tivo de una farsa ridicula de qué este se valió para bacer creer á 
SUS Secuaces 4Ue bábian intentado asesinarle^ -« i insensatos! loe 
puébloa btdrópleos de cólera os busearte por las eallaa» en ?»••- 
«fas «Mas y ea loa campos, y secando tuestroi cuellos formarían 
ima bonda balsa de vuestra sangre , donde se bañarían los pa- 
triotas para refrigerar su devorante ira \ — (Gaceta del 24 de abril 
de 1^1.) 

Gosiido a^ittOB bueno» sacerdote» m han resistido á 
secundar su obra de iniquidad, como l(»}esliitas, á quie- 



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iie$ él mismo ñamó y restituyó sus contentor , loi ha 
hecho insultar por la mas^horca, los ha encarcelado / y 
por último los ha arrojado del país. Oigámosle : 

«Los padres de la compañía de JesttS... sujetos á lá cbediehda 
de un sti|>erlor opuesto á los priutípios políticos del gobierno, no 
hati correspoodldo á las esperaníás de la confederacioii, contigo 
nadas valientemente en el decreto de su restitución. Su mirclia 
de íüsion opuesta ai sentimiento federal , desagradáis altamente 
mucho há la opinión pública contenida por los respetos del 
gobierno. Pronuncióse después fuertemente, etc. (Mensí^eálá 
tOf legislatura.) ^(Diario de la urde del 8 de «néro de IM.) 

Pero esto no bastaba : también sus maflos implas se 
han teñ'do con la sangre de los ungidos del ScKor. 

El 10 de mayo de 1842 fueron fusilados en los Santos 
Lugares (i) con otros ciudadanos distinguidos cuatro t«^ 
nerables edesíáSticos, los seSores cura don Francisco 
Solano Cabrera de CórdOva, don Manuel Frias de 61 años 
de edad , vicario de la provincia de Santiago durante 
<4 afios ; su hermano don Felipe Frias de 56, y don Gre- 
gorio Viliafalie de 75. Estos eclesiásticos antes de moHt 
fueron desollados en la corona y en las manos y á pte- 
testo de degradarlos de su carácter sacerdotal !!t 

Rosas niega la desolladura, pero confiesa el hecho. 
(<}aeeta del ü de julio de 1843.) Dice que los mandó 
matar por crimenes horribles .* lo de siempre, cuando se 
vé confundido, cuando no encuentra otra salida, acude 
siempre á esa infame calumnia. Y Dios consiente todavia 
á ese hombre sobre la tierra ! 

¡ No mas !. . . la pluma tiembla y salta del papel hON 
rorizada . . • bastan y sobran esos hechos y esoa docomen- 
' (i) Campamento de Rosas á dnco leguas de Buenos >ires. 



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^ 232 — 

tos para probar lo que hemos avanzado. El sistema tan 
cacareado del eminente político, del Washington de la 
América del Sud como le llaman sus torpes aduladores, 
es solo un sistema de sangre, de decepción, de violencia 
y embrutecimiento. Esos hombres á quienes enriquece 
con los despojos de sus victimas, unidos hoy á él por los 
dobles vínculos del crimen y la propia conveniencia, se- 
rán los primeros que le abandonen en cuanto empiece á 
eclipsarse su estrella. — Napoleón que valia algo mas que 
Rosas, cuando sonó la hora de la desgracia se vio trai- 
cionado por los mismos á quienes habia sacado del polvo. 
Los instintos plebeyos del gaucho oculto bajo el uniforme 
de capitán general, su mal entendido amor á la democra- 
cia, su odio á los estrangeros, encuentran eco en las tur- 
bas que do quiera se complacen en huihillar á las clases 
opulentas é ilustradas ^ pero á las turbas se las arroja 
con la victoria en el buen camino, y se las enfrena como 
al mar con sus propios diques : es ley providencial que 
el arte domine al número, y la inteligencia á la fuerza 
bruta. 

Las circunstancias favorables del pais, la violación de 
los tratados, el profundo conocimiento de nuestros hom- 
bres y nuestras cosas, los mismos errores y desaciertos 
de sus enemigos, y la casualidad , el destino, el ángel 
malo que siempre ha tendido á Rosas una mano salva- 
dora, cuando ya no habia esperanza ni salvación para 
él, le han permitido entronizar su despotismo de una 
manera estable y deslumbradora para los gobiernos de 
Europa, que solo ven el brillo del poder organizado. El 
terror que han inspirado sus atrocidades y repetidos 



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— 233 — 

triunfos se ha hecho universal, y el terror es una enfer- 
medad endémica, contajiosa, que obra mas prodigios cpie 
la virtud. Ese es el secreto de su larga dominación. Los 
pueblos aislados, privados de toda garantía, de todo re- 
fugio, de todo apoyo, pierden su natural altivez, se de- 
gradan, ó mejor dicho, siguen el torrente de los sucesos 
que los arrastran en su carrera, y hasta se baten y mué* 
ren poruña causa que detestan en el fondo de su alma. 
¿Eran republicanos, eran voluntarios por ventura la 
mayor parte de los soldados que formaban los ejércitoa 
franceses en tiempo de la convención, cuando la Europa 
entera se desplomaba sobre la Francia? ¿Cuando mil 
guillotinas se elevaban á un tiempo en todas las ciudades 
y aldeas , teñida^ con lat sangre de sus padres, herma- 
nos, deudos*y amigos?... Y sin embargo, esos mismos 
soldados triunfaban en Jemmapes y en Fleury8,y la Eu- 
ropa retrocedía ante ellosUena de asombro y admiración. 
Rosas, pues, que ha lanzado siempre sus legiones en 
una haz fuertisimamente ligada por el terror y el cebo 
del botm, ha vencido hasta ahora á sus adversarios, que 
no han sido capaces de deponer en aras de la Patria su 
sistema particular, y que en vez de aunar sus esfuerzos 
contra el común enemigo, han pretendido ¡ loca ilusionl 
hacerle la guerra separados, cada uno por su cuenta y 
riesgo. Así cayó Beron de Astrada, Lavalle, Lamadrid, 
Rivera y todos los que han luchado contra él. Sus in- 
mensos elementos se dispersaron é inutilizaron faltos de 
un centro de acción revolucionario. Esta es la verdad : 
el individualismo los perdió , y ha llegado el tiempo de 
proclamarlo en voz alta. 
• 



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— M4 - 

Por torton IniloB deíaatres haa becbo al fin alwir los 
0)0» i lonquii eombatOD el despotiamo absurdo y asüao- 
Olal doHoata, ODyoBpodoroaoi rooortos oe ban gaüado 
jfftOBOStasaiigrfeilUypcolODgadahicha, yoamypro- 
bablo 400 OH la noova orando ^iie la oitilitaoion ba lo* 
ftmado eOQtra A, dotafiareieaparftaieBiprodola oaooM 
poMttcaydoliiiaado. 

Bato 08 lo qoo probofemoa on otros articuloa á la ka 
de loa beehoa y do la noon* El reinado del mal no oa 
flt puedo sor elonio. Dios oonaionto pero no para siempre. 

VII. 

LA REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY: ORIGEN DE LA 

GUERRA actual: RIVERA, ORIBE T ROSAS, 

{Publicado el 26 de Julio de ÍB81.). 

La República Oriental del Uruguay, aunque pequeña 
relativamente á otros £stados de América (1), es uno de 
aquellos países destinados por la Providencia á formar 
una grande y poderosa nación. Situada en una posición 
topográfica, como pocas en el mundo, lindando al Nor- 
te con el Brasil, al Este con el Océano Atlántico, al Oes- 
te con las provincias argentinas y al Sud con el Rio de la 
Plata; dotada do un clima meridional, y rica en produc- 
ciones de los tres reinos; cortado en todas direcciones 
8tt feraz territorio por ríos tan caudalosos como el Uru- 

(I) Ttsné 19,000 legoM eliadraéas 7 consu de misire diiMCOi* 
menioiy que llevan el nombre de sus respecÜTi^ capitales, á sa- 
ber : MonteTideo, Canelones, San-José, Colonia, Soríano, Paj- 
sandú, Cerro-Largo, Maldonado y Enlre-Rios, Yi y Negro, qae no 
debe eonfundirsé con el Entrégalos, provincia de la Confedera'»' 
clon Argentina, levantada hoy en annaa eoatrt ROflls. 



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— «35 — 
guay, el Yi, el Negro, el DlÜmftD, ü Arapey, el Cebolla- 
tif el Cuarehim y m% afluentes, cuya direedon marea, 
áifidiendo tus aguas y nuaüflcáudosa ea nmltiliiA debia^ 
£0S, la Cvehilla-Grafide^ ramal délos Afides y el rasgo 
maspreemiüente de nuestro pais, al que onua de N<»te 
é%ñá, y que hace mas importantes i eios rios^ todavf ano 
surcados por el hombre, pero que algún día esteuderán 
su benéfica influencia en propomones colosales á la 
agricultura, á la industria y al comercio, --fuentes de 
la riqueza púbUeá y privada,*^a República Oriental jEkie** 
ra ya un coloso de prosperidad, si el genio de la barbarie 
y déla guerra no esterilizase con su aliento las semillafi 
fecundas del progreso que espontáneamente brotan de su 
seno, despedazado sin cesar, ora por el hierro de sus 
propios hijos, ora por la codicia estranjera. 

Desde 1810 la sangro ha enrojeddo los campos y lia 
ciudades, las llanuras y las montaflas ; el resplandor de 
las llamas ha iluminado nuestras glorias y nuestras mi* 
serias, y el estridor de los sables, el silbido de las balas y 
el trueno délos cañones ha ensordecido la tierra, desde 
las márgenes del Plata bástalos confines del Brasil, des« 
de el Uruguay hasta, el Océano... £1 periodo mas largo 
de paz que hemos tenido apenas llega á dos ó tres anos. 

Para formarse una idea exacta de la belleza y de los 
imnensos recursos que encierra este hermoso pedazo 
del Edem americano, es preciso haber cruzado sus vastaa 
soledades, sus canipos desiertos, aunque pobladoá defn^ 
numerables rebaños, una tarde de enero, cuando el sot 
desaparece tras um cuchilla (1) dorando con sus <Utl* 

(1) Pequeña moittafia ó serrezaelá. 



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— 236 — 
mo8 reflejos los bosques del Daiman ó el Rio-Negro que 
se pierden de vista, en tanto que la brisa, cuyas alas se 
han peritamado en la fragante cabellera de virgeoes sel- 
vas tan antiguas como el mundo, agita suavemente kis 
ergaiáñs palmas^ los sombríos sauces, laureles y saroñ- 
dies que crecen á orillas de los nos, confundidos con 
los rastreros membrillales, los aromáticos salsafraee» de 
hojas plateadas y copa en forma de bóveda, los espi- 
nosos aromas, los seíde» de encamadas flores, los cor- 
pulentos guaya/canes, los densos guaviyús^ los frondo- 
sos molles^ que ostentan agrupadas como un racimo sus 
flores de color amarillento, y el alto y flexible caroM" 
Mu, cuya» estremidades están defendidas por largas es- 
pinas^sasi tan duras como el hierro; mientras en una emi* 
nencia, al pié de un valle, en una quebrada ó al confei 
de una llanura, como avanzado centinela se levanta, so« 
litarlo é imponente, el jigante de las selvas americanas, 
el magestuoso ombú, velado en su daro-oscuro man- 
to... Es preciso contemplar esta natoraleza magnifica, al 
lánguido fulgor de una alborada^ de una nodie de diciem- 
bre, cuando los primeros vislumbres de la aurora ó de la 
luna vierten sobre ellasu roció de plata. Nunca una des* 
cripcion pálida podrá definirla tal como es. Los sonidos y 
las palabras mueren al llegar al oido; nada pintan, nada 
revdan, se necesitan volúmenes yhoras enteras para des- 
cribir un paisaje, y no todas las veces se consigue; al 
paso que una simple ojeada sobre loe cuadros sublimes 
de la creación, graba para siempre con caracteres de Ale- 
go en nuestra mente su animado trasunto, sus peregri- 
nas imágenes, su recuerdo indestructible... 



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— «at — 

Nos domina el seiktimiento \ habla eloorazoD, y es 
fuerza que reflexiose la cabeza. 

Para que se juzgue hasta donde llegan los ineslingui- 
bles recursos de ese pais, para que se vea lo que se pue- 
de esperar de él solo eon dejar hacer ^ vamos á exhibir al- 
gunos hechos que, con el fiio y mudo pero irresistible 
lengw^e de los números, lo ponen al alcance de todos^ 
Tomamos estos datos de un folleto publicado en Paris en 
1845 (1) y de unos eitados insertos al fin de unos c^prnu- 
te» históricos sobre el sitio actual (Uontevideo 1844).por 
el señor Wrigh, relativos á las adnúnistraciones de lUve- 
ray Oribe. 

A fines del año 38, después de una porfiada lucha, 
que duró mas de tres años y de la que nos ocuparemos 
«n breve, fué vencido Oribe y oMigado á abdicar el po- 
der. El general Rivera subió por segunda vez á la pre- 
tienda. 

Lastimosa, tristísima, muy semejante ¿la actual em 
la situación del pais ; agotado el erario, sus rentas em- 
peñadas , desvastada la campaña por el ejército legal lo 
mismo que por el constitucional ; destruida la confian- 
za pública, holladas las inmunidades, monopolizado el 
comercio, interrumpidas las relaciones con las repúblicas 
vecinas... y sin embargo, bajo la tolerante, y nada mas 
que tolerante administración de Rivera, la capital se en- 
sancha y dilata hasta fcnrmarse á estramuros una nueva 
ciudad que se confunde con la antigua, pues se alzarm 
QUINIENTOS DOS KDfficios 5 «1 mcuos de tres años acu* 

(i) Le Rio de la Plata, por A. Delacour, fundador y redacior 
del Patriota francés de Montevideo. 



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dw imimtn$ pteyat Tforricoiei» wl titraiitros; el 
pastoreo y las faenas raralest ademas de sidiv^Kf e^w^ 
davtMMiteálas meendade» mteFiores,eQYia&al este- 
rtor stts prodmtos por talor de vsiNTiDoa mbLOiiBa euá*^ 
TtMinrroe tus uih ma»cmffo$ wtwta y cmo pesos 
Aiartei, tres reales» yentcao eala rada deHonteYideo 
fioa mt ocffltocoBNfoa v»iitígisgo bncpies i (1). 

Los datos suministrados á M. Delaeoor por don Gottr 
ftdoHueker, empleado superior de la Aduana de Unir 
teiideo (2)vpresentan un resultado no menos satisfai^ 
toiio.*'«««AIUse prueba con ese mismo Idn^iaje do los 
numerosa que son tan aficionados los estaáistaa enroo 
peoa, qaeel eamereío de la Inglaterra oon Montovideo, 
i pMur de lai triste» eireunstancías aetualea» so elen^ 
«mudraaote k vBmn lauoiom defiranoos, y el deFtan^ 
eiaáiiiBCT oqbo (3). 

¡Y el paisen que con tales condiciones devida^tit^ 
binado y aniquilado por la guerra y las disoordiaa dvi- 
lee, ofireee tan serprendM^es resultados, as^samentt 
<menta 380,000 habitantes!.., MeiM» que cualquiera 
^ovineia de E^pafia. 

(i) Tal 69 el resultado que de si arrojan los referidos estados 
que solo abrazan el trienio de 1840 á 1842 y que se refieren úni- 
esmenteá la capital. Su autor el señolr don Juan N. Madero, los 
ha foroiado teniendo á la vista los libros de la aduana, de la car 
pitania del puerto, etc. Compárense con los que presenta relati. 
vos á la administración de Oribe (Est. V, VI y VIH). Y se verJ 
eeán infalible es aqoeUa máxiina de los economistas, de que íoU 
em Hei9f hacer ^ ééjar pa$ar, se realisan prodigio en kw países 
verdaderamente ricos. 

(^ Folleto dtado pág. il9.~ 

(8) Pág. 124. 



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-2» — 

nido Bueediendo hasta crear ]g ÁtiMieiQi} W 4ü klif 
QM tncMtriflKíe. 

£1 1<» demttrzQda íUiügmmA úwVUmiú Oñk» 
ftié dkgido iffeiidQiite d» tat R^públiet. £1 geswd éa 
Frucbíoie Rivera acababa de tenaunar au período cenrtí» 
tocional, y preató auleai apoyo y próteceioii 4 Odbe p»* 
ra que le reempUuaee. 

Ocfte, que aíempra aUmaotó contra él\ioa eaifídja 
büja y mili, porque siempre se haUa wiito wipeditada 
por eu preetigio ó influeoeia» al poco tiempo deaaeio* 
fM¡« al poder^ erey4 eoirreiiieDte d^abaeeiie de io Ifo» 
cenas, y con este objeto envió una cuadrilla de naftfi 
cfemeaáqueloaaori^aeetteiisa eftonetedelKieN^Bro, 
donde se encontraba á la aaxoB. 

Bieapado nnlagrosainente per entre la balas de loe 
asesime, merced á su proeescía de ájiiiio y arrojo» hin 
Msaseasilóá los bosques, y allí si^o que Oribe daiti- 
tiáaé sus partidarios, desterraba á mi anugoa (1) )« 

(t)Etiltt8tNlHTsAfttia, lo» VardASy ddedsr Alsia* y om^ aHM 
etes persoMi soubies, partAaecMsiss «1 partido unitsrie 4fm 
se hibim asilado en Montevidso, fueron vioUntameote dester- 
rados al Brasil por Oribe á instancias de Rosas, que desde mucho 
tiempo atrás, -—desde i830,— pretendía que no se debia dar 
hospitalidad á los proscritos por él, atenía la gratitud y lo9 imte^ 
ra$e$ eómunei i¿ Isi pudflit del Plata, Soa piUiwaa tastualss 
de usa nots de su ministro Anchoraw al gobierno oriental foche 
20 de setiembre de i 830, publicad» en los periódicos deMonte- 
Tideo j Buenos Aires. Rivera se negó siempre á conyertirse en 
instrumento de la saña de Rosas, y este es el origen del odio im* 
placable que le profesa. 



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- 240 — 

declaraba traidor, y estaba en secretas negoelaetoBes 
eon Rosas ]^a anularle é incorporar la Banda Oriental 
á la República Argentina. 

Muchos errores y desadertos ha cometido el genial 
Rivera en su larga carrera poUtica, y sus defectos no son 
poeos; peronadie le negará un patriotismo á toda prueba 
y una alma noble y generosa. Ha derramado su sangre 
desde la edad de quince años, combatiendo por hi indor- 
pendencia del suelo que le ylé nacer, y los leones de 
Castilla, los leopardos de Albion, las quinas de Portagal, 
las estrdlas del Brasil, y todos los pendones de los Es- 
tados vecinos, se han humillado mas de una vez ante la 
bandera azul y blanca que él tremol8d)a en su robusto 
brazo. 

Rivera no pudo ver con indiftoencia ni la ingratitud, 
ni los desmanes, ni los proyectos maquiavélicos de Ori- 
be, y el 16 de julio de 1836 se alzó en armas contra él 
declarándole traidor á la patria y á la Constitución* 

Sus fieles gauchos y sus mimerosos parciales de todos 
los puntos de la República acudieron al grito de su anti- 
guo general, y después de cuatro sangrientas batallas 
con fortuna varia, el tercer ejército de Oribe fué com- 
pletamente deshecho en las Puntas del Palmar el 15 de 
junio de 1837. 

De nada valió á Oribe la protección de Rosas; el país 
enmasa le rechazaba. Encerrado con algunas fuerzas ur- 
banas dentro de los muros de Montevideo, tuvo al fin 
que capitular. Celebró una convención de paz á media- 
dos de octubre de 1838, abdicó el poder, y se trasladó á 
Buenos Aires. 



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— SMJil — 

Su rentmcia y aceplwáon por ln oBaiublea genmd 
emvecada ai efecto, est&ii otoedbidaa en éétos térmiiids : 

Coüfcftddo el i»fwtdeiite de 1» Ile|»tiillei qUe ni pcrakiñflÉcili 
«9^61 siando es el único obsiieulo cpae se preeenú p^stk velfer 
á la misma la quietud .y traoquilidad de que tanto necesita, Tie^ 
fié Aflte V. H. á resignar la autoridad que como órganos de la 
Mdon le habelij confiado. No es en esté instante útil ni decoroso 
eitttr «Q li ei[>Ucael<ni dé Ud causas que íe obligan á dar eáté 
piae^ y debe bMtards Mber» ccímo lo sabel», que asi le éxi^e el 
sosiege del país y la consideración de que los sacriiieios persona- 
les son un holocausto debido á la conveniencia general. Dignaos, 
honorables senadores y representantes, admitir la irrevocable re- 
signación que hago en este momento del puesto que he desem- 
piiido, y e4»ieededikie ademas, como á los ministros que quie- 
nsk mtgftín^; ilm Uceneit temporal para separarme por algún 
tiMMpo d€i paiey que asi le aeomsiia iniestva poficioa. Honorable 
asamblea general* — Manuel Oribe* 

BlSoiadéylft 0te*ra de represientantei de la Képúblíeü 
Orieotal del Uruguay, reunido» e» asaiid>lea genenl, deeretm : 
hxLy Admiteshe la resignación que hace del cargo de presidente 
de la Repúblicjk el brigadier general don Manuel Oribe.— Art. 3° 
Se concede al señor ex-presidente de la República y á los cíü- 
dadaoM qtíe han sido sus ministros, licencia para salir del ter- 
iMém por el tiempo que lo creyesen necesario^ ete. 

MffigdéSé ahora con qoé derecho se fHuIa Oribe prisU 
Ú§Mé legal dé la RepAhlica del Uruguay^ el traidor 
Oribe que hasta ha dejado de ser ciudadano de ella, por 
él art. IV del cap. IV de esa Constitución que invoca, 
admitiendo empleos y honores de un gobierno estraño; 
y véase también la justicia y buena fe con que su oficio- 
so amigo don Juan M. Rosas le proteje. Fuerza i 



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— 242 — 
venir que htti naddo d uno pura el otro. Gontinaeinos. 

Rosas reeibió muy inal á Oribe: este, en su concepto, 
habia tenido poca fibra y no habia querido s^uir al pié 
de la letra sus instrucciones-, y en honor de la verdad 
debemos declarar que el ex-presidentey aunque antes, en 
la guerra con el Brasil, se habia distinguido por algún 
rasgo de crueldad con los prisioneros, no se mandió 
en el periodo de su mando con ningún crimen. El tra- 
to de Rosas y la desgracia le ftaeron fatales : pronto ie 
veremos convertirse en el mas sanguinario de los pro- 
cónsules del Dictador. 

Elegido Rivera presidente por segunda vez, aceptó (1) 
la guerra que Rosas le estaba haciendo embozada y tran 
doramente desde 1830. Rosas le contestó lanzando del 
otro lado del Uruguay el 28 de jidio de 1839 un ejército 
de 7,000 hombres; ejército que á pesar de haber sor- 
prendido al nuestro en lanutdrugada del 29 de diciem- 
bre del mismo año, fué batido y deshecho en los campos 
inmortales de Cagancha por algunos escuadrones capi- 
taneados por Rivera, por intV quinientos hambres, úni- 
cos que no se aterraron en la sorpresa. 

El general Rivera, como Artigas y Quiroga, es un tipo 
de esos célebres guerrilleros americanos, acostumbrados 
¿ vencer á sus enemigos con fuerzas tres ó cuatro veces 
inferiores. Pocos cuadros de infantería, aun siendo eu- 

(1) a La República Oriental se honra en declarar que ella no 
lleva, sino que contesta la guerra : su rol es, pues, enteramente 
defensivo, aun en el caso probable de tener que invadir. » — 
(Manifiesto de guerra publicado en Montevideo el il de marzo 
de 1830.) 



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— 243 — 

lopea^ han resistido las cargas de sus ginetes: los escua- 
drones á cuyo frente se pcme, ó quedan tendidos en el 
campo ó triunfan. Su serenidad, su audacia, el entraña- 
ble afecto que le profesan sus soldados, y las breves pe- 
ro enérgicas palabras que les dirige, antes y en los mo- 
mentos de la pelea, les obligan á hacer prodigios de 
valor. En Ywmiujá con 700 hombres venció á Oribe que 
llevaba 3,000, y la batalla de Gagancha, ganada por ese 
puñado de valientes cuando casi todo nuestro ejército 
huia en alas del espanto, es uno de los laureles mas es- 
pléndidos y bien ganados, de los muchos que ciñen la 
frente áA vencedor del Rineonj SmUi-Ana y Guakguay. 

No por eso Rosas desistió de sus proyectos : los atpla- 
lé para mas tarde. Puso á Oribe b^jo las órdenes de Ló- 
pez, gobernador de Santa-Fe, y le envió al interior de la 
República Argentina á pelear contra los que él llamaba 
unitarios, pero que no eran mas que infelices cpie se re- 
velaban contra su salvtyetirania, y tan satisfecho quedó 
de este primer ensayo, que álos pocos meses le nombró 
general en gefe del formidable ejército que reunió en 
Coronda. 

Oribe, como todos los instrumentos de un poder san- 
guinario y feroz, como Fouquier, Tallien, Gamot, y de- 
mas procónsules y miembros de los comités en la época 
del terror, correq^ndió dignamente á la confianza del 
moderno Robespierre, y si no se escedió en sus instruc- 
ciones como aquellos, llenó cumplidamente los deseos 
de Rosas. Con cabezas humanas aseguró el trono vaci- 
lante de su amo, y con cabezas humanas erigió un mo- 
numento de oprobio ásu memoria. Remitimos al lector 



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i nuestro segundo articulo. Maza, Gonilra, Padia^, 
«tCy eitabaA á aus órdones é fleguiansusiostiruecioiiit. 

Lai proviueia» argantina» fuaron asoladaa, la saogra 
cof rió á torrentes en los campos de batalla y an las pa- 
eifieas alúdales; tres a&os duró aquella desesperada eoi»^ 
tienda, hasta que los dos ejércitos libertadores, eapita<- 
neados por Lavalla y Lamadrid, cayeron para no lavan- 
tarsa qoms en Famalla y Rodeo del medio (1841). 

El general Rivera cometió entonces la impiudanoiadf 
pasar al Uruguay, é invadió la provincia de Entro-Rioa. 

El 6 de noviembre de 1843 fuó eampletamente yaor- 
ddo en el Arroyo-Grande^ donde todo se perdió menos 
el honor. Toda la infanteria, el parque de artillería y los 
bagages quedaron en poder del enemigo. Cómoda coa» 
tombre, ftieron condenados á muerte todos los prisión^ 
ros de cabo para arribadla degollación duró tres dias(l). 

Oribe, engreído coo la victoria y al frente de 14,000 
soldados, invadió la Banda Oriental á principios de enafo 
de 1843. 

(1) En una carta del coronel don Gerónimo Costa» muy cqbq^ 
cido en Francia por su ponderada defensa de la isla de Martin 
Garda, carta escrita sobre el campo de batalla, publicada en el 
Boletín n"* i3 de Mendoza, y dirigida al fraile Aldao con fecba 
7 de diciembre, se lee lo que á continuación copiamos : 

< fil resultado de esta importante victoria ha sido <üuedar en 
el campo de baulla mas de 2,000 salvages muertos y 1,1100 prl« 
sionerQs, toda su arUlleria y material del ejército^ siendo eatff 
los primeros el titulado general Abalos, coroneles Paez, Uenei^ 
trosa, Mendoza, sobrino del Pardejón Rivera, Morello el sQcre» 
tario de tnascariUa, y mas de ciento cincuenta gefes y o/iciales 
que en el acto fueron egeeutados. » 



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— 245 — 

Pasados los i^rimeróft momentos de estopor, algunos 
esforzados patriotas en los departamentos y en la capi- 
tal dieron el grito de ¡al arma! El valiente coronel don 
Melchor Pacheco y Obes (hoy general y ministro de la 
república en París) faé el primero que en el departa* 
mentó de Mercedes demostrólo que podía hacerse cuan- 
do hay fe, patriotismo é inteligencia en los que com- 
baten por una noble causa. Declaró libres á los negros 
esclavos, organizó una fuerza de cerca de dos milhom- 
bres, y se replegó sobre la capital cuando el enemigo 
avanzaba sobre ella á marchas forzadas. 

Pronto la capital tuvo un gobierno del que formó parte 
este mismo Pacheco, alma de la heroica resistencia de 
Montevideo por espacio de tres años. El y sus dignos 
compañeros ayudados por el respetable general Paz, 
aunque desprovistos de todo, sin dinero, sin tropas, sin 
aliados, sin crédito interior ni esterior, organizaron en 
pocos días la resistencia con tanta rapidez, que cuando 
llegó el menguado teni^ite de Rosas, en vez de entrar 
con tambor batiente y banderas desplegadas como es- 
eribia á aquel, después de hacer una salva triunfal en el 
CerritOy (1) tuvo que sentar allí su^campo, porque se 
encontró con una linea de fortificación que cerraba la 
ciudad de mar amar, coronada por cíen piezas de arti- 
llería y defendida por seis mil bayonetas. 

Entonces empezó la encarnizada lucha que no en vano 
ha llamado la atención de la Europa,— aunque la Europa 
no la haya comprendido, — y que dura todavía después 
de ocho años que está sitiada la ciudad de Montevideo, 

(1) Eminencia á dos leguas de Montevideo. 



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El fiiipflr paaodeOribeía piHTtlteifitoriodi wfa- 
trf«, fué arrojar á la eireulacioa miliares de {urodaiMs 
revestida» de »u firma» amenanando pasará oiidiiUo A 
todos los unitaros'y á los que los protejiesao, si n» depo- 
nian ímnediatameote las armas y se somettan 4 m Mt^ 
ridad, que era la úoiea legitima. 

Poco después estableció á imitaeiou deRosaa em^ism^ 
nea plasific^doroa^ cuyo destino ea el núsmo que ^ d« 
laa que este creó en 1830 con motivo de su adveni» 
mianto al poder. Comisiones inicuas que no son mas 
que una parodia senrU de las famosas comlsionMi elasí« 
fieadoraa de la primera república francesa, y de laa que 
esos dos Gaines han dado el primer funesto ejemplo en 
la Ameriea del Sud. 

Enseguida espidió un adieto eeafiseando loa bienea 
de varios unitarios, medida que luego amplió á los da 
todos (1); mas tarde, otro decretando la introdueeion 
del papel moneda de Buenos Airea y au aceptación bajo 
pana de la vida; robo manifleslo y escandaloso, pues 
nadie ignora que Rosas ha falsificado maa de BMSsank 
MiULONES de pesos fuertes, y no contento con estas aspo» 

(i) Eftte decreto e^tá eYidentemente caldudo so)Hpe el de Ro«M 
que ya conocen nuestros lectores \ dice asi ; 

a Ministerio del Interior. 

Cuartel general del Gerrito de la Victoria, Julio 28 de 1845. 

El Poder ejeoiiti?o de la Repüblloa : considerando los enormes 
males (la músioa dé siempre). 

Art. i** ¿01 hienei éU loi salv^ges unit§rioi ucimíraé^^ m M$ 
el territorio 4e la Hefiública se deckiran propieÍM d^ ^«leda*-- 
(Siguen otros dos artículos haciendo estensiva la pena á los neu- 
trales ó indiferentes que no se incorporen á su ejército.) 



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— 247 — 
HicieMS, Bfeiiti^ átoda elase de eseeMs y violeneits ; 
puso los fusilamientos y degüellos á la orden del dia, y 
por último, siguiendo siempre las huellas de su maestro, 
estableció mas-horcas en todas las capitales de los de- 
partamentos ocupados por sus tropas. 

Seria interminable nuestra tarea si hubiésemos de ci- 
tar el largo catálogo de sus crímenes. Repetiríamos inú- 
tilmente lo que llevamos dicho acerca de Rosas. Para 
apreciar á Oribe basta leer la siguiente circular á los 
cónsules estrangeros : 

« Bl presidente legal de la república . 

« Cuartel general abril i'^de 1843. 

«AI^Sv. Gensül d6.<. 

« £1 qm ürma ba sido inlomudo eoii disgusto, que vvám m« 
trangeros de los r^ideixtes ^n Montavldeo eiii]^}ean nnes sa in- 
flaencia para atraer partidarios á los rebeldes saWajes unitarios» 
7 otros toman las armas en favor de los mismos rebeldes, 

«Notorio es el respeto que el que firma ha dispensado á las 
propiedades. y^ personas de los subditos de las otras naeionesy 
pgrqae^ asi se loba» aoo»«ciado Ui eivilizaekiB, la justicia y «ns 
propios sentimientos, mientras aqfueUoa. se eonservaae» en la 
esfera que les corresponde : pero e8to$ y aquellos le aeonsejan 
cifrar en un sentido enteramente contrario y vigoroso contra los 
que olvidando su posición, la pierden tomando parte en negó- 
qIm que no les perteneoen, 7a sea llevados del interés ó de 
cnilquiefA otro estimulo. 

« Por . eonsigmen te, el que finna se ve obligado i doclartr qu0 
no respetará la ^oMai d« estranger^ ni &^ los bienes ni en l«a 
personas de los subditos de otras naciones que tomasen partido 
con los infomes, rebeldes salvajes unitarios, contra la causa de 
las leyes que el infhíscrlto y las fuerzas que le obedecen sostie-* 
neo, sino cf^e serán considerados también como rebeldes safoages 
unitarios, y tratados sin ninguna consideración. 

Con este motivo el que firma se complace en sahidar al... con 



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— 248 — 
estima y oonsMeradoD. — Mmmel Oribe. — Por drden de S. E. 
Carlot G. YiUademorot.* 

Ya hemo» dicho qoe esta bárbara circular promovió 
el armamento de los estranjeros que hasta entonces ha* 
bian permanecido en espectacion, aunque viyam«ite 
alarmados por el terror general que los escasos de Oribe 
empezaban á diftmdir en el país. Acudieron & las armas 
porque no les quedaba otro recurso : se les declaraba 
unitarios j es decir, fiíera de la ley, y ellos sabian por es* 
perienda lo que aquellas palabras significaban en boca 
de Rosas y sus tenientes. Bastaba para incurrir en su 
enojo profesar simpatías al partido contrario, ó usar de 
su influencia para atraerles prosélitos. En vano d noble 
comodoro Purvis, digno representante de la Inglaterra 
en el Plata, humiHó con su pié la cenrlz del insolente 
degollador, obligándole á que se retractase y retirase su 
nota (1) en él termino de veinte y cuatro horas : los es- 
traineros comprendieron que Oribe, forzado por la ne- 
cesidad, prometería lo cpie no cumplió ni p«[isó Jamás 
en cumplir, y perseveraron en su propósito. La esperten- 
cía ha demostrado luego cuánfundados eran sus temores. 

Dejando para otra ocasión el examen de este punto 
que se liga naturalmente con la política de ios gabinetes 
europeos en el Plata, y la heroica defensa de M<mtevi- 
deo, que merece un artículo aparte, veamos ahora qué 
es lo que Rosas se propone en esta guerra. 

(1) Y como Oribe contestase paladinamente que primero se cor- 
taría la mano, Pnrvis capturó la escuadra argentina que hU>^ 
qnealia á Montevideo, y el titulado presidente amonestado seve- 
ramente por Rosas, no tuvo mas remedio que cantar la palinodia, 
retirar la nota, y prometer que respetarla á los estrangeros. 



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— 249 — 

Su Gaceta ha declarado que es preciso reducir á Jfo»- 
tmieo á su estado normal^ y en el Britüh Pocket (1) 
del 15 de mayo de 1841 se enoueotra im articuld que 
confirma ampliamente las pretensiones de Rosas á este 
respecto. 

Reducirá Montevideo i su estado normal, no es otra 
cosa que reducirlo 6 la condicioo de provineia que tenia 
antes de la revolución de 1810* Mas daro : Rosas quiere 
incorporarlo á 1? Confederación. Sumas vivo anhelo, 
todo el fin de sus aspiraciones sereduce á reconstruir el 
antiguo vireinato de Buenos Aires, que como nadie ig- 
norai se compopia déla República Argentina, la Banda 
Oriental» el Paraguay y parte de BoUvia» 

Montevideo es indispensable.para la reaUzacton de sos 
fttturoa planes» La posición geográfica, la riqueza y 
(pfiandes recursos de aquel pais privilegiado, ha sido pw 
espacio de dos siglos una manzana de discordia entra 
las coronas de Espaila y Portugal. Los ingleses también 
han querido en varias ocasiones apoderarse de ál; y Ror- 
sas no puede consolidar su Urania, ni estando sus conr 
quistas y su sistema rojo^ sin clavar aptes alli su lábaro 
de muerte. Mientras Montevideo permanezca en pié , 
siempre sus enemigos tendrán un asilo en la rivera iz- 
quierda del Plata, el comercio estranjero un depósito y 
un mercado sin rival en aquellas regiones, y el contraste 
que ofrezca con Buenos Aires y las míseras provincias 
argentinas hará resaltar mas y mas el despotismo que 
las abruma. Es preciso que Montevideo 6 Rosas sucum*^ 

(i) Perlódioo inglés que se pnbUoa en Buenos Aires con el único 
ol^eto de que circiile en Europa. 



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— 250 — 
ban ;— no pueden coexistir. Para que las tradiciones de 
nuestra revolución se salven, es de absoluta necesidad 
que Rosas y todos los caudillos desaparezcan; asi como es 
indispensable para que el gaucho consume su obra de 
iniquidad, que Montevideo vuelva á su estado normal, 
ya bajo el dominio de Oribe, ya bajo el de otro cualquie- 
ra. £1 dictador no dormirá tranquilo, no verá realizados 
sus locos ^sueños, hasta que cambie su cuchilla ester- 
minadora en cetro de hierro, y para esto necesita do- 
minar desde el cabo de Hornos al de Santa María. En- 
tonces,*; cierre primero la muerte nuestros ojos !— po- 
dría imponer la ley á la America y á la Europa. La Eu- 
ropa retrocedería ante las dificultades que tendria que 
vencer para combatirle con ventiija. El haría creer á ma- 
sas inespertas é ignorantes que se trataba de una con- 
quista, y hasta las piedras se levantarían contra los 
estranjeros.... 

Es preciso conocer las provincias del Plata, coyas po- 
blaciones viriles, guerreras, y las mas intrépidas de Amé- 
rica, al dedr de Torrente, han demostrado ya combatien- 
do contra la madre patría «a la mitad del nuevo mundo, 
hasta qué grado de exaltación llevan el sentimiento de 
su independencia (1): es preciso conocer la topografía 
de aquel pais, defendido por impenetrables montañas, 
ríos, bosques^ desiertos y llanuras inmensas, para for- 
marse una idea exacta del carácter que podría tomar la 
lucha. La guerra con solo elementos europeos, ha dicho 
oportunamente el sefior Lamas, sería un cáncer intratable, 

(I) Un solo hecbo nos permiUremos aducir eo praelift de eUo : 
los ejércitos españoles yencidos antes en Salta y TncomaD, i 



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— 254 — 

y Uegaria el caso en que la Europa preferiria abandoiuir 
Dttestroft mercados á tener que abrírselos con las armas. 

I Y cómo han procedido la Francia y la Inglaterra, 6 
mejor dicho, sus menguados diplomáticos, en esta cues- 
tión, que no es ya una cuestión política sino humanita- 
ria, de honra, de conveniencia propia? ¡ Vergüenza da 
decirlo ! provocando á Rosas, poniendo las armas en ma- 
nos de los subditos de sus reyes, promoviendo levanta^ 
mientos, y luego, al menor contraste, á la mas leve prome- 
sa del Caimacán^ que no cumple ninguna, desistiendo de 
sus pretensiones, abandonando á sus compatriotas y 
traicionando á sus aliados ! ¡ Tanto pueden el om y las 
intrigas de Rosas I 

El tratado Lepredour, que al parecer ha sido aproba- 
do por la comisión nombrada al efecto y que pronto debe 
discutirse en la cámara francesa, es uno de los muchos 
puffs con que nos han obsequiado franceses é ingleses, ii^ 
gloses y franceses, desde 1840 ¿1851. ¡Dios los perdone! 

Felizmente la causa «anto de Montevideo no necesita 
ya de la Europa para triunfar. A estas horas las mejo- 
res tropas del dictador, á las órdenes de Urquiza, su 
mejor general, veinte mil brasileños y doce mil para- 
guayos han debido penetrar en la Banda Oriental y en 
Corrientes. Tal vez marchen ya sobre Buenos Aires, y 

pasaron ia cordUlera de los Andes. Todas las provincias y diH 
dades del resto de América se perdienm y reconcpiistaron por 
los realistas varias veces : solo el vireinato de Buenos Aires y 
su capital permanecieron en pié, desde el principio hasta el fin 
de la contienda. Los ejércitos argentinos llevaron su pendón 
emancipador á todas' partes, y en todas partes dejaron bien puesto 
so nombre. 



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il rntastroo que la oprime haya expiado sus crimeneft 
en un patibulo; 6 vague por la Pampa entre los indios 
lalvi^eay qoe él llama su» amigos, pero que le matarán 
sinmitérioordia en cnanto se ponga a precio su cabeza. 

La vértdiea Prensé de París y el impdrdal Jowmal des 
DebaUj periódicos amigos desinteresados de Rosas, 
pueden decir lo que quieran^ y la Esperanza y otros dia- 
rios españoles repetiren coro lo que en ellos encuentren. 
Loasnceeos hablarán. 

En ttD coarto y titimo articulo examinaremos las cues- 
nones pendientes entre Rosas y las provincias Argenti'» 
nas^ él Brasil, el Paraguay, la Francia, la Gran Bretaña, 
y en general con las demás potencias estranjeras. En 
este r^ido bosquejo, procuraremos poner á buena luz 
las aspiraciones de Rosas y sti terdadera situación en la 
adoatídad. Esta faz de su gobierno y de sus actos es 
acaso la mas importante y la que exigiria un eiámenmas 
deteirid» y concienzudo ; pero la índole de un perfddfeo 
HIersrio que aparece de siete en siete dias, no permite 
eslendefse demasiado sobre una misma materia. Trata- 
ranos, no obstante, de conciliar la brevedad con la ne- 
caridad de SJar bien ciertos hechos, y asi completaremos 
el cuadro que nos hemos propuesto trazar del sistema 
del dictador, de lo que representa y de lo que se pro- 
pone* Yaque Rosas encuentra panegiristas m todas 
l^esyjQilo es qi» alguno se encargue de rectificar la 
^^lon pébHca estraviada, pues coiño ha dicho un ilus- 
tre mártir de sus nobles creencias : il primo jíe^ nostri 

DOVERI SI É L'aMORE DEUA VERITA t IX VfiOR D( BSUMr (!)• 
(1) SiMo Pellicoy Dav. iegU tKwitiit. 



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: - 253 — 

VIII. 

CUBSTIONÍBB INTERIORES Y ESTERIORES DE LA REPÚBLICA 

argentina: INTERVENCIONES EUROPEAS: SITUACIÓN 

ACTUAL DE ROSAS. 

{Publicado el 23 de ago$to de 1851.) 

Uemo» manifestado en los anteriores arifculos, cuál es 
el eq^triUi y las necesidades del sistema de Rosas : ahora 
yamós á ocupamos de las cuestiones á que ha dado lugar 
en América y Europa ; cuestiones cs^tales para el por- 
venir de aquellos paisas, y que no pueden resolverse sa- 
tisfactoriamente, sin que el patriarca de la mas-horca y 
del ütíema americcmo rqjo desaparezca para siempre de 
la escena política. 

La primera cuestión relativa á lasprovinciasargentinas, 
versa sobre la usurpación de poderes que Rosas les ha 
hecho, desconociendo su soberanía y la igualdad de pre- 
rogativas y derechos que tienen con Buenos Aires. En 
vano las provincias, en diferentes ocasiones, ora por 
medio de sus delegados, ora apelando á las armas, han 
procurado reconquistar sus perdidos fueros. Rosas ha 
contestado á sus justas reclamaciones fusilando á sus 
emisarios, y también á sus gobernadores (1) no bien caian 

(1) Debemos advertir que por la ley fundamental de la Repú- 
blica Argentina ningún gobernador puede ser juzgado ni senten- 
ciado sino por un congreso general de diputados de todas la 
provincias; y sin embargo, el proceso del sucesor de López, don 
Domingo Gullen, gobernador de Santa-Fe, no contiene mas que 

la siguiente pieza : 

Arrayo del Medio junio n de 1839. 

Al Escmo. señor gobernador y capitán general, nuestro ilustre 

• 8 



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— «64 — 
en sus manos, invadiendo su territorio con fuerzas infloi- 
tamente superiores, yUevándolo todo á sangre y fuego(l). 
El alzamiento de Urquiza de que tanto se habla hoy, no 
es un hecho aislado y sin antecedentes. Como observa- 
mos oportunamente en El Clamor público^ al rectificar 
las equivocadas opiniones de La Esperanza^ ese alza- 
miento se liga con el de Corrientes, pueblo heroico que 
en cuatro años ha roto seis veces sus cadenas y seis veces 
lia sucumbido, agobiado pbr el número de soscontrarios; y 
se ligatambien y tiene el mismo origen que los posteriores 
de Córdoba, Tiicuman, Salta, Catamarca, La Rioja, San 
J uan y Mendoza, provincias de laConfederacion argentina^ 
Asi se esplica cómo Rosas desde que manda no ha te« 
nido ni tendrá un solo dia de paz : los pueblos <^midos 
y vejados, vencidos mil veces se rebelarán, porque bi^o 
el despotismo la rebelión es el único recurso que queda 
al oprimido contra el opresor. 

restaurador de las leyes, brigadier don Juan Manuel Rosas. 
Excmo. seilor: 

Hecibi del teniente coronel graduado, edecán del Excmo. señor 
gobernador y capitán general de la provincia de Córdoba, al reo 
de Icsa-nacion unitario Domingo Cullen ; y en virtud de las ór- 
denes de V. E. fué fusilado, habiendo recibido los auxilios espi- 
rituales por el señor sacerdote de San Nicolás, don Ramón Gon* 
zalez Lara. 

Dios guarde la importantísima vida de V. E. muchos años. 

Excmo. señor.— Pedro Ramos 

Mucho podríamos decir de los asesinatos de los gobernadores 
Heredia, los lieinafés, Quiroga, etc.; pero tendríamos que entrar 
en largas esplicaciones, y nos basta para nuestro objeto probar 
con un solo hecho irrecusable lo que afirmamos en el testo. 

(1) Véase el artículo VI de los documentos relativos á Cata- 
marca, Tucuman, Mendoza etc. 

• 



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— 265 — 
La segunda cuestión es la independencia del Paraguay 
que el dictador se empeña en np reconocer, á pesar que 
oficialmente lo fué por la primera junta que se formó en 
Buenos Aires (1) y posteriormente lo ha sido por todos 
los gobiernos menos el suyo. La raeon que alega es cu-, 
riosa, pero pueril é irracional, y no merece una seria re- 
futación. ¿ Cuándo ni cómo España le ha nombrado á él 
heredero universal de todos sus derechos en aquella parte 
de América ?... El descaro y la insolencia del gaucho 
solo pueden igualar á su ignorancia. Declare paladina- 
mente que el Paraguay nunca ha fraternizado con su sis- 
tema de sangre ; diga que quiere impedir á los estrange- 
ros la navegación del Paraná^ y que aquella rica y flore- 
ciente república, sepultada en un rincón de América, se 
opone tenazmente á su propósito, porque la Providencia 
no le ha abierto otro camino para ponerla en comunica- 
ción con la Europa, lo mismo que á las provincias litorales 
de la confederación, que el caudaloso é inmenso Paraná^ 
verdadero mar, que arranca de las montañas auríferas 
del Brasil y va á desembocar en el Plata, después de ha- 
ber fecundizado en su tránsito centenares de leguas y re- 

(1) Asi a^ece del art. Y de la Gosvencion entre las escelea- 
tísimas Juntjs^giü^ernatíYas de Buenos Aires y del Paraguay, en 
el que se establiy^ que este es independiente de aquella : y en 
la Gaceta de Buenos Airea del 3 de octubre de 1811 se encuentra 
un oficio de la Junta gubernativa del Paraguay á los comisarios 
de la del 1^0 de la Plata, general don M. Belgrano y doctor don 
V. A. Echeverría, en el que se dice literalmente : 

« La contestación que W. SS. nos citan y ba dado á esta Junta 
!a Escma. de Buenos Aires correspondía su carácter de justicia 
y moderación, en el reconocimiento 4e nuestra independencia. » 



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— 2[56 — 
corrido países tan variado^ en temperamentos como en 
producciones ; confiese Rosas que no puede consentir 
que la industria, las ideas y el moVimiento civilizador de 
la Europa penetren con el comercio en los míseros pue- 
blos sometidos á su yugo, y no busque pretestos fútiles y 
mezquinos para oprimir con la ley del mas fuerte á un 
pueblo tan sensato, tan pacífico é industrioso como el 
Paraguay. ¿Porqué si algunos derechos tenia, no los hizo 
valer mientras vivió el doctor Francia? ¿ Y por qué se 
ha acordado de ellos justamente cuando el Paraguay en- 
traba en una nuevaera de paz, dé progreso y felicidad?... 
La razón es clara ; el doctor Francia, cuyo elogio á fuer 
de discípulo agradecido ha hecho el dictador en su Gíí^ 
ceta, mantenía secuestrado aquel país del trato del mun- 
do civilizado, y los nuevos gobernantes siguen otra marcha 
muy distinta. Lo suficiente para que Rosas cortase toda 
comunicación con el Paraguay (1) ^ prohibiese que nadie, 
directa ó indirectamente fuera osado á recibir sus frutos 
ni aun por razón de medicina (2), y por último declarase 
salvajes unitarios á sus naturales. 

Conocidos estos antecedentes, volvamos ¿la razón pe» 
régrina que alega para no reconocer su independencia, 

« El derecho del gobierno argentino, dice' Kons^ iu Gaceta 
del 15 de enero 1845, es coman k los de América /f^^ que ac- 
tualmente están en posesión. Tiene el mismo f|ÍtiY^ sobre loa 
territorios respectiyos del uti-possidetis de láiMsialh^íones ó pro- 
vincias españolas antes de la independencia; es de fundación.» 

Y luego en dos difusos y endiablado® párrafos que no 
entendería el mismo Merlin, se empeña en demostrar que 

(1) Decreto del 8 de enero dé 1845. 

(2) Diario de la tarde de Buenos Aires del 17 de abril de 1845. 



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— «57 — 
8ieado Buenos Aires capital del vireinato español del Rio 
de la Plata, su gobierno ha heredado todos los derechos 
de la corona de Castilla, sobre todas las secciones que le 
correspondían entonces. 

Ya hemos dicho que este absurdo no merece los ho- 
nores de una seria refutación. Solo es de estrañar que el 
titulado demócrata, el americano por escéTencia, el que 
grita y hace gritar ¿todos ¡ federación 6 muerte! (y es 
mas unitario que nadie ) reniegue del primer principio 
proclamado por los emancipadores del nuevo mundo, á 
saber : que el cautiverio de Femando VÍI y la ocupación 
de España por los franceses, dejaba á los pueblos de Amé- 
rica libres para reasumir el poder supremo y adoptar la 
nueva forma de gobierno que cada uno creyese mas con- 
veniente á sus necesidades é intereses. Si el Paraguay no 
puede ser libre, en el mismo caso se encuentran la mayor 
parte de los Estados americano^, inclusos los del Norte; 
pero el Paraguay sabrá como ellos escribir el acta de su 
independencia con la punta de sus lanzas en algún campo 
de batalla, y Rosas ó el que le suceda no tendrá mas re- 
medio que firmarla. Doce mil paraguayos con el fusil ál 
hombro y sable en mano, aguardan hace cinco años que 
se les dé la señal de pasarla frontera ; y hoy, gradas al 
alzamíento'de Urquizá y á la alianza ofensiva y defensi- 
va con el Brasil, van á conseguir lo que tanto anhelaban: 
marchar sobre Buenos Aires, ¿ destruir al tigre en su gua- 
rida. I Dios bendiga sus armas ! 

La cuestión del Brasil es todavía mas seria y compli- 
eada que la del Paraguay; El Brasil tiene un interés di- 
recto en la indep^deneia de Montevideo. El protesto que 



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- 258 — 
siempre alegó Portugal para justificar sus usurpaciones 
en nuestro territorio, se fundaba principalmente en que 
las fronteras naturales de sus posesiones en América 
eran el Amazonas y la rivera izquierda del Plata. Desde 
1678, época en que se fundó la colonia del Sacramento 
por los portugueses, hasta nuestros dias, entrambas coro- 
nas se han disputado con las armas en la mano el esclu- 
sivo dominio de la Banda Oriental, y sus sucesores han 
seguido las huellas de sus respectivas metrópolis. 

Pero estaba escrito que los descendientes de los espa- 
ñoles, emancipados, probasen á los de Lusítania que el 
antiguo brio de sus padres existia tan esforzado é indo- 
mable como en los primeros tiempos de la conquista. El 
poderoso imperio del Brasil que contaba cinco millones 
de ahnas, fué vencido por la ^Qqjaeña provincia dspla- 
tim (1), auxiliada por algunas tropas de Buenos Aires. 
El general argentino don Carlos María de Alvear batió 
completamente en Kuzaingó el 20 de febrero de 1827 
al grande ejército imperial á las órdenes del marqués 
de ^arbace^a, y el 27 de agosto de 1828 por media- 
ción de la Gran Bretaña , se firmó una convención 
preliminar de paz cuyo tercer artículo dice terminan- 
temente t 

« Ambas altas partes contratantes (el Brasil y Buenos Aires) se 
obligan á defiender la independencia é integridad de la provincia 
de Montevideo, por el tiempo y en el modo que se sjustáre en el 
tratado definitivo de paz. » . 

Esta convención se ratiflcé y ha sido respetada hasta 
la elevación de Rosas al poder; pero han sido necesa* 

(1) Nombre que dieron los brasileros á la Banda Oriental al 
incorporarla al imperio en 1823. 



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— 259 — 
líos los Últimos sucesos, para que el Brasil compren- 
diese , demasiado tarde , — aunque nunca es tarde 
para conocer un error,' — cuales eran las intenciones de 
Rosas al violar ese solemiíe pacto. El dictador aspira 
nada menos que á derribar el imperio, ora promoviendo 
sediciones en las provincias situadas al Norte del Brasil , 
fronterizas con la república del Uruguay, ora declarando 
en su Gaceta^ que la monarquía es planta exótica y un 
escándalo en América^ y que ya es tiempo que ese Empe- 
rador "ñk^k^k^ (1) deponga una corona y un cetro car- 
comidos. Dueño Rosas de la Banda Oriental, ppente colo« 
cado por la naturaleza entre las provincias argentinas y 
el Brasil , la conflagración de este último seria inevita- 
ble. En la tierra brasilera, como en el resto de América, 
nada se ha arraigado profundamente. Las provincias li- 
mítrofes con las nuestras son todas republicanas. Hay en 
el Brasil veinte negros, mulatos, etc., par^ cada blanco, 
y el día que el moderna Atila traspasase victorioso sus 
fronteras proclamando la libertad de los esclavos , la 
igualdad de derechos y el comunismo en acción, porque 
no merece otro nombre el despojo y esterminlo de la 
clase ilustrada y opulenta por la ignorante y miserable 
(cuyo número es infinitamente superior), el triunfo Üel 
sistema rojo seria infalible. El emperador del Brasil , en 
vista de los atropellos y violencias de que han sido vic- 
timas sus subditos en el territorio uruguayo ocupado por 
las tropas del dictador, y de las últimas intentonas de 
este en varias provincias del imperio , ha comprendido 

(1) Plátano. En el sentido que Rosas le dá, es una palabra al- 
tamente injuriosa. 



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- j:60 — 
al fin su posición y se ha decidido á recoger el guante 
que el audaz gaucho le ha arrojado mil veces á la cará^ 
Las últimas cartas que tenemos de Rio-Janeiro nos ase- 
guran que 20,000 brasileros estaban acampados á princi- 
pios de mayo en la frontera de Rio-Grande. La lucha , 
pues, ha debido ya empezar, y será ¿ muerte. No hay 
transacion posible entre el sombrío despotismo de Rosas 
y las instituciones eminentemente liberales que rigen en 
el Brasil, el pais de la América del Sud, donde — no va- 
cilamos en decirlo— se goza la, mayor suma de libertad. 
Si el imperio estuviese solo en la contienda , le compa- 
deceríamos de antemano; pero unido á Montevideo , al 
Paraguay, al Entre-Ríos y alas demás provincias argen- 
tinas que irán alternativamente rompiendo sus cadenas , 
no bien encuentren un punto de apoyo, la victoria coro- 
nará su esfuerzo. El imperio para consolidarse necesita 
conquistar gloria y prestigio , y gloria y prestigio le es- 
pera al fin de esta noble y peligrosa cruzada. Juega el 
todo por el todo , y su enemigo no olvida ni perdona! 
iVcBvictis! 

Tras el Brasil vienen la Francia y la Inglaterra : gran- 
des intereses comerciales , tratados existentes, compro- 
misos anteriores y razones de conveniencia propia — 
prescindiend.0 de otros motivos de honra y decoro , — 
mal de su grado las colocan de parte de los enemigos de 
Rosas. 

Los ministros franceses é ingleses, no obstante, se em- 
p^an en desconocer el carácter de la lucha que soste- 
nemos. Sacrifican á mezquinos intereses particulares los 
grandes intereses de su comercio, de su influencia, y de 



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— Í64 — 
80 buen nombre en aquellos países (1). No haMamos de 
bumanidad : quien transije con Rosas ño la conoce. 

¡ Pobres miopes ! . . , No ven ó no quieren ver que la 
violación de los tratados, las tropelías dé este y su odio 
á los estrangeros, son una consecuencia lógica y nece- 
saria de su sistema. El, que nada respeta, no puede con* 
sentir que haya dentro de la sociedad indígena esclava, 
otra sociedad estrangera libre, que goce de prerogativas 
y derechos negados á la primera. El contraste es dema- 
siado chocante para no llamar la atención de todos, para 
no despertar comparaciones odiosas que redunden én 
perjuicio de Rosas , y Rosas por carácter y principios 
no tolera jamás nada que pueda perjudicarle. La úáica 
diferencia que hay entre los estrangeros y los hijos del 
país, es que á los primeros se les mata ó se íes des- 
poja con algunas precauciones, y se forma luego causa 

(1) Rosas declaró terminantemente que no pagaría los intereses 

ni el capital del empréstito hecho á la República Argentina por 

' algunos banqueros de Londres, y hoy nadie ignora que solo por 

estos y ea (dDsequio á estos el ministerio inglés se resolvió á 

abandonar la intervención en 1847. 

En una memoria que tenemos á la tísU (Au nom de 18,000 
Frangais, Appel d la Franee, etc. París, 18^), dirigida á Luis 
Napoleón, en la que se prueba cuanto se dice con docum^tos 
auténticos, se encuentra plenamente confirmada esta aserción. 

«La «asa de Bareng y compañía ha anunciado hace algunos 
diaa que el gobierno de Buenos Aires pagarla mensualme&te 
5,000 doUars (mas de 25,000 francos) noticia que« fijada en la 
Bolsa de Londres, ha producido inmediatamente en los fon^s de 
la Deuda argentina un alza de 8 por 100. Por complacer á una 
casa de comercio particular, para facilitarla los medios de reem- 
bolsar sus capitales, no se ha vacilado en sacrificar el comercio, 
el honor y la dignidad de la Gran Bretaña en el Rio de la Plau! » 



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— ?62 — 
para averiguar quién ha &ido el asesino, ó justificar él 
robo ; pero la suerte de unos y otros es en el fondo 
idéntica; sus vidas y fortunas penden de una palabra 
ó de un gesto del ilustre restaurador de las leyes, (Así 
se titula desde que las ha puesto debajo de su asiento.) 
Ningún estrangero alcanza satisfacción de sus agravios, y 
pocos, muy pocos, la restitución 6 el pago de sus bienes 
confiscados. Todo lo que cuenta la mercenaria Presse y 
demás periódicos de París asalariados por Rosas , es 
música celestial , farsa y mentira ! Aunque él quisiera 
se encontrarla en la imposibilidad de satisfacer todo 
lo que debe (1). La codicia de sus condottieros es in- 
saciable, y antes que caiga una victima, ya se han re- 
partido sus despojos. 

La afluencia de estrangeros á Buenos-Aires, á pesar 
dé este estado de cosas, se esplica fácilmente. La pobla- 
ción que en Europa se desborda y derrama como el lí- 
quido en un vaso, acudía hasta ahora poco á los Estados- 
Unidos. El aumento escesivo de emigrados ha producido 
allí casi los mismos inconvenientesque en el viejo mundo. 
La inmigración europea rechazada en el Norte, se ha 
visto obligada á costear el Süd de América; y como sus 
coatas mal sanas, en general, no la inspiran confianza, 
oomo en muchas partes las capitales enciwran un. ^an 
número de individuos pertenecientes á las razas negra, 
(t) «La sama de indemnizaciones debidas y reconocidas por 
Rosas en el tratado de 1840, y las cantidades reclamadas oficia- 
mente por nuestros agentes diplomáticos, por espoliaciones ve- 
rificadas solo en el territorio argentino, en los dos años poste- 
I riores al tratado, ascienden á mas de veinte t cinco hillones de 
FRANCOS. »— Atí nom de 18,000 ftanfai4, etc, pág. 11. 



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— 263 — 
mestiza, etc., que se dedican á la esplotacion de los di- 
versos ramos de la agricultura, la industria y los oficios 
mecánicos, y las ciudades del interior demandan creci- 
dos gastos para trasportarse aellas, la inmigración se 
dirije en masa hacia el Rio de la Plata, cuyo inmenso 
territorio virgen, cuyo fértil fuelo y suavísimo clima, sin 
igual en el mundo, al decir de Azara, la brindan con 
fáciles medios de subsistencia y la seducen por todos 
conceptos. El que se ve con el dogal al cuello, él que 
huye del hambre y de la miseria, solo piensa en salir 
de la situación precaria en que se encuentra, é iria ai 
Japón si en el Japón supiese que le aguardaba la for- 
tuna. La mayor parie de los emigrados, ademas, son 
pobres labradores ó artesanos, muy mal Informados 
acerca de las condiciones políticas del país donde van á 
vivir. Y no obstante, ¿por qué la inmigración desde 1836 
afluía de preferencia á la rivera izquierda del Plata y 
huía de la derecha dominada por Rosas? (1) ¿Cómo en 
pocos años se engrandeció tanto Montevideo que superó 
á Buenos Aires en población, en cultura, en comercio, 
en industria, en riqueza, en importancia política y lite- 
rsufia? (2) Hoy la rica, la floreciente, la envidiada Mon- 

(1) « En 1836 apenas se contaban B,000 franceses residentes en 
el Río de la Plata. En 1842 habia en la ribera izquierda de 18 á 
^,000. Desde i837 hasta fines de 1812, 33,607 emigrados euro- 
peos dcttdieron á Qjari^e en Hontevideo. Entre estos áltímos ha- 
bia 15,801 compatriotas nuestros, pertenecientes casi todos á los 
departamentos del mediodía, y muy principalmente al de los 
Bajos-Pirineos. »— Memoria d^pag. 13. 

(2) Antes del sitio se publicaban en Montevideo nueve perió- 
dicos políticos; seis nacionales; uno de4icado esclusivamente á 



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— 264 — 

tevideo, aniquilada por el genio de la destrucción, por 
Rosas, que envidiaba tanto su prosperidad material^ 
como aborrecía los principios liberales que proclamaba, 
reducida ¿ una plaza de armas, agoniza en un^lento y 
prplongado martirio, víctima de sus altas convicciones, 
y esperando apoyada en su bandera, la bandera de la 
civilización y la libertad, que la Europa ó sus hermanos 
del continente acudan en su defensa... Entre tanto el 
sol de cada dia alumbra un nuevo sacrificio, un nuevo 
rasgo de heroicidad sublime; la flor de sus valientes des- 
peda^da por el plomo y el hierro enemigo, cubre con 
sus pechos, con los miembros palpitantes de sus com* 
pañeros muertos á su lado , la brecha que abre en las 
invictas murallas el cañón de los esclavos. Sus huesos 
son las piedras y su sangre la argamasa que las une I 
¡Muera Rosas I gritan, y al caer se abrazan á la tierra, 

cual si al morir peleando, 
la tierra asi abrazando 
quisieran defender, (t) 

Mientras á tiro de fusil en el recinto de la heroica ciu- 
dad, venerables ancianos, inocentes niños y débiles mu- 
geres, vencidos por la miseria y el dolor, caen y espi- 
ran repitiendo también: ¡¡Muera Rosas!! 

¿Qué estraño es que la emigración europea se dirija y 
se agolpe ahora á Buenos Aires 7... Miopes estadistas 
que en esta malhadada cuestión del Plata nunca os ha- 
los españoles y costeado por ellos; otro trances y otro íDglés. 
ExisUan, ademas, dos semanarios de literatura y varias pubü- 
caciones mensuales. 

(1) Mitre. 



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— 266 — 

beis mostrado á la altura de las grandes naciones cuyos 
destinos regís, levantad el sitio de Montevideo, tranqui- 
lizad el país, dadle un año, nada mas que un año de 
paz, y veremos entonces adonde se encaminan y cuál 
ribera prefieren vuestros compatriotas. 

Las intervenciones europas que tanto nos echa en ros- 
tro el dictador, pruebfin hasta la evidencia cu&n fundado 
es nuestro aserto. La marcha indecisa, vaga, contradic- 
toria, de los gabinetes de Saint James y las Tullerías ha 
servido únicamente para ensoberbecer á Rosas y dar á 
todos una falsa idea de su poder. Verdad es que la com- 
plicación de sucesos en Europa y la torpeza y algo mas (1) 
délos diplomáticos estrangeros, ha contribuido eficaz- 
mente á prolongar esta lucha sorda y tenaz entre la ci- 
vilización y la barbarie, entre el gaucho que no conoce 
mas ley que su capricho, y los gobiernos legales de Eu- 
ropa y América, que á nombre de sus compatriotas le 
piden garantías, orden, paz y condiciones dé existencia 
idénticas á las suyas. Rosas, cediendo en apariencia 
mientras duraba el peligro , ha vuelto á sus ruines há- 
bitos apenas se veía libre de importunos testigos; y á 
fuerza de oro, de intrigas y decepciones, se ha burlado 
siempre de ellos, los ha humillado y puesto en ridículo. 

(1) Cuénuse que el barón de Mackau, negociador en 1S40 del 
ominoso tratado que He^a su nombre, no tuvo empacho en ad- 
mitir entre otros regalos, una magnífica bajUla de plata, pertene- 
ciente al rico comerciante español don Lucas González, degolla- 
do en las calles Buenos Aires el 19 de setiembre de 1841 ; y M. 
H. Mendeviile, ministro plenipotenciario de la Gran Bretaña, ba 
sido durante cinco años visita diaria de la hija única del dicta- 
dor, la célebre Manueiita Rosas. 



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— 266 — 
La consecuencia de todo esto ha sido que la Inglaterra, 
y muy especialmente la Francia, distraidas en la actua- 
lidad por atenciones mas graves, se han dejado alucinar 
por engañosas promesas, y aunque convencidas interior- 
mente de que Rosas es un malvado, se muestran dis- 
puestas á tolerarle hasta que se presente una coyuíitura 
favorable en que puedan sin mengua de su decoro (ó lo 
que viene á ser lo mismo, sin grandes sacrificios pecu- 
niarios) contribuir t su ruina y apresurarla con sus órne- 
nos oficios. 

Rosas conoce esto perfectamente y sabe que el triunfo 
de su sistema es incompatible con la preponderancia de 
los estrangeros. De ahí su tenacidad en resistir á todas 
sus exigencias, hasta á las mas razonables, só pretesto 
de que abrigan siempre una segunda intención fatal al 
honor y á la independencia americana. 

En vano le hemos probado que la Inglaterra y la 
Fraúcia están solemnemente obligadas á intervenir en 
los asuntos del Plata, siempre que peligre la indepen- 
dencia de la república del Uruguay. 

Por la mediación y bajo los auspicios de la Gran- 
Bretaña, el Brasil y Buenos Aires reconocieron nuestra 
independencia y se comprometieron á respetarla, y la 
Inglaterra se reservó el derecho de intervenir siempre 
que peligrase aquella. Ahí están los tratados de 1828; 
á ellos apelamos. 

Por el art. IV del pobrísimo tratado Mackau, la Fran- 
cia en 1840 exijió y obtuvo de Rosas que respetaría la 
independencia de nuestro territorio. La república del 
Uruguay babia prestado á aquella nación grandes servi- 



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— Í67 — 
tíos, y por protejer su escuadra y los intereses de sus 
subditos, acabó de malquistarse con el dictador. 

Ese es el origen de la intervención anglo-francesa. 
Estábamos en nuestro derecho al invocarla, y no hemos 
sido traidores á la causa americana, como pretende 
Rosas. La verdadera causa americana tiene mas puntos 
de contacto con la Europa civilizada que con la Amé- 
rica salvaje : nosotros hemos aceptado la intervención 
porque se comprometió á respetar nuestra independen- 
cia*, si no, la hubiéramos rechazado. Asi lo ha declarado 
antes de ahora de la manera mas esplicita y terminante 
en todos los periódicos de París, cuando el porvenir de 
Montevideo estaba en manos de la Francia, nuestro mi- 
nistro plenipotenciario, el ilustre general don Melchor 
Pacheco y Obes. 

Nosotros, es decir, los que Rosas llama unitarios, rom- 
peremos á cañonazos. Dios mediante, el frágil dique que 
se opone á la libre navegación de los ríos interiores, y 
entonces la República Argentina no presentará el triste 
espectáculo que hoy ofrece. En Buenos Aires está recon- 
centrada la ilustración, el comercio y la hidustria : fuera 
de allí no hay mas que ruina, ignorancia, retroceso y 
opresión. A la libre navegación de los rios— cuestión 
vital para la Europa y para nosotros — se une la funda- 
ción de dudades á sus márgenes, la construcción de ca- 
minos de hierro, el establecimiento de fábricas en el 
interior, etc., cosas todas á que el gaucho se opone en 
nombre de falsos principios y de aSejas preocupatíones; 
cosas todas que los gabinetes dé Paris y Londres le pi- 
den, en virtud de concesiones hechas á sos compatriotas 



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en aquellos tiempos gloriosos en que se hizo cuanto nos 
honra y engrandecer en aquellos tiempos en qué los 
salvajes y traidores unitarios les concedian cuanto anhe- 
laban, promovían la colonización, la esplotacion de mi- 
nas, la introducción de nuevos veneros de riqueza, la 
fundación de pueblos, etc., etc. Escusamos añadir que 
este solo motivo á falta de otros, acabarla mas tarde 6 
mas temprano por llevar otra vez á la Europa al Rio de 
la Plata, si antes los enemigos leales de Rosas, los que 
no transijen nunca con él, no se encargan — como de 
costumbre— de evitar á sus generosos y consecuentes 
protectores la molestia y los gastos del viage. 

Vendidos á los estrangeros de Europa, nos llama el 
dictador, y los estrangeros de Europa nos pagan con 
ingratitud los sacrificios que hacemos por ello^. Por se- 
guir sus tradiciones, pojr ampararlos y defenderlos, lo 

hemos perdido todo ¡no importa! Ahora y siempre 

diremos que fuera de los principios que hoy acatap é 
invocan los pueblos libres del viejo hemisferio, no hay 
salvación para nosotros; y que el grande elemento de 
estabilidad y progreso que tienen aquellos países, es la 
emigración europea laboriosa é inteligente. A no ser 
por ella, la raza blanca habría tal vez desap^irecido. 
El sistema americano hace un horrible consumo de 
carne humana (1) , y entre la Europa y el África no puede 
ser dudosa la elección. 

(1) Según un cómputo formado sobre los partes oficiales, car- 
las particularee, etc. y reblando una tercera parte, resulta que 
desde 1830 acá han muerto en acciones d« armas y entre enve- 
nenados, fasilados y den^oilados inas de 60,000 pe^soi^as solo 



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— 269 — 

Reasumiendo, pues, todo lo dicho, la situación de Rosas 
es hoy la siguiente : 

La Inglaterra y la Francia descontentas de su po- 
lítica y prontas á secundar cualquiera tentativa seria 
contra él. 

Las provindas argentinas aguardando con ansia el 
momento de vengar sus pasados ultrajes, y de recobrar 
el rango que les pertenece y el fin constante de todas sus 
aspiraciones: igualdad de derechos con Buenos Aires; 
convocación de un congreso general compuesto de di- 
putados de todas las provincias para arreglar los asuntos 
interiores y esteriores de la república. Destrucción del 
sistema sangriento é irresponsable de Rosas, y anula- 
ción de todos los actos arbitrarios por los cuales se ven 
hoy reducidas k ser tributarias, esclavas, y en todo de- 
pendientes de la capital. 

Urquiza al ñ*ente de 10,000 hombres, proclama estos 
principios en Entre-Rios, y ¿ favor de ellos promueve la 
tercera cruzada contra Rosas. 

Ocho ó diez mil argentinos y orientales proscritos, de 
los 40 ó 50,000 que vagan errantes por las repúblicas 
vednas, se dirigen á las fronteras del Brasil, Chile, Bo- 
livía y Paraguay para unirse al ejército libertador. 

Veinte mil brasileros aguerridos, á las órdenes de un 
general valiente y esperimentado, el conde de Gaxias, 
pacificador de Rio Grande, avanzan en columna cer- 
rada, confiados en la santidad de su causa y seguros de 
la victoria. 

en el Rio de la Plata : goarismo espantoso atendida la escasa 
población de este que no llega á un millón. 



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— . 270 — 

Con igual ardor y entusiasmo marchan á su encuentro 
los libres paraguayos, anhelando escribir con la sangre 
de los sicarios del déspota el acta de su independencia. 

Al lejano rumor de las salvas triunfales con que estos 
valientes anuncian su aproximación , se estremecen los 
bosques del Uruguay, del Daimany Rio Negro, y lanzan 
centenares de guerreros que han estado allí ocultos 
ocho años, prefiriendo la sociedad de los tigres y ser- 
pientes al yugo de Rosas y su procónsul Oribe. 

En las erguidas cuchillas y en la cumbre de las mon- 
. tañas arden desde la copa á las raices, árboles seculares, 
como inmensos candelabros que el genio de la libertad 
enciende para convocar á sus hijos al combate. 

A su ardiente resplandor numerosas guerrillas se or- 
ganizan, y disputan el terreno palmo á palmo á los in- 
vasores. 

La heroica, la invencible Montevideo cubierta de hon- 
rosas cicatrices, ceñida la sien de palmas y laureles in- 
mortales y envuelta en el humo desús cien cañones que 
la prestan su voz gigante para dar el parabién á sus 
hermanos, tremola desde lo alto de la muralla su ban- 
dera, y el mundo entero se descubre para saludarla con 
respetó y admiración!... 

La espada de Damoclesestá pendiente sóbrela cabeza 
del dictator... unión y perseverancia es lo único que se 
necesita para acabar con él : la mina está preparada 
debajo del edificio de su tiranía ; solo falta una mano 
vigorosa y firme que reúna en una sola haz las haces 
distintas que brillan por todas partes y las sacuda sobre 
el dormido cráter... El hombre á quien la Providencia 



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— 271 — 
parece haber confiado esta grande y patriótica misión 
es, ¡impenetrables juicios del Altísimo! es el general don 
Justo José Urquiza, el mas intrépido é inteligente délos 
pocos hombres de corazón que ligados por compromisos 
anteriores han seguido las banderas del tirano. El pon- 
drá fuego á la mina, y ¡ ojala su estallido sea tan vio- 
lento, tan intensas las llamas, que ni siquiera nos dejen 
el polvo de los huesos de Rosas I... 

IX, 

ROSAS Y LOS XI. # 

(Publicado élV de mayo de 1852.^ 

Estábamos esperando algunos datos que hablamos 
pedido á América, con el objeto de terminar la serie de 
artículos sobre el Río de la Plata que empezamos á pu- 
blícsir en La Ilustración, cuando el último paquete nos 
trajo la feliz nueva de la caída de Rosas. 

Este desenlace, que habíamos .vaticinado con mucha 
antelación, no nos sorprendió : los elementos reunidos 
contra él en esta nueva cruzada, no podían menos, como 
demostramos-entonces, de aniquilar para siempre su for- 
midable pod^r. 

El resultado ha correspondido á nuestras esperanzas: 
merced al arrojo y patriotismo del general Urquiza, y de 
sus dignos aliados, Montevideo, Corrientes y el Brasil, 
el dictador ha venido á esconder su ignominia en Eu- 
ropa. La Providencia, siempre justiciera , ha querido 
reservarle este suplicio de condenado. Justo es que ar- 
rastre lejos de su patria una existencia envilecida y des- 



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-- 272 — 
preciable, el que por tantos años fué el azote y oprobio 
del suelo que le vio nacer, y obligó á millares de sus 
compatriotas á mendigar el pan amargo del destierro. 
No era digna su vida miserable que la mano de un hom- 
bre libre la sacrificase en el campo de batalla, abrién- 
dole la gloriosa tumba reservada tan solo á los va- 
lientes. 

Conviene que viva para que sirva de escarmiento á 
los que quieran imitar su ejemplo. Conviene que viva 
para que oiga desde un rincón de' la apartada Europa, 
, el grito unánime de entusiasmo y demente alborozo, 
confundido con el anatema universal que se levanta con- 
tra él desde el Uruguay hasta los coafinés-del Brasil; 
desde las riberas del Plata hasta las faldas de los Andes. 

En ese inmenso territorio, donde él imperó como amo 
absoluto, hoy la libertad, precedida por la vicloria, abre 
una nueva era de paz, de unión, de olvido, de progreso 
y felicidad. ¿ Qué mayor suplicio para Rosas ?.. Arrojado 
del altar, escarnecido y befado por los mismos que le in- 
censaron como á un dios, condenado como un reprobo á 
presenciar la dicha de los bienaventurados, ¿ no sufrirá 
los tormentos de Luzbel, á quien tanto se parece en fe- 
rocidad y orgullo, al verse encadenado en el abismo que 
sus crímenes le han abierto ? Al considerar que ni en vida 
ni en muerte hay redención para él; porque, vivo, sus 
hechos son tales, que una vez en tierra no hay poder 
humano que vuelva á encumbrarle á la altura de donde 
cayó; y muerto, la historia imparcial, que no es olra cosa 
que el fallo de la posteridad, no podrá menos de marcar 
su nombre con sello perdurable de infamia, y enseñarle 



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— 273 — 
maldecido y execrado á las generaciones venideras, como 
el símbolo mas exacto de todo lo malo que puede engen- 
drar la ignorancia, el despotismo y la barbarie. 

Hoy pues que su estrepitosa caida ha llamado viva- 
mente la atención del mundo civilizado, volvemos á em- 
prendernuestra interrumpida tarea, deseosos de aumen- 
tar la celebridad de Rosas, y de acabar de darle á cono- 
cer en España. ¡ Ojalá nos fuera dado hacer otro tanto 
en las demás capitales de Europa, y muy principalmente 
en París y Londres, donde plumas venales siguen toda- 
vía haciendo su apoteosis (1). 

Prescindiendo de la verdad de los hechos, juzgaihos 
que en la actualidad todo lo que á él se refiera debe te- 
ner doble interés para nuestros lectores de la Península y 
de América, y esta consideración nos ha movido á escri- 
bir el siguiente paralelo, cuya idea primitiva nos fué ins- 
pirada por el motivo que vamos á referir. 

No hace mucho tiempo que viendo representar por 
primera vez á Valero, á ese eminente actor, el magnífico 
drama que lleva por titulo Luü XIj nos pareció notar 
algunos puntos de contacto, algunas estrañas coinciden- 
cias entre el cará^er y la vida pública y privada de aquel 

(1) Aprovechamos esta ocasión para dar las mas espresivas 
gracias á la prensa española, y en particular al Clamor Público, 
por la manera noble y digna con que se ha ocupado general- 
mente de las cuestiones del Rio de la Plata. El Clamor, con un 
desinterés y beneTolencia que le honran, espontánea y gratuita- 
tómente ha reproducido íntegros, \arios artículos que en refuta- 
ción á las calumnias de los agentes de Rosas ha publicado en 
Paris y Londres nuestro distinguido amigo, el general D. Melchor 
Pacheco y Obcs. 



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— tu — 
monarca, y el carácter y la vida pública y privada del 
célebre dictador deíBuenos Aires, D. Juan Manuel Rosas. 

Es muy probable que no hubiésemos parado mientes 
en este pensamiento, que nos asaltó durante la represen- 
tación si una, circunstancia, ó mejor dicho, una costum- 
bre que conservamos desde la niñez, no nos hubiese obli- 
gado á fijar nuestras ideas, vagas é indecisas hasta en- 
tonces, á coordinarlas, á formular un juicio sobre ellas, 
y á establecer involuntariamente una especie de paralelo, 
que nos dejó en efecto sorprendidos. 

Acostumbramos leer de noche, y siempre que vemos 
en la escena un personaje histórico que nos preocupa 
fuertemente el ánimo, procuramos tener á mano antes 6 
después de la representación, algún buen libro, si es po- 
sible el mejor, que se haya escrito sobre los sucesos á 
que se refiere el drama ó comedia, y encontramos un 
verdadero placer en recordar lo que habíamos olvidado, 
ó ilustramos acerca de lo que ignorábamos. Asi conse- 
guimos á un tiempo entretener agradablemente nues- 
tras continuas veladas, y al cabo de una lectura mas ó 
menos detenida, conv.encernos por nosotros mismos de 
la menor ó mayor verdad histórica q|^ en el drama tie- 
nen los personajes y sucesos que en él figuran. 

Con este objeto, pues, la misma noche que vimos re- 
presentar á Valero con tanta propiedad é inmejorable 
acierto el Luis XI ^ cogimos al acostarnos á uno de nues- 
tros autores favoritos, á Chateaubriand, y la luz del alba 
nos sorprendió leyendo el tomo iii de sus Estudios his- 
tóricos^ que contiene, como s^ben nuestros lectores, el 
Análisis razonado de la historia de Francia, 



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A medida que leiamos, nuestra admiración subia de 
punto. Elsublime cantor de los itídr^^m, al trazar á gran- 
des rasgos el carácter y los hechos mas notables de la 
vida del tirano francés, sin advertirlo ha trazado con 
mano maestra la biografía del tirano argentino. Luis XI 
y Rosas son una misma persona. La semejanza, la iden- 
tidad es tan grande para el que conozca al segundo, que 
no tiene [mas que cambiar los nombres propios ó al- 
guna otra circunstancia accidental, para pintarle y darle 
á conocer tal como es. 

Cúmplenos aquí advertir á los que no nos crean, que 
todo lo que vamos á decir respecto de Rosas, lo hemos 
ya probado suficientemente con sm propios documentos 
oficiales^ ora en artículos parciales como este, publica- 
dos en la Ilustración^ ora en un folleto adí hoc^ en prosa 
y verso, que dimos á luz en Montevideo á principios de 
1846. (1). Hace mucho tiempo que tenemos especial 
empeño en contribuir, hasta donde alcancen nuestras 
escasas fuerzas, á la celebridad del famoso gaucho-^ 
malo (2) Juan Manuel Rosas. 

(i) Episodios de nuestra historia contemporánea, 
(2) Campesinos que usan otro traje , tienen otras ideas 
y costumbres que los habitantes de las ciudades : Rosas 
por su cuna nada tiene de tal; es nieto de un conde, y su 
familia de las mas ilustres de Buenos Aires ; pero por su educa- 
ción, por su vida errante y vagabunda, por sus bábitos é instin- 
tos, es un gaucho completo, y malOy que es todavía peor. El lo 
conoce, y nada le enfurece tanto como que le califiquen de este 
modo. En veinte años que ha mandado, y veinticinco que figura 
en la escena política^ se ha civilizado algo, muy poco, porque es 
agreste, original y estravagante en grado superlativo. Cuando 
se incomodaba, lo que sucedía á menudo, solia decir que era 



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— 276 — 

Con esto y con añadir que las palabras en letra bas- 
tardilla son del testo francés que tenemos á la vista, el 
lector nos hará el obsequio de no acordarse de la anterior 
ligera digresión, y de seguimos sin mas preámbulos en 
el rápido paralelo que vamos á hacer entre los dos tira- 
nos, y que puede considerarse como el epilogo de los 
artículos citados. 

Imís XI, dice Chateaubriand, colocado entre la edad 
media que moria y los tiempos modernos que empezó^ 
ban... nacido en una época social en que nada estada 
consumado y todo comenzado, siguió un sistema mons-^ 
truosoy indefinible, original suyo. . . 

El ilustre restaurador de las leyes, el héroe del de- 
sierto, el padre de la patria, la columna de la federa- 
ción, el defensor de la independencia americana, el 
Washington del Sud, el principe normando (1), Rosas, 
en una palabra, porque estaríamos escribiendo hasta 
mañana sin agotar todos los títulos que la adulación y 
el miedo han aglomerado sobre su cabeza, hasta el punto 
de dar su nombre á uno de los meses del año (2) ; Ro- 
sas apareció también poco después de la última batalla 
que postró el dominio español en elNuevo Mundo (1824), 
y consagró definitivamente los nuevos principios de la 

dueño absoluto del honor, vidas y haciendas de sus desgracia- 
dos compatriotas, refiriéndose á las facultades extraordinarias 
de que se haUaba inyestido por una farsa de representación na- 
cional y el YOto unánime de la provincia de Buenos Aires, arran- 
cado por la mas-horca á sus habitantes con el puñal al cuello. 

(i) Títulos de Rosas : el origen de cada uno de ellos puede 
dar margen para escribir un largo artículo. 

(2) El mes de octubre se llama en Buenos Aires el mes de Rosas 



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- 2T7 — 
revolacion Hispano-Americana. Cuando subió nljpoáet 
(1830) nada se hábia cimentado, y toda&la ideas, todos 
los intereses, todos los principios estaban iniciados y se 
debatian en los campos de batalla, en la prensa, en el 
foro, en la tribmia. Su sistema, que él ha bautizado con 
el titulo retumbante de Sistema americano^ era tan mons- 
truoso^ tan indefinible y original, que necesitaríamos 
escribir muchas páginas para esplicarlo debidamente. 
En el fondo se reducia á domhiar por medio del terror 
y la ñietza bruta á las poblaciones agrestes é uicultas de 
la campaña, valiéndose de sus caudillos : neutralizaba 
el poder de estos, escitando celos y rivalidades entre 
ellos : con las campañas sujetaba á las ciudades, y vice- 
versa, estableciendo en todas las capitales y pueblos de 
alguna consideración, numerosas sociedades ó clubs que 
él apellidaba populares, y que se han hecho famosos ba- 
jo el nombre áemas^horeas. Pretendía reconstruir el an- 
tiguo vireinato de Buenos Aires, del que se han formado 
cuatro repúblicas (la Confederación Argentina, la Banda 
Orienta], el Paraguay y Bolivia), y hacia poner alñ<ente 
de todos sus documentos públicos, ; viva la federación! 
mueran los salvajes jOsqtierosoSj inmundos unitarios! I! 
cuando, como se ve, él era el déspota mas unitario y 
absoluto que ha existido desde la aparición del doctor 
Francia, su maestro. Detestaba álos europeos, y su gran 
pensamiento era alejarlos y hacer nula su influencia en 
aquellos países, cuando sin ese poderoso elemento de ci- 
vilización y de orden, la población, la industria y el co- 
mercio habrían decrecido en una progresión igual álos 
frecuentes trastornos y carnicerías que hemos presen- 



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— 278 - 
ciado desde la guerra de la independencia hasta el pre- 
sente. Titulábase Pacificador del Plata^ y vivía con la 
guerra, y no ba teqido ,un solo dia de paz desde que fué 
electo capitán g^erál y gobernador de Buenos Aires. 
Repetía que anhelaba la paz átodo trance, y era el pri- 
mero en rechazarla cuando los gabinetes europeos, la 
necedad de sus enemigos, alguna victoria, ú otra dr- 
cunstancia^jfavorable se la brindaban. 

Vociferaba que su principal conato se dirigía ¿ afian- 
zar la unión y concordia entre las provincias de la Con- 
federación, y de esta con las repúblicas vecinas, cuyos 
vínculos había relajado la guerra civil, y donde quiera 
que interponía su paternal influjo, los pueblos se alzaban 
en armas, la-^angre corría ¿ torrentes, y la anarquía, el 
odio, las venganzas y ambiciones personales estallaban 
con mas violencia que nunca» 

Esta contradicción entre sus obras y sus palabras, en« 
tre sus pretensiones y sus hechos, esplica la mala fe, la 
decepción, el cinismo y profunda inmoralidad de todos 
los actos de su gobierno. llosas era un hombre que no re- 
trocedía ante consideración alguna, con tal de llegar al 
fin que se había propuesto : hombre especial, conocedor 
como nadie de nuestra sociedad y nuestras cosas \ muy 
poco instruido, pero de gran despejo y talento natural, 
en el que se encontraba mucho de la ferocidad de Sila, 
de la hipocresía de Crpmwel, de la impudencia y auda- 
cia de Catílina, y de la intolerancia sanguinaria de Maho- 
ma, sin que tampoco le faltase algo del genio de estos 
famosos crimínales. 

Séanos licito reconocerlo. No se manda veinte anos, 



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— 279 — 

ni se hacen las cosas que él ha hecho, con una inteli- 
gencia vulgar, ni sin estar adornado de grandes dotes 
como hombre de acción y de energía. Digámoslo sin 
miedo, en voz alta, porqué de lo contrario nos haremos 
muy poco favor los que nos jactamos de sef sus enemi- 
gos. Si era él tan inepto y su poder tan frágil é imagina- 
rio, ¿ cómo ha resistido tanto tiempo al embate de una, de 
dos, de tres coaliciones, en alguna de las cuales figura- 
ban naciones tan poderosas como la Francia y la Ingla- 
terra?... Dejamos la repuesta á los que suponen que es 
un hombre vulgar, favorecido únicamente por la fortuna. 

El constante anhelo de Luis XI fitó humillar elor' 
güilo de la aristocracia é inmolarla á su odio, como el 
de Rosas ha sido humillar á la clase mas decente de la 
república, envilecerla y entregarla al furor de la plebe, 
de la mas'horca, ó ala efervecenciapopular, como decian 
sus periódicos hablando de las célebres saturnales de oc- 
tubre y abril de 1840 y 41, al responder á loscargos que 
le dirigía la prensa patriótica, por las innumerables víc- 
timas sacrificadas en esa época infanda. Buenos Aires ha 
visto con escándalo pasear por las calles su retrato en 
un carro, del que tiraban esposas de generales, y escol- 
tado por ministros, diputados, altos funcionarios civiles 
y eclesiásticos... por lo mas granado de la sociedad bo- 
narense! 

I Y ese retrato fué recibido debeyo depalioy coloeado 
en el altar por mano de un obispo ! 

I Y la multitud se prosternaba delante de él, se descu- 
bría, y doblaba la rodilla, como pudiera hacerlo ante la 
imagen dd Redentor délos hombres! 



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— 280 - 

Creemos que este -solo rasgo caracteriza á ^osas. 

£o repetimos , el constante trabajo de la vida de 
Luis XI y la idea fija que le dominó^ fueron, el abati-- 
miento de la alta aristocracia y la centralización del 
poder. 

Hucha sangre y muchas lágrimas nos ha costado; 
pero debemos confesar también que Rosas ha sido el 
primero que ha abatido la altivez de los cadques de las 
provincias, y ha reducido á estas á una obediencia á que 
no est(d)an acostumbradas. Los medios han sido inicuos 
y los resultados fatales ; pero en el fondo del mal se 
oculta un gran bien, que un gd)íemo previsor é hite- 
ligento sabrá utilizar en beneficio de la nación» no en 
provecho suyo como lo ha hecho Rosas, 

En toda la república Argentina, á escepcion de Cor- 
rientes, pueblo heroico que sucumbió á sus golpes cinco 
veces, y cinco veces rompiji sus cadenas, absoluta y te- 
mida acataron todos su autoridad. Los gobernadores de 
las provincias, sus iguales según la Constitución, á pesar 
de sus fueros y prerogativas, no eran mas que procón- 
sules del dictador de Buenos Aires. Quiroga, López, 
Cullen, los Reinafes, Beron de Astrada, Brizuela, cau- 
dillos de gran prestigio en sus respectivas provincias, y 
que oculta ó abiertamente se atrevieron á resistirle, ba- 
jaron ¿ la tumba sacrificados por éL Los motines, las 
celadas, el veneno y los campos de batalla le dejaron 
espeditas las sillas de los gobiernos provinciales. 

Los caudillos ^e wn viven, y los que mandaban últi« 
' mámente, hablan tenido ^e doblar el cuello ala coyun- 
da, ó huir ó rebelarse. Rosas para parecerse en todo ft 



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— 284 — 
SU modelo, no toleraba i sa lado superioridad de nin- 
gana dase. Se deleitaba en pasear su nivel de plomo 
por todas las cabezas, y ¡ ay del qae en su presenciase 
atreviese á llevarla un poco mas erguida que los de- 
mas! 

Asi se esplica cómo el populacho de Buenos Aires, y 
mía inmensa mayoría de su campaña , amaba y ad- 
miraba á Rosas , y la razón es evidente : le admiraba y 
amaba, por la misma razón que el pueblo francés admi- 
raba y amaba á Luis XI, que tan diestramente saina lU 
sonjear la pasión democrática^ el amor á la igualdad: 
es decir, la democracia y la igualdad del despotismo, 
las que abaten la cerviz del poderoso para que descuelle 
la de la canalla, no las que elevan al hombre y le con- 
ceden derechos, que si un tirano se los arrebata, ponen 
en sus manos el puñal de Bruto y Scévola. 

Luis XI, á pesar del cariño que profesaba al pueblo, 
le mandaba arrojar al rio dentro de sacos cuando des- 
confiaba de él ; y Rosas, para no ser menos, hizo dego- 
llar por la mas-horca á una parte del pacifico vecindario 
de Buenos Aires, creyéndole en connivencia con Lava- 
lie, y convirtió las capitales de las provincias sublevadas 
Corrientes, Córdoba, San Juan, Catamarca, Tucuman y 
la Rioja, en teatros de desolación y sangre. ¡ Mas de 
cuatro mil personas sucumbieron en esta horrible carni- 
cería! 

Era Luis XI un hombre zorro^ que con gentes despre- 
ciabies llevaba d cima grandes empresas; que transfor* 
maba á sus criados en heraldos de armas^ á sus barbe^ 
ros en 7ninistros. al gran preboste en compadre^ y á dos 



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verdugos^ de los qufi el uno era alegre y el otro tristCy en 
compañeros» 

Rosas, con hombres tan nulos, por no decir despre- 
ciables, como Oribe , su hermano Prudencio Rosas, el 
fraile Aldao, de negra memoria, ha vencido á los guer- 
reros mas ilustres de la independencia, á Lavalle, á Ri- 
vera, á Castelli, á Lamadríd, á Vilela, y á otros cien que 
hat>ian ganado renombre en mil combates, y que ademas 
de su valor personal, sobrepujaban á sus adversarios en 
prestijio y conocimientos militares. A la voz de su opre- 
sor, la culta Buenos Abres, la que de Pradt llamaba Ate- 
nas de la América del Sud^ ha visto levantarse del fango 
para desempeñar altos destinos , hasta á pulperos (1) 
como Salomón, Barcena, Pablo Alegre y otros j y para 
que nada falte al Nerón argentino para igualar y esceder 
tal vez á su modelo, ha tenido varias veces, y aun tenia 
en estos últimos tiempos, dos ó mas locos por compañe- 
ros, muy parecidos en su carácter á los de Luis XI : se 
divertía con ellos en sus horas de solaz, de un modo que 
nos baria reventar de risa si no nos ahogase la indigna- 
ción. Generabnente no sobrevivían aquellos infelices largo 
tiempo á su infortunio. El mas celebre de ellos, el padre 
Viguáy murió no hac^ mucho víctima de uno de los terri- 
bles misereres '{% á que con harta frecuencia le conde- 
naba Rosas por faltas imaginarías en el desempeño de 
sus altas funciones. Hacíale creer que era obispo, gober- 
nador, general, magistrado, etc., y luego le pedia estre- 

(1) Taberneros. 

(2) Disciplinas con acompañamiento de fuelles, etc. 



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— 283 — 

ebft euepta d^ su coaducta. Tal ha sido por espado de 
miMáios años su división favorita. 

No en vano hemos dicho que á medida que se exami- 
nan los hechos, carácter y hábitos de Rosas y Lds XI, 
es tan grande la semejanza, que parecen un mismo indi- 
viduo viviendo en dos épocas distintas. Reservamos para 
otro articulo esponer los demás puntos de contacto y ana- 
logias que se encuentran en aopbos, y que son tan mar- 
cadas y características, que hacen dudar si será una ver- 
dad la trasmigración de las almas, sea de las personas 
á las p^sonas, de estas á las bestias, ó de bestia á bes- 
lia, que de todo hay en Rosas y Luis XU 

X. 

Hemos visto que la época de la aparición de Rosas , 
coincide perfectamente con la de Luis XI , así como su 
genio feroz y sombrío, sus gustos estravagantes y su sis- 
tema de gobierno contradíctario é irracional , basado en 
Ja guerra, en la violencia y la mentira, sistema que pa- 
rece mas bien plagiado délas hordas salvajes del de- 
sierto, que de pueblo alguno donde se acaten los fueros 
de la razón y de la justicia. Hemos visto también que es 
idéntica en los dos la manía de centralizar el poder, el 
anhelo de abatir á los poderosos, Rosas á los caciques 
de las provincias, y Luis .XI á los magnates de la aristo- 
cracia; la habilidad para esplotarlas situaciones y sacar 
provecho hasta de los hombres mas insignificantes , y 
finalmente, su empeño en invertir todas las jerarquías , 
halagando los instintos del populacho , el primero como 
rey que no se desdeñaba de confundirse con sus vasallos, 



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y el segundo como caudillo popular que participaba de 
tas ]preocupacioiies, hábitos é ideas de hiparte viciosa é 
inculta de los campos y dudades, nervio principal de su 
í)oder 

Réstanos ahora , para acabar de poner en relieve la 
Intima conexión que existe entre uno y otro tkano, exa- 
minar la conducta de Rosas en su juventud, la manera 
de proceder con su padre y hermanos, los medios de que 
se ha valido para estender su influencia en los países li- 
mítrofes, los resortes de su política, su insigne mala fe, 
la violación de los tratados, la crueldad sistemada eon 
qae ha procedido siempre , ordenando Mámente el de* 
güello de los prisioneros y poblaciones indefensas, con el 
único objeto de inocular el terror, como el mejor auxi- 
liar de su tiranía sangrienta y embrutecedora *, en fin , 
sus alianzas con los salvajes, y el odio mortal contra los 
pueblos vecinos, donde reglan principios opuestos á los 
suyos. 

Luis XI, siendo todavía delfin, conspiró contra su pa- 
dre, se rebeló contra su autoridad : Rosas, antes de los' 
veinte años, abandonó el hogar paterno, después de ha- 
ber reñido con su familia. La causa de este enojo fué un 
abuso de confianza, harto reprensible en su corta edad. 
Su madre, no pudiendo hacer carrera de él, cuando ape- 
nas entraba en la adolescencia , le envió á una de sos 
estancias bajó las órdenes de un capataz, y Rosas se 
apropió algunas cantidades de consideración, y las inver- 
tió no se sabe en qué. Con este motivo fué llamado á la 
ciudad y reconvenido agriamente por sus padres : mas 
él , cuyo carácter indómito , impetuoso y estravagante , 



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— 285 — 

emboba y^ ¿ revelarse, les contestó sacándose el pon- 
cho (1) y otras prendas de ropa , como si no quisiera 
conservar nada que les perteneciese, y tirándoselas & los 
pies, salió, montó á caballo , y desapareció con la velo- 
cidad del rayo. 

Desde entonces no ha vuelto ¿ pisar la casa de suspa* 
dres, niaun después que la fortuna le elevó al primer 
puesto de la república. 

Hay quien asegusa que en aquella ocasión cometió el 
desacato de levantar la mano al autor de sus días; pero 
como (pilera que fuese, muy grande debia ser el enojo 
de este, cuando á su muerte , en vez de nombrarle al- 
bacea, ^^mo de mas edad y representaci(m, nombró á su 
hermano Gervasio : público menosprecio que ni en la 
tumba ha perdcmado Rosas ¿ su padre. 

El que es hijo irrespetuoso é ingrato, mal puede ser 
buen hermano. Si Luis XI envenenó á su hermano el 
duque de Guyena, el Washington del Sud no hizo lo 
mismo cpn el que acabamos de nombrar, porque no le 
fué posible ; pero le puso fuera de la ley, é hizo insertar 
en los periódicos que no era h\¡o de su padre, D. León 
Ortiz de Rozas (2) , sino del capataz d^ sus estancias. 

D. Gervasio Rosas se asiló á Montevideo huyendo de 
su desnaturalizado hermano. Su injusta persecución fué 
motivada por el malhadado alzamiento del Sud (1839) , 
en el que se le creyó complicado. Numerosas partidas 

(1) Especie de capa cerrada, muy usual entre la gente del 
campo. 

(2) Ortiz de Rozas es su verdadero apellido, y él se hada Ha* 
mar y se firmaba Rosas solamente. 



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— 286 - 

de cabaUerf a andavieron buscándole por espacio de al- 
gunos días, con orden espresa de matarle donde quiera 
qué le encontrasen. 

La perplejidad no cabia sino en las numeras de 
luis XI y mas no en su cabeza , donde , como él mismo 
decia, llevaba todo su consejo. 

Rosas unas veces se mostraba alegre, jovial hasta 
la locura , otras sombrío y feroz hasta la demencia ; 
unas veces se presentaba vestido con todo d esmero y 
etiqueta propios de su alta clase , y otras recibia á los 
primeros diplomáticos estranjeros, como ál conde de 
Lurde, por ejemplo, ministró plenipotenciario de Fran* 
cía, vestido de gaucho , en chiripá (1) y ropaó menores. 
No seguía jamás los consejos de nadie , sino sus propios 
impulsos : tiene una voluntad de hierro, y por mas que 
se diga, á ella ha debido principalmente su elevación , 
sus triunfos y prosperidad. 

El monarca francés tenia la mania de prestar dinero 
sobre las fianzas de provincias y de plazas á los soberanos 
de la familia que lo necesitaban^ á fin de tener unpre^ 
testo, si las circunstancias le eran favorables , para cj- 
tendersus dominios, y Rosas por distinto camino conse- 
guía el mismo resultado. Sin que nadie le nombrase 
constituíase en arbitro y juez de las cuestiones de sus 
vecinos ; levantaba y equipaba ejércitos ó fuerzas mas ó 
menos considerables, que ponía á disposición de los que 
se empeñaba en favorecer, y convirtiéndolos asi en ins- 
trumentos ciegos de su ambición y de sus planes , se 

(1) Pedazo de paSo ó bayeta que á guisa de saya se enviMlve 
aliededoií de la cinUiKa» dcjáadolecaer baala los pies. 



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— 287 — 
apoderaba de nuevos territorios, ensanchaba y estendía 
su influencia hasta donde le abría paso la victoria. Eso 
ha hecho con los republicanos de Rio-Grande ; eso ha 
hecho con Oribe, con ese moderno conde D. Juliai^; eso 
ha hecho con los revolucionarios del Alto Perú ; eso ha 
hecho con todos los caudillos y hombres sin corazón , 
que han ido á mendigar su apoyo y á ponerse bajo su 
férula , suscribiendo entre otras condiciones á las si- 
guientes : 

1' A incorporar su respectivo país á la Confedera- 
ción Argentina; 

T A hacer guerra á muerte álos salvages unitarios^ 
que eran todos los enemigos de Rosas , fuesen america- 
nos ó europeos; 

3' A seguir en todo y para todo las instrucciones del 
ilustre restaurador de las leyes (asi se titulaba desde que 
las puso todas debajo de su asiento}. 

¡ Restaurador de las leyes!... horrible sarcasmo para 
los que no ignoran lo que esas palabras han significado 
Qn él Rio de la Plata !... Baste recordar que Luis XI vio- 
loba los decretos , mudaba los jueces en su provecho , 
y nombrat)a comisioms ejecutivas. Rosas decía que las 
leyes lashacey deshace el que puede; quilos tratados, las 
palabras empeñadas, etc., son trampas para cazar tigres: 
y constante en estos principios ha violado con insigne 
mala fe todos sus pactos y compromisos con los gobier- 
nos de la Confederación, coii el Paraguay, el Estado 
Oriental, el Brasil, la Inglaterra y la Francia. 

Desde su primera elevación al poder (1830), invadió 
las funciones legislativas é hirió de muerte al poder 



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judicial, pidiendo al presidente de la cámara de jnstida, 
la lista de diez y ocho ó veinte presos que mereciesen la 
última pena, y los mandó ñisilar en San José de Flores 
por una simple orden suya. 

En el proceso (1837) de los hennanos Reinafés 
(D. José Vicente y D. Guillermo), gobernador de Cór- 
doba el primero y teniente coronel el segundo, Rosas, 
por cuya instigación mandaron asesinar ellos al famoso 
Quiroga, llamado con justicia el tigre de los llanos, ítaé 
delator, fyscal, juez de primera, segunda y tercera ins- 
tancia, carcelero y ejecutor. Por último, él ha sido el 
primero en América que ha dado el fatd ejemplo de las 
comisiones clasificadoras, con motivo de su adveni- 
miento al poder; comisiones que no son mas que una 
parodia servil, y tan funestas como las célebres comi- 
siones de la primera república francesa. Continuemos. 

El bárbaro (Luis XI), después del tratado de ConfUms^ 
mandó arrojar al rioá muchos habitantes de Paris^ por 
sospechas de que eran partidarios de su enemigo; y d 
prindpe normando, mientras flameaba una bandera par- 
lamentaria á bordo de la Boulonnaise, donde un alto 
personaje redactaba las notas que precedieron al tratado 
que iba á proponerte de parte de la Frauda, escribía á 
los corifeos de la mo^-Aorca para que esta asaltase y de- 
gollase á la claridad del dia ai pacifico vedndario de 
Buenos Aires, solo porque sospechaba que tenia reía* 
ciones con Lavalle, como ya indicamos; y tal vez con la 
misma pluma, todavía húmeda, con que habla firmado 
la orden para esta carnicería, firmó el ignominioso tra- 
tado Hackau, de eterno baldón para el torpe negociador 



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— 2a9 — 
y patfa el aleve i^libinete sin diptidadque ló rMAeó. 
(Guiz^ y comparsa.) 

Luis XI mandaba á siís genérales que entregasen loék 
al saco y lo pasasen iodo á enehiUo^ y qué no kUfiesen 
prisi€/neros; exactamente lo mismo (pie recom^daba et 
héroe del desierto á los soyos, c<m la diferencia dé que 
como eran mas ignorantes y feroces, le obedecían con 
mas senrilismo, y no se halló en í$us ejércitos uno soto 
que se alf eriese á desobedecerle, como Safait-Andcé á 
Linis XP. La guerra que hacia, era una gnerra de ester- 
minio, que deshonraría á los mismos estados berberiscos, 
para valemos de una elocuente frase del noble comodoro 
Purvis. Una de sus máximas gubernamentales era que 
los muertos no se levantan. 

Pocos tiranos ha habido que hayan hecho morir é 
tantos ciudadanos á manos de los verdugos y en sítpti- 
eios mas crueles. Para que se comprenda toda la exac- 
tilttd de este aserto respecto al padre de la patria, vamos 
¿ trasladar á continuación un estraeto de las famosas 
TABLAS DE SANGRE, formadas con una paeiencia y un 
cek) que demuestran lo que puede el patriotismo y el 
amor á una noble causa, por el infatigable y malogrado 
D. José Rivera Indarte, el ilustre escritor, digno ^ulo 
de Várela hasta en su muerte gloriosa. Sacerdotes de la 
libertad y de la civilización, murieron defendiendo sus 
principios^ como el valiente soldado al pié de su ban- 
dera. Un veneno libró á Rosas del primero, y un puñal 
del segundo* Uno en El Nacional y otro en El Comercio 
del Plata, fueron los dos enemigos mas terribles que se 
han levtMdtado contra su tlrania. Nuestra causa, que es 

9 



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li MM de te Uuttflirfdlid y delaoivittuMfan, peidM'ei 
ellos tal vez á sus dos mas robustos aüetit. Pok eso 
Roaaa los asesinó odMurdeniQiile. 

Ssgim ludaite, la» táUas ite la sangre derraiMda per 
m óidea, eolo conq^riMideii las tíotiiiiaa imierlas á Ueriti 
ú A ftiegOy eonstando asi de los dociniHNitos ofldalea del 
iittsaAO dbskador, ó de retaefames dadas por lestigea 
<%aes da U. « Ifodiis&naa aarto las qae mntdreiMa^ 
ailade, y qae no hemos podido averígn»* tm la ineoiM^ 
nioMioft en qw estamoa con el ifttnrior de Bueno» Aifes 
y tos eüam provhidas Argentínas. Ai^m dia ooq nuevo* 
y 0i^|ttfes datos mejaniremos nuestfias tablas, como boj 
mfjoramoa las EfmMd^ de las oamicerias de Rosas. 
No comprendemos los muertos por mls^a, destienroe, 
oáfodea, safrimieirtos morales : esto ee Inmenso é in- 
avioiguable. InserlbiHios m estas tablas solo los nom* 
bres de los que han moefto por opkiioñes poUtieas d 
¡Bkaameule; qae á la fas de Dios y de los hombres smi 
iaooeiiles.«» para nuestros cálculos nos hemos valido de 
datoadiioelaa y predsos : el los hubiésemos he<^ por 
ios partes ofldkdes, casi siempre exagerados, loa gm* 
rísas^aniantriplemttite mayores. >^ 

Ahomlilen : estas tablas, en lasqueestftn eonsigna- 
dos por Idras, con espresion del dia, mes y año, loe 
nombres de lasviétimas y de sus asesinos, la causa de 
su muerte y otras otreunitanolas, como Igualmente loi 
fusüamtentos enmasa, combine, etc. , etc., estas tablas 
<^ haeian bramar de coraje á Rosas, cuando las 1^ 
por vez primera, y esclamar frenétiee, como otro titano 
menos sanguinario que él, paseándose ftiHoso de un es* 



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— Uh — 

tnsm^k olFodeAigibhiete m PaI«riiio (1) : ¿ Nú habrá 
nadie qttemB Ubrédéeste htmbr»? estas taM«9 ofrecen 
el sigoleiite espaatofto rasúmea : 

fiDveoenadM (iBOhiio el autor de ettai) « 5 

degollados. . , ^76ff 

Fusilados. . • . . 1,393 

Asesinados 722 

Muertos en acciones de armas. .*....'... 44^920 
Muertos en escaramuKss, Aisiiados y lanceiidos por do- 
ssreloii» ente fOBnoAcioB de los divwsos «reitos ^no 
han c9mbaüdo desde i829 hasta 1843 (f^pocaque compren- . 
den las tablas), debiéndose adver tir^.que Rosas ha estable- 
cido ana táctica militar, bárbara'entre las mas bárbaras. 1,600 
Estas diversas partidas dan el total verdaderamente 
espantoso, como ya lo hemos callñcado, atendida la es- 
casa población del Rio de la Plata, de 22,405 personas, 
las mas activas é inteligentes de la población, muertas k 
veneno, lanza, fuego y cuchillo, sin formación de causa, 
y" casi todas privadas de los consuelos temporales y re- 
ligiosos con que la civilización rodea el lecho del moribun- 
do. No queremos hablar de la emigración de familias en*í 
teras, que huyendo de los gobiernos del ilustre restaurador 
y sus procónsules, se han asilado á la Banda Oriental, 
Bolivia, Perú, Chiley Brasil... pasan de DIEZ MIL lü 

En fin, y para concluir de una vez este horrible para- 
lelo, Luis XI estableció la uniformidad de los vestidos con 
el objeto de humillar á las autoridades señoriales; reci- 
bió en su servicio á los suizos, uniéndoles un cuerpo de 
10,000 hombres, no para crear un ejército nacional, 
sino para formar una guardia qué custodiase su persona. 

(1) Magnifica posesioa de IVo8A(» á c<Mrta diaianeia de Buenos 
Aires. 



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Uevú ala tuipba bu odio mortaliú los flamesoos, porque 
en aquel pueblo activo é industrioso reinaba un espíritu 
de libertad que era uua sátira muda de su tiranía. 

El grande americano, por moti? os sooiejaales niveló 
á sus compatriotas con el chaleco de grana^ d bigote y 
la patilla federal^ y sobre todo, con el roce de las últi- 
mas clases con las mas ilustradas y opulentas. ¡ Vergüen- 
za da decirlo ! Las personas mas notables de Buenos 
Aires por su cuna, por sus talentos, por susTíquexas y 
por su posición social, estaban afiliadas por miedo, 
solo por miedo, enla>w¿w-Aorett; y como si esto no bas- 
tase á Rosas para su seguridad, como si conociese cu^ 
efímera y bastarda era su fingida adhesión, se alió con 
los indios salvajes del Chaco y de la Pampa, manumitió 
á los negros esclavos y les puso las arma& en la mano, 
para crearse una especie de guardia pretoriana que le 
defendiese contra las insurrecciones del paisanaje y de 
sus demás tropas. Aborreda de muerte á las repúblicas 
vecinas, que eran un sarcasmo de su despotismo y bar- 
barie, y muy principalmente á Montevideo, á ese pueblo 
heroico, que como el pueblo flamenco en la prolongada 
lucha que sustuvo con Luis XI, desafió impávido el po- 
der del nuevo Atila, y acabó por justificar plenamente 
lo que anunciábamos hace mas de un año en una com- 
posición que vio la luz pública en La Semana^ periódico 
literario de esta corte. 

¡ Montevideo !... Codiciada joya 
Que tres coronas devoraste ardiente. 
Siempre en tu seno con amor se apoya 
La liberad que eae desfalleciente \ 



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— 293 — 

Foc una causa generosa y noble ; 
Por eso lachas hoy con un tirano, 

Y tu heroísmo, en la desgracia, doUe, 
Antes la muerte clama 

Que el yugo de ese déspota inhumano ! 

Y su poder y fama 

Rómpeme al choque de tu hercúlea mano! 

Mwced á su indomable esfuerzo, la estrella de Rosas 
se ha eclipsado delante de sus muros... sus cohortes, 
victoriosas en todas partes, nueve años acampadas en 
la falda del Gerríto, esperaron inútilmente que el ham- 
bre ó el cansancio les entregase ala ciudad invicta. 
¡ Loea ilusión ! Había algo de providencial en la deses* 
perada resistencia de ese pueblo, condenado al martirio 
tantas veces, porque él, mejor que otro alguno en el 
Plata, ha sabido siempre fecundizar con su sangre gene- 
rosa las palmas de la victoria, arrancadas en buena 
guerra al inglés, al español, al lusitano y brasilero. 

Ultimo baluarte donde hizo hincapé la libertad, ven- 
oída y proscripta ya en el resto del Rio de la Plata, Mon- 
tevideo, al son de las cadenas que le preparaba Rosas, 
foijaba el rayo que debía hundir en el polvo su maldita 
firente. El denuedo y constancia de sus defensores, le 
conquistaron las simpatías de la Europa y de sus herma- 
nos del Continente, ün Joven monarca, digno de empu- 
ñar el cetro, y un hombre de corazón, tan patriota como 
bizarro soldado y buen general, se pusieron al frente de 
la nueva cruzada. Pa&ó Urquízael Uruguay, y el ejército 
que sitiaba á Hontevideo se disipó como el humo : pisó 
Urquiza la margen Occidental del Panmái y de victoria 



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- 894 — 
en victoria llegó baita los SanU^Lugare»» gUfuM« erkada 
de cañones y parapetoi», dopde se babía refugiado el ti- 
gre con los restos ¿e kn fbrmídalde poder. Trabóse alli 
una batalla tan reñida y sangrienta, qm por espacio de 
cuatro horas no se supo de quién seri^ el triupfo. Tal 
vez Rosas empezaba á lisonjearse de que la suerte, 
siempre propicia , iocUnaria la balansa á su favor , 
orando, I oh justicia y castigo providencial ! una audaz 
carga á la bayoneta de lainfanteria deMqntevÁdea, deoi^ 
dio la batalla ó favor de loa libres. 

Cuatro mil hombresimedaron tendido» en elcBmpo(l), 
y el dictador, acompañado de su hija, la ctiebre Mano** 
Uta, se refugió á bordo de un buque inglés, bajo el pa* 
bellon que tantas veces babia insultado. 

Montevideo tiene la alta gloria de baber sido el po- 
deroso ariete que abrió en el edificio de su tiranía la 
aacha brecha por donde debian entrar sus enemigos. 
En.sus murallas y en la gloriosa resistencia de sui^ hi- 
jos, se estrelló el poder y }a fortuna de ese mandón in- 
solente. Montevideo} enseñando á los adversarios de Ro« 
sasque donde habia patriotismo, unión y cwrtancia, al 
<K>loso podia medirse con la mano, agrupó alrededor de 
si todos los elementos que veinte años de despotismo y 
desafueros habían ido aglomerando en loa miseros pue- 
blos svúetos á su yugo, y en los que le toleraban, y su- 
frían en silencio sus nltr^es por debíUda4 ó miedo« A la 

(1) Posteriormente hemos sabido que esto no es exacto; per- 
sonas dignas de fe que asistieron á Isf batalla, nos aseguran que 
Isá tropas de Rotas, eseépto loe b«tall(nieg de negros, anrajahaii 
im mm y bujaa m peie^« 



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luz de los cañones de la invencible ciudad, broté la llama 
que convertida muy pronto ^n un incendio, saltó á la 
margen opuesta del Plata, devorando en su carrera 
cuanto intentaba detenerla. 

Los defensores de Montevideo pueden títSit la frente 
aon orgullo : pendido todo el territorio de la república, 
débitos ^ número, abandonados de todos, sin mas aliá- 
dos ({ue ia desesperación, sitiados por mar y tierra, re- 
tteU^mn largo tiempo á tas cuádruples fuerzas que les ro- 
deaban, sin otra esperanta que afcamsar una muerte 
gtorloaa después de ver reducida á escombros su ^querida 
tfudad; perostt causa era santa, y Dios Ui protegió como 
ptotef^ó la de los flamencos. 

Al borde de la tumba, sintiendo ya rébaslar por su gar^ 
gantia el cuohilto de los sicarios, el sol de ttuzdngó y Sa- 
mndi vino á restañar sus heridas, el genio de la libertad 
loe envolvió en su manió, arrancó de su fttüte lá corona 
de espinas, y la gloría puso en ella ana triple guirnalda 
de laurel. 

Volviendo ahor& áLuís XI y su íAh plagiario, dire- 
mos para terminar, que una semejanza, una identidad 
tan grande eam éstos dos hombres diabólicos, nos hace 
esperar que eonladesapattcion del segundo, los acón- 
teelmoitos qv^ se sucedan serán de tanta trascendencia 
é Inmensos resultados para aquellos paises, como los 
que tuvieron lugar m Eumpa después de la muerte del 
riAelde byo de Gártoft Ylh 



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— á9« - 
XI. 

« 

POLÍTICA EUROPEA W LA AMÉRICA ESPAÑOLA. 

La Confederación Argentina y la República Oriental 
del Uruguay, ó mas bien, las provincias que formaban 
el antiguo vireinato de Buenos Aires, son boy la sección 
Hispano-Americana que llama preferentemente la aten^ 
clon de lá Europa ; y los acontecimientos de que han sido 
teatro, su inmenso territorio virgen, su escasa población, 
)a bondad del clima, la feracidad del suelo, y losmuchof 
é inesplotados veneros de riqueza que esconden en su 
seno, esplícan esa marcada, predilección délos primeros 
gabinetes europeos. 

Por desgracia, estos no han procurado hasta ahora 
mas que explotar aquellos pueblos en beneficio de su 
comercio y de su industria, sin influir en su política do 
una manera digna y conveniente, sin estudiar sus nece- 
sidades, sin prodigarles su influencia civilizadora , sin 
comprender siquiera los verdaderos intereses de su na- 
ción, de sus centros manufactureros y de sos naturales 
allí domiciliados *, sin impedir-— nada mas que con la 
fuerza moral de su reprobación, y no reconocimiento de 
gobiernos que no merecen ese nombre-- que reyemelos 
intrusos, como Francia, Rosas y Orive, hayan estado es- 
candalizando al mundo afios enteros, con sus crímenes, 
y convirUendo aquellas ricas comarcas en palenque 
abierto á todas las malas pasiones, en lodazal de sangre, 
en vastos cementerios, destinados ¿ servir de tumba ¿ 
las ideas, al comercio y al movimiento civilizador de la 



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- 297 — 
Kuropa. H. Mandeville, ministro de ia Gran Bretaña, al 
despedirse de Rosas, le decia en un documento oficial, 
qus hacia ardientes votos por ei triunfo de su causa; y 
el almirante Itackau, plenipotenciario de la Francia, 
testigo de las carnicerías de octubre de 1840, tuvo la 
€ilta gloria de firmar un tratado (que salvó entonces al 
dictador), y defender en las Cámaras francesas al hom- 
bre que le arrojó al rostro, mientras con él negociaba, 
la cabeza del francés Varangot! 

No es posible esplicarse tales anomalías, sino atri- 
buyéndolas á la ignorancia en que se está en Europa dé 
las verdaderas causas que mantienen al continente 
americano en ese estado febril y anárquico, en esa per- 
durable lucha que, como el Fénix de la fábula, revive de 
sus propias cenizas, y no muere sico para renacer mas 
terrible y sangrienta. 

Salvo honrosas escepciones, que no pertenecen á los 
diplomáticos, ^ino á los gefes de las fuerzas navales, la 
política pusilánime, vacilante y contradictoria, cuando 
no hostil y agresiva á la buena causa, délos agentes 
europeos en el Plata, solo ha servido para añadir com- 
bustibíes á la hoguera que nos devoraba, afianzar la ti- 
ranía de los caudillos y dar á todos una falsa idea de su 
poder. 

Esas naciones, tan susceptibles en Europa, han tole- 
rado, no un año , sino veiote , que un oscuro gaucho 
ínaltratase á sus subditos, les confiscase sus bienes y los 
degollase, como vejaba, robaba y esterminaba ásus 
propios compatriotas, sin forma de proceso, sin justa 
causa, sin otro móvil que su capricho y sus instintos de 



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— 298 — 

tígre« Los primeros egtadtetae de logiaterra y Francia 
han toleradO) que un nuuidatario igoorimte y sin dere- 
cho, para tamaño atentado I impidiese^ la libra navega* 
cioa da lo» rioa, y cerrase al comerlo, & la iodustria^el 
muodo, á la pléctora de población, causa de tantos mar 
les en el viejo bemisferio, vastísimos desiertos que solo 
esperan la mano del hombre para convertirse en feraces 
campos de cultivo, en pingües heredades , en valiosas 
fábricas, en ricas y florecientes ciudades*.. Han tolerado 
que organizase en ^ércitos permanentes sus hordas de 
bffiadidos, y llevase la guerra, la desolación y la muerte 
á las repúblicas vecinas \ han visto que hombres nacidos 
del otro lado del Occéano, franceses é ingleses como 
elloSf se agolpaban bajo la enseña de ios que Bosas Ua- 
maba Salvajes unitariosy y amenazados por sus gefes, 
antes que abandonar á los heroicos defensores de Mon- 
tevideo, preferían abdicar su nacionalidad y cambiar 
su bandera y sus colores por ios del país que les habia 
dispensado generosa hospitalidad y asilo; ban visto que 
ni los tratados, ni las amenazas, ni las concesiones^ ni la 
toleranda, llevada hasta el último estremo , eran sufl- 
cientes para conseguir lo que anhelaban ; garantías para 
sus nacionales, tranquilidad, y nuevos mercados para sus 
productos; han visto que los pueblos, vencidos una vez 
y otra, no bien encontraban un punto de apoyo, se le- 
vantaban con mayores bríos para sucumbir luego trai- 
cionados por sus aliados; ban visto que el sistema de 
Rosas y sus secuaces, basado en la violencia) en Iamen*< 
tira y el crimen, no les permitía tener un dia, un solo 
dia do pa»f porque era incompatible con ü reposo y el 



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— 199 — 

todos lo8 príDoipioft ftmdamentaiea do la MoiédAd i el 
roipoto á Ift vida, A la propiedad « A las oréeMfaS) y 
esoft emioeotao bombren de tetado que báa wta ttto j 
alfo loasi y quesabea ó doblan saber los gwidefl teí»* 
reses que allí tíenea mB veipe^livad nadonee, ]sa quelaa 
aoii&ideraoi<N3a» de la biioifuiifed , y el beiior nado piMit 
ran ea la bdanta, eso» bouibres ban díche i « |M ¿«i 
pu$btQ$ Sud-amerieatmáfran 099119 liks mgrús^ fue wh 
S0pm(le» gobernar á Migasf9$; fne la 4imrgUia y ei 
á09árdm eran en noBOiros un» segunda wUmraleaaf qme 
toe GOBIERNOS VVEKtES eranmemartoe eneifmUoe 
pmbl9asemrealvaQe$^0k. » ¡Yeatiafecboedebaberdade 
cma espUcaeijOii tan cooviiieefite eamo proflmda demie^ 
tros feDómwos políticos y sociales, so bao ermododo 
toasos ante el eq^eolámilo nofaodo I 

¡Obt bíerve la saogre ea las v^aa al oir oaprOiéree 
de asta manera áiuiAberdeiffi^áiitiGcdsotfáynLiaiDar^ 
tipo! Porque eLmal exista^ ^u> se lúi ^ eomba^ir} Gi»»* 
plot A luDgim boea medicó Jndtoar.mal y oomprripdir 
peor una eofennedad detemiinada^ y abandoilar. al pa^ 
okiKte á sos estragos? Bi loapodwOs cteilliadOs y larís'' 
tianosi si losqüe se preeiaa da marchar al fewte del 
progreso material é inteligente de las naciones no noO 
IteodOiralia mAno generosa, ¿¿quién bemos de aflodir?. .. 
¿ál emperador de lüirraooOa? ¿A las hordas adf s^oa del 
Cbaoo y de la Pampa? ¿No ludíais oido esa pala!»* m<* 
^eée eon que anatematizaba al fis^nb. ai^Milbio atados 
loe que tenían la desgriola ó la fortmia de na peas» 
eoMifrél?... Ptieade eio sotratat doportoooMroÉoiipo» 



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— 300 — 

riodo nm ó sq^iíoií l^ga á tas tribus en^fluato^ del Asia 
6 del AJDtioa, ó. á la gran faoiilia europea. 

Loque hay ^1 América, loque ai|ui no ven ó m qu'w* 
feofer^ es la lucha, entre el principio velró^do ahsfH 
hUiflla, hijo de las IradieíoQes secok^es de la eoioi^, 
disfrazo con nombres mas ó menos especiosos, y el 
pria^i^o progresista de la revolución prematuramente 
tnk»ad|t en 1810. Lo que hay allí^ es la democracia en 
pugna cpQ ios mil obstáculos que la rodean : el antago^ 
nisnio de razas, de mtereses, de preocupaciones, da^d)u- 
sosé innovaciones, que ora vencidas, ora vencedoras, 
ora ei^eaminadas al bien^ ora despeñadas en un abismo 
sin fondo,. caen y se levantiin como heridas de un vér- 
tigo espantoso* Las c^tutñbres, las creencias, las ley^, 
el ciBurácter nacional, y hasta el idioma , se t^nplan y 
modifican en la fragua ardiente de esle gran calacUsaia 
sodih Los terrenos cultivados disputan su imp^io 4 los 
bosques sombríos, y las populosas ciudades á los soHta- 
ríos, campos : la inteligencia aspira á equilibrar el pre*^ 
domíni^ide la fuerza bruta, las idease los hábitos y tra-^ 
dicíones. del. viejo hemisferio, sostienen el rudo embate 
d& otras ideas, Mbitos y tradiciones, que llamariamos 
émeriiSMas, si no les cuadrase mfjor el nombre de^4f- 
tarjas. 

, La inq^rentay el vap<Hr y la canaüsadontioiden á 
abrirse ptMso. al tmvés de los ^bsos bosques^ inmaswira- 
bteft üuiiicas y gigantescos ríos, qae se estienden oomo- 
una iomensared sobre aquelsuelo privilegiadq; pcaro- el 
genio deia Rampa, personificado. ea la profunda igno- 
raneia> de las masas, en las antipatías locales , «n la in*' 



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— 304 — 

dale&cis Dftturat y heredada , m el espirttu estreebo y 
mezquino dé los qae no son capaces de lanzar sus o¡tí& 
mas allá del menguado horizonte que los rodea, opone á 
esos tres poderosos agentes del engrasdéchniento y pros^ 
peridad de los pueblos modernos, en la parte intelectual^ 
el atraso y ht manera singular como está desparran»diÉ 
la población en un territorio tan estenso, y la careiicia 
absóbita de rápidas vías de comunicadon *, y en la parte 
fí8i(», las propordones colosales de la obra, la falta dé 
paz y de capitales, la casi imposibilidad de llegar á cabd 
ninguna empresa realmente grande sin el auxilio de Io8 
estranjeros; el temor de crear nuevos motivos de queja 
entre la capital y las provindas, ó de estas entre si . .. 

En suma, lo que hay en la América espigóla, y en 
ninguna parte como en el Rio de la Plata, es la lucha nías 
franca é ingenua de que nos ofrecen ejemplo los anales 
de la humanidad entre el absolutismo y la democrada , 
entre la civilización y la barbarie, ya se considere en las 
cosas, ya en los elementos que constituyen la vida poli- 
tica y social de las naciones. 

Para poner á buena luz estas proposiciones, necesita- 
mos, apoyándonos en los antecedentes históricos consig- 
nados en nuestros artículos anteriores, ediar uña ojea- 
da sobre el territorio, el carácter y costumbres de los 
ptteUos argentinos. Antes de ocuparnos de los hombres 
y los aeontedmientos contemporáneos, conviene dar a 
conocer el teatro donde han aparecido los primeros, y 
reallzádose los segundos. Vestiremos á aquellos su ifaje; 
y daremos á/ estos el colorido que les corresponde. Asi 
esplicaremos muchos enigmas incomprensibles páralos 



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— 3dí — 

qu6 solo coiKKMiD aqtttilos panos por IQms esoittoi á 
don mil logaas de disttneio, é por 1rf^)erM ton Toridieos 
y competentes como Domas respecto de las colas de Efr* 
paña. La importancia de estos detalles» qu6 no podrán 
ttenos de arrojar una viTe luis sobre los hechos y eaea- 
tiones que nos proponemos ventOar, se apreciará mejor 
en la aplicación práctica que de ellos hagan nuestros leo^ 
tores, 7 en las consecuencias Idgteas, f ondosas, indefini- 
bles, que se Terán ol^gados á dedutír, al ir reoorrieüdo 
ios varios cuadros qua pensamos someter á su otaside- 
raeion. 

Cada articulo fornutrá un cuadro aparte, en el que pro^ 
curaremos bosqucgar, porque no es posible otra eoSa, eon 
rasgos diracterístieos, los sucesos, los hombres y las cosas 
del hemistoío Americano, y muy principalmente de las 
dtfs riberas del Plata. Interesa so^emanera h la Metros 
poli conooer su verdadera situación en estos momentos. 

XII. 

TERRnORIO, POBLACIÓN, CLIMA V t>IlOfiÜCaOfíES DEL UlO 
Dtt LA PLATA. 

El clima, la topografía delpais» la manera de vivir en- 
gendran nuevos hábitos adaptados á nuevas necesidades; 
y sin que queramos darles la importancia absolula que 
algunossupmsn, ya veremoscomo remidosá <^ca8 eansae 
no menos poderosas, han influido eflcannmte en el es- 
tado actual de nuestra sociedad, yacabado por darlo en 
las c^piiiaba^ prjnclpalmenta nn caráctsr propio y pe^ 
culiar* 



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— 3oa — 

Seisapoft autos de I4 revolucioo, d vireiMtd de Jiue- 
na» Airea «ompjreoáiar 0egun Vomboldi (l) li3,aii te** 
giíaift Gua^rfkd^s de 25 al grado, ooii 1 »100,OQO baj^tooti^i»: 
seigim los c4l()]idQs d^ Azara t^oia^ 740 leguas de Jiirgo, y 
150 á 200 deaoiAo (2)^ y sf«w.Torreiita440 deN« éH. 
y 270 de E. á O. 

£8|e ultiqío haee asceiider su poblaci<m en 1811) á 
3,000,000 de habitantes (3)» residtandp 20por legua ouar< 
drada : c^leulo que po parece jügQ exagierado« 

Maltebrun, en 1835, concedía 800,000 habitantes ó la 
confederación Argentina^ ó sea 6 por legua ouadrada ; 
300)000 á la república del Uruffiíay, correspondi^ote 
por consiguiente» 13 en el mismo espacio $ y 900)000 al 
Paraguay, ó lo que es lo mismo, 30 por leguacuadrada(4)« 

Esta población tan ex^'^ua (5), conq»arada con el tem^ 
torio |de cada provincia, aparece todavía mas insignWl-^ 
cante, si se tiene ep cuenta la manera como está disemi^ 
nada en las castas soledades de la Goofaderacion) la 
Banda Oriepktal y el Paraguay* 

Cada departamento i proyincia, «Igunas tan estensas 

(1) Es'sais sur la Nouvelle Espagm, t. Ui pág, 294. 

(2) Descríp. é Hist., 1. 1, c. i. 

(S) Hist. de la Revolución Hisp.-Americana, 1. 1, pág. 42, inlr. 

(i) Geografía Universal: snicalos oorresp<mdi«&tei á Ui cita- 
das Rqsúblicss. 

(5) Para hacer maa patena esta despcoporoioQ^ xeoerdaieíaos 
al lector, que Balbi en su Geografía Universal, hablando de Amé- 
rica {Cap. Población), asegura que cada milla cuadrada de esta 
parte del mundo solo ofrece 31/2 habitantes, mientras la Cecea- 
nía tiene 6 1/2 en un espacio igual, el Afirica 7, el Asia 33, y la 
Europa 82. 



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— 304 — 

coma ÜBpaña, apeáas cuenta una ciudad pó^uiosa, la ca- 
pital) y treinta ó cuarenta villas ó pueblo», de los caaled 
la mayor parte no tienen 500 habitan tee. El grueso de la 
población está desparramado por los campos eú las es^ 
ian^úiasy posesiones rurales destinadas ala cría y matan- 
za de los ganados. 

A &ies del siglo pasado, las parroquias^ pueblos, y 
hasta las estancias, estaban separadas por cuatro, diez, y 
hasta por treinta leguas (]); hoy en eMnterior del pais se 
haUan casi en el mismo estado. Apenas se ha levantado 
uno que otra pueblo en las villas, cabezas de departamen- 
to ; pero « derramada siempre la población sobre nna sa- 
perflcíe tan estensa, colocadas las habitaciones á cuatro 
leguas de distancia unas de otras, & ocho á veces, ¿ dos 
las mas cercanas, el movimiento de la propiedad movi- 
liarla no es imposible^ los goces del lujo no son del todo 
incompatibles con este aislamiento ; puede la fortuna le- 
vantar üRi soberbio edificio en el desierto \ pero el estimulo 
falta; la necesidad de manifestarse con dignidad que se 
siente en las ciudades, no se hace sentir aUi, en el aisla- 
miento y la soledad. Las privaciones indispensables jus- 
tifican la pereza natura!, y la frugalidad en los goces, trae 
enseguida todas las esterioridades de la barbarie (2). » 

Hay mas todavía : regiones desiertas ó habitadas por 
pueblos salvages, como las famosas Pampas de Buenos 
Aires y el gran Chaco, rodean los países conquistados por 
la civilización europea, se interponen entre ellos cual 
brazos de mar de muy díñcil travesía, y coa sobrada fre* 

(1) Azara. VoyageSy i. II. pág. 29i. 

(2) Sarmiento. Vida de Quiroga, pág. 33. 



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aitemtta lot» estados Umitaofes se eomuiiieui póc 1« 
de tiana apenas desBiCHiladas. Es mas fádt conocer la 
Qoofiguracion de las costaa buladas por el Occéuio, qna 
la» siiniosidades de ese litoral ii^rk)r> sobre el coal, ía 
bart)arie y la ciTilizaeióii, ioipaietrabies bosques y ter^ 
renos calÜTados^ se tocan y limitan* (1). 

El elima daeste país privilegiado es, en geaecai, délos 
mas templados y benignos de América, si bien lodos se 
eueneiitran reunidos en él ; desde la fría tenqieratura de 
la.Gin'dillera, cubierta de nieves eternas, basta el calor 
sofooante y abrasador de ios trópicos. Sin duda por eso 
asegura Azara, que no hay en el mundo países mas sanos 
que aquellos. 

. « De todo el país que describo, a&ade el miraio^ casi 
puede genersdmente decirse, que es una llanura unida ^ 
]!Hies.las escepciones que esto tiene, se reducen á cerritos 
6 s^rezoelas de corta eirtension, que no tienen 210 varas 
de devadon sobre su base, y á las que no se daria so* 
mejante nomlMre, si no fuese por la castoUdad de estar en 
llaijrura^ (3). » 

Podría sefialarse como un rasgo característico de las 
provincias Argentinas, las consecuencias de esta prolon<* 
gada planicie. Los Andes y sus faldas orientales en 740 
leguas de longitud, lanzan por innumeraUes irias natura- 
lesy el CMidal inmenso de sus aguas con dirección al E. 
para juntarías luego hada el rio Paraguay y Paraná, é 
precipitarlas en el^mar. 

Campiñas dilatadas, interrumindas de cuando en cuan^ 

(1) Humboldtl Voyaye aux Hégions equinox., t. IV; pág. 443. 

(2) Descrip., t. I, c. i. 



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— ao6 — 
áoj^r algtuna ma9Mán^JS.yíwatím^ wnmn úm 
•quaHMfstocft* Bmdei^biaidii.djvtt, mn/ámOmpor 

qlie dlfidfainte S6 posÉl ^oii^aar en rita^9 eft«lg»tt8 
prtfripaíis oomo H aariMa^ parte de te de Biie«oe AMm, 
la Rioja, Salta y Jiyujr^ apewi taai3r>««g8tíitoe) pefd las 
pbatad pttáiitas, l^ñ pi^onaiu^ MMle», eártbae$^ y 
nuyatte menuda ^le no ee atea «na Itoea del Melé y 
|0 cobre üean uoa alfombra, ee dtoputott átnieiie»^ 
íéttmúf hiela 9» á taereed de olgmi rio, «iTem óta^ 
oOfSe etamalgttti eiriado arbusto, algiai e^eoroboé ee* 
piBáito ! por el contraiiO) enotirae^ eooio Tatmaiaii) fá 
Paraguay, Catamarca, Corrientes, Córdoba, Santa Fe» y 
MI los de^ertaatentos de ki república del Uruguay bon- 
tericoe al Brasil^ dombia una grandiosa y espModida ▼&- 
güaemu ilaybo^qpiesdediiiifiDaioQas^^liamariaiB^ 
inAudües, ai en Amérioa ao memmese toda la natufajam 
eea eaUfiqaaíon^ Vtose #a ellos macbos eipeeies de áibe- 
les, todas dlfimofess dotas de fiítfopa» Inaejlos ü^ ó 
rejucos (plantas enredaderas ó parásitas) suben y bqati 
por el troúcO de los mayores vegetales» pisan da unes á 
o|i08,yiosligaayeidiren con una doUe red da flotes y 
v#rdura. Afiadid 4eito la projimidad de ciett tíoif igon^ 
tosoos» oiQro mormullo se p«?eibe á usagran dütawia^ 
la plicidA ealaa de ao cielo purisimotiioaattfiidsiéra im** 
pregaada de elertrioidad y de ios tnoa suaves aromas, 
el indefinible encanto de la soledad y el misterio» f aeeso 
os fonneis una idea aproximada delasbmnpeas tíerifas 
que cruzan y fertilizan el Paraná, el Pilcomayo, el Dia- 
mante, el Bermejo, el Tebicuary, el Negro, el Ara- 



Digitized by VjOOQlC 



— wr — 
pay, ei GtboUaU) el Oaimai y üls intl trüwtaiM. 

RMBiindo «anaejtalef coBdieiiititsrte tiemi^t ea 9e<- 
iiefi4 f«ftiHfliioa» En el Partgosjr^ Taeomaii y Gorriüitesv 
son Gfttí 9^QQtÉpieQ$ todos los fimlos de la tona tdttUa» 
La yerb^Mnate^ ea^^m^úe té del que se hace un erntriM 
coii§amo en ta Amériea del Snd, conetitaye en el prime- 
ro de^es paisee el ramo principal de su riqueza agri»^ 
cola. También se distingue el Paraguay por su eseetente 
tabaco, por la idmadancia de yerbas medioinales, y ríeas 
niaderas de ebanieteria y de><M}nstrttoeion, notables p>t 
su hermoso colorido y siriides. El producto de la yent» 
para el esterior de la yerba-mate y el tabaco, pasa de 
1,000,000 dedurosanuaIes,y el día (pie tome vuelolalibre 
navegación de loa ríos iuteitores, se trlj^kuurá esta smna; 

En^e las producciones del reino vegetal, ya se tere- 
suelto en las provincias de San Juan y Mendoto el pro^ 
Mema de encontrar una materia que en pood volumen 
encierre mucho valor : nos referimos á la erta áú 
guaano de seda. La morera que ha estezado á eultivaiee 
desde principios de este siglo, ¿ pesar de los obstáeidos 
(^Mitos á.su rápido incremento, sigí» piM>dueie&do los 
mas satiefaeterioe resulta4os* En 1844 bebía y* en Men- 
éfjM^ al decir de Sarmiento <1), siete millones de more- 
ra» y la seda recogida por quintales, taal)ia sido hllada¡» 
torcida, teñida y vendida á los comerdantee europeos, 
en Buenos Aires y SaidiagOi á cinoo^ seis y siete pesos 
libran porcpie la joyante de Mendoza, no cede en brillo y 
finura á Ja mas afumada de fispaña ó de Italia* 

En el reino ndneral, aunque los geógrafos antiguos y 

(i) Vida de Quiroga, pAg. im. 



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— 308 — 

moéemoB (coinándiMe unos á otrOB) se limMati á eítar 
ires ó costra minas, ea todo etterrilorioqpie vamosreeor- 
mudo, tas bay^ y se han asplolado y se esplotan en la 
aclnalidad, si no todas, la mayorparte; de oro, en la pro^ 
vioela de Salta, llamadi» de la Rinemáda; de estemfs* 
mo metal, de plata y ptoino, en la Rioja, «n los puntos de 
San Pedro, Famatima^ Ghitesito y Gnandacol; en San 
Jaan, las de Gnandiir, Pismanle, Giiadülan y Fuente de 
Oro; en Mendoza, las rizísimas detJspallata-, en San 
Luis, las de la Carolina de Oro, de barra y de lavadero; 
m Taeuman, las de Aconi^aija, etc.; hay otras muchas 
no deseuhiertas todavía, y todo induce á creer que en la 
Cuchilla Grande (Banda Oriental), en las sierras de 
Amambahy (Paraguay), Córdoba y San Luis, y en otros 
ranales de la córdill^a que se desprenden de los Andes 
aL^orte, abundan los metales preciosos. 

En el reino animal^ el Paraguay és el mas rico en cuan« 
toa especies : ya hemos indicado que la mayoría de la^ 
provincias Argentütias se dedica casi esclusivamenleal 
pastoreo y á la cria de ganados. 

Antes de 1810, en sus dilatadas llmiuras, énsus esten-^ 
sos y frondosos valles, y en sus lujosas Cuchillas (f) 
rieas de gracia y arromadas flores, como las llama un 
poeta nuestro^ hábia tantos rebaños silvestres, vacunos 
y caballares, que las vacas y novillos eran del primero 
que se tomaba el trabajo de ma^rios (2). 

Estos inmensos rebaños, según los cómputos de Azara, 
ascendían en su tiempo á 18,000,000 de cabezas de ga^ 

(1) Pequeñas montaSas y circumbalaciones del terreno. 

(2) UUoa. NoUdas americanas, pág. 100. 



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— 309 — 

n^do vaeuao, y li^s miilcmea del cftbalkr, con basla&teé 
ov^as, sia meluir ea este cateóla (muy moderado p<Hr 
eteHo) 2^000^000 éB ganado silvestre y las InniimeraMes 
yeguadas aleadas ó m dueño (1). Solo de Buenos Aires 
y Montevideo salían 860^000 cueros eada a&o (2). 

No «n vano nos detenemos ea estas d^s eireunstencias^ 
al, parecer insigniScantes : la bondad del cUma p)r una 
parti3, y por otra la facilidad de vivir casi sin trfSibajQ ni 
costo (3), tomada esta frase en su sentido mas eslrido, 
han engendrado esa holgazanería y pereza habitual q^^ 
notan todos los viajeros en la mayor parte de los pueblos 
Uispano-Americsmos, y que en el nuestro son la fuente 
de no pocos males y obstáculos para el progreso v tas 
m^ras materisdes y sociales. 

Y esta es la causa de que hayan dicho alguiiQS con 
mas poesía que verdad, que la atmósfera tibia y tmhaU 
samada del suelo americano ha enervado ó los espántales 
y ásus descendientes (4). Toc^pieville, mas profundo, 
sin detenerse en la superficie de las cosas, nos descubre 
en la naturaleza de ellas, mfts bion (pe ^ las eijrcuiísr 
tancias accesorias, que la voluntad del hombre puede 
eontr^T^tar y vencer^ la causa. eficiente de un beeho tan 
importante. Con la riqueza de colorido y lamájica vehe- 
mencia de su estilo preciso y elocuente, nos hace una 
pintura tan exacta como grandiosa, de la costa inhospi- 
talaria donde abordaron los fundadores de la nueva 

<i) Azanu Desciáp., 1. 1, pág.. 305. 

(S) Azara. EMS9issurVBUtQ%renat.duParagf^ay,\.\\^i^i%.p^. 
. (3) Descrip. t. I, pág. 300. 

(4.) Monlesquieu. Espirita de las Leyes. — Chevalier, lettre» 
aur VAmérique dn Nord, t. ITl, Letfre XXXÍV, 



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— ato - 
ii^aliiih; BM uJiÉ*!!! ndire 1a v«rtttate oriental de 
loa BMiliB AUai^ianys, aatre el pié d« m» montiAas y 
el Ooeéeiio Atiántico una laf ga baada- de rocas y de 
«rana, que el mar ¡KUreee haber olvidado al retíratae, y 
1108 dice qoo alli ee^ reeonoenlravoii al prindj^o loe es- 
toBom delalD^fóMi bmiiana... (l)^ La keUa deiorip- 
ebMi de la América del So4, oeuUala muerte tefo eu 
mamto krUUmte^ qoe opoM en ooBtraate á aqoella nata* 
i«leaa, donde todo «té grave^ imponente^ eeiemne^ nos 
da la maa completa idea de la fnfloencda del eliiM y 
nos MVela eit su cOQJunto, mas bien que en la atmós- 
fera ttitía j embakamada ánicamenle, las causas del 
letargo y postración que parecen ser nuestra bereocia, 
y que desaparecerán completamente apenas el poderoso 
aguijón de la necesidad nos obligue i sacudir nuestra 
perexa habHual*, apenas desaparezcan, como van desa* 
p»«Hendo poco á poco ^o^ inmemas \mmpi/fkm §f io$ 
imnensúé ganados qtíe dan pábulo al abandono y desidia 
fue no» domina (2), según la respetable opinion'de im 
Hnstrado íbudonario que en mas de una ocasión mereció 
la confianza de Garios III, el 8r. D« Anl^o de Yiedma. 
A pesar del sacudimiento galvánico que nos comunicó 
la revohicion, á pesar del choque é impulsión que ban 
recibido las masas con el cambio de instituciones, la 
guerra de la independencia, les discordias civiles y las 
nuevas ideas pue^s en Juego por la democracia, es 
cierto que hoy todavía eonaervamos en todo su vigor 
muchos de los hábitos y resabios de los attttgoos tiempos, 

(i) Démocratie en Am^rique^ t. I, pág. 32. 

(2) Descrip. Geográfica y Estadistica., par. 4IU. Angelis, i. IIÍ. 



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tura que hmmy Vieáina df lo»habitsiilndaC;odidiioi^ 

1^ {lHAzAJra»deh)fteii<i«mdelP«ragiiftyy delPiaÉa(iH 
y 89¡kiWitíA, de la mudad de TriQiUoy detaé proráudaa d# 
Gb(ichi{Ki]F«&y €iiMtaiidM^(3)vpeio Uunbiiii «s doló^ 
cjpae4iiQmediwl4iBeirauiBtaiMÍaft espwwto^ ratnidisi 
o^9»y eoy^ eQM^oioii iHi»lleTttfteiniiy l^oi, hafariM 
dQ9i9«rQ^idQ 6 al menos oiedificádcM notaUmnoBls; 
PandbraDdQ en el interior de niteeireía eanpoa» eelM»^ 
osa ojeada «obre las eatweiaa deaparramadaa en ana 
vastas soledades, se podrá apreciar mejor 14 n^mUtaá 
de este aserta. UA^ia$Híias y to §amk^ awte, pttes, 
elawDtodeqae oosoooparemos e«el artfe«toíiifiiedMa« 

LAS ESTANCIAS.— LOS GAVOMa (4). 

Gomo es m«y probable que la mayor parto do noes- 
tro» lectores i^aorea el sentido en que nosotros «sMnoa 
la palabra estantía y lo qoo soa^ espMearemoa lo quo 
signiflca» 

Itaa estañóla es un pedazo do tiorftewMUMOltdo 

(4) Obrt oiudi» pámfti 410. 

(5) DesorHK 4 BiitOKi»» I. i, pég* a90. 

(3) Viases por el Perú, t. U, pág. 209, 309 y 877. 

(4) La palabra gaucho se aplicó en su origen á cierta clase de 
individuos de malos hábitos y peores instintos, procedentes de la 
mezcla de las razas espafiola, india y africana ; pero boy el nso 
hk asaersllMdo esta pslabn psra detiolár al bombte que hs la- 
cklP sr vive em el csmp», y p«ni«ipa en su «aiÉBlnr, frsecwa* 
mnes y eostumbrea, de laa cualidades que distinguen al salv^i^ 
del hombre civilizado. (Yide Azara, Descrip. t. I pág. 304 á 311, 
Armltage-Hist, do Brazil, pág. 139. Sarmiento, Vida de Quíroga, 
toda la primera parte.) 



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— 342 — 

dds ó tres kgoas de largo y otras tantiis de ancho, oei:*- 
padas por aunuirosos rebaftos, vacunos, caballares y 
lanares : saele haber hasta 30^000 animales en una sola. 
En el centro hay una gran casa de material, donde re- 
side el profrietario con so familia, con los peones {gan- 
€ho$) y las mi^eivs propias y ajenas de estos-, ó un ca- 
pataz, especie de mayordomo, encargado de la adml^ 
nistración y de hacer ejecotar las faenas rurales. Cuando 
la casa es pequeña, como sucede por lo regular, p»rte 
de los gauchos vive en ranchos (1) edificados á corta 
distancia de ella. 

Las faenas de la estancia se reducen, á ciüdar del ga- 
nado y á matar diariamente cierta cantidad de reses, 
según el mayor ó menor número de las que posee y 
necesita el establecimiento. 

El trabajo de los peones se limita á enlazar, derribar, 
y desollar las reses^ en lo que han adquirido tal perfec- 
ción con la práctica, que en pocos minutos las descuar- 
tizan y sacan el cuero sin el menor tajo ni partícula 
carnosa; lo estaquean, y preparan la carne en tiras 
delgadas para el tasajo 6 charque^ articulo que consti- 
tuye uno de los principales ramos de esportacion. 

Fuera de esto, no se crea que el cuidado del peón 
sobre el ganado es semejante al de los pastores en 
Europa.. El gaucho se levanta antes que el sol, se dirige 
á los corrales, deja salir los rebañoB, y cuando estos se 
han derramado por los campos, se vuelve tranquila- 
mente á la casa á tomar mate y fumar basta la hora del 
trabajo, si hay trabajo^ que por lo regular nada ínas 

(i) Chozas de barro y paja. 



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— 343 — 

tíeúe (|ae haceír hasta 4ué 6aé la ütáé, y é? pféélw, M 
&íeíñpl'é, volirer á recoger M gñúM&. 

Gomo tiene una inclinación ñiúf f^\9í tü ióM fot 
niénte y aquel género de vida lá desarrolla podefóía- 
tnenté, como necesita emple&f eñ algo el tiétnt)ó partf 
no éonsumírse de tedió, bul^ca en el viilo^ en el Juego, 
m tí trato dé stís iguales, un ttíMie de reetéacioiry diif 
sot¿(z. Íá pulpería llena todos estos requiBÍtos. 

Es la pulpería generalmente un rancho mi96raM«^* 
situado á dos, á cuatfd, á seis leguas de la estancia, 
donde se espende detestable vino, aguardiente, quesoy 
etc. : es el punto de reunión, el rendez-vons, i (¡ae 
asisten de diez leguaÉ á la redonda, los gauehOB fMt 
cercanos de aquél //a^o ó departamento. 

Allí, entre el crujido de los vasos, el estruendo de las 
carcajadas, el murmullo de laüi guítár^as^ el run run dé 
las chilenas (1) el estridor de los puñales, que se cruzan 
con demasiada frecuencia, y no en Táúo,-6e fotman esai 
reputaciones colosales, esos hombres dé alto prestigio 
entre el gaucfiage, que mas tarde aparecen á ^ flriOiie 
é imponen la ley á la sociedad culta é ilustrada d& las 
ciudades. 

Artigas, Quiroga, Rosas, todos los caudillos se han 
apoyado toas de una vez sobre el sucio y grasicnto taoS" 
trador de una pulpería, antes de arrellanarle en la silla 
del poder. 

En estas f euniones se habla de las últimas carrearas, y 
se arman otras nuevas, de las Yerras (2), de los animales 

(1) Espuelas para domar. 

(2) Fiesta para iiuiiN»ir el ganado. 



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^itraviados, ie los usesinatos y pendencias que han 
tenido lugar en la semana, y de todo lo que es propio 
de su vida vagabunda y desocupada. 

Siempre hay entre elloa un palladar ó cantor, que 
kaee el gasto de la fimcion, sin gastar él nada. En su 
lenguaje tosco y desaliñado, pero á menudo muy poé- 
tico y vehemente, improvisa, acompañándose coa la 
guitarra, cantos mas ó menos largos, cuyo asunto está 
tomado de la misma fuente de sus conversaciones, ó de 
las desgracias y trabajos de algún caudillo famoso, de los 
malones (1), de los indios, ó de sus propias aventuras. 

Así el gaucho^ en su estado de peón, es, á juicio 
nuestro, el tipo mas prominente que ofrece la sociabili- 
dad argentina (2). El que habita en los pueblos como 
el que tiene un pequeño patrimonio y vive independiente, 
aunque participan de la mayor parle de los- cualidades 
que caracterizan al primero, ni tienen su espontaneidad, 
ni tantos puntos de contacto como él con los habitantes 
de los demás países de América, donde existen condí- 
dones de existencia análogas á la suya. 

Arrancamos como punto de partida de las estancias, 
para que se vea, cómo aislada, sin vecinos, casi sin co- 
mercio con el resto de los hombres, cada familia forma 
una pequeña colonia ; cómo ese aislamiento detiene é 
impide los progresos de la civilización, que no puede 
acrecentarse sino á medida que la sociedad se hace mas 
numerosa, y los lazos que la unen mas íntimos y multi* 

(1) Espediciones contra los cristianos. 

(2) Empleamos esta palabra en su acepción mas lata ; no noá 
limitamos á lo que boy se llama República Argentina. 



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— 315 — 

pilcados ; para que se note» de paso, como la soledad 
desenvuelve y cimeuta en el hombre el sentimiento de la 
independencia y la libertad ; como nutre esa altivez áé 
carácter que en todos tiempos ha distinguido á los pue* 
blos de raza castellana (1). 

Se comprenderá, sin decirlo, que en tan singular aso* 
elación, todo orden sistemado y regular de gobierno sé 
hace imposible. Existe un comandante general en la 
campaña, y un juez de paz en los pueblos ; pero su áu* 
toridad no pasa de un radio muy limitado. El desierto 
y la soledad hacen ineficaces las mejores leyes y dispo* 
siciones, é imprimen en los hábitos y costumbres cierta 
rudeza selvática, ciertos instintos bárbaros, propios déla 
vida nómada y errante, como lo ha espresado perfecta- 
mente el coronel don Pedro Andrés García, enviado por 
la primera junta gubernativa de Buenos Aires, pafa 
entre otras cosas averiguar y examinar el estado actual 
de la campaña, y proponer las medidas que creyebe mas 
convenientes para su mejora y prosperidad (2), el cual 
se espresa en estos términos : 

(( Las mas sabias leyes, las medidas mas vigorosas de 
policía, no obrarán jamás sobre una población espar^ 
dda en campos inmensos, y sobre unas personas que 
pueden mudar de domicilio, con la misma facilidad que 
los árabes ó los pandas (3). » 

Y en efecto, considerando al gaucho desde la cuna, se 
ve que apenas puede sostenerse sobre el caballo, es de» 

(1) Humboldi-Vdy. aux reg. equinox. 1. 111, pág. 18. 

<i) Oido de la janu á Gafci», «edit 15 de Junio ileitlO. 

(3) Diario de ud viaje á Salinas-Brandes, p«g. 9. (Ai^p^ i. ffi.) 



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— 316 — 

oír, 4«949 U«d4d de .5 ó« ii&os, este n» iffui part« &it^ 
gr^o da su persona; desde que liega á )a pQ])ertad, le 
n)8íll4 Qon el sol, y no se desmonté^ ^iuo p^ra comer, 
jagar y dormir : jsi como sucede á meuudo^ el dueño de 
la estancia donde ha nacido, aunque muy honrado en el 
C^u¿Q, es un infeliz cuya raeon no ha podidp ser cu}tí- 
va<to« crece y llega á ser hombre, sin tener mas que vm 
Mefi i^QDfusa y no muy buena 0e la divinidad : cpmo se 
cria doo^tndo potros , degollando novillos , corriendp 
«ar rerp sue ^ veces le cuestan la vida, vagando solo en 
la inpp^isidad de los campos, sin mas arpms que su 
kiWi sys Imff^H) y i^vl puñal ^ cruzando á nado los ríos 
«tas eavdalosQS, prendido con uua mano de las crines 
de su cprcel, y con la otra nadando y empujápdole 
eOQtfa la cQrriente ; como se cria luchando pon los ani- 
ipales feroces, y muy especiabneote pon los tigres, que 
melé» asaltarle al cru^w un bosque, y con pas frecueu- 
ehi eola milrgep de los grandes ríos^ espuesto á las ase* 
ibamas de los gqHchqs 9mlo^^ especie de baudidos, ca- 
paces de asesinarle por la chaqueta que lleva puesta, 
por laa eiipne)a§9 6 p\ poncho *, acostumbrado á soportar 
horas epteras los ardientes rayps d^l sol en e) rigor del 
f e?ai)0« y los he)adof^ ciera^s del mas frío invierno j á 
dormir m todas estaciones ^ la intemperie, bajo uu 

(1) El lazo es una cuerda trenzada, dé 10 á 50 fatas d4 largo» 
édñ «na arl^olla en el «atraoso, que sirve de ^ntrepeso p^fi Uin- 
z«Me; la§ \hM^ §q^ im ^^feras de hierro í¡ piedra, del tam^iío 
del puño fujetas á un centro común por cordeles, y que se arro- 
jan á una gran dialanatv, eogiende |a mas p^qnefía f lispíeado gi- 
rar las otfas dos por eaeiw de h cabeza, ¥»^ inereU))e la fuerza 
que Uev^mi lOn^ivpHlso del l^mQ 1 la veUKi^ 4e| palNllWf 



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— 347 - 
oinbú^ ó una tapera (1); á galopar tires diaf» y tres nb« 
ches sin descansar, y ¿alimentarse tbicamente de carne 
medio asada, sin sal, sin pan, sin mas principio ni pos- 
tre -, el gaucho reúne en su carácter macho de la energía 
independiente de la raza gaarani, y mucho de la Torta-* 
leza de hierro y estraordinarío valor de los primeros 
conquistadores. 

La necesidad de luchar brazo á brazo con una natu- 
raleza exótica y grandiosa, los peligros siempre rena- 
cientes que le rodean, la costumbre de verter sangre 
diariamente, el desamparo y horfahdad á que se ve re- 
ducido desde sus primeros años, le hacen reconcen- 
trarse en su personalidad, desenvolver sus facultades 
físicas de un modo maravilloso (2), y adquirir una indi- 
ferencia, verdaderamente admirable, para dar y recibir 
la muerte. 

Como sus necesidades son muy limitadas y le bastan 
pocos dias de trabaje para satisfacerlas largo tiempo, 
como está seguro de encontrar otra estancia donde aco- 
modarse cuando se le antoje dejar á su patrón, por la 
escasez de brazos y hombres inteligentes en las faenas 
rurales, se acostumbra desde sus mas tiernos años á no 
depender de nadie y á considerar á sus superiores de 
igual á igual. No le dará el titulo de amo por todo el oro 
del mundo: patrón á secas y gracias. ¡Ay! dd temerario 
que desconociendo su carácter, y confiado en su caHdad 
de señor, le insultase, aunque fuese con motivo, sin 

(1) Gasa derribada en medio del campo. 
(9) Vid. lo que cuenta Azara de los vaquéanos. Descríp., 1. 1 , 
pág. 310. 



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— a4g - 
pr»vwlrs9 !.f antes de 9eiii)^v la tm^t m^ c^t% pu- 
^íM^ le dejaría f#adída e» ti^rpfij y tos tfem^s coinpa- 
finirás foaíimriwíi i^i ^^asínp «i maj^r pa];>allp p&m qne 
bupra, $HÍ SQ l»d|l^})«l 9» paraje donde pudi^rft ftk;»Stfar}e 
lajofttiaía, . 

El gAii^cbOi awque d^^p^jadq, con muy felie§s dispo^ 
siciones, y también noble y generoso, cuapdp tpd*vto la 
dpifgraala no b^ agriado m carácti^r, a» aupergticío^o, 
d^soonfl^, piuy r^^^erv^ y ll^no de apt^)atia» contra 
a} boiQbra de la ciudad? que tipjie ptras m^era^, otros 
bibil08, otraa idpaaí que habla de distinto piQdo» y hasta 
uaa Ptro frage. El íí desdeña y menosprecia alt^Tpeatp, 
y m Pie t^n^ el trabajo de ocultarlo. 

Existe #atre aiubQs una repulsipu íostiutíva ^ involup^ 
taría^ p9rqae el contraste, en efecto^ qo pu^d^ ^er waa 
chocante 5 comparemos un hombre vestido á la e^iropea» 
90U frac y pantalones, sombrero de pastor y guant^, 
cpjrtada ^u bari?a y cabellera, c^n ptrp cuya larga m^ 
lena cirpupda su cuello^, da »ua espresíon t^rn Á 
^^ tpstadfi ftemblaute y un aire de jwlanpóUpa alfi- 
yez á su inirada flja 4 imponente, roíentras cae spfere el 
p^bQ su prolcmgada barba, ma^ negra y reluciente qfiñ 
elébaw, Veámosle tal como aparecería i nuestros ojost 
sí npp tra^iadí'Wmp» á ip^ can^pos de Bu^^np^ Aires, 
}ípf^tevi4§9 6 la Rigja-, Cont^mplen^o^ m ^otntrerp d« 
copa r^4pn#y «fieha ala, «LdPr^Qdo de algias flpr^s, 
prenda 4e a?aor, 4 plumas de pavo real ^ m ClW^ttct^ 
de grana ó paño, caprichosamente bordada ; su chiripá 
(dos ó tres varas de seda ó bayeta) envuelto sdrededor 
de la cintura, y ya recogido entre los muslos, ya suelto y 



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— 349 — 

aguisa de «fayadescepdiendo basta los to])illos, sujet^ 
por una banda ó tirador^ donde guarda los ayios para^ 
fumar, ^1 dinero, ^tc., y quf sirve ademán par^ colocar, 
atr^ye^a<lp, (sl ei^oripe cuchillo^ cogiunmente de yalna y 
c^bo 4^ plata, ^u coippaiiero iQ^ep^rable, qui^ po abaur 
dona pn ningu^^ ocasión ni circunst^^qpia» y \m añlado 
qm puede un hom^^ afeitarse cm él (1) ; coi^templen^^ 
su ancho caIzoqcil)Q de lien^^o^ adornado en los estremps 
con un gran fleco ó crivao que, resguardando sus pierr 
uas, ocqlta á medias unas espuelas de plata colosales, 
y las blanquecinas botas de potro, fprmada3 pon la pí^l 
sobada de este animal, las cuaIibs, partidas en la punta, 
dejan al descubierto }os dedos de los pies para asegu- 
rarse fpejor en el estribo, de forma triangular y tan pe- 
queño, que apenas cabe el dedo principalr Ecbemos, en 
fin, una última ojeada sobre el poncho que se mete por 
la cabeza, y que, doblado sobre los hombros de uno y 
otro lado para poder jugar los brazos, llega pqr delante 
hasta las rodillas, y acaba, junto con él estraSo arreo de 
su caballo, que no describiremos porque nos parece 
ioútíl perder el tiempo en digresiones puando po i^on 
necesarias, acaba por darle un aspecto verdaderamente 
raro y original. 

En cuanto al idioma, es en el fondo.el español, pero tan 
estropeado y diabólicamente pronunciado, enriquecido 
en algunas provincias con muchas voces derivadas del 
Quechua y Guaraní y otras lenguas y dialecto^ ipdíos, 
como Chiripá, Changango (í), pangaré (3), ñaifumtú (i), 

(1) Azara. Descrip., t. I, pág. 307.-<2) <}o|49milPi|ll«f 
(3) Color de un caballo.— (4) Lechuza, feo. 



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— 320 — 

Vichará (1), Guano (2j, etc., con otras españolas , pero 
que no se usan jamás en ese sentido por nadie que hable 
castellano ^ como rancho (3), quiebra (4), nación (5), 
Sumida (6), armarse (7), friza (8), gateada (9),* etc., 
con otras españolas y americanas, pero cuya pronuncia- 
ción y significación son muy distintas, como Redetir (10), 
Ay júna{ll)imnlevo (12), tapera(lS), ap€darse{l4),Ma'' 
ur rango ii5)^orejiar (16) ^trajinista {17) ^redot a {ÍS)^ mo- 
rao (19), guasquearse (20), etc., etc., formando de todo 
esto una intrincada fraseología, que nosotros mismos, 
los de la ciudad, á yeces no entendemos hasta haber 
andado algún tiempo por los campos. 
Cúmplenos ahora para completar el cuadro que bos- 

(1) Ponchos de lana que se fabrican en Mendoza y San Juan. 

(2) Sacar el guano, usar una cosa hasta inutilizarla. 

(3) Choza de barro y paja. 

(4) Valiente. 

(5) Estrangero. 

(6) Puñalada. 

(7) Hacerse : unido* con otras palabras este verbo, sirve para 
locuciones muy usuales entre ellos : armarse ricoj armar una es- 
tancia, etc. 

(8) Pellejo (sacarlo). 

(9) Onza de oro. 

(10) Gastar el dinero. 

(14) Hidep... ¡voto al diablo! 
(\i) Criminal, asesino. 

(13) Casa arruinada. 

(14) Embriagarse. 

(1^ Poco ginete, torpe : también se dice matucho, 
' (16) Pasar el tiempo. 

(17) Calavera. 

(18) Descalabro, desgracia. 

(19) Ruin, villano, oobaMe. 

(20) Irse, huir. 



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— 321 — 

quejamo^i m^t^^x como euc^oto ta^ $9 alijja ^1 gm- 
etio del hombro civili^do, t^nto n)a^ »a ftcerQ4 aJ salr 
vaje, y como en sus instintos, en su trajQ é íde93^ 
descubro A jui^iQ me&t?o, la^ $ifim4Ade9 quQ )q ligan 

Casi sin entrar en mas investigaciones, todo ciifmto 
y^mo^áimf ^^ d^duoe de ^us b^itacíop^Sr a Eiitaa sfpn, 
por lo gei)§r^l, ui^os rmchQs ó cbo?;as desparramada 
por los campos, bajas y cubiertas de paja con las pare-^ 
iep de pak)3 verti<^les jautas, qlavados ^q tierra y tapa* 
dos m» claros ^n barro (1), .» ¿Np veis aqui el primar 
9igno, el primer aoUlo de la dilatada padenaqu^ la im^ 
§1 hombre ^alvAJe? ¿La primea caiis^ d^ )a depK)da^ 
cien y j^l (li^lEmiíepto de la famiüd, Ubre de toda tr^^i 
§111 nep§$idades eomo sin dedeos, la mujer y lo^liiji^f 
v^^andp como las plantas, y los hombres vagando d§ 
pulp^r|4 eupulperta para proppr^iQnayse uoa sp(úedad fa^ 
ticía de algunas hora» porque el hogar don^stico loa nr^ 
rc^fi» lpi»ef p^le y le^ pbUga á buscar eu ptr^ parte la distrae 
cipa y el empleo de s^ actividad, aunque sei^ para^ maU 
ga^rl^ entr)§ tos vasos, )as cernerás de caha)lps y las 

pu|}jüad9»7 

H^DOíl Indicado ya la e^p^e d§ ínatmtQ de locouip»* 
qíqu, que le obliga á no p^mi^ecer mucho tiempo en 
un mismo paisaje» y 4 d^ar por el menor pretestp» á ve^ 
ceswaningmM), la estáñela donde reside ^ parece que 
su ahna indiiaúta, ansiosa de liberta, uecpsita Á mepudo 
perderse en la inmensidad de lp6 dfsiiertos; parpcp que 
baila un miatpfioso deleite inefable en l^. ipledad, ^Q el 

(1) Azara. Descnp^ é Hist., 1. 1^ pág. 3p^. 



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— nt — 
silencio, en el peligro, en los azares de los campos, en 
la pompa majestuosa de su imponente, lujosa y gigante 
naturaleza. 

Asi el gaucho; sin ser nómade, pasa la mayor parte 
de su yida errante de estancia en estancia y de pago en 
pago. 

Recordemos ahora lo que nos dice el autor iela His^ 
torta de América, sobre los pueblos indígenas que Tiyen 
de la caza, es decir, errantes. 

(( En primer lugar tienen tal idea de su igualdad é in- 
dependencia, que no conocen mas distinciones que las 
que resultan de las cualidades personales (1); » y los 
gauchos, semejantes á los indios á y los antiguos Ger- 
manos en su estado semi-salvaje, qiie elegían á sus gefes 
entre los mas valientes, no admiran ni respetan sino 16 
que hiere sus sentidos y proviene de esas cualidades : 
la fuerza corporal, la destreza en el caballo, el valor, la 
liberalidad, el desprecio déla muerte.... para descollar 
entre ellos, es preciso poseerlas en un grado eminente, 
y ahí están para justificar nuestro aserto, Artigas, Ramí- 
rez, Qüiroga, los dos López, Brízoelá, Áldao, Rosas, á 
cual de ellos mas bien dotado por la naturaleza, mas 
ginete, mas valiente ó feroz, mas audaz y emprendedor^ 
mas liberal con sus iguales. -^ No añadimos amigo de 
las mugeres y del vino, y jugador consumado, pm*qae 
se sobreentiende , tratándose de unos hombres que la 
mayor parte, han sido peones muchos años y empezado 
su carrera de simples soldados. 

y> El sentimiento de la independencia es tan natm^al en 

(1) Robertson, lib. IV, pág. 2d4 y siguientes. 



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_ ása- 
los 8alviges> que nada puede apagarle, ni plegar en espí- 
ritu á la servidumbre* Acostumbrados á ser dueños ab- 
solutos de sus acciones, se desdeñan de obedecer las 
órdenes de otro, y no habiendo conocido jamás la coac- 
don no pueden soportar que se les corrija. (1) 

La guerra de la independencia ha manifestado si el 
primer sentimiento estaba hondamente arraigado en el 
corazón del gaucho. Le hablaron de una tirania que 
punca conoció, de una libertad que no comprendía ; le 
niostraron al enemigo invadiendo sus hogares ^ le dije- 
ron que venia á hacerle esclavo, esto es, á reducirle ¿ la 
condición de los negros, y entonces instintiva é invo- 
luntariamente gritó ¡libertad I y peleó y selló heroica- 
mente con su sangre en la mitad del continente ameri- 
cano los principios consagrados por la revolución de 
1810. En ningún pueblo de la Am^ca del Sud rayó tan 
alto el amor á la independencia, y ninguno puede pre- 
$^tar una página mas gloriosa que el argentino en la 
guerra de 15 años contra la madre patria. 

« £lsalv(ije, satisfecho de sus ocupaciones y contento 
con su suerte no puede comprender las ventajas y utiU- 
<^d de una multitud de cosas que los pueblos civilizados 
miran como absolutamente indispensables psyra la vida. 
Lejos de quejarse de su situación y de envidiarla suerte 
de las naciones civilizadas , se considera como un mo- 
delo de perfecciones y como el mas feliz de todos los 
seres (2). » , 

Justamente es una de laa máximas de nuestro prota- 
gonista, qm naide es mas que naide : ya hemos visto 

(1) Lib. y pág. cUados. — (2) ídem. 



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-5Í4 — 
más ahíbd eottio ^e hálittúá desde lá tnfstfiéta á bdsisi^e 
& si fftlsidü, á no tolerar qae nadie le falte en lo illas 
nifñlino y á ha^éree la justicia por su mano, liemos ÜÉlb 
Memas, no solo sü inditteféücia, sfñó también lá anti- 
patía 7 6iío proñiüdo qaé profesa á todo ío Qué vlébé 
dé lá dtidád, ¿reyeiido en sn ígilonincta que nd hay én 
todo el globo tín estado mas ventttróso y envMiabld qué 
el ttiyo. 

Robertson, además^ señala tbíñú uno dé los r^gú^ 
cafacterfetlcos de los salvajes, su afición ai juego ylá 
embriagué^, la destreza basi increíble de sus sentidos, 
su incapacidad é insubordinación |para sujetarse á ün 
plan en bus operatíones imlitares, la reSehra que l.es ha- 
ce no commiicarSé sus ideas, ni pedirse múlnamente at- 
gttn ftivor, de miedo de importunar y Sér gratosos álos 
demás (l); cualidades todas qué se relievan en él gátí'* 
cho, que jtiéga hasta la camisa, visita diariamente U 
pulpería, conoce en una inmensa ostensión dé terrifa^ 
rio por el gusto de la yerba, las ondulaciones del trnté^ 
no, la proximidad de un bosque, ó un solo árbol, el eo- 
lor de la tierra, la dirección de los rtos y otras causas 
que ignoramos, la distancia á que se halla del punto á 
donde sedírtge,Iascircunstanciasdelalocaltdadque pisa; 
que distingue en las itimensás soledades de la Pampa, 
sobre tá menuda yerba que la cubre, las huellas de un 
hombre, caballo ú otro animal, que há pasado cuatro ó 
cinco dias antes ; que siguiendo leguas enteras su ras- 
tro sin perderlo, sabe Calcular, apunto fyo, á una gran 
distancia, echándose en tierra y aplicando el oido, la 

(i) Obra cit.» pág. 141, 209, 351 y 419. 



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— 345 — 
CAufta del raido in^re«|^ble que se eseuclla^ y dMhip 
gue 8i es de animales ó de gentes, si , son muchos ó po« 
oes gineles, si vicnm despacio ó á galope, solos ó perse- 
guidos, que no puede m la guerra s^ielarse á los divos 
ejercidos de la mUicia, y no es temiUe sino en los pri- 
meros choqyes ó en la nurntonera (guerra de recursos), 
de la cual las hordas de la Argelia siempre presentes y 
siempre intangibles por la superioridad de sus caballos, 
su destreza y el conocimiento {Nráctieo del terreno, dan 
la mas cabal idea \ que prefiere, en fin, sc^jetarse al tra- 
bi^, atravesar un desierto solo, esponerse ¿ la muerte, 
antes que importunar á sus compañeros para que re- 
medien su neceáidadóse incomoden en acompañarle. \jf 
parecería ridiculo y degradante. 
. Sí de estos rasgos g^ierales á toda la rasa indígena, 
buscamos algunos especiales de las primitivas tribus ó 
parcialidades de nuestras provincias, las conexiones se 
aumentan á tal estremo, que no hay diferencia alguna 
entre ciertas cualidades y hábitos del indio y el gaucho, 
con la particularidad que en este último se han desarro- 
llado con mas vigor y espoLtaneidad, acabando por so- 
brepiqar li su modelo (1). 

No es entraño, por lo tanto, que esa inQuencia se re- 
vele hasta en su trage, hasta en los arreos.de su caba- 
llo, hasta en las armas que usa. ¿Qué otra cosa es el 
chiripá que el chamal de los indios? ¿CI testero, lasplu- 

(1) Véase lo que cuenta Guevara en la primera parte de su 
historia, y Azara (Descrip., pág. 451 hasta 176) de las cualidades 
físicas y morales» costumbres y creencias de ios Charrúas, Al- 
liayaS) Pampas, etc. 

10 



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— M6- 
nüte tvistoúi) la moMi (l)« m. mb ttM iiiii(AQiM¡jd« 
iMpriodit con que aqualk» 6ngalciiaa tus cacGidc»? 
¿Qoé otim «Ma •• d itm^ qué otra ooia son las A^of » 
Bwqoalot tofiM A<ifa» iatraDladot por loa Patagoaost 
BÉgon algimot autOTM, y uBados aatoa da la oooquMa 
por laslribui do la Baada Orieatal, laPampay el Cha- 

Eslan relloxionoa nos boa sido sugocfdaa principal- 
noato por ialsohva douaaobraiMcrila por im Yi^joro 

(1) St ttiitré «I ans mpétkii de liéMOo qM m pona «o te 
fntím a los OiUstloi» y te mmum qwe slrNí jisiii SHísHrl^ atan* 
doaete «a Um pies Manteras» «e «ompono de dos raaiales con un 
ojal y botón de la misma piel, sujetos á una argolla de bronce 
ó plaU. 

(2) Las boUu, digase lo que U 4ttÍ«fS, ióA to^Nttciftt de (60 

ittilfM, y aa atagúfti ptrn «e iMia eaosntiada» at Hsf MmoHa 
qae IM lUyaaMNlo Mo aasMoi <|as «rao csMoídas asiss de la 
oonqidatii es un hecho Aiera de toda duda, fin una oarta inédita 
de la colección del señor Muñoz, firmada por un tal Ramírez, 
que acompañó á Gaboto en su espedicion, se lee : 

< Estos querandis son Un lijefós, tfue alcanzan un v^adó por 
piéá, petera ton ^woé y atedMis, y coa anas pgtoli i §é plútm t0^ 
iMifd» 4mé ons peMi> # fea ^muím eesie ei iMStf* coe aas 
cuerda atada que las guia, las cuales tiran tan certero^ que no 
yerran á cosa que tiran. » 

Y no obstante Azara afirma (Descríp. tom. I, pág. i 46)^ que los 
charrúas nunca las conocieron, cuando en nuestros tiempos las 
manejaban con singular destreza; y Barco, hablando de ellos «n 
su enelelepédlco poema (canto X, pág. iStt) dice leruiosnie- 
mente : 

« Tan sueltos y lijeros son, que alcanzan, 

€onriendo por los campos los venados ; 

Tras fuertes atestxtioes se abalsnian 

Hasta de ellos se ver apoderados ; 



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— «tí — 

digBO de gktfiofo nmmbre^ «i umpm ioiBjUiiaiiJi áá 
amwxpfem^ tí^mn por «I fator, deiabioD, évpfwit- 
Bueoloé íBteUgttMáa ton ipiea^po llewria.4€abo (1)1 

moleitiM, fwsM tfa el coraioii de la Pampt^ aocMn^ 
panado de un corto séijuito, y con muy escasos coaoci^ 
mieatos de las regiones qae iba4 cBploFar» La parte de 
su obra conoeinieiite k las eoettuiAsea y uaos de los ¡a* 
dios, se ba eaeoDftvade intacbaUe por loe que han se* 
guido sus bueUaa» Reeomendamee á naeitros leeloreala 
pftgina33, en que habla del tragada loa Péguendiea* 
Laoostombre de eneender graadeabogaeraade nocbe 

Ck>ii unas bolas que usan los alcanzan, 
gr ten que están ti lejos apartados, 
Y ttoea ea la aiMa tal éssiMn» 
i^veadertaa «soalaMaen la cabe»* » 

81 ana ftalia«o de lo«crooístAi delPlAti,tMtli»y iiertádpida 

los sucesos que narra, el alemán UMeríco achmidel, compara las 
bolas (cap. viii) con balas de^artillería, pero sin duda se refiere Á 
las de mas pequeño calibre; y cuenta, que en la primer batalla 
con los querandís, mataron estos con ellas á don Diego de Men- 
doza, hermano del Adelantado, á seis hidalgos y á Tétete solda- 
dos de á pié 7 á caballo* 

Algo mas podríamos decir sobre las bolas, pero los estreobas 
limites de una nota, no lo permiten; y tampoco habríamos es- 
crito lo que antecede, á no ser por la variedad de opiniones emi- 
tidas acerca de ellas, por los diversos autores que se han ocu- 
pado de los pueblos pHmltiyos de América, y la necesidad de 
probar, siempre ^pie lo jnsgamos conveniente, con hedios y do-« 
cumentos irrecusables, lo que afirmamos en el testo. 

(i) Don Luis de la Cruz. Descripción de la naturaleza de los 
terrenos que se comprenden en los Andes, etc. Buenos Aires, 1835. 



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— 3«8 — 

m los c«a3po8, en foteoL de dMdo, para resguardarse 
de los tigres que andim alrededor bramando y no se 
atreven t acercarse mientras dura el fiíQgo, motito por 
el cual parte de lagente v^a atizándole, mientras los de- 
más duermen, está tomada igualmente de los salva- 
jes (1). 

Para que resaltase mas y mas la ¿yferencia radical 
que existe entre las ciudades y las campañas, quisiéra- 
mos establecer una especie de paraldo entre los gau- 
chos y los demás habitantes que pueblan los campos del 
resto de América. Asi veríamos los mudios puntos* de 
contacto que existm, per ejedplo, entre el gaucho y el 
guajiro^ tal como le ha descrito nuestro amigo el señor 
Andueza, en una escolóte obrita publicada en 1841 (8). 
Esa indiferencia y ménosi^eeio hida la mayor parte de 
las cosas que constituyen la feUddad del hombre civili- 
zado ; esa costumbre de no dejai* el máchele ni d cabrito; 
de vagar de ingenio en taberna, y de taberna en po-' 
trero, nada mas que por distraerse y no hacer nada; la 
facilidad con que vive feliz, ó al menos contento con su 
suerte, porlo limitado de susnecesidadesyló reducido de 
sus deseos ; y en suma, su afición al juego y á cantar 
amorosas décimas al son de la guitarra ó del tiple, re- 
velan al hijo de los aventureros españoles, bajo la triple 
influencia de la sangre cruzada que corre por sus venas, 
el clima en que vive, y los hábitos tradidonales que 
han impreso un sello peculiar á su existenda. 

(1) Véase á Oumilla, Orinoco ilustrado^ tom. I, pág. SSiS, y 
Sarmiento, Vida de Quiroga, pág. 42. 

(2) hla de Cuba pintorescas pág. 9 y siguieotes. . 



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G9hdaii»mosapiu)iañ(l0 itoa c¡f(siinstaiicia especlalísi- 
ma^el eapáct«r español y que ha debido comunicarse ¿ 
sus d«i0ceadieqtes, tanto nías, cuanto se han ^contrado 
constantemente, aimqne por dSstintaB oiusas, en una si* 
tuoeion análoga á la de «us abitdos. 

« España es el pais del heroísmo y la bravura, ^a 
cuanto mas heroico es un pudilo, tanto menos de ho- 
mog^eidad hay en él, porque el heroismo supone las 
ma& veces unaio^vidualidad fuerte y poderosa. Eq[>ana 
es, pues, el pais del individualismo, y este ed su defecto, 
porque no existe fuerza positiva mas que en I^ asocia* 
clon. Cuando á población!» de este temple se les añade 
independencia y Uberlad, no es fácil avezarlas al yugt> y 
reducirlas á leyes imiformes (I).» 

Las ideas que emitimos en este articulo están en gér- 
mra, y como otras iuichas, son susceptibles de mas 
án^pUo deearrcdio. Bástanos á nosotroselhaber señalado, 
descendiendo desde su origen hasta las circunstancias 
al parecer mas insignificantes, e) modo como ha naddo 
y se ha desenvuelto ese elemento bárbaro, pero lleno de 
vida y esperanzas en el porvenir, asi como su carácter 
y la posición que ocupa en nuestra sociedad : elemento 
que constituye, propiamente babianflo, la mayoría de 
las provincias del Rio de la Plata. « 

La mayoría. del Plata, repetimos, que se simboliza en 
el gaucho, tal como le hemos descrito; el cual, en me- 
dio de su vida aventivera, abandonado desde la infan- 
cia á sus instintos y propias fuerzas ; ignorante, audaz, 
rebelde átoda autoridad^ mas estraviado.'por falsas ideas 

(I) Wei8. Espafia desda el reinado de FeUpe II, pág. 192. 



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— 3S0 — 

qae corrompido y nudo; aoostmnbmdOv i oiNÜidra en 
ios actos nuus trivialtt cono en loe am» soleiiiiies de la 
vida, sin el Areno de la sociedad y de las leyes, es el báp» 
baroen todo d sentimiento y la espontaneidad de la te* 
dependencia individual : es, en una palabra, d hombre 
de quien Gni^ot, refiriéndose & sus ideas europeas, dice 
qne aetoalmente, en mía sociedad tan regular, es muy 
dtfteil concebir (1). 

Póngame» ahora en paralelo esta población am«icaitfi 
bárbara de los campos, con la americana civilizada de 
las ciudades. 

Nadie ignomqoe en d recinto de estas, mny espe- 
cialmente despoes de 1810, se ocnlta la citiUzadon ba« 
jo todas sus fases y relaciones, tal como la cmocemoa 
en Europa* Puede decirse que son una oontinoadon de 
esta. Las instituciones, losestaM^imleotos de todo gé« 
ncro, los mas esquisitos caprichos del lojo y de la moda 
tienen allí su teatro y lugar conveniente. ABí se viste, 
se habla, se piensa, se vive como en Madrid, en París, 
en Londres. 

En el nuevo orden dé cosas traído por la revolncimí, 
necesariamente debía suceder que esas dos sociedades 
diversas, la una elvOisada y la otra bárbara, puestas 
una enfrente de otra, y escitadas por su mismos jefee» 
naturales antipatías y mezquinos intereses y afecdmies 
personales, antes que quemasen el últeno cartucho con- 
tra el común enemigo, tratasen de sobreponerse la una 
á la otra. Roto el lazo de sumisión que las mantenía so* 

(í) Hfst. gen. de la cívílizacioii europea, tom. I, pág. 03.—' 
MadriaiSS». 



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— aai — 
Jetas á EsfMAa, separadas entre sí, y sin oonooai^fiafM^ 
pía flierza, apenas pudieron abrir los braeoS) se cvay»» 
ron con brtos para sofocarse recipreeamenta. La guorra 
cítfl como un ftiro sangriento, alaiiibia la encamisada 
lueha que sostienen, hasta que trimiíia la ei^isa iidari-> 
cana bátrbara, y los campos, es dedr, sus eandOUis, Im*' 
ponen la ley á las ciudades, basta que bi áirilisaeion 
europea-amerieanacaeoxánime y moribioida líos j^iás 
ái& Ms caballos de la horda Bahriya«*bÉrbáBa^iamerioaaal 

XIV. 

LAS CIUDADES HISPUfO^AMBRIGAIfAS. 

Si la estiafta asoeiaGion délos campesinos on las esi- 
tancÁs^ al eetdlar la revolumon, ofireda gruidas difloul* 
tades para orgairisar el país, na eran ni son menos po* 
deraaas las que presei^abay presenta id estado de Ifli^ 
eiadadet. 

Nadie ignora que f n la América del Sod se ha formado 
la población cruiándose las razas, lo cual si las per* 
fseeiona en el orden físico, produce «i al moral gravisi* 
mos incontaú^tes. 

Lo que vamos lijeramente á indicar, es aplicable en 
mayor ó menor escala á todas las ciudades Hispano-^ 
Americana^, y las cuestiones que abraza son hoy piva 
efias de tal importancia, que de su pronta y acertada 
raiolucioo depende el reposo, el bioMstar y el porvenir 
de aquellos paises. 

Las ciudades, á pesar de su atraso y de haber sido 
vencidas mas de una vez, ejercen una influencia irresis- 



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— 332 — 

tibie sobre ios eampo&á quienes al fin subyugna por el 
ascendiente providencial de la intelig^eia, de lo» báki- 
tos, y de las tradictoneseuroptas. Enlas cafittalea se le- 
cóncéntra el elemento ciytt, poUtico, mercanta é jados» 
trlal, y desde alli, oomo.un foeo de los, estiende el mo- 
vimiento civilizador hasta donde alcansa suaodoB;pero 
no bay que oonfiar tanto ea esta, cacmdo i cada paao 
se ve interrumpida por continuas revuellas y tfaslonio8; 
cuando cada año el eapridio de un nuevo afirortuBado 
caudillo, de un vándalo cualquiera, puede reducir las 
ciudades á escombros; cuando estas encierran en su 
seno mil elementos heterogádeos que pugnan, se agitan 
y hiervmi, como la lava en el fondo de un vdcan, pw 
brotar á la supei^cie, destruyendo los obstáculos que se 
oponen á so esplosion. ^ no hubiwá otras raaones pura 
demostrar la conveniencia, ó mejor dicho la neemdad 
de que Cuba permanezca ligada á Espada, bastaría 
recordar lo que ha pasado en las nuevas reptiriieas á 
este respecto. Nuestra heterogénea población es la causa 
primera del infortunio que nos abruma. 

ElemcúDto Ueño de vida y espontaneidad, que después 
de hacer pedazos el edificio colonial debía sepultar b^o 
sus ruinas á los mismos que le deseneadeoaron, nada 
podría equilibrar en Cuba su tremenda preponderancia* 
¡ Ay de la reina de las Antillas el día que ese Océano, 
contenido por un muro de bayonetas, rompa sus diques 
y salga de madre!... Santo Domingo como un fanal gi- 
gantesco en medio de las olas embravecidas, alumbra la 
negra página que reserva el destino á su historia. 

Echemos una ojeada, veamos la clase de gente de que 



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— 3^3 — 

seconij^oM la poMacion;de Ids dudades Hispano-Ameri- 
calías^ y se comprenderá la convicción profunda que nos 
ha ias|i^do las anterknres líneas y todo el alcance que 
tienen en nnestro estado aetoal. 

I (bienes forman la pobTacíon de las ciudades? 

Blancos, indios, negros, mestizos, <^tas interpoladas, 
doanidas asi desde el siglo XVI al XVIII portes que de- 
bían . conocerlos mejor que nadie, es decir por los vi- 
reyes y las autoridades mas respetables y dignas de eré- 
dito. 

« Los españoles nacidos en América y los venidos de 
España... sondecondicíon libre y de natural altivo, ami- 
gos del ocio y que llevan mal él rigor ; y la blandura 
les daña (1). 

fl Los mesüzos, g^te suelta, odosa, y sin respeto á 
lajQstida..... (2) van en gran aumento, y todos salen 
tan mal inclinados y tan osados para todas maldades, 
que á estos y á los negros se ha de temer. Son tantos, 
qaeno basta correcdon ni castigo, ni hacer eñ ellos or- 
dinariamente justida (a). » 

... « Cada uno de estos negros, mulatos y mestizos, 
es rayo contra los indios, por lo cual se manda que no 
vivan ni conversen entre ellos, asi por él mal trata- 
mirato que les hacen, como por las ruines costumbres 
qoe aprenden de su compañia. » (4) 

(i) Relación del virey Goadalcánr. Gol. de Muñoz, t. XXXV. 

(2) Relacioii de. la AudieDeia del Pearú al conde de LenKW Mii- 

ooz,t. xxxy. 

(3) Apuntes sol>re |>^peles del año de iS54. Muñoz, t. LXXXVU. 

(4) Relacioq dpi vj^ey Mpntesclaros. Muñoz, i. XXXV, 



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— 334 — 

« Y es providencia de Dios la notable desuaiM y de»- 
saCecto que reciprocamente se tienen todas las refoiiéas 
castas, entre ellas y con los tibios, pues siendo Ion pé»* 
sima la inclinación de unos y otros, acabarían 'oon loír 
españoles, que es d menor número, el dia qoe les ftd- 
tase esta desunión; y es digno de anotar el temor y«n- 
berdinacion qáe tienen á k» europeos^ á quienes partee 
infunde Dios mas gallardía y espiritu,cuyo teáéko ejaoi» 
piar lo manifieiHa su conquista <1)« » 

Hoy que los hechos tienen la palabra,, como batidlo 
con sobra de chiste ymalieia La Esperansay ^ 'mA^ 
perder el tiempo en estériles disertaciones. €<mtealteiH 
nosy pues, con añadir otros nuevos hechos como conse- 
cuencias legitimas y naturales de los primeros^ 

En unas ciudades predominaban los blancos, en otras 
les negrosf aqui los indios ó mestizos, allí los mulatos; 
pero en todas su reunioit producid los mas ftanestoa^Ee* 
saltados. En unas partes, la facilidad y costumbre, diee 
mioa <S), de hacer trabajar á los indios en la cultura 
de las tierras, en las minas, en las manufacturas y obsa* 
ges, y en ios oficios mecánicos, hadan mimr con el 
mayor desprecio á los blancos dichas ocupaciones^ lo 
que no sucedía sino en las colonias españolas; y añade 
que seria conveniente espedir nuevas leyes pam obUgar** 
les á trabajar como en Europa, disminuyéndose asi «1 
crecido número de gente vagamunda y ociosa que llena 

(1) Descripdott del estado poUUco de la Nueva; Espafia. Esta 
obra Inédita que se haHa al fin del tomo XXXV de la eoleccioii 
de señor Muñoz, fué escrita en 1735, según la respetable opinión 
de este laborioso y nunca bien alabado cronista. 

(2) Noticias americanas, pág. 294.. 



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— Í35 — 

eMquMo$ péim^j etc. En otras, existía la misma preeou- 
pBoien respeeto de los negros, y se ereia que no podría 
ejecutar un* blanco cierta clase de trabajos á que esta- 
ban consagrados los eselaYos/.sín deshonrarse (1)*, al 
estremo que en el Rio de la Plata, afirma otro eserilor(S) 
ni^l mismo vir$y encontraba unlaeayo blanco 4 es- 
psfiol, y era preciso que se eirvlera de negros, Indios ó 
niQtatosf eiendo lo peor que hombres muy ilustrados, 
eomo observa el primer autor citado, por razones muy 
Mdles de comprender, aunque las calla, opinaban que 
no convenia desapareciese del todo una preocupación 
semejante. — ^En otras, \mmeBti\f.o%^ casta odoiaéinú- 
tity se entregaban á todos los vicios imaginables^ reu- 
niendo á las malas cualidades características de los in- 
dios, el orgullo, la hisolenciay el dnismo.— De sus filas 
sallan los promotores de los desórdenes públicos, ia 
mayor parte de los ladrones, asesinos, etc. (3) semejan- 
tes á los negros esclavos que, una vez libres, se aban- 
donaban á la mas vergonzosa crápula, ala ociosidad, al 
crimen (4). 

La situación de las últimas clases, era en extremo 
precaria; habia capitales como la Asunción y Buenos 
Aires, donde no ei^ístian fábricas de Btogim géntroi y 
las artos y oficios, que se reduelan á los mas indispon'^ 
sables, se ejercían únicamente por ellos Junto con los 
que llegaban de Europa estremadamepte pobr^ (d)» Ha- 

(1) Viags» por el Perú, 1. 1, pila. §. 

{%) Azara* Descrip. é hi«(,, x. I, pág, 99», 

(3) yiage# por h\ Pfr4, U l\, v^. 870. 

(4) Ibid., pág. 180. « 

(5) Descrip. é iiist., 1. 1, pág. 301. 



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— 33<r — 

bia muchas ciudades de segundo orden, muchisimas vi- 
Has, pueblos y hasta provincias eateras> donde, como 
se espresa don Juan del Pino Manrique^ gobernador del 
Potosí, en su informe al Qiarqués de Loreto, fecha 16 de 
diciembre de 1787 (1), á eseepeUmde las minas y de 
una poca y mala agricultura, aumentándose diariamente 
lapobladon y no aumeniándose los trabajos en unapro^ 
porción correspondiente ; y Aenáo por otra parte, aña- 
dimos nosotros, muy limitados los ramos en que esas 
clases podían ejercitar su industria, en competencia con 
los medios, la posición y superiores conocimientos de 
sus antagonistas, los blancos ó los negros dirigidos por 
ellos, la generalidad no tenia en que ocuparse (2). 

Un escritor justamente célebre (TocquevUie) ha dicho 
que se necesita una política nueva para un mundo en- 
teramente nuevo; y la política que proUbia el cultivo 
del olivo y de la viña, mal podía comprender esta ver- 
dad. Funesto legado, mas que déla ignorancia de núes- 

(1) Gol. de Angelis, t. II. 

(2) « La audiencia dé Lima publicó un bando eü 17 de julio de 
1706 mandando que ningún negro, zambo, mulato, ni indio neto 
pudiesen comerciar, traficar, tener tiendas ni aun vender géneros 
por la calle, en atención á que dicha gente tienen poca fe y lla- 
neza en lo que venden, y no ser decente que se ladeen con los 
que tienen este ejercicio ; y que se ocupe cada cual de ellos ea 
el ejercicio de oficios mecáoinos, pues solamente son apropésito 
para estos ministerios, y si alguno se atreviese á contravenir á 
esu orden, que sea preso y desterrado á Valdivia. • Noticias se- 
cretas de América sobre el estado naval, militar y poltíico, etc^ 
escritas fielmente según las instrucciones del marqués de la En- 
senáis y presenimU» en informe secreto d S. M,C, el señar don 
Femando fj, pá((. 133.— Londres 1826. 



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— 3aj — 
tros padres; de las necesidades ó ideas dcrniiñanles en- . 
toucea, ella arrojó, sin advertirlo, en el seno de las cíih 
dades, desde su cuna, un germen de desunión y anar* 
quia en el aislamiento á que las condenaba, y las seve« 
rasleyes con que impedía su firañca y libre comunicación. 
Asi prevalecieron esas enemistades, esas envidias, esas 
preocupaciones ruines de localidad y nacimiento*, asi 
nació esa falta de sociabilidad ; así se desarrolló ese 
odió que divide las castas mas inmediatas, fuento de no 
pocos inales y sangre vertida estérilmente (1). 

A estos obstáculos, que brotando espontáneamente de 
la naturaleza de las cosas, se oponían al bienestar y al 
progreso de las ciudades, venían á complicarse otros vo^ 
luntarios, hijos del carácter de sus habitantes y de la 
imprevisión y negligencia del gobierno, como observa 
el señor Manrique refiriéndose á la escasez de población. 
y de luces de los pueblos de su jurisdicion» 

Hé aquí literahnente sus palabras : 

« Pero lo que en mi concepto hace mas oposición al 
adelantamiento de estos países, es la tenacidad con que 
sus naturales siguen las máximas en que se han criado 
y la poca maña y arbitrios del gobierno fwn, inspirarles 
otras mas convenientes y oportunas » (2). 

Nada diremos de las costumbres de una sociedad se- 
mejaaterno salvaremos el dintel del hogar doméstico; 
pero los que nos pintan á la América en un estado pa* 

(1) Vide— HainlK>lt— Yiage á las regiones equinocciales, 1. 1 pá- 
gina 59; Ensayo sobre la Nueva España, 1. 11, pág. 07 y siguien- 
tes; y Robertson, Historia de América^ lib. lU, pág. 13. 

(2) Descripción de la villa de Potosí, etc., pág. 23. Augelis, 
tomo U. 



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— as8 — 
.tritrcal utMqüeBereYoluoioDaBe» han mentido por es* 
0600 de ignoranda d nuda fe. Los hechos, todavía pal- 
pitantes, deponen contra ellos. Es proverbial esa fran- 
quesademano que raya en prodigalidad; esa afición 
dwmedlda aijuego, al li^yo, á las diversiones de todo g¿- 
nmi, á los placeres puramente sensuales... que han no«* 
tado en las clases mas acomodadas de las dudados, 
cuantos han vivido y visyado por la América española : 
viejos que, como un virus corrosivo» eomunieándose 
desde las prUneras dases hasta las última?, las infició* 
nan y pervierten con su ejemplo (1). 

El trabüjo se veía con despredo; el culto del oro se 
habla erigido en sistema; nadie pensaba en otra cosa 
que en hacer pronto fortuna en el menos tiempo posible. 
Todos loscaminos eran buenos para llegará ese objeto; 
y divinizado el placer, el fausto, los goces materiales, y 
reducida la existencia i su mas prosaica realidad, sin un 
móvil de altas y nobles, aspiraciones, sin ilustradon bas- 
tante, sin prindpios de moralidad y orden para apre- 
ciar la utilidad é influencia del trabajo en todas las 
éfWMy sitoadones de la vida, el vertigoso hito g»- 

(1) Innumerables hechos podríamos citar en apojo de lo que 
indicamos en el testo; pero nos limitaremos á señalar al lector 
varios escritos, de un carácter oficial, donde están consignados 
algofiOB, tan abyectos y odiosos, que ni siquiera los hemos mea- 
domde. VétMenlaceleocioAdelsdiorHQftoi (i. UXV), exi»^ 
tente en la bibUoteca de la Academia de la Historia. Noticia que 
$e áeía un vwey 4» México á otro que U $ub$04c ; las R$laeumu 
de los vireyes Montesclaros y Velasco; la Jkteripeum M atíada 
poUOee ée l# Nueva jei|MMf#, etc.; y ea las Neticémeeereim, las 
páginas 4S0, 42S, 490 y 503. 



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— 8S9 — 

neral, y hftBta los mismoB que habiati atesorado ona for- 
tuna con no pocos abanes y desvelos, ó la perdian en^ 
seguida , ó sus hyos se encargaban de malgastarla a(e« 
gremente. El historiador de nuestra lí^voludon cHa im 
adajio muy conocido en América, que prueba y con una 
condírion admirable epiloga cuanto hay que detír sobre 
el particular : padre pulpero, hijo eabatbro y nieto por^ 
dioiero (1)* 

€ontribuy6 eficasmente á mantener y diftandir tales 
errores, la poca ilustración de Iba clases mas acomoda- 
das y la escasísima de las demás. Aunque és Meo, como 
se ha supuesto, que la Metrópoli negase la instrucción 
á sus colonos, pues solo &i la provincia de lima, ade- 
más de muchas escuelas de instrucción primaria, se con** 
taban i fines del siglo pasado cuatro colegios ó estable* 
cimientos públicos ; uno para los estudios preparatorios, 
y los tres restantes para las carreras de teología, juris- 
prudencia, medicina y bellas artes (2); en Santiago y 
Córdoba desdé 161$ por una real cedida de Felipe Itl, 
se crearon dos seminarios (S) y en esta mama Córdo- 
ba, en el Guseo^ en Guatemala y otros puntos exfsfitti 
universidades, colegios, corporaciones científicas y lite^ 
rarias, etc., la índole del sistema coloniíd y los hábitos 
contrmdos desde la niñes, hadan inútiles ia mayor parte 
de sus ventajas. No podía tener euHola intel^enda donde 
le faltaba teatro para egereitar su acción, espaeió para 

(i) Torrente. Hist. de la reT. Hlsp.-Americandy t. I, pág. 96. 

(2) Viages por el Perú, 1. 1, pág. tlO. 

(9^ Oaevam. Ri«t del Paraguay, Ble de ia Plata y Tucaman, 

pág. m. 



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— 340 — 

tender. SUS slas, B^eiitímienfos y creencias nacíenales que 
lambiesen cdu su savia fecundante^ y alimento conti- 
nuo en sus relaciones con los progresos de la ciencia eu- 
ropea, como productos de una civilización nms adelan- 
tada. 

No existía en las ciudades libertad de acción, de pen- 
samienta, de industria, ni apariencia siquiera de vida 
púbKca. Dos potestades omnipotentes dominaban i la 
veK el cuerpo y el ahna : el depositario de la autoridad 
reaLy y el depositario de la autoridad religiosa. Un des- 
potismo blando y pacifico en épocas normales, y severo 
y t^rS^te en las de revueltas y trastornos, mantenía á 
todas las clases en la dependencia y el temor necesarios, 
para que con el triunfo del priacipio que representaba, 
prevalecieran el orden civil, la seguridad dé lasCíolonias, 
y m vaátm á la madre patina. 

Los suplicios del mulato Ándresote, el de Tupac- 
Amaru, el último descendiente de los Incas del Perú, 
sacrificado con toda su familia en 1781 ; y los poste- 
riores de León, España, Gual, Rico, y otros revolucio- 
narios^ que precediei'on al gran levantamiento de 1810, 
grabaron esta verdad en todos los corazones con carao- 
teres de sangre. 

La conciencia pública se habia formado én esta es- 
cuela práctica, y si por una parte, cediendo al instinto 
tan naturalfen el corazón humano de sublevarse contra 
todo lo que le domina, simpatizaba acaso con los que 
anhelaban sacudir el yugo español, también creia en su 
ignoranoia, amilanada por el mal éxito de los que osaron 
rebelarse contra su autoridad, y los frecuentes abusos 



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— 344 ~ 

del poder á qne esas tentativas dieron zñát^ra, que ]a 
fuerza era la ánica ley impuesta por Dios á la humaai* 
dad ; que ella todo lo sanciona y legitima, y al que man- 
daba, es decir» al que tenia poder para hacer reeq^eto 
su voluntad, todo le era licito y permitido. 

Esto sucedía en las ciudades; esto sucedía doflde 
quiera que intervenía la autmdad pública. El virey, el 
gobernador de una provincia, el comandante de cam- 
paña, el alcalde de un pueblo, el jefe de un destacar 
mentó, partida ó guardia avanzada, todos á una, y cads 
uno en su esfera, en su individualidad y ea sus alrilm-' 
dones, personificaba la obediencia pasiva, pronta, sin 
apeladon, discusión, ni examen, exigida por la antigua 
España de sus vasallos de Europa y Ultramar. 

De esa manera estaba formada la conciencia púUica^ 
foco mas tarde de abnegación y patriotismo, como de 
tiranía y degradación. 

Y así preparada la encontraron los sucesos de Europa^ 
que al inaugurarse la XIX e^turia, debían cambiar la 
faz del Nuevo-Mimdo. 

Sonó la hora de la desgracia para España, y la fuerza 
de los acontecimientos precipitó la revolución Hispano^ 
Americana. 

Nos cuesta trabsjo decirlo, nos duele disentir de la 
autorizada opinión de nuestros primeros publieistas} 
pero estamos íntimamente persuadidos que ésa revoln-» 
cion fué demasiado prematura. No condenamos á nadie : 
narramos los hechos con la historia en la mano. 

Desde el último tercio del siglo pasado, una pequeña 
parte de la juventud americana, adelantándose á so 



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— 342 — 

époea, y oteetricada cm la lectora de los escritores déla 
revohidon f nmeesat se atrevió á pensar de distinto modo 
que sos padres. 

El liimno tríonfd qoe hacia algunos años resonaba w 
las vecinas playas, donde flameaba victoriosa la bann 
dera de la demooraeia, sostenida por el brasobercAleo 
de Washington, habla conmovido algonas fibras de su 
peeho, y á los mágicos acentos de patria y libertad, vio 
desplegarse ante sus ojos mi imnenso horizmite, ilmni- 
■ado por la lus de una esperanza demasiado grande y 
sedádorapara renunciar á ella ana vez concebida. 

Era natural que á una situadon semejante sucediese 
la efervescencia de las pasiones fuertemente esdtadap, 
y que en la imposibilidad de realizar sus deseos, pro- 
curasen alimentarios con la lectura oculta de aquellas 
obras, que se adaptaban mas á las ideas que les domi- 
naban, y que por lo mismo que les estaban prohibidas 
ó incurrían en graves penas si eran descubiertos, debían 
apredary desear mas. Todos saben que hasta ahora poco, 
España, desde que decayó en poder como en ciencia, 
em*--<relativúttente á lo que tai en otro tiempo,-^ el 
pais mas atrasado de Europa. Todos saben que el gdnio 
español, encadenado en las mazmorras, sofocado por las 
hogueras del santo oficio, nbiguna obra notable produjo 
ea loe ramos mas importantes del saber humano du- 
rante un largo periodo. Rutinaria y mezquina era la 
denda, rutinarios y mezquinos sus productos. No era 
estreno que los que nacían con amor al estudio, con esa 
devorante sed, hya del talento y de la curiosidad y que 
ma vez deq^lerta rara vez se apaga, y crece cuanto 



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— ai3 - 
mas tratamos de ftattsfaoerla, semejfanite ala luz de una 
antoi'éha que aumenta sn resplandor á medida ^ue le 
arrojamos alimento, tratasen por todos los medios que 
e^ban h su alcance, de suplir la instdsa aridez de los 
libros españoles sobre ciertas materias, con otros de mas 
sustancia y proftmdidad. 

£n América, sobre todo, después de la latitud dada al 
comercio por Carlos Ilf , se hizo mas fácil y frecuente, 
arinque siempre con gran reserva, la introducción de H* 
bros estranjeros. 

Hably, Rousseau, Voltaire y sus partidarios, de Hot- 
bacfa, Oiderot, todos los enciclopedistas, y mas tairde tos 
incendiarios discursos de los mas frenéticos demagogos, 
conocidos primero de unos pocos y luego popularizán- 
dose entre los demás, fueron cayendo en manos de la 
juventud, que se empapó en su espíritu, y al lado de al^ 
gunas verdades, b^id no pocos errores, se llenó de fal- 
sas iéeas j tomó en aversión toda forma de gobierno 
que no fuese la ultra-republicana, y creyó como verdades 
irrecusables algunas teorías tan fascinadoras, como difi^ 
clles de realizar en la práctica : teorías que á pesar de lo 
iesacreditadas que están, contribuyen todavía y contri- 
Imirán á que corra sangre á rios en todo el continente 
americano. 

Hoy que sabemos un poco mas, porque se ban hecho 
estudios teórlco-prácticos que antes no era posible, so- 
bre las cimicias políticas y administrativas, sobre los 
pueblos, las razas, las instituciones : hoy que el ensayo 
de los gobiernos representativos ha puesto en evidencia 
la fabedad y decepción de muebos principios, doradas 



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' 344 

tttopiA8 de lóá qae han^uerido constituir las nacioDes 
á priori y arrebaiados de su entusiasmo han obrado 
como si los pneUos fuesen una masa á la que se puede 
en todos tiempos y circunstancias imprimir la forma mas 
adecuada para el objeto que se juroponian» como hace 
el alfarero con la arcilla; hoy no podemos formamos 
una idea exacta del candor virginal con que naeslfos 
padres debieron acoger los principios proclamados por 
los filósofos citados: generosos errores que debemos 
e8cu8ar mas bien que maldecir, nosotros hombres de 
ayer, quenada hemos hecho por la patria, ni añadido 
una hoja á la corona que ellos^ á pesar de todo, pusieron 
en su frente. 

Al lado de )a cuestión política se levanta la cuestión 
moral, tan grande, tan importante, tan trascendental 
como la primera. Se comprende sin decirio, cual deítia 
ser el resultado de las doctrinas de la filosofia escéptíca 
y materialista del siglo XVlIi, arrojadas de repente, 
como una empozoñada levadura, sobre una colonia de 
la atrasada Espada, sobre una sociedad tan adnnrable- 
mente dispuesta para absorverlas por todos sus poros. 
Convengamos en buen hora, como no dudamos un mo* 
mentó, que hubiese hombres muy leales, patriotas y 
bastante instruidos, que las considerasen solo como un 
medio para Munfar, no como la base ni el fin del nuevo 
edificio que se proponían levantar. Convengamos que te- 
nían bastante fortcdeza de alma, bastante elevación de 
miras, bastante fe en el porvenir americano para re- 
chazar lo que esas doctrinas tenían de incompleto, aati- 
religioso é inmoral; pero al mismo tiempo, fuerza nos 



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— 3M - 
será reconfl^r qae la mayoría de los lM»nlires'Bamados 
& propagarlas las aceptaba en todas sus consecueodas. 
Y no podía ser de otro modo ; enervada por los pla- 
cares, acostambrada á obedecer, con antiguos resabios 
de vasallaje, escasa de instrucción, desnuda de creencias, 
cegada por las pasiones y estrechos planes de engran- 
decimiento personal é impelida por el vértigo reveda- 
donarlo, al iniciarse la lacha se halló, por una violenta 
y brusca transidon, lanzada en una pendiente resbala- 
diza en donde no tenia bastante discernimiento para 
ooniinnar adelante sin estraviarse, ni bastante fuerza 
para retroceder algunos pasos, conteniendo y arrollando 
á la 'multitud que, como un torrente desbordado, si- 
guiendo sus pisadas, venia detras y la empujaba. ¿Qué 
hacer en una situación tan critica 7 ¿Qué partido tomar? 
Ninguno ; porque ya no le quedaba otra alternativa que 
gritar coa ella como los cruzados: ¡Adelante^ Dios lo 
quiere! ó ser hecha pedazos por las ruedas del carro 
popular... 

¿Para qué mas pormenores?... Hemos colocado mfia 
enfrente de otra la sociedad de los campos y de las ciu- 
dades. Los gauchos del Plata nos han servido de tipo 
en lo que atañe á la primera, y en cuanto á la segunda, 
todas las capitales y ciudades principales iios han su- 
ministrado rasgos, que en su conjunto nos revelan su 
faz política, civil y moral, antes y después de la revo- 
lución. Con el auxilio de estas premisas examinaremos 
en el próximo articulo el estado actual de la América 
española^ resultado lógico y forzoso de lo que hemos 
dicho y callado^ porque se sobreentiende, ó se ha 



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— 346 — 

wéi» iQovMixio. Nuestro leal ptoce^ y bi nMOMant 
franca y «8pU«ita de ^ipresamos, en oposición oofi xiuir- 
chas piíeocapacíoiies generalmente admitidas en AQié- 
rica y Espaüa, podrán acaso no agradar á alguno» Afiif 
y alUí: pero ^^elan^s al juicio de la personas ^jxií^ 
tentes é imparciales que conocen á fondo la verdad^ 
síloacion de ambos países. Josgamos que opinarin Qomo 
nosotros, que no se éhbe^ nocoíwieney ni esp^bkií^rh 
Inr de i^ira manera. 

XV. 

firrUÁClON ACTUAL JÜE LA AMÉfnCA ESPAÑOLA. 

Hemos apui^tadp en nuestros anteriores artículos las 
principales causas que ban preparado el actual óxúm do 
eosasi y visto con al apoyo déla historia y el de las auto* 
rldades mas competentes é irrecusables lo que eran laa 
colonias españolas y el modo como fueron llamadas i, la 
emancipación» á la vida pública, á la libertad» 

Y ahora que hemos visto y sabérnoslo queeran, trasla« 
démonos al instante enque una sociedad, organizada bajo 
esas bases, rompió sus antiguos diquesi y menesterosa de 
todo, al estampido del canon y al rugido de toda^ las pa^ 
sion^ desencadenadas, ciega y frenética se lanzó en una 
nueva senda que debia precipitarla de abismo en abismoi 
hasta caer convulsa'y sangrienta en las garras de imbéciles 
mandones*. , Clavemos nuestros ojos entre el sol que toca 
ásu ocaso, y la sombra que se enseñorea del cielo ame- 
ricano, hasta que venga á disiparla un nuevo sol En 

ese momento solemne, en esa época de transición y ruina, 
decidnos, si un solo error, si una mala medida, si un des- 



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— 3n — 
atíflrto ftííüfio ds los que iJmm kis rl«i4a9 del 1 
po»ld ocasionar taa gtavos eotisacuenctasi si la fispiitai 
por ^emploi Ika pagado con largos afios de oxp^oo y 
sangre Is» tenibles reacdOnes del ftmesto deereto dado eo 
Valenoia el 4 de mayo de 1«14, i^é eonsecueneias ao 
habrán producido tantos estravios» errores, desaciertos « 
aititrariedades, diosos y Tíolencta, en fin, como la 
Amériea ha ptesencytdo antes, en el momento y de^es 
de saemaBdpacion?t ». 

üreeaentemente se oos ecba oseara por escritores po- 
co gen^^eioi jr menos refleuiosi mmtra fislta de oapa- 
détA politicaí ponündonosen paralelo con nuestros lier^ 
manos del Norte, sin baceíae caigo de estos aniaoeden^ 
teaiSineonsidMarque, en las instltodones de la Inglaterra 
para sos eoloníaa, desde su fendacion 6 poco después^ se 
oddtaba el §4nnen de su libertad» £1 voto de los sobsi* 
dios, la elección de los grandes consejos púbttcosi el juicio 
por jurados, el dereetiode reunirse para tratar y ocupar** 
se de los negocios públicos etc. , estaban garantidos en 
las cartas eonoedidas desde el último tercio del siglo XVI, 
i los trece primitivos Estados que debían mas tarde for- 
mar la Union Am«ioana« ( Tuvimos ni pudimos tener 
nanea nosotros esa larga escoela te<irtco-práctica?¿Hemod 
necesitado únicamente sustituir nombres á nombres, y 
fórmulas á fórmulas como ellos?... Y sin embargo,¿por 
qué se olvida ó se afecta olvidar que ellos conocieron 
tsmilñen la gaerra civil? ¿ que apenas declarada la inde- 
pendencia (1774) apaieció un partido opuesto al republi- 
cano que se denominó Tory y la Georgia y la Carolina 
del Sud, el Connecticut y la Pensilvania, New-York y el 



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Maryland, fueren soeesivaiiieate regadas eoii la fasgre 
de los americanos disidentes, es dedr, torys y republi- 
canos ? ¿ Por qoá se olvida ó se afiscta olvidar que en ese 
mismo pueblo, tan recomendable por sus virtudes r^u- 
Micanas, á medida que la lucha se prolongábase v^a 
reaparecer el egoísmo individual, y no bien hecha lapaz, 
cada colonia convertida en una república independiente, 
se apod(^ de la entera soberanía, y el gobt(mM> Meni 
vio su pabellón ultrajado por las primeras potencias ea* 
ropeas, sin recursos para contener á las tribus indias y 
pagar el interés de las deudas contraidas durante la guer- 
ra de la independencia, teniendo que declarar oflcialmeo- 
te-su nulidad? (1) ¿Y qué habria sucedido si los ouebios 
no hubiesen estado habituados á ser libres? Si un Was- 
hington, un Madisson, un Hamilton y otros ciudadanos 
de alta capacidad é indisputable amor patrio, no hubie- 
sen concurrido á formar la segunda constitución k coya 
sombra debía cimentarse la libertad anglo-america- 
na?.. 

La revolución nuestra, producto de un concurso de 
circunstancias favorables á la independencia, aceptada 
por instinto mas que por reflexión, tuvo que luchar desde 
su cuna con las preocupaciones y vicios, con el estado 
{Utellgente y moral de los pueblos que estaba llionada á 
orgsmizar. 

Era necesario ganarse á la muchedumbre, y pagando 
un tributo á las ideas dominantes en la América inglesa , 
en una sociedad fundada sobre la desigualdad de clases, 
donde los hombres se diferenciaban hasta en su color, 

(i) hémocratie en Amérique, l. I, p. 182. 



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— 349 — 

stirmliiiró te repAMh» tomo ]a foma d«f oMerno u&ib 

1^9 ki rep^bUca eg ya om n^wwiáad para DMotroa, lo 
conocemos, y añadimos que todos los anafícaaof que 
anta i m patria, cualesquiera qiie mm sus opiniones 
iodi viduales, deben procurar a&aniuarla por cuantos me* 
dios estén á su alcance. Por consiguiente, podemos datir 
sin miedo de pasar por absolutistas, que la repúbUaa, si 
no ha d^aer una farsa estúpida y cruel, es la forma de 
gobimio maa ooinplícada, la mas di0cil de instituir, la 
que debe reunir mas oondictones para establecerte, mas 
resortes para pcmene en movimiento, mas garantías para 
cimantarse; la ^taa ai^e masbitdigeneia, vm lueesy ab- 
nagadon en loa gobamaotes, y may^r uimw> de virtu- 
daaaalaagobmuid(^ 

^ esto «s índudablef to ai íguabzmtaffieeii las repú- 
Uiaaa* d<^nde tiene cada ciudadano darcehoa poUtiaosqua 
ejareer, deba recibir un grado deínstiuceion que le ponga 
en el caso de bacerlo de un modo útil para sí y para ial 
demás. Daigraeíadamente les falté tiempe i nuestroa !e- 
giiladerea, y ni siquiera aeacordaron de que era pi«ci«o 
eduear al pueblo antes dellamarle 4 la vida púbiiea, eemo 
se adnaa á un hyo antesde diñarle en aplano goce 4eeu 
übertad y fortuna. 

Se necesitaban soldados, y se declararon libres A ios 
n^gfo^ y midatos ; se organizaron en gueriUas penna* 
nentes á los feroces habitantes de los campos y á ia parte 
viciosa éiacutta de las ciudades ; y en alganoe pontea ea 
acuitaron armas de fiíego 4 las tribus salvajes. Recuér- 
dese lo que hemos didio acerca del antagonismo que 



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— 350 — 

existe mtre estas razas y la blanca de origen espiAoI, 
representante de las costumbres y tradidones europeas. 

La revolución encontró obstáculos y se hizo militante 
y conquistadora. 

La fuerza, único medio de propaganda en América 
desde la conquista, decidió las mas graves cuestiones 
sociales. 

A favor de la guerra de la independencia, hecha en 
países tan estensos, cortados por impenetrables monta- 
nas, bosques, rios y llanuras inmensas, levantóse en ca- 
da provincia un caudillo al que todos hubieron de subor- 
dinarse. Preponderó el elemento militar, y antes qoe 
terminase la lucha con España, los hombres de uiiciativa, 
los apóstoles del pensamiento, los que alzaron lá bandera 
revolucionaria, los que querían un orden regular de co- 
sas, los que redactaban las constituciones y las leyes, ge- 
mían en las cárceles ó huían despavoridos de aquel charco 
de sangre, ó eran espulsados violentamente de su patria, • 
ó entregaban álos verdugos su cabeza de mártires... 

Entonces la anarquía como el gigante de Camoéns, de 
pié sobre el cabo de las tempestades, alborotó las olas del 
Océano popular, y cerró el paso á los que sin inmutarse 
por su horrible aspecto, á imitación de los intrépidos 
navegantes lusitanos, intentaban seguir su ignorada y 
peligrosa ruta. 

De este número fué el ilustre Rivadavia, jefe del par- 
tido unitario y una de las mas altas inteligencias que ha 
producido la América española. Compelido á abandonar 
su puestO) al partir para Europa pronunció estas fatídi- 
cas palabras : la anarquía os va á devorar. 



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— 354 — 

Y asi sucedió : hombres oscuros, viborezposá quienes 
la patria uo debe un solo día de gloría, t^orque casi todos 
surgieron del polvo después que Bolívar, San Martin, BeN 
grano, Sucre y otros, aseguraron con sus victorias el 
triunfo de la causa republicana, se pusieron al frente de 
las tropas indisciplinadas, y protegidos por las últimas 
clases de la sociedad, sobre sus hombros, escalaron la 
silla del poder. 

Reacción del despotismo y la barbarie contra el pro* 
gresoy la civilización, otra reacción los derribó del puesto 
que habían usurpado , porque su efímero poder no se afian- 
zaba en ninguna tradición honrosa, en ningún principio 
fecundo, en ninguna necesidad verdadera de los pueblos 
que tiranizaban. Rosas, el mismo Rosas, único caudillo 
que ha imperado veinte años, aniquilando en su tránsito 
cuantos obstáculos encontraba en sü camino, ¿ncí cayó al 
fin herido de muerte, mas que por las lanzas de sus ene- 
migos por la fuerza irresistible de los prhicipios ? ¿Quién 
reunió en una sola falange- á Montevideo, al Brasil, á En- 
tre-Rios, Corrientes y el Paraguay? ¿Hubiera Rosas nunca 
sucumbido si las demás provincias de la confederación, 
le hubiesen prestado su lealapoyo?Seguro desu adhesión 
al tratarse de una guerra con estranjeros, ¿no desafió 

impávido el poder de la Francia y la Inglaterra ? Los 

que insultan gratuitamente al pueblo Sud americano, los 
que b^o la fe de parciales ó ilusos escritores le llaman 
envilecido y degradádoy que nos espliqueil por qué sesu- 
blevadiaramente contra sus opresores, por qué nó se re- 
signa á la tiranía, y cuando la ocasión se presenta sabe 
reconquistar con un heroísmo y abnegación ejem- 



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piare» su» pecdidoa derechos y maneQIadtt gloria? 

No la Yolontad, qo la igaaramcia^ sino la nabiralézft 
de las cosas y los errores de sn época, hicleroü qné üttM^ 
tros padres se equivocasen al echar los dmientoa d0 
nuestra regeneración política y sociaL laioi no Uaien 
obligación de saber mas que lo que saMan y eiistíuiba& 
los sabios de Europa. Sus libros, sus instttttCicmes, eoe 
teorías, los alucinaron y nos perdieron s J atmqud ei 
verdad que ser grande en política consistCf no en estar 
i la altara de la civilización del mundo, sino á la attiiri 
de las neoesidades de su propio paiS5 dudamos qué ai 
mismo eardenal (asneros, Washington 4 Ni^lem, hn* 
biesen salido airosos an la empresa sobrehimianay da 
reoonatruir da un golpe mía sociedad como la nuastnu 

Los emancipadores de América, copiaron a la Fraila 
ela repnblicana (i) y á los Estados-Unidos, sin acordarse 
que es mny fácil trasladar al papel la letra mn^M da 
las leyes, pero no el espíritu que las anima. 

Con el ojo de la inteligencia clavado en las e&trafiaa 
de nuestra sociedad, se Hubiera resuelto mi¡)or el difl» 

(i) Muchas dé buestras leyes están calcadas y hasta tradiid* 
das á veces de ios decretos, y disposlcloees de los revolado-' 
narios franoeses.-*£& la sesión del A de agosto de ITSOí el arti- 
culo en discusión sobre la libertad de imprenta, se adoptó en 
estos términos : «La libre Comunicación de los pensamientos y 
de las opiniones, es uno dé los derechos mas preciosos del hom^ 
bre; así todo ciudadano puede hablar^ escribir, imprimir libre* 
mOBie lo que quierii salvo la responsabilidad de los abusos (te 
esa libertad en los casos determinados por la ley*» Nuestra ley 
de imprenta espresa lo mismo, casi con las mismas palabras; 
sentimos no tenerla á mano para que se yiesé la identidad, por 
no decir la tradttcciou. 



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cU problema de su organización. Siempre los primeros 
<Hiaayos babrian dejado mucho que desear, pero el 
tiempo y la esperiéncia hubieran corregido lo que no 
está en la imperfección humana pre?eer ni remediar. 

Entre los muchos errores á que dio origen el entusias- 
mo por instituciones que no estábamos en estado de so- 
portar, los mas ftmestos y trascendentales, sin disputa, 
ftieron la lafitud dada al sufragio y la demasiada libertad 
otorgada á la imprenta. 

En Buenos Aires por ejemplo, la famosa ley del 14 de 
agosto de 4821, concedía el derecho de sufragio á todo 
hombre libre, naturctl del paisa avecindado en él^ desde 
la edad de veinte años^ ó antes si fuere emancipado. 
Asi se eoncedían derechos á personas que ni aun leer 
sabian-, á personas esclavas de sus preocupaciones, de 
su humilde posición y de sus pasiones. Los partidos cie- 
gos, y poco escrupulosos sienq^re, se apoderaron con 
avidez de aquella arma terrible. Los hombres del pue- 
blo, instrumentos de ambición, actores farsáicos en el 
drama de la politica, no han hecho ni podido hacer otra 
cosa que obedecer al impulso que se les daba. 

Guando el abuso de la ley llega á ese lastimoso estre- 
mo, es evidente que se buscan hombres, no capacidades, 
para formar la mayoría de los cuerpos colegisladores, y 
personas incapaces de comprender su misión, los dere- 
chos de sus representados, la trascendencia de las me- 
didas que adoptan, la importancia de las cuestiones que 
se someten ásu fallo, acaso sin pensarlo, dañan tanto 
á la causa pública, como sirven al interés individual. 

Salvo honrosas escepciones, tal ha sido largo tiempo 



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la ysiorla ití siitsma eleotoral y rapitsanteUf o de las 
anevaB repAblIcas. Hoy aléeeionadaB en laditfaMWcta 
de la «périeneia, hasta^ lan mas teorédid^s ti«taiii dtpo- 
ner valladares al torróte que 86 desborda. Meraeáé lea 
vielOA de la ley orgáftfea y ftmdtmenlid, el patidoy tt- 
ganado, ha poeito el sello de eu sanek» aotíerana i^ to* 
do lo Qpié de él se ha etigido, ha íégittínoéh el deepoiia- 
mo, y »ue menguados opreioves han ostoAdo i la fka 
del mundo la autoridad de que se b^Uaban liiveittdiie 
por lai)tyimtúi iuprema ékla naekm, manotada por 
voio unéMpié de ius órgaMs le§Uimm^ Gomo si ufl piMk 
blo pudiera suicidarse, abdicar sus derechos y entre* 
garse atado de pies y manos ¿ déspotas que recuerdan 
en sus actos la ferocidad saoguinaria de Mahomav loe 
instintos de las hordas satvajes entre qníenes han Tltido ; 
que fusilan a representantes en el santuario mtono do 
las leyes; que se ábs^onan á los mas repugnantes es* 
eesoB, y Juegan eon la vida, con el honor y la fortuna de 
dus míseros compatriotas, como no lo haría oon^ sus ee« 
clavos un rajáh del Indostan é un reyesoelo del interior 
del África! 

En cuanto á la desmedida libertad de imprenta, que 
acaso sea útil en una sociedad de angeles ó de demiH 
oíos, poco diremos. Los resultados que ha produeiéo 
en AmArioa y Europa, son fÉtalee : sus vratajas ao eon« 
pensansus inconvententes. Nos esplieareeaos* 

Si la facultad de comunicar sus ideas es después de Ui 
de pensar, el atributo quemas ennoblece d hombre; ai es 
el laso, el alma de la sociedad, el medio toAm de perfiso^ 
clonarla, la prueba ineontestable de su destina d^per- 



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fectibilidad y progreso^ iM e^ verdad que ftecnetáfs^ 
mente se abiM de ella? ¿No es verdad que en paisea 
nuetes eomo loe nuestfoB, do&de el pueblo (y los que 
ño eou pueblo) en general^ careeeu de eriferio por falta 
do teetrueeion, (ftdlmeiiteeeeonftmden la» nociones mas 
iftffas y lustas, se arrojan á la voracidad pública alimen- 
tos envenenados^ teorías absurdas y peligrosas, y elpe^ 
rfoffiimo; eátédradoensefiansay fecunda discusión, se 
oonvlerte á menudo en el banco de una taberna, desdo 
el eual se arroja impunemente el lodo de la máledicen- 
da y la calumnia al que tiene la desgracia de no pensar 
oomo cualquier quidcm periodista, titulado patriota, que 
i>uedesermuy bien un ignorante, un perverso ó un 
hotnbre cegado por el espíritu de partido ? 

¿No seria posible y conveniente pt^ algún tiempo ha- 
cer una ley de imprenta, que combinase una libertad ra* 
ciooal con la necesidad de poner un freno á todo loque 
impida ipie se arraigue la paz y se afiance el Arden, ese 
aEUtigno guardián de la sociedad, como le ItamaSalvandy, 
ese protector eterno de la clyillÉaeion, cuyos pasos viene 
á encandnar y dirigir la libertad, cuando ya él ha pro- 
ducido bastantes progresos para que aquella pueda suf* 
glr á su lado y devolverle apoyo por apoyo?.. : 

Las aberraotonea de los socialistos hancnizado ya el 
Atlántico, y por lo ipie hemos dicho de tas doctrinas sub* 
verstvasde la fflosoffa eseéptiea y materialista del siglo 
pasado, se comprenderá hasta dMide puede estenderse 
el maléfico influjo de esos nuevos génnenes de inmora- 
lidad y discordia, arrojados en el seno de una sodedad 
ienfen&a ypoetiida por el triple azote de la guerra tívll^ 



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— 356 — 

la aoarqmay laffüla de sóUdas creencias. NaeBtro anie- 
go don Félix Frías, uno de loe jdvenes mas lalxNrkMoa 
é inteligentes que cuenta la república Argentina, ha es» 
^íto sobre el particular una serte de cartas, publicadas 
en el Mercurio de Valparaíso, que hemos vislo citada» 
con elogio en varios periódicos nacionales y estranjeros. 
Recomendamos su lectura á nuestros compatriotas. 

Y esto es tanto mas doloroso, cuanto no hay cues- 
tión, no hay principio resuelta mil veces, que no hayaa 
vuelto á poner en tela de juicio los palabreros 8<^tas y 
charlatanes ignorantes. Asi se ha confiípdido la libertad 
con el libertínage, la igualdad con el nivelamiento, la 
publicidad con el desenfreno, el deseo de que la propie- 
dad esté diseminadaon muchas manos (porque asi con. 
viene á la democracia, pero que no^asa de un simple 
deseo) con el despojo de esta misma propiedad, pMra 
angular del edificio social. 

¿Para^ué añadir combustibles á la hoguera? En el 
calor de la ludia hay siempre hombres candorosos y 
poco instruidos que toman el mal por el bien; desgra- 
ciados á quienes la miseria no permite reflexi<mar.; per- 
versos y egoístas que, conodendo el mal, se enU*egan ¿ 
él por depravacim, y porque los saca de la nulidad á 
que se verian reduddos de otro modo. El buen camino 
no es mas que. uno; al paso que el del crimen es tm 
numeroso y variable, como son numerosas y variables 
las pasi<wies del corazón hummo. 

Tal es hoy la situación del Nuevo Mcmdo : escritores 
independientes, hemos dicho la verdad ¿.la luz de nues- 
tra rasony de nuestra conciencia. U situación es trisiet 



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— 367 — 

éMj^fdUe, pero no do^esperada. Toneinos fe en el por- 
tenfr y en loft gloriosos destinos de la humanidad. Esta 
no es mas <}ne nna época de transición, época que ab- 
sifirerá la tida de euatro ó seis generaciones ; preciso 
é»f«8igñanie y marchar con éUar. El que se queda atrás 
e» Considerado como desertor de la causa común ; el que 
se adeluita, es derribado, pisoteado, cubierto de fango 
p<M* tos que cruzan y pasan sin orden en opuestas direc- 
éiones. Pío Vil esoomtilgando á Napoleón en el s^ 
glo TJX, y el Dante predicándola igualdad, y anatema- 
tizando á los tíranos en el siglo XIII, han sido juagados 
del ndsmomodo. 

Seamos, pues, paso ¿ paso á nuestra patria; descen- 
damos hasta ella, si no podemos elevarla hasta nosotros. 
POrtentura, ¿sera cierto, como se pretende, que somos 
QB pueblo ¿MHÍeúiáo y degradado, coyas Aiertas vitales 
se agotan por momentos, y que necesita para salvarse 
que venga otro pueblo á romper sos (Ulerlas con su 
mano de conquistador, y le inocule con su sangre nueva 
vMa, nuevos hábitos y nuevas condiciones de exlstenciaf 

No! todavía existe en el pueblo Hispano^Americano 
mas vitalidad que la que se cree. Combatiendo se for- 
man las grandes, las robustas naciontíidades. Ese des- 
orden, esa anarquía, esa falta supbia de capacidad para 
gobernarse, es inherente á la lucha entre las nue- 
vas y viejas bistitnoionss, entfe las nuevas y viejas 
creencias, y entre los nuevos y viíjos intereses, que 
tratan de sobreponerse m&tiiameaie, equiHbrimdo su 
aod<m las cansas que hemos espnesto. Ese mismo 
dMMdeD» en loeMMes coaq^nestaa de elementos tan 



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heteregéneos, rey^ elaramentA que exiflB m «Has toda 
la fuerza primitiva, toda la varonil fortaleza, toda la 
espontaneidad de ana matwia qoe no ba tomado toda* 
via forma determinada, y ^e poede preetwse mejw igm 
otra alpma á las diversas modiflcacienes quena diesfa^o 
artífice sepa y quiera imponerle. Se trata da una^cuefr» 
tion de tienq^ y nada mas. 

Encontrar el tipo en que dd)a modelarsey.quasea mas 
adecuado á sus necesidades, es la incógnita qae..|por 
ahora estamos destinados á buscar. Perseveremos ea el 
camino en que la Providencia nos ha colocado, y mar- 
chemos sin volver atrás la vista, porque en las revolu- 
ciones las distuieias se encogen ¿ medida que se ade- 
lanta, y á veces se retrocede sin advertirlo. 

A pesar de todo, en Chile, en Venezuela, en el Ecuador^ 
en Nueva Granada, en Centro-América, en el Pera, en Bo- 
livia, en el Paraguay, en el Rio de la Plata y en el mismo 
Méjico, hay provincias y ciudades tan ricas y floreeieor 
tes, qua parece mentira hayan podido prosperar en me- 
dio de los fr^uentes trastornos y convulsíones,politicas. 
En un período dado, todas con mas ó menos trabayo, 
han visto acrecentarse su población, su cultura, su in- 
dustria y comercio, y por consiguiente, su riqueza. Los 
que quieran desengañarse, no tienen mas que tomarla 
estadística actual de esospaises, y compararla con los cál- 
culos hechos por Ulloa, Azara, Humbold y otros vm^ro¿. 
Este fenómeno se realiza merced á la población y á los 
capitales europeots, que todos los a&os emigran á Ainé- 
rica. 

Perseveremos: los estodios bedios recientemeoto so- 



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— 369 — 

lire la Mstoria del antiguo hemisferio, nos enselUm ^ue 
la condición del pueblo europeo se ha ido mejorando 
gradualmente hasta llegar al estado actual ; y que esa 
mejora se ha realizado lentamente, de progreso en pro- 
greso, por medio de leyes inalterables y que ti«sen su 
raiz en la misma naturaleza del hombre, t Podemos por 
consiguiente deducir, que sucederá otro tanto al pueblo 
sud-amerícano, apenas pase por los distintos períodos 
necesarios para una regeneración completa y radi- 
cal. 

¡ Adelante, pues ! . .. IMos no ha puesto en vano ea d 
corazón del hombre esa yaga inquietud, ese insaciable 
deseo de elevarse que le arrastra á buscar continua- 
mente un orden mejor de cosas, que aumentando sus 
goces físicos y morales, satisfaga las necesidades de su 
doble naturaleza espiritual y terrena, como un sar- 
casmo, como una amarga decepción de su impo- 
tencia. A pesar de las vinas declamaciones de.tan- 
tos espíritus apocados, á pesar de esa eterna repetición 
de acontecimientos, de esas continuas transiciones de la 
b*bertad á la anarquía, de la anarquía al despotismo, 
y del despotismo á la Hbertad, que nos presenta la his- 
toria de todos los países, y en particular la de los pue- 
blos sud-americanos, creemos que estos adelantan en mi 
camino, y que el soplo de Dios los empuja hacia el Edén 
prometido á sus esperanzas. Nos es grato creer queen 
el girar de los siglos nada importa ,para el porvenir 'de 
América que se estacione ó retroceda algunos allos en 
su carrera sin término. Aun cmnio envilecidas y degra- 
dados pisásemos el último escaloií del oprobro, aütique 



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davia nos mm, auo^e fuésemos borrados dd catálogo 
de las nadones, creemos ;qiie se realíwia en todo el 
nuevo mundo lo que ba dicho na recomeodaUe egcrit4NP 
refiriéndose á la república mejicana* Creemos si, qa« 
aun dado ese caso^ « volveria la PreTídeocia i depoa^ 
tar en el caos el germen de vida de ^pe ba de brotar 
esa grannacionah'dad, que no podrá menos de surgir 
encima del suelo mas privilegiado que sobre el globo 
haya sido preparado paranoblemansion del honibre(l},i» 
¡ Bello y profondo pensamiento d^no de un escritor na- 
cido en la hidalga y generosa nación ibéricaí y que sean 
cuales fueren nuealros mutuos errores, desaciertos y mi^ 
serias, no olvida que es espaHola la sangre ^ecoxie en 
nuestras y eoas! 

XVI. 

POMUiiaM nsTAfiou M aximeuu -» wioía4sh)n al mo 

raULFLATA. 

Aunque tal tez útfl en la región de las ideas, ftiera es^ 
térfl pMi España en el terreno de la realidad y de la, 
práctica, todo 16 que llevamos escrito hasta ahora, s! 
entrevarías consecüenetas que de los hechos capitales 
se desprenden, no hubiese algunas que afectan inme- 
tfatamente los Intereses de la península de este y del 
otro lado ddAtttnUco. 

Qiieda demostrado hasta laevidenda que los males de 
la América española dimanan principalmente de su pri- 
mitiva organizadon política, de su heterogénea pobla- 

(1) Rivero.— Mégica,^a 1348. 



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eipii, 4e la ittanftim coa^o «rtá < 

soledades, del estado de seianiirbarbaiiftjeB qsé se < 

in uaa gran parte de ella, y de ta^ eaisKieuiatmoiQla ée 

hábitos, de orden y de tfabsjo. < « . - 

La inmigraeioQ europea, laboriosa é i»tel igeftte , es 
pues el grande elemeato de estdbiüdaA y pro^ i co fue 
tienen sujoellos países. 

Cada eolonla que se forme, cada emdad foe se edü^pit, 
es on crédito lil^ado en favor de la Europa, « asUio 
de la cadaia de la diviUsacion, un eei^i^ desde el ewl 
pueden ramifloi^se y estenderse los vfncaloe sociales, 
qae la acción directa del gobierao, el espMlu urbano, las 
necesidades del comercio y de la iadnslite, y si^e lado 
el interés indWidual, timiden iirefluMUeneBle á estre- 
char mas y mas cada día. 

Por eso todos los t¡rwuelo& de América, eeplotaado 
las preocupaciones coloniales, han {M*cierarado feiOóMir 
el odio contra los estraajeros, como el medio mas afleas 
de cimentar su despotismo. Iil Dr« FrABeta» Roeas, y 
últimamente el Senado de Nicaragua, especie de diván 
americano, han desenterrado leyes conveniei^es al ré^ 
gimen para el cual fueron formuladas, pero hi^lúbaiÉP* 
das, incon^atibles con el orden de cosas exist^e , é 
imposibles de realizarse ; leyes que no tienien otro ob^ 
jeto que alejar á los estrai^ros» ó erando menos arre* 
batarles las inmunidades que disfrutan, si^eltedolos á 
la misma precaria condición de los hijos de la tierra. 
Puede verse el espíritu y la letra de esas leyes en el 
titulo 27, libro IX de la Recopilación de Indias» 
Por fortuna, el pauperismo que devora á la Europa la 

it 



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i Telver . «us^ ijd» él» fkignMii 
M ^«ifo mwid^* Los gabisites ewoipMB se 
«B hiiHdBaBle y rhtfoito ipe i»- 
ciones como la loglaterm y la Rraiicla, per fjeAipU;, 
sopoüm «M tesigMMicn fii9 owumw mandataiios, 
«mraiBBfdeBcia éonre pats^as con sa ¡gncMintiav piMw 
¿ soB compatriotas y á su comercio de Jas teolijas qne 
aW «teuntran* EhÍmms i&terpoiieii sa podeMsoin- 
IH^ •a^amsMi las^ usías, y si las nsgéeíadoim 4iptah 
wÉtieas' M iMurtai, cwBas«sdesieiiq>fe; sino bastaii 
Jas éseasasflMnas BáYriss que íRislen 6iiYÍary46mRiia& 
el oro, pBoweiB el amMHDento de sus natoralesi mMíh 
VMi á laspeblsfliuies del país, se apeyaai' eo-eoalqsier 
paflide fwqoiMaaeeuidar sos núsas, nomuyoristía- 
ñas á veces, y en cnanto se anablft el borteonte 6 alean^ 
mk tofM deaealm, ébandoMMí á propios y esfrafies ¿ 
su hmfíBL^ tMMi estretta, como hieieron con el inforta- 
mM genefal Imtíle en 1840, y posterioráiente con k^ 
hefMsoH libertadores de Montevideo^. 

La tiimigraelon europea, sin embargo, á despecho de 
lodo, de las proh&íeiones, de la gnerra eívíl, de ia ^e>- 
rlasi de dertos gocemos americanos, y del abandom de 
los rayos, se dirije en fnasa al nuevo mundo. La mano 
de la Providencia la lleva allí i arrojar savia fecunda de 
vida y regmeracton, en el seno de una sociedad dilace- 
rada p<»r-ctiantos males pueden agoMar á un pueblo en 
su iirfánéia. EHa repone con su sangre laque en lucha 
sacrilega vertemos nosotit)s diarísñnente : ella, forzada 
por la necesidad, se entrega con ardor al trabajo y nos 
ens^apráetícammite sos ventilas : ella rasga el seno 



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dftlai tiÉrf» fMOtaÉdft eon d sudor desuilMle, y wm 
la columna de faego que guiaba á loa iimelitasv arnisi 
veáucteDdo loa bosquoa á emum^ cttbtitBdo de ^Ma* 
cbteieft las HaauraB^ taladrando las fiooniate^y an^Q&atia 
la barbarie huta ¿as ^UÜ^os cofiflneis s ebt doraabré 
Biiaif0fi TaneiiOa de riipeta) ignorados fllooM mM útoñ 
fua los de oro y plata» poffue en sus manos ad^iieraii 
tanto ó doble valoi: que afelios preoiasos metalas t 
día sigua el guibo de los grandes, rio» hasta sir Mei^ 
smeto, se detiene á su m^en^ destíandt 4lai valii% 
Irepa i las npiasaltas c^^dUlerasy y noaliabla de los pt^ 
digios dd vapor y delacanaüzaeion : ^lla sirve deantüf 
mural al despotismo, que no puede imprnemento vcgttil^ 
y obfiga i la Europa á eontribuir mas ó nwiüs dáreeta- 
mente á qae se reslaUezca el impatío da la raaon y dé 
las leyes : eDa aomentaado anuakoante ios praduetos jp 
los consumos en anaprogr«rion astraardiiHulav^^Mt 
nuevas necesidades que son otros tasiea poderosea agui^^ 
jones que avivan nuestra natural ineraia y nos enq^qíaii 
Meia el buen canüno : dla^ en &i) eon su actividad in- 
cesante, con su energía, eon sus reocmiendables bábilas 
y laboriosidad «orna, es un cjanplo vivo, (pié memprn 
tenemos á la vista, un e^tittiulo que nos esdta.y biiefa á 
cada paso, un libro aMerto donde podemos leer nomlros 
dd>eres y comparar su sociedad con la nuesfara« £1 con^ 
traste choca hasta á los mas ignorantes y preocupados^ 
y es ley providencial que los pueblos como los individnoi^ 
sucumban al fin á la acdon lenta pero irresistible de 
otros primólos, de otras costumbres, de otras ideas 
superiores á las suyi^. En el orden moral copo en ¡el 



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fiaioe, lo ftmie, lo bdlo y bueoo, tiimfa sobre lo AfM, 
mezquino y loaló. 

Entre esa población europea, tan recoinenda3)lé gene- 
labnenle, ocupa un lugar muy distinguido la española. 
Lahcmradez, la lealtad, la fortaleza inquebrantable del 
carácter español, su respeto á las leyes, la fraternidad 
que reina entre ellos, los vínculos de parentesco que 
unen á muchos con las familias del pais; la igualdad 
de idiomas, de rdigion, de costumbres ^ la facOidad con 
que se idra^ean con nosotros, pues casi todos se casan 
en América, presdndiendo de otras razones dé conve- 
ntencia, gratitud y afecto, justifican esta marcada pre- 
dilección nuestra. 

Los gobiernos americanos deben, pues, fomentar la 
iñmigraiáon española, prefiriéndola ¿la francesa, inglesa 
é itaüaña, cuyo carácter, hábitos y costumbres difieren 
tanto deles nuertras, ó no se adaptan tan fácihnente i 
nuestras mas urgentes necesidades. £1 gobierno espiÁol, 
por su parte, teniendo en vista las razones que eq^n- 
dremos al ocupamos del comercio déla Península con 
Montevideo y Buenos Aires, no d^e poner trabas i la 
emigración, siempre que se haga cpmo debe hacerse, no 
como ahora, fraudulentamente y de mala manera. 

Cartas de Montevideo y Buenos Aires, publicadas en 
El Heraldo, y reproducidas luego por los principales pe- 
riódicos de la corte, han denunciado un hecho escan- 
daloso, que ^ene repitiéndose hace algunos años. To- 
dos los órganos de la prensa haa clamado unánimes 
contra tan grave mal, limitándose á copiar las cartas en 
cue^on ; y aunque no dudamos que el gobierno habrá 



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— 566 — 

ya tomado las medidas convenientes Jazgamos oportuno 
decir lo cpie hay solM'e el particular, y lo que podria ha- 
cerse, en nuestra humilde opinión. 

Con motivo de la prohibición que ha eifetido en va- 
rias épocas, de embarcar colonos para América, renovada 
últimamente á cliusa de la guerra que ha terminado entre 
Montevideo y Buenos Aires, tres ó cuatro casas de co- 
mercio de estas dos ciudades verificaban esté iúcito trá- 
fico, realizando cuantiosas ganancias. 

Después que sus buques despachaban los caiigamen- 
tos en el puerto de la Península á donde iban destinados, 
dirigíanse á un punto aislado de la costa, y embarcaban 
150, 200 6 mas pasajeros, sin pasaporte, shi previo 
contrato, sin otra garantía que las palabras del capitán, 
y. las ofertas, mas ó menos capciosas, de los agentes de 
los consignatarios del buque. 

Los principales mconveni^tes qué de esto resultaban 
era que los infelices colónos sé obligaban á pagar sobre 
cubierta, alimentados y tratados 'sabe Dios cómo, 150 
dores por un paraje que á lo sumo valdrá 50, teniendo 
que trabajar cinco ó seis años para satisfacerlo, y que- 
dando enteramente á merced de sus esplotadores, hasta 
llenar su compromiso. 

Buques de 120 á 130 toneladas han llevado de este mo- 
do cerca de 200 colonos. Figúrese el lector cómo irian y 
cómo llegarian (los que Uégasen). 

Ha solido escasear el agua y las provisiones y morirse 
en la travesía la' mitad de los pasijeros. Los canarios 
llegaban frecuentemente Henos de varias enfermedades 
berpéticas. 



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Arrilmban á Monteviddo ó Buenos Akes^ eaeagüel 
cojaeignatario loa que qudriaf y los dentíis, liomhtM» 
mujeres y niños , piijeetos en Q&a barraca^ k usnoza de 
la que se estila en jos bagres mahometanos, paaabato á 
la servidumbre lemporiil del primero que salisfocla el 
ifilporle de.su vi2(j6. . « . ^ 

. Nos faltan palabras para aoatematicar tan ruin pn»»* 
der« Por houor del nombre espáfiol, por bonor de mnk 
tro propio país, donde se ba tolerado ese escandaloso 
a^usoi püptQgido por Rosas en Buenos Aires, y disimu- 
lado en Montevideo por las oircunstanolas esoepcioQahs 
do la fi^erra, nos iisoit}ea9ios que no volverán 4 repro«> 
dudrse^esceuaatan laoniiiitables, Dietoido d gobienm 
de Espaüalas provideneiasque esperamios de sa noto- 
ria ilustración y ceh>, y eustíendo ya m Hontovtdeo y 
Buenos Aires agentes caract^í^doá, podré ostir^orse al 
^lal de rai^. No vacilamos en afirmar que si neeesarío 
fuose, el^gobiemo ejrgantbu) y el cNri^tal preataráo su 
tjsal apoyo á las autoridades espaiiobis, residésates en cfi* 
<^a»oapítal«s>.0iea^]ií^que etfén en^l poder hombres ée 
medianos alcances pada mas. 
,. ljÍa|>iQndo dj9sapani»dQ la eaota que motivó ki pfoU* 
bicion para el Rio de la Plata, esta debelcmntvee desde 
loftSfh Las dtsfüosieiones sobre el toanspmrte.de. cqloaos 
á llamar, y especiabnente las qne la esp^áeneia ha 
demostrado ser mas coAvementes p«ra Jas AnlUla& yrFi* 
l^iioaa, deben observarse eoer todo rigor. Laa.autorite- 
(|#s locales exigirán de los emigrantes las gavaotiaa que 
estimen juftos p^a^<gie m s» eaidbecqtten loa que no 
hayan cumplido con las quintas, los imposibilitadfiSi'^^ 



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yi^ los. capttiiiea ^ buquas, to4«9^ lae c<mdkJm9B de 
S9gpn4a4, hjgte&e, eiaUdad y suoui de aUme^tl^a indi»- 
p«DaaMes ea.tan lai^o viaja. kiqpi9rta 8o))£eman0m:iiue 
wa^oimBioncmpu^tad^tre» ó ;c«atro médicos (tagar 
dpft:por el «pn^ignatario, owio /Umíos toa. gaatos que 8^ 
Qdg^^Qi») pasea bordo y eiamiiie átomos los paiajiffoS' 
sipidástodoa de clase 9i persona, uii& W% apta&de ha- 
cenase á la vela; y que lo& agentes oonsalarea#n Am^maa^ 
sa i^uestoep inexorables^, contra todo el que lleve ea si» 
biiquB mf» tj»dividuos d^s los que aparecfa ea el loL •don 
baceír efectiva la fuerte multa mareada por la ordeoaoza 
9Mli dobláxidola según la gravedad del caao, se poA^ 
im á raya la oodida de los Iraosgireaores^ - 
^»Restidbl8ci(to.lapaz» abiertos.de nuevo todos tos^ana^ 
tes de la ^^ueeiob y el trabajo, y.isiei^. taii:apre-r 
mii^.la'nee6$idad de. braaos, ¿eontiemeiiantosfiavanf^ 
tías, no habrá en. l|oití«video y Boanos Ajurda>ca8aa 4q 
coraeráo respetables, empresas particulares, que se dis* 
puteo en leal concurrencia^ las utilidades de transportar 
un crecido número de colonos, sin las condiciones leani^ 
nos por que estos infelices , ó engañados ó ignorantes, 
sehaa visto obligados á pasar hasta aboara?. •« Cualqiie- 
ra-quB sepa el justo aprecio en que alli se tiene á la po^ 
blacion española, ooolestará que m siqíiíera es rasonar 
ble ponerlo en duda. 

^ Asilos emigrantes, al abandonar su/patria, al prapi<^ 
tiempo que irán ^nla confiansa de len^ inmediata- 
mente una colocación segura, sabrán que anease de ser 
vejados^ que se les ftMe a m contrata) hahiá quimil re- 
cbMPe p(^ eao»y tos deflanda. ^ 



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— 368 -^ 

Tal ha sido sin duda, ía mente deí gobierno español, 
alnoDifirár cónsul en Buenos Aires al señor ¿ambraño, 
medida que juzgamos muy acertada en las cli^cunstancias 
actuales. El gobierno de S. M. no ignora que hay nias 
de TREINTA MIL españoles en las dos riberas del Plata, 
y que el comercio peninsular en aquélla parte de América, 
después del dé Cuba, és hoy el mas importante para Es- 
paña. El gobierno de S. M., lo decimos con placer, sin 
lisotija, porque nada pretendemos de él ni de nadie, 
animado de las mejores disposiciones, con alta previsión 
y patriotismo, k pesar de no estar reconocida la inde- 
pendencia de la Confederación argentina, no ha vacilado 
en dar el primer paso en obsequio de los españoles álli 
domiciliados, y ansioso de asegurar á la vez el porvenir 
y ios verdaderos intereses de la metrópoli en aquellos 
ricos páises, ayer colonias ibéricas, hoy humildes repú- 
búcas, y mañana grandes y poderosos Estados. 

XVII. 

LOS ESPAÑOLES EN MOJNTEVID^O Y.BUENOS AIRES. 

Demostradas las inapreciables ventajas que nos re- 
porta la emigración europea en general, y en particular 
la española, vamos á manifestar la influencia que ésta 
ejerce en nuestra sociedad por su número, por sus cos- 
tumbres y por su riqueza : tarea indispensable antes de 
examinar las relaciones mercantiles entre España y el 
Rio de la Plata. 

A la llegada del señor don Carlos Creux, cónsul y 
encargado de negocios de S. M. en Montevideo, se ma« 



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— 369 - 

trkolaron (^etohre de 1845) sdo en taU dudad mas de 
5,000 españoles, debiéndose contar im número mayor 
en los departamentos y en el campamento de Oribe, 
dónde como es notorio, habia dos batallones de vascos 
de 1,000 plazas cada mío, compuestos casi en sa tota- 
lidad de los carlistas qae emigraron de la Península des- 
pués del abrazo de V^ara. Posteriormente pasan de 
12,000 los que se han matríodado. 
. En la ribera derecha del Plata, es dedr en Buraos 
Aires y en las demás provincias de la Gonfederadon, 
principalmente en las litorales, no bsúan de 18 á 20,000. 

La parte escogida de esta pobladon se dedica prefe» 
renteinente al comercio, á la enseñanza pública y ¿ las 
artes liberales. Casi todos los profesores y directores de 
colegios y escuelas son españoles ; entre los estableci- 
mientos, que tienen á su cargo se han distinguido siem- 
pre, y ocupan el primer lugar, el de los sabios padres 
jesuitas en Buenos Aires, y en Montevideo el colegio de 
humanidades fundado y dirigido por el ilustrado doc* 
tor don Antonio R. de Vargas, canónigo de Guadix, co- 
legio que meredó la alta distíndon de ser inoorporado 
¿ las cátedras nadonales por decreto del superior go-^ 
hiemo de la República. Merecen también un recuerdo 
el de los padres Escolapios y el del señor donjuán 
Manud Bonifaz. Mucho debe á todos la juventud del 
Plata. 

Hombres tan morales como instruidos, al par de la 
denda que hindia y pervierte cuando no va acompa- 
ñada de la religión, con el consejo y el ejemplo inocu- 
lan en el tierno corazón de sus alumnos los sublimes 



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|i0gNPt0i;M:£HK«tt». Por eso RbaiaiB^priaÉ jsíbmíi* 
vfímtA i Jqa priBQiems» á lo» jesuitae, imcoñ siMaerdote» 
(|íüí4 m Bueoo» Aires ee reftistieron ¿ ponec <» el altir 
^ retrato», y á pcolaaur la eátedra 4el Eepfrita Santo 
Ga« leerilega» glor^fioamaiee y^bomlUas infernales, ot^ 
deoa^ai» qfieialm^to contra los u¡iitAo9y.ifmu0i4^ s^ 
mtí^."^Mf^io^t'.^f^^niiff9s d4 Dm y á9l9$ hambres. Ja» 
jesuítas desafiaron impáyidoa loa álacidos de iamv^ 
||Ofv»,.de esa obusma ebria de vino y de sangre, que 
l^as, para amedrentarlos» eolia enviar á los que se rei^ 
m^n á Jsofi oq[>rkbos. Loa bijos de Loyala, fieles á soa 
tradiciones, antes que humíUarse) antes^ que renegar su 
aagradja miwion, prefirieron las amarguras del destierro^ 
kk cérceU y basta la muerte, si era neoesario (1). Grande 
y saludable tai la influencia que su beróíoa conducta 
fl^erisió en el ánimo de todos* Nos Gomplaoemos en pa* 
gar aqui este débil bomeuaje de nuestra gratitud y apre» 
ete á esos esclarecidos Tarones, á quienes tanto daba la 
eiviUzacíon americana desde que. pisaron las playea del 
Knevo Mundo. 

ia mayoría de la numerosa población española en el 
Rio de la Plata, aimque compuesta en general de. gente 
poco ilustrada, es muy rica^ la mas útil al. país, y la que 
Uhra. fiu fortuna del modo mas decoroso y digno* No 
éepeeula con nuestros infortunios, no celebra onerosos 
contratos con el gobierno; no compra por la vigésima 
parte de su precio valiosas propiedades del Estado, islas 
y campos pertenecientes al patrimonio de la nación. Loa 

(1) Véase el articulo : Rosas juzgado según sus propios docu- 



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— »♦ — 

fi» m*hmfí3Lá%^^y^ boefia fe» biisowy eneaenlraii el«e- 
en^to de doMer y cealoi^lieiir mi <»ieit|ile&' m lft«tf^ 
üJMtoda d^taeapfciilaQioiiweraDtiLf y hft9la¿lj08 somos 
aoQQftodftdQBvdeíMadoiQal tráfico al tmPmWf V^t» 
títíí mu? hieratbro, sébriaft, l&bmosoa y eomómkMf ad^ 
qéíNm pióles f(NnuaaB en breve iíemiiii: iOB eattaft»» 
y gaPiego» odlnraQ bi tienra^ le» ealataBeay eastetta&o» 
l«B ofleie» mee^uiíCQí^, [loa yaleiifiíaiios y a&daliicea.|^ 
nfin cigarrevias^ eraSltaia», ete«; y 'los vueaivM apM* 
yefizaB todo lo coiusermeiite áia ^¿joloria y edttea*' 
ctoD. BUoSi unidoa á los vascos firaiteeses, en moioa de 
tres ailoB bao* levantino en los sobturbiea de Soolevtaeo- 
una nueva magnifica ciudad que se Confundé ^oa la 
«utip»^ y en la falda del Cerril, coarta g^ieral del 
qféftcito de RosaS) uiía' Undisima ¥illa> ijue si no Ma^ 
mlilseqiávoeados^seUamaahorade.ki I/9ii9ft. , . 

"Um> 4e los Ya^^ofr earaeteristícos de la pdblatíim eq^* 
ñekt, es^fue sos kidifidiios; de euidpter elasa y icendí* 
ci«a qae sean, apem realizan algumi gananeia, la.in-^ 
yierten en bienes rústicas ó larbaao», se casan eon b^as 
del pais, y forman faoiílíaa sonericanas. Sus b^os, eria^ 
dos en la opulencia, reetben luego una esmerada edu- 
cadoQ, ocupan el ptimer rango enla sociedad^ y con- 
tribuyen con sus bieeit^^con sm rifuezas é influeitcia, á 
que se arraigue el orden y lai institudones. 

Asi, proteger y fomentaÉ» la poblamn espafiída, dis- 
pensándola espontáneamente todas las eonsidénaiones 
ó inmunidades que meroed á la fiíerza disfrutan lü» Ai»* 
ceses é ingleses, será per parte de los gMmnttjs amari-^ 



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cjMMB luui eixñ de Üfta ^reshám y j^tfi0ti8ine. CMrb 
tdoto d6eiaK>8 del efeaz apoyo ^ue puedey debe Bsfiífila'' 
dtepeoMr á sus naUírdes tíH domiciiiados. La i^aiig!^' 
y toft^ eapitaiee espnlolee que se eooncxmieeo, eertiito 
para^seponer el vacíe qae dejan los capitales y la saagre 
ameckaM que el.mifiotaaro de la guerra elvil selt^ga 
díanMMDle. La lucba á qae edtamos condenados 'devo-r 
i^acÉlanvida de algunas gen^aelones, y en eselutérvató 
opifine ei eorazem la perspectiva de la pr^yonderanda 
qae<pttede- adquirir el rieraenU eslfanjero. ¡Qué al me- 
nos itayat^kmpre entre nosotros un plantel de rasa his«- 
9«mtj cuyoa vigorosos retoños salven ki nadonalídM, 
eiidÍMMis la reHgion y demás gioriosas tradieioiieBes- 
pdüMa!...^' 

Potfmñmfíi Ufó gobiePfios americanos van compren- 
dieDdoestft verdad, y á ella se debe la deferencia ma^ 
que ae preslftn á salmfeéer las justas redamádenes^ de 
los ^gesfes de nneslra antigua metrópoli , corado se 
haeeB c0ittt> deben hiKíerse. El gcAlenm tie M4mtevldeo, 
en vísperas: <ée recibir on asalto úm\ encmpígo, ¿fostan^ 
ciaadd'MfitrCreux, permitió qne mo» de 2^000 sol^ 
dados flspaiHdes depasíenm las armas { verdadero y en- 
vidid)le ttitu^ para el referido cónsal y encargado 4% 
negocíps en aquellas crükas y apremianles círeniíetatt-^ 
ciaa. Elgeneral UrquíEa posteriormente, espidió nn de- 
creto, eximiendo á los españ^e^ del servieio miHiar; y 
no.há mudio^ á ma simple insinuación del s^hor AÜais* 
lar^ escribió i asle.ima benévola carta, y manáó-pOMr 
eaUMfftad ir vtf io» ee^rnüolee prisioneros en la Altana 
bateíta) qne^art^otté para dempre ta tkania de Rosa». 



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— ^73 — 

.La buena^eaiila anaj^da por ^ ^eAor Crem bs fto- 
ducido Jos fimtOB ^p|B enua de «spwane. Sc3>famioa[ in- 
justos, Miañamos é^ue&tfo .deber, ai De lo ái^esmne^ 
y joo le fielkitá»Qi08'por el adeito ea» que eeasonijié 
entonces. La . alabanaa é el vknpeiio es^ en easea dados, ' 
un d^^r impMsdadible. Sa eondulslaliáliil é ioleHgente, 
le jQooquistá desde, luego h» simpalias asi de sus eoBipa* 
tríoAas comovdetlos MJos <]U^fais, j m ptatím, de eUo 
bastari recordar las esplémHdiDks ovadones que redÉió 
¿ su Uegada y las que le aeompadarm ¿ ^src^a, puW» 
cadas en los periódicos ara^^ieaoos y repHMtecklte ea 
Madrid por El HenridOy La Esperanza y otros órganos 
de la prensa. £ntre esos testkn^os', (daremos teiea- 
mente una esposielon firmada por todos los pro|^etarioa 
y comerciantes eq^aüoles residen^ en Blonlwideo, en 
la que manifestaron su afeeto y gmtítud al seflorCrem 
al.«ad)arcarse para la Benfnsula, justasiente en meiiHMi^. 
tos en*qoe ya nada po^an esperar de él. 

La poUtícainangiirada entonces, y los.rettdtadosxi^ 
tenidos^ patentaran la necesidad de en?ter pcrsmas qw 
estudi^x y procuren eonoeer á tnodo las neoesidas Urn^ 
sitorias y las neeei^dadies p^mun^tes 'de aqueles pae« 
blos, lo cual no se conse^irá mmca ü cada tres ó eartr^ 
meses se manda un nuei^ agente. 

Equiparados los españoles ^'dareeims con los e^ao* 
jeros, garantidos y ampai^os pwr soa rg^oattiras ao« 
torida^ desaparecen para ellos la mayor parte de los 
ineenvenieales que traen comágo los trastornos poikieos. 
Sott' tan ríeos aqodlos países, encrman talea dmnetttoa 
de vida y prosperidad, que bastan pocos meses de^'paa 



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— 374 — 

como piteAe vene en d artienlo ^m tttva per' Btria 
MM^áblitíi wimtal del ümffuayj p^üeaéor e& I» 
ItJUniuGioit del 16 de juMo de 18ál, es de^, oaattdo 
toáttvteiaetiopafrdeiUw&BitfabanáMontovfdecy^^^ '»>-•- 
Cd vletr denlos hecbb»«daeido8 en ese artteeloi dig»^ 
senü 8i4iagri^ittblo iilgiim «b ^aoiériea, Má eteeptaar 
]AÍsla^d«GulMi, donde los emigwttes ^[icoentren ínW 
viBl^ -paira e8lnbieoei»é,'«ivirnic}or, y {nobafcUiiÉM 
déAncer totttia en BMBOS'táeBip<>. 
* En la nMffteraqw se dMe pura loe puebles drtPWM;* 
espenoaos que su» giAiemos, penfrfradds de la gntf edaA 
é importanda de los pitesipios qm hemos expuesto, re- 
Mhros á la pcAlaeion y oolonizachm espaüola, de acuerdo^ 
oan eli^obiemo de S. M., coyas buenas disposidones'Bo 
pseden ya ponerse en duda, adoptarán en proveob^ 
eenuB las prontas y eflcaces medidas qoe susbiencom- 
prendidos intereses y su mutua conveniendareelamiai; 
Una ée eilasy y úb las mas urgeitíies, serist qaeidiebas 
ge p t b K c a s «Aviasen á Espa&a desde luego sus respeoti*' 
vesimiBidves» y mientras 4aato se arreglase el eoerpo* 
ooMular bfljo tíiejores bases» EstoiOtUno se refiere <ah 
eaOMnto á la sep&Uiea del Uruguayí porcpie Buenos 
Aires todavía ui siquiera oánsulas tiene ea la Peniosidaí 
Si M todos las^conMdadoSy al menos el general deb^ia 
dolarse fnmediatamenle con un sueldo decoroso. Asi lo 
acMseja el bnoi servietdy et honor de la repiUitícai y^ 
pasa que no so erea que abogamos con alguna m»a inte» 
MMdav diranas que el sogeto que ^etualmente desem- 
pato este oaigd en liáiaga, el sebor. áf>n Antonio de 



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— 37» — 

AJilnub iw fm m^Ms^^ ikmt^ sus iimt, p«r Mt^aetate 

ju^y¡0iiai)iQP>.y f«^ la sc4ieitud y iuitel^i coa quelit-pro* 
(am^. mmsff^ U^mt toAou» la» ^aúfK»di«» de fm «»• 
ptop^Mst^iiew i^Ó«i^ da JUjftintenBaittB^ « dignOvinvr 
4ig»o 49 to4o (^Laprecia^ #ili»i«l9 y gmtitud! del «if^rior 
gabienio de la rep^líca. Im iiUM»o»imUvoa4{iieD<N^ 
imf ulw9»^ á elogiar la consta del sofier Omiuif «wr 
mueiiea atM)ia reepecto del^ejiDr Aldaba* Ya honoadl*^ 
che. y repeUn)Q9,jpe..eii,cíertas.(MMieoe4 la aiabao^a^ 
d vituperie e» un deber impreiCMftdil^^ y el oav^tt^ 
mieato de iia..debe?t aompie ee Interprete joalipor el 
yidgfi, ó las. peryooae iptereeadaa en quejio seoimpV^ . 
I^va eaj»i laniaa liaw^ 

xvnL 

REUCIONES MERCANTILES ENTRÉ ESPAÑA Y EL RIO DE LA 
PLATA. 

Montevideo, capital deJare^Uca oriental detUniPi 
goayí y Buenos, Aires» de laeosledmusiim «ge&MDai 
situada la primera sobre la ribma isfíiierdadeleaiida»» 
l^so rio de la Plata, cuya tK>ca desde^ el cabo^ de Santo 
María al de S» Antonio» tiene cuarenta l0gQiie4e aBobe» 
y la.segiuida, sobre. ia ribera derecba del misino .rte, 
cosechan aUemativameate la^ venti^ de su ewjdiablA 
posición geográfica. 

El puerto de Montevideo es ¡my w&perior al deJhienea 
Aires ; los buques que van á este ultime p«Qta, aaelan 
generalmente en los f^UHk^ á siete ú edio iniltie de li^ 
qapitai; laiadaes|^li0esisin^y t^donLaftaHoeacaft* 



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MI tarios fiMifragtoft. A&ádase i estos i&eoMaiiffiles 
los que resoltan d» la dut y bi^aád f&ftívaMU^y 
seeomprenderi por qué Rosas quma am^iOar i Mon- 
tevideo, y porqué en époeas nonnales» todos los. es- 
tianjeros sai' dtetisdon {Mr^eren establecerse en esta 
ciudad, no solo porqoe iodas las transaeciones se reali- 
sta' eÉ n^áMco, y por los ventilas del puerto que Io& 
pone ea rdaeión imnsdkte^MB la fu^nsasaval, &i ca- 
sos de crisis, revaeNn , sd^tevaeiones de teopa» ¿te., 
sino famMBii, porque aun cuando los precios devota 
sMi massuMdos m Buenos Aires de un 5 ó 6 por 100, 
• los gastos de carga y descarga ascienden á la enorme 
soma de un M ó f7 por 160, mientras qpie eaMoi^evideo 
num» pasan del 6 ó el 7. 

El comercio de importackm del Rio de la Mataeon 
Espafia en 1880 subió^ segim H. Moreau de J(Httiés, á 
90,000,000 de reales, y el de esportadon á 120,000,000. 

Actuabnenle salen de la Península todos los años so- 
bre Tt á M espédicioneB, cuyo Tdlor aproximado es«de 
lO'á ISjOOO duróíB cada una« GMipónese su cargamento 
de vino (él principal renglón), aguar£«ite, aceite ordi- 
nario y refino^ jabón en gran cantidad, papel florete y 
frutas secas de IMlaga. Antes de la álttma guerra, se lie- 
vtÉbtolambien Mondas de Cataluña, algunas sederías, 
rasos y sargas de MAaga, y probablemente re^abkcida 
la paz Tcrtrerán estos artículos ¿ figurar entre los ramos 
de com^pcío mas sriidtados. De la Habaim satei todos 
los afios'tíeii ú ocho buques, con iraUosoe carg^iien- 
les de Má 40,000 daros cadaune# De cada diez buques, 
sei8 fk^ lo menos cargan de tasajo^ que Uevan i las 



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AiitlW^: alli -to-^eftde&v y se mitm de azéiSir, café, 
ea<»i0^ ele. » y teUnMDí ¿ la' Peitesite. ' 

Lft Bafogeidon de loe rios teterioree ha estado seve- 
ramenle prohftida por Roeafr hasta ahora poco^ en toda 
hí eoniMetiaeiefi arg^iUna; y te puertos detaCMo^ 
ftfa, Maldottado y Paieeadá» perteneeietitee á kt repú- 
blAfta ditrl Umgnniy, oeupeidotf porte tropas 4det áietaier, 
'tédt>ifqiiIstaAúiB'y> i^aiMos 6 perder Táiiae^eoes per los 
Aftfeiscms #8 mmt^deo^ no hsnofrecido garaotte al 
e'omérdo. De modo qiíepor OMMdMM'tfloseMe seha Hay- 
fado ásicaiMiite ¿ te dos eaj^tate referidas: Hettle- 
Video y Bücnoe Alies* 

Se «omprende por tisla UJerfsima risdla, eoál es lA 
importancia del comercio peninsidar eon aquella parte 
dé Amértca, y si hoe asistiaTtizoa para califlearle del mas 
ftí^atif0'paflrfti8'metrópeii> -después dd de Cuba. Exa- 
Mhiemos ahora te puertos de E^aBa, te produoeimes 
y veuti^ que cada uno de eUos nos ofrecen, é Indique- 
mos algo sobre algunas medidas 910 poMan adoptarse 
por te respeetíf as repúbHc» del Mata, ¿ fin de estre- 
char sus relaciones con la Península y utiliasarte ddde- 
mente. También apuntaremos los precte de transporte, 
carga y descarga, bandera^ etc«, coaso ttrtetemuy m- 
tereaantes pnra el comerdo y para t\ objeto que nos 
proponemos 3 y este notidas tendrán tanta ma» autori- 
dad, cuanto te tomamos^de los datos directos que se 
han servido faciKtamós los agentes consulares de Mon- 
tevideo en España, y muy prhidpalmenle et seftor don 
Antonio de Aldana, eon su infatigaUe laboriosidad 
y acostianbimdo celo en todo lo que se veftere á 



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— áta- 
te prQflp«Mftd j nufior senrldo dr H rtpttliiM 

Desded Cabo Gm» esa €atahdto, htttt Alggatev^» 
Amtfétbo dt fiibfilterf Aohigr oiA»|»imto» ente toMa 
éeÍJIMit«PéfliBi qae qaiMraiflii cw eL Bti» da teMMs; 
^Mi'fiwNtonay'Vamffcmft yAUtegaiSitopií^oriMtil 
de JBQ)tf a, «bwda en firotos, caktos, espfrtesvlHiiiiÉP« 
Uii.y.iMt^Mto8 de ooodicioiíaB adeeaadits á leiEfíiieraM 
doi de iwmtro ftí»* Seadetíenipe iomeioedtf/laiiNMH 
teoobmeadri Bate de la PeDíoatda ban sidi» ta» eoH^ 
ttiea, y tanUtritopBiiaahteaa iinportaehin, qar á^peMo^ 
deijnlredieba'Bft que ertavbiios eoA la taettéj^i'^ 
motivos que todo d mundo sebe, ooa luimos pfteiMSM' 
4 ^laleiJkioe 4e^ taandaM^eatralaa iqpv) nca^Uevasevai» 
preda^^. ^ . r 

Hogr q«e afeMuiiadameiite el paMon eaffMol M 
vaeNo 4. tremolar en nueetras playee^ se ba renoTade^ef 
etoMwio fraiHxi, de buena fe^ bíq traba alguna^ jloi» 
baee.^e«uiiir que aeirá aereoenlando ámedida'^nf^a 
pai«^ priaem^ csMdiehm del progreso, estieUda en beiifc 
fie9 «itaáo t bs íofípAeB de la ri^aesa ptiUiea y piMtdte 
1^ w^oAoalQ ^fojSmado, beeho en épocas nemaM; 
enkas^ dfthi dUaladagiwfBNqiie blioiiettle ha'terfiáiái^ 
doi de.ealftt^trea puertos salieron en un afle, eon^^dea;» 
tiM alfiio de la. Plata, SO boques, cuyos oBrgamentM 
veidiin^ttMe 300,080* pesos^taertes,* «etomando ka infa^ 
moa.4D0iQ0O cuems, iaq^oftaitea 1,400,000 duroá,^ 
bolttQfli^.eMe cambio de artlciáoft, hssuHaimteneft' 
eíii' á Ja^ iMflialrta> nartoud de 600,000 parames YikN 

.< H *0MlraQidiniia aunaento que ba a^uiMdo «taide 



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eitMCtt la mvina nusscMite «ip«Mv y teía 

blarse las operacioneaiCOiMrcJilaft o» wMiA pié^^sív 
oome^ es fie esperar, mt afiomi cL árdui^ y alweiid» |ior 
a}§iijpnad&os, ba^enoa «m paiéiiteiíflk^rnailra»QftKni^ 
aiaiio»toii9a4oQiMloi^. ^: : i :^ 

Adamad da to^ bwpimlQaiiráfiQridM, bey «tro e» 
Qalimu 4e ilMwaa».<e» ^ Kaáiteo^uMM)) ^1 eaol auala» 
aalff Cambian alf oaa^ ^ at^adiaíoiiaa marOitaM paral 
Mfiatenda^ y Bna^xm ^^ms^^pe^c^ '«aMPiaiida ^ dataa» 
por no haber aUi agente consolar) nos abstenemoi d» 
avator^las, y sí las ^disamoa, aaaalo iwa^oaaa tan- 
gán pfa«^itaa eomo^ uofi fdflra monde Mflslpo Qoaaarp ¡m 
con esta. parte de Espafia. 

.: Sin:e«togo deaoJiat)f0P.QpÍ4 f^idA coalaaitaM. 
ttv^ifa mm fm lO«l. t9?af. Pll^9& OVf9f»¿09« la res¡6ir% 
l^ljaa d^l llniguaiir ^tleí^ w ^mmI ^n.lMei^M, :!». 
^ftoei^iiipa w TarragP9a..ip jQ^paul ^ Vatoneta, w^ 
viee-cónsnl en Ahnerfa, y el eqfml^.mwAimi^^. 
b^By p4dién4oM<ei;adwK.lQ».49 Valwcia y AlaMriíaao- 
mo un liya iweceaao^,. pnes lapiimvajcM^íM juHIs^ 
V4»».Ba6ptQ 9m la .paUgro^a tuA^^ dal QraO) y la stpipdv 
Q^.p99eQ^ina«i articula ^.«spQi$a(íw».«i« vlmm^km» 
ipAy4«var|o. . .... i 

. jRor dkcwtf^ario» )|i ip)p9cMm«j\a «w.l^Qy oitíl dwdiMA 
gobierno español á las Islas balaar^i pvQtfidarn^aiitlli 
á j^iailiQürcaí «»pitain y i it^r^jifit,^ Imiml^ytovr' 
moso j^fAertade Ma^fHOi^ b^ea asparar fim to<et|uai#Pto^ 
qnfi sa:Coiiievcio recibiri ^. Iojnimwvo uo^awifwtQ gmñ 
sidariible^ JLoa.|««dttctos 4e^6t«a,^tWM «(tUjlMiAMWh 



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tros ccMMiBos ee biMMes aaHeolos, porcaya rtuén 
creemos confwiéiite á noeslros Intense» mt ctesid m 
Páliiur y «n vice-cóBBol en Haihoii. 

En la coMla occidental de fSspalla, es decir, desde Ai* 
gedras «n el csIreAo de i^bnSlar hasta Aya4liiiite en 
la raya de Portugal, y desde el rio Ififlo m el misne 
reino hasta Foenterrabiaí, limítrofe ¿ Francia, no hay 
masqoedos poeilos de nsoal y aethro eemerchy con el 
Rio de la Hala, tales son Cádiz y la Cbmña, en coyas 
dos plazas tiene riaesH^ gobierno sos respectivos etin* 
sules. 

ikíeleii hacerse algmias espedlciones en Pasajes, (Vft- 
eaya) y en el Carril, nna de las mochas y hermosas rfas 
qne tiene Galicia ; pero en el primer pimío s<m bnqñes 
ñfanceses los qoe llegan á tomar vascos solamente, y en 
el segundo ya el goMemo espaüol ha dictado las j^rovi^ 
dencias oportunas para impedir se reproduzcan esas 
espedicimies, por el modo clandestino é Inhumano como 
se han hecho hasta aquí. 

Coruüa esj^de en corto número sus buques para Mon- 
tevideo y Buenos Aires, y como scrs producciones, igim* 
les á his del Norte de España, tienen poca aceptación 
» noesCros mercados, casi siempre hacen sos carga^ 
menlos en Cádk ; pero retimiando direetameirte los 
cueros, é los que dan inmediata aplicación en sos mo- 
chas fabricas de cmtMos. 

Cádiz, por sos salinas y por loa muchos arttculos que 
reG&>e de Sevilla y otras plazas del interior, hace bás- 
tanles espedidones mercantiles á nuestro país, embar- 
cando tanbtai algwos pasajeros de diferentes provincias 



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4«,la Bfüiiaavift. Este {iwrto, poTiopotícioa gMgpáfliM, 

tancia oomercial. La ooBfanseDcia.á.él da-todAH tos 
pa))alliifie».dal globo, Ja baceo aer además de un pwto 
4e ifeoaliida psr4 ^ Madttactá&eo, imai.atalaira aegva 
para adqpúrir B^ttdas y pnMfam lie todoa los-nüMados 
«spaiUileSk. 

De este puerta y la Gondia safi^oa paca el lUade la 
Plata eiiim aBe solm 30 buques, cayo valov aseendW 
&imoa200,QQO pasos faartes, estmyeado en caaibio de 
nuestros produetos, adeiois del sebo, astas, ctíd, ele<, 
oqro TalQriiob4»iade iao,Qoadum8, 150,000 eneros 
que iiupertaodo uios 46A,000^pataeMe8, uaides á la 
auma anterior, di^au de utilidad á uñaste ladastria 
37Q>00Q.pagoa; por eooaíieueiidavatraeadO' esiediaett 
al que residtó en las opearaaiones oaleiáadas del Médi- 
Jtaet^mea, apaieee q^ eloMiercio argentbio y uruguayo 
jcou. EspfAa tu?o uabeoefido de 070,000 peaaafiaartea. 
Esta demostradon, tomada aproianadamente delos^aaos 
tM^ al 4B^ por térmioo medio, noJMtaye.aiiiouu 
pequeña parte deJa estracdon detaaajos quelos buques 
espaftoles.Gouduceu 4 lasisla»^ de Cuba, .y PueHo Riae, 
porgue carecieudo de datos seguros, no aos es posflrie 
inarcar .cpa.e»^tud el puffismoque lea cersaspoaude. 

Eato^eostos^oetídenteles «aebafta eLOeéano) l»y 
puertos de aíguua consideración 8uao€VÜUes.4e«elado* 
;[^ursQ4)aanttertn> oomaecie; ttitBeeUo&sa-aueniUiSan 
SebaslÁWd) 3ilbao, SaintaaMto y*Vjgo : lesidas friÉOMs 
PQr sus pasajeros y.depósitpa^d^lereeffo.pap.8iMi'haeiMS, 
que tan luego como itímlen sus «asteatde Mti^mkmj 



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MM|m«»tted«iav'iMado6-ad<l<>&« fléf«fifr¿f«ítait8 
ftm iNMaivO'MDsaiBio/BegiiD ^ isíttm iMo^pwFltti 
«riM«ÉB«5roá hechos ft «Bta «MAi; y el «tltad, pi^i^^ 
4 taaMto mejor- y mes ceaeuAMo del (Deétttio. Ebrio 
iHRMfTO fXigirá«Besti0 intoite ocáner cM im t^ee^niÉil 
eÉMMhEiAer 5 oMo «I ¥igOi 

Las islas Canarias, como adyacentes á Esptfia m-^H 
'deáaiio, y de tan conocido ítáBtés á nuestra ^afs por 
MSfMdfloos y tAortoMS'toKhios, carecen tambiende 
agentes conmlirai. Esla fWtta es tasto mas 'seiiMiM, 
eamto boyal ^Memo de S* M., que tantas y ian im- 
^rtantes medidas de interés genenl está Uevandeiá 
<ealio^ ha declaMio puertos fraifeo» á. Satita^tlrai^de Te- 
iMife, Orfiftlmi Ciudad Real de las Palmasv Sttit&CrQE 
lie Ut FWma, ámM» de Lansaroté, Poerlo ^e^Oabrüs 
y Stm ^bartiattVBsi) es (fe creer que en breve üenifo 
«Mehaalslas seván uno* de tos mi^es pattes de eseafei 
peAirla BBivigacloiLdM Snd en general^ : pw comiente, 
Mmentados-losTe&onoe^^ m ciM^etcio, M seria es- 
tnfio que mestras reiaiciimes coa este pequeño aAsM- 
fUmgo tenaaeen tndtii» mayores proporcioiies. Aunque 
asi no ftiese, Jusgamoe qee son bastantes las que hoy 
eaielcn para qfoehnMese en Santa Cruz un cónsul nuestro. 

Gen las AntUias españolas y las Fflip&ias no hemos 
teúide hasta ahora; grande intimidad comercial; con 
todo, convendría un eónsul en la Habana, en donde se 
observa dgun. movinritínto mercantil respecto del abun- 
daste consumo que se hace áM de nuestros tasajee y de 
la coetambre que vaau>s adquiriendo de gastu ras asá- 
caos ytabaete. 



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— 3S3 — 

. isnt.poodptfps M h» do» ribeiftl del ftrto «le con 
iWAAoeptaoio& se íatrodueesen la PeniíHnilay son los 
4am(» v80Qt&9t Becos<y «alados : loa frfixiwroft 4» ailft- 
qiaeo.aaehOr pelo cortos bi^n deaeaimídoa'y |iiQpiaÉ4e 
^gmBBij cabesa^ l«riaaoa qua no eseida m^peao da^ii^ 
23 libras castellanas. Los de toro de igual estaqpuo^ dt 96 
<óao libraadt peso^ Uamadoa aqai alhacqiiei«|4 Los de 
J9ü0QrfQS) nmiatos j bagteles. fil sel^i an ma^faetaé, 
ha principiado á. tener estimaoton» desde tpa en Mtiígti 
jF otaeas. j^leíae te hm eetaUeódo Cttiicas deireta^es- 
«tol^i^as* Algunas paftidas de lana lavada selianifwdido 
ÍH&i ea Bar cdona^ C&diz y Málaga ; pero este art^o no 
siqmpre encuentra Untadores por les eseeaivfts éumbm 
que paga. Lo mismo ha sucedido em vár^paeetilüs 
)áe ptauoas de avestniE y cueros édnntrsa;;^ Las aelas de 
iy^^ft y novIHo^ Iñen en su estado naluiiaiy como en»ftal- 
4¿lmi^ ó las puntas solaasente, sieaq^re. ion wadiUis 
pi^rstiaplieacioBnsnal'y per la eatraeeéon (píese haee 
ea Cádiz de las {dandias y puntas pura A Skarte len- 

Los derechos qae pagan estos ariteulos pqr el iMnosl 

español, con distinción de bandera, son los siguientes : 

Ett bandera En bandera 

española. estrai4/&ra. 

Rs. Cent Rs. Cent. 

Cueros secos en general 14 51 ql. 37 25 ql. 

Ídem salados. ........ 7 95 3o' 74 

ISebopwificádo I{l » 48 ^ 

Lana lavada 120 » «. 160 » » ... 

Astas en general 1 50 ^ . " , 

Y además, el 6 por ciento de arbitrios de recm'go» 



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PMftte vtíflte4e tos cueros seeos, no ba^ rogataritM 
OQ los moceados, pues en.algiifios ise bftceíi cmeo dasí^ 
fleadoíies de picadcuras, como en Cádiz; tres en Bar- 
eeloika, y dos en Málaga; coya eosUiiid)re altera los 
ptetíMy segon losi^rjukios que se han de inferir en su 
eíyéadiclon. 

Las operaeiOMs de Banca, que enlaiaii los intereses 
de ambos países, uo son usuales, porque cambian regu- 
lannetite nm«aderias pormerc^arias. 

Con todo, sucede á veces pedirte retornos enletaa, 
y como estas han de ser sobre Londres, y está «qeto 
dicbo papd á un incierto corso, no seria fácil determinar 
con exactüad en cual de los paises quedan las uMUdades 
de esta negb¿iaei<m. 

Cmno los cargamentos que comunmente se haeen en 
Boicdona, Tarragona, Málaga, Cádiz y la Coruña para 
Montevideo y Buenos Aires, son por cuenta de les arma- 
dores, no se piede regularizar el val<Hr de los fletes; 
sin «nbargo, lo que mas se ha visto basta ahora en 



Los seguros que hacen estas compañías de buques y 
efectos, para el Rio de la Mata, por lo regular no cíí- 
ceden de uno y medio á dos por ciento, según estación, 
bandera y buque. 



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algunos embarques por 
de estos especidadores. 


cuenta de esos 
es lo siguiente : 


comerciantes, y 




Ps. fs. 


Capa. 


De Barcelona á Montevideo. 
» Málaga á 
» Cádiz á 
» Corana á » 


... 8 
. . . 6á7 
. . . 5á6 
... 7 


40 p. 7o en lM>i. 

» 
» 



— 3«5 — 

LttiMblPétKülá qcíe hift^ éfttre 1á fiáédéríí M^ftM'y la 
estranjera, para el paga de tos nttéVós defechos de puerto 
y riategacíon, es la siguiente : 

Battdera Bandera 
española* . asUraijeM, 
Por cada tonelada táyt9,€ají;ari^ ^^^^ 

^omo lleirada. • • ^ i reaU . 2 Tf ajes. 

Cada quintal de peso que se introduzca 

' Oestralga» ; •' . .' .' / / .* .' 'í/ñ id. 1/4 id. 
Cada i a arine ro por coBsamo diario. . 6 mrs. 6 mrs. 

. Sobre estos deredios se hacea algunas modi&caeiones 
«egun entra el buque cargado y sale en laFtre> ó al 

contrario. 

}jOs gastos de piloto ó práctico y apcorifje.» sop. co- 
munes á todas las banderas, hiendo e^tps ; i. . . . 

Porantrada. • . . / . . . . . . Rs. 112 

. Amana en andana^ //..'...., » 60 

Cada bote que presta el práctico. ... » 30 

I I i I -I- ir n 

Total. ... Rs. 202 

Respecto á los derechos de puerto y navegación ya 
dichos, el gobierno español concede á la bandera estran- 
jera el privilegio de nacionalidad siempre que sus 
respectivos países den á la española la misma recipro- 
cidad, es decir, que aquellas naciones no llagan pagar 
mas que lo que aqui se cobra : esta diferencia se com- 
prenderá mejor con los ejemplos siguientes í 



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ünímpie Htnmjm é» MO UntMat y 12 hombre$.áe MptOmm 

pofa en Un puerioi 4ip§ñoks. 
IH>r 900 toneladas de entrada á 2 reales una. • ^ ps. &. 
Por 4,000 quintales de peso de carga de entrada 

ái/4rs 50 » 

Por 300 toneladas de salida á 2 reales . . . • 20 » 

-Por 4,000 quintales por carga de idem. ... (90 » 

Por eo dias de estada á 6 maravedis diarios oada 

uno de los 12 marineros • 6 i/2 » 

Patente de sanidad, etc 4 iy2 » 

igjl ps/fs. 

üu Imgue etpañol de iguales condiciones. 

Por 200 toneladas de entrada á un real una. . . 10 ps, &• 
Por 4,000 quintales de peso de carga de entrada 

á i/8 de real 25 » 

Por 200 toneladas de salida á un Mal 40 • 

Por4,€0Oquialalesde'cargaid. ái/SdereaU . 25 » 

for 00 díat de estada á 6 maravedís diarios cada 

uno de los 12 marineros. ......•• 61/2 » 

Patente desanidad, etc. . . .' .' . . - . '■11/2 » 

Esceso contra el estranJeiN). . ..'.'. . ' . *tO ' ps. fe. 

Esta diferencia ha escitado el interés de machas na- 
ciones que han reclamado la nivelación; y habiendo 
probado al gobierno español, que sus respectivos go- 
biernos la han adoptado, les ha sido concedida la referida 
nacionalidad. 

Juzgamos que basta lo dicho para que se comprenda 
. ouál es hoy la importancia de nuestro comercio con 
España, y nos lisonjeamos que ios cálculos anteriores 
fundados principalmente en las espediciones de 1846 ¿ 
1848 llamarán la atención de nuestro gobierno, á fin de 
que beneficios tan positivos y de interés tan vital para Im 
prosperidad de aquellos pueblos, sean sostenidos por 



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— 387 — 

■Mái^^ la bQ«iia iataUgeaeia y estreohas retadoaes 
con el gobierno de S. U. C. 

XIX, 

ESPAÑA T AMÉRICA. 

La pérdida de las colonias no ha sido una calami- 
dad como toda;f ia creen algunos, sino por d coiitcario, 
ungran benefido para Espa!la. 

Calamidad y no pequeña ha sido eld>andonO'¿ in- 
dffta con que hasta ahora han dejado los gobiernos de 
la metrópoli que otras nadónos esplotasen solas la rica 
mina dercomercio, y adquiriesen alli mas influenda de 
la que conviene y seria de desear. 

España debió reconocer la independenda de la Amé* 
rica insurgente desde que se convendó que era imposi- 
ble sqjetarla por las armas: asi habría reoonqmstado coa 
vent^iosos tratados de comerdo, con franquidas y con- 
eedones, que las nuevas repúblicas se hubiesen apresu- 
rado abacería, ¿trueque de que las dejara libres, tan- 
tas ó mas utilidades que las que le reportó en ohro 
tiempo su paciflca posesión. Por desgrada no se hizo, 
y bien caro paga España su error ó su desidia. 

Que ha sido un bien para la metrópoli la pérdida de 
las colonias, es hoy una verdad vulgar para cualquiera 
persona medianamente instruida. 

España no era sino el canal por donde se derramaba 
en Europa el oro del nuevo mundo; y en medio de tan- 
tas riquezas como pasaban por sus manos, ¿ quién diría 
que su comercio, su agricultura, su industria, su ha* 
denda, yadan heridas de muerte, y que era preciso 



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- 3»^. 

prodiiSAí ese <Hro tan eodiciado «le^^Hiiú^Qoi fín:mi§L 
acudiese al sosten de sus^)a9.WgBQt^».:QIK^I)líifi^fift.? 
¿ Quién diría que soberaiHi on América y tributaria en 
Europa, los tesoros del imperio de Motezuma y de los 
Incas, eran insufltSentes para compensar las pérdidas 
que le ocasionaba aqueUa7.it. Amacgn tevifA qtte^jpil 
hechos pateBtixan basta la^videncia. EadasQ«í>iiíiiteidQ^ 
la conquista, la colonizadou y p<d)lapi9& i» Amérkt^ 
costaron á la Peninsida, según los c4li6uk)s de W«s y 
VorMQ de Joim4s, sobro troiDtaniUlwos da baMdoHta»^ 
y los dutfttos do los riquí«moa miqwA^^ do M^m y 4 
Perú» so vieron obUg^dos á valerse en ime do uni ooa« 
síon, del triste espediente, queee el álltimo vetwiQ . dn 
los £$t«dos erroimdoft ; eiterarm 1^ rooneda y Inieta 
diermi le de cobro el valor de la. plata- fiQ ep^isam 
Qélebre pid>U<}ista ba Uani94p al eppaüQi el Mí4as de liie 
colopias, oompartodQle.eouaoüel ^eiveRtura^orey qne 
conyertia em oro cuantío tocaba, 3f f» Q^etía di b¿»bi« 
en m^díQ de sus riqueza»* 

Hoy sinser dueQo de dos mnndos, sin que.el sol ^e poo^ 
ga nunca w su» dooiinioi^, ni el mar donde qvlera qstf^ fe * 
vuelva sus pías, eucuentre payas ibéricas que enfirenea ^^ 
ira, el puebloespaüol, comparativamente, e^aicierra^- 
tro de suslin^tepinatttrales masf elementos de vlday próft» 
peridad, es mas rico é industriosp, y cuenta una pobla- 
ción mayor que la que tenía quando, el decir de los poetas, 
Isi tierra, el sol y la$( opdas le rendían bomenaj^ . 

La razón de e^to es demaaiadQ obvia para que nos de^ 
tengamos á esplanarla ; perdidos aquello» raudales 4a^ 
oro y (ifkta que iFenieii de América, encareciendo taii 



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— 389 — 

proda6done8 itídigenaií y estfanjeras, y fomentadü la: 
natural indolencia de un pueblo meridional, pródiga*- 
mente dotado por la naturateza, España tuvo que bus- 
car dentro de sí misma recursos para hacer frente á sus 
necesidades. Sujeta k la dura, pero fecunda ley del tra-. 
btyo, ley impuesta por Dios asi á las naciones como á 
los individuos, la agricultura, la industria, el comercio y 
las mejoras materiales, luchando con los obstáculos que 
todos saben, ftieron paulatinamente desarrollándose; y 
hoy, por mas que se diga, la situación de la Peninsula 
ha mejorado notablemente, mejora dia por dia, y en 
muchos puntos, sino en todos, fuera de la preponderan- 
cia política, nada tiene que envidiar á las épocas mas 
brillantes de la monarquía desde Felipe II hasta Gar- 
los in. No queremos decir con esto que se encuentre á 
la altura de Inglaterra ó Francia, pero no es tanto el 
atraso como se supone, ni el pueblo español marcha tana 
retaguardiade la civilización como se pretende. Entrepro- 
pios y estraños se ha hecho moda el hablar mal de España. 
Y sin embargo, como hemos dicho en otra parte, el 
pueblo en cuyo suelo privilegiado desde remotos tiempos 
se han resuelto todas las grandes cuestiones políticas 
de Europa, disputándose en su recinto el imperto del 
mondo, Roma y Cartago, Julio César y Pompeyo, la 
Cruz y la media luna, la reina de los mares y el capitán 
del siglo. .. el pueblo que con el descubrimiento de Amé- 
rica, abrió una nueva era á la humanidad y legó otro 
mundo virgen al cristianismo, ala política, á la filosofía, 
á la historia, al comercio, á la industria, á todas las 
profesiones, ciencias y artes ; el pueblo que elegido en- 



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tré rfétifo p6f la mni«i toirtriftiQ jM*A|ttiÍfiicr tiivi Wlm 

miieiito'BOcMistá rfau^safiHavIii,' para Tkuiretar á'-w» 
flnratey eoipttjHr al imeto y vhjjo miÉidd eri ioikiitie«» 
senda, tap'dlSÉtada élmiiienia, tan «&p^tíét éMx^ M^ 
dttloy prevhioB, cnonó la perfMtüiWdád y d* pn^rttiMí 
de que eg sáftceptible lá humanidad an él giilar da lo» 
a%lo8$ 'etepuflbtoha hecho utas por Nt'dvittzadeta y al 
pprveitfr da la Europa y del nlundo^ que tpdos loaipnr 
96 han engrándeddo con sus despejÓB, eon su oroi om 
sn s^gre y m jsMlgmtfxL ! 

• Felipe II, al saber el desasiré de la iüvenolble aroiMa^ 
pronuneíó estas l)eHBS palabras : m ha oortadú uHará^ 
ma\, pero él árbol está hsanó y voheri á trotad : eto 
decimos^ nosotros de la jáven Esp^stña* M ¡ffitebtoqttfitw 
bsígnes pruebas tiene dadas de lo qnepoede y es capas 
éuando'saben' dirigirlo, v<riyer& á eonquistar su perdld» 
rango entre los primeros de Europa; si los hombres i 
quienes d destino eonfia lá idta itosion de goSsff sas pa>t 
EOS nti malgastan estérilmente su aotividad, su ehergia 
y sus ro^rsQs, y dirigiendo el espíritu páblioe Iiáei^ 
empresas de utilidad general, respetan y eontinásn la 
Obra dbsus predecesores siempre que redunde en behe** 
ftéio del país; 

Desearíamos sobre todo, que hubiese unidad m los 
hombrea que SttoeKiyamente ingresan al peder« Désela* 
riamos, si fuese posible» que imilasen m esto &los ing^ 
ses; cualesquiera que sean las opiniones de los que se 
suceden en el mando, wigs.ó torys, secundan lasmiAs 
de sus antecee^ro», si ym encaminadas al engrandeció 



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«iiota sr, prQwefho i^ )a nacaos m Utosijed^pfe d» 
f9iap9M^tíqfiC9«tQ9i)H'e5m^^ pwflipitoi cama» 

4 .q^Q (toba 4u pro^»0vidadIft.OiwBrataaa,iiaaefrB« 
(^ CfolQs 11^ al r^aavar al tratada da camaroio teclm 
<aH^,Portn(a^ ao I6if2 jK»(je};asaaia«si|LlMidM. . 

.JUq Qunple 4 j^«a9tr<^ Ql^jato jB9tri9* an alaoéliilaila 
la» varías caww 911a podriap cootrUnnir 6 «la la idiruun 
Quia e&paftola, roarcbwdo deaambara^ada por laa iriaa 
dal progc^, anilma 4»iantQ aoteB al témiM de ana de« 
^Qs ; bástanos indíoarque el comercio y laa estraehaat 
intima» relacionea entra Eapatoy aus antignaa oaloniaay 
aa una de aoa maa urgentes y grandes necaaídades. ÍUM, 
del otro lado del Oioéano, en las riberas del Pl«ta yf 
del Paoiflcoi m la^ fisldaa auríferas de loa Andes, desda 
^ eatracbo de Ma^aUjunei^ bas^el golfo m^icanot dasi* 
de el IJm^^y hasta las margenes del l^ Lpr^mo, aa 
^ulta el narvio da su pod^r en lo.f utmro^ los fluidos vi« 
viñeantes que han de restaurar su caer(^» anflaqneaida 
y débili el robusto apoyo que tal n^ ineline la balansa á 
su favor en Europa« si amo ^speraoiom triunfa^ al fin 
}f^ buenas ideas, y toijas la^ repúblicas americanas, am^ 
vencidas de que la unión constituye la fuer¡(a, y is^(^ 
dadia s^ baca maa uri^pta la necesidad de pon^r un 
dique ala insaciable codicia de sus rapaces veauíos, loa 
modernos oartaginasa§ del Norte, forman cansa común 
9PP la metrdpoU, y la dim y reciben da aUa los auailJa» 
qua los pu/^blos hermanos se prestan en sus horas da iih 
fortunio... ¿ Quién puede preveer hasta dónde podrian 
e^tendevie las ventajas de semejimte.aUansa?! Quién 
sabe dentro da vm sigla i dosy qaé forma daiiobiaiM pre- 



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iféieekA dMSnftiVatíiente éa Améticá, y éfa todo caso 
cpuéa mejor qué España puede ayudamos á reanudar el 
hilo de nnesteas imperecedei^ás tradiciones ; impereeede- 
vaé, 8iy porque, origen, idioma, religión, leyes, costum- 
bres, son vincidoa que no se rompen ni por ódíos mo- 
mentáneos, tii por los estravios inherentes á una san- 
grienta y porfiada lucha, como fué la guerra de la inde- 
pendencia, ni por vanas declamaciones de escritores par- 
ciales é ignorantes, ni por el afectado desvio de los que 
ceden á sus pret>cupaciones sin examinar él fundamento 
en que apoyan ! Hay un momento en la vida de los pue- 
blos, en que estos vuelven sus ojos con avidez á todas 
partes, buscando una bandera, un principio, uñ hombre 
que los salve, y ¡ay I de España si al Itegar ese ins- 
tante, no se encuentra alli para abrimos sus brazos y 
Cubrir con su manto imperial la codiciada presa que 
otros acechan y se preparan á despedazar, no bien se les 
presente uúa coyuntura favorable ! 

Acaso sean estos delirios de nuestra imaginación en- 
ferma, acaso jamás nos veamos reducidos á tan duro 
trance ; pero ¿ no cabe eso en lo posible ? ¿ la historia no 
nos ofrece ejemplos parecidos 7 

El tiempo Resolverá tan'dificil problema : entre tanto 
dejando las profecías par^ mejor ocasión, decunos una 
y otra vez que la emigración y el comercio son en la ac- 
tualidad los dos medios mas eficaces que tiene España á 
la mano, para asegurar su influencia y su porvenir en 
aquellos países. 

tas lineas de los vapores ingleses dé Southampton y 
Liverpool, ofrecen desde luego el medio oías fácil de es- 



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gc^iemofrvicég puede aeryír 4^. aorma a) 4W^lf 

derads^. tod^yto pqr jla, int^g^a, eur^pe^ coma lo M 
ai tiendo de ^ de$cú})^9P^tQ, ; QO^^ wjtm todo f^ 
cimdq eaproduqoip^^ ^Tut»»^ iw eUa.ppr algww «iglM 
íp^\er4 o^Üg^da abocar pQ)^gr^Q.d^»T6atqíapqp^toftiHN 
te/aQtQSt.n^tf^ttfaf^^.^ y surtieulos de cc^sumo dal víqo 
hemisferio : como mi vasto mercado, manaatialpiupsM 
^f fjtf^ie»!) J^iQ^to ^py. 4 1^ esp^tacipu \uiiv«?9a|:fin 
Í^traba3 qi9A la i^^fíiflA va», prmit|Y<M^ dm9fLWi 
! SpQ xnuj cansiderakes la» utilidad^ que de^ ^Ja^ 
Fpanda ^u comercio coa ^anto P9mU3i8a y Q^G9pa44liü 
gracias al &uyp, la Inglaterra se ba reiategrf^ d^,lfi pi^ 
didadelo^^tados-Vmdp^se ahorra, todp^jíqitea^ite 
admim$^traciiP^ y coatodia, y percibe m«^ppr^^t9liiflM» 
que, Wte» por xeam de &u ^oberap(a» K<^ l^ítbai.iítoé 
OAtramb^ meptoafruclifarQ 4moí»m eoA.eljrwtiK^te. 
América* Sn casi todos los 9u«v0sEata4o9,.eliii^ fin 
gura ea primar t^rmmpí aifi^^ el ívmM^ hmaomii»* 

^ra ó cuarta líuea aparece el eapafioU ; 

No se uoaocoltaiilaflppdBrosa» eawMia qiia«ooti^ 
Cj9nti%írito ^ que a»i suceda por mujsho. tien^ ; ¿pn » 
pqr. eso ^ lefi ha de aban^l/aw lil>re]9e9ti|;^ onq^o 2 iLoa 
arteffLQtas mp^olep tieueu ea ^iropameroadoa fu^Sida 
la Península? ¿Pueden sostener la eoQip^t6i|4ÍafiOitJi)* 
ii)gle$ie«i, conloa franoeses ni ami coa loa helgaa.;? El 
i^tcaso de América» por el contrario» y la oifiíida abftBfate 
4e fáhricaa AO la obUcan & menudo & wrtbie del pañpM*^ 
cq gia U«g»á W3 pnertaa? Loa yinoh el^oaite, alJalMiy 



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— 391 — 

lasfrálos dékiPieiiiiisria^ autíqne mascaros, ¿no senpréfth 
ridosi los^straii^os, earazcn á qoe teniendo maseuerpe 
rtristen me|9r los calores ü» la linea y no llegan déte* 
rioradM? ¿No les dan la preferencia por estemottvo hasta 
ka misBiaBeBlraiYieros ^e pueden pagarlos ?..••¥ sieuh 
do EspaSa im pais eminentemente agricultor, todo 16 qué 
tienda al desarrollo y fomento de su agricultura ¿no debe 
riiimrse oon mareada predileoclon por parte del ffiblerM 
espriiol? 

Eñ cuanto^ á pobtecion, bien sabemos cpie España n» 
participa de las condiciones del restó de Europa r aqnf 
todavía, á Dios gracias, sobra tierra y fdtffli brazos : 
asimismo ya empieza á notarse en algunas capitales la 
desproporeton que existe entre A reducido número de 
oatrerason las ciencias, en las artes, en la industr&i y 
el OM^did^de dar ocupadoná esa multitud de hombres ^e' 
«Breúen de^trabigo ó no pueden mantenerse con los exi* 
gsos' recursos ^e sus respectivas profesiones les sumí- 
nis^an. Esta desproporción se traduce por la plaga 
Itaasada voigacm^te empkamama. Las beses sofare las 
eoales se apoya la nueva organiaadon de las sociedides 
tiendim írremediableBiente á aumentar esternal. La Amé- 
fiea ofipeoe un vasto campo para tetíbir esta exuberancia 
da hitisHgeneia que se nota ya en varias capitales de Es- 
pada y que á nuestros ojos es la causa eficiente del mal- 
eslar que aqueja á la Europa. 
. Espada, ad«más^ podrá siempre por la fecundidad de 
misuelo^porsttapacíblecUmayporel ckrácterdésus hijos, 
p6opoDei<maarBe na ereddo númwo dd agriadtores del 
Norte de Europa^ oomo los que traten idloradoodóiiK 



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— ai» — 

jfUA nosotros ; la primea» poique Issimis 89 perfeenio- 
nm cmzáodofie, y nosotros ¡loxipao^asi será aiyor. el:9ih 
.mwp de españolos qois» sia peijnieiodfl lanMtn^oli, 
ptiodan emigriv á Áioáriea. Tweoios que^entiM Ja nndtt- 
tad de ftrtrawy ros floe .acndwi & aueiteas ftlayas todos 
los años, guarismo que seguirá probabiemeate la pro- 
gresión eq^aivkoea que Ue?a en los Estados-Unidos, la 
raza eq^ola, débil en número y aniquilada p(»- las di- 
aensioníes^ciiaeaj en im perioda masó menos largo^ se 
InoorpcHre y anaalgMiie con laptddaeioa astrai^sra hasta 
elputtto de ser absorvida completaaiente» 

Algunas penoáasy un embargDvxdegBQ la convele»- 
oia y se oponen tenauneale á estaaeoii^aeicMies, por 
jeremías peijudidries' á los inleieses de fispaia; pero 
Jas raiones en que se fu»lan no pueden soportar «eineo 
axbiulos ido análisis y eriÉica..ileote deoir que quinientos 
•proletarios españolea m América, consumen tantofrpua^ 
doetospeitíBsularefty mantiaien ev' dveuladon un capí- 
•lal'eqittTaleBto alque^gastarian dnco 4se¡s mil en Espdla 
1)190 ig«des eoa^eioíies. ¿ Cémo ?... Porque los Jómalas 
sonallinMyereefaMsylespormilen iMreon mas dea- 
láiogoy disMitar algo masque en Bvopa ; porque mu- 
ehos de ellos envían annalmente á sus fam&las soeorros 
mas ó menos coanliosoB, y ya eemoartosamas ó nego- 
ciantes, siempre consumen de preferencia lea prodtfeíos 
«spafioles. Otro tanto paaa eén los franoeses é ingeses 
réspede de tossojfos, y asi se esfOiea oémo dudadas, 
eu]^ poUadon no eseede de ocbe á 4kz vA átmas^ tia- 
m»i inf«moyilBieBlonvBi!e8Rtil y baoen ptíAám {guales 



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^IM^B m €ldhtd4e cuarenta sapm^shL nrilm ftdfií- 
-pk. La adnuia Bdla de Moitte^léeo, eittdád mftí ptítk^ 
mn ttoMé mÁ baja c^Ufiiaéirablé á coiñecaeiicla del iMo 
9» I« pas^Rósati, queckiida rédttddá á "rntete y doeo 
«fil hdtfauMs, él afio dé Íd46 prodi}$á nieiiftüalmefltá 
w ttiHdfi ^ jMÑi(K)fie^, 6 BeanirfAMe ttiflMieft de feaies. 



▲1 tarminiur eita leñe de aírticidos qtB ánlMmDla al 
amor 4 la paláa y un aentíiiiieiito da gratUnd háofa fia- 
iptíkky n>8 imputaÉf oti á $acxMc, al par que kmsmnK 
ardientes votos por la unión indüetaibie da los daa |Ud- 
4il<l»^ rogamos que ño aa iirtMrprete mal lo qoe no liafatnoB 
podido óaabido eflpreaaraceitedeflUBinasaaroBiBÉeveaea. 
14» que bonos ficho y suatoilado, es fmto del eetndio y 
ide ainaan» aonviedoneB. Loe errores en qcieliafaian 
jQiNiikído (no atMrigamoa-la pr^easiiMí da e^ew qnaií 
naestra edad se sabe todo y seactaita aTeBipr^f sarán U- 
jos de nuestra manera da ver laa oosas, no dd cákida, 
o! de falla deamolr alsuelo qoeiiQs viénaaer» Loa iafoi^ 
timios de una generación^ de una fiamiUa, de un tembre, 
i tpié son mte el bien y progreso de la bamanídAd ?• . . ¡IM 
greoo de arena^ ima lágrima airolada mx bk inmensidad 
dalOcéaBoI 

Jóvenes todaTia, contemplam«>s el porvenir oattrfNnIe 
aerenai y la ola de la revolueion, bastante poderosa p«a 
«rmneai^s de nuestros bogues y aitoíanios en estra»- 
>nm^ playa» né alcanaa ¿ desviarnos una sola línea de la 
senda que nos, traza el deberyBoesIraacotttioemBos. 

Aquel y estas nos ordenan Ueiw mtóstro pebre oim- 



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~ 397 — 

lingente de acción al palenque de la lucha; ya' que al fui 
prevalecen nuestros principios. 

Por lo tanto, cualquiera que sea la suerte que el destí-^ 
ntí nos reserve, regresaremos á América : si ya no esta- 
mosBlU, es por causas independientes de nuestra voluntad ; 
l^ro iremos, Dios mediante, y proclamaremos las mismas 
doctrinas en la prensa y la tribuna, si algún día merecemos 
el honor de que nuestros compatriotas nos honren con sus 
sufragios ; y cuando no haya ni prensa ni tribuna , pro- 
ctRuremos imitar el ejemplo de Avellaneda, Alvarez, Mu- 
ñoz, Várela y otros jóvenes escritores y poetas distinguí- 
A>s, tpxe cayeron al pié de la bandera de la civilización 
peleando «contra la barbarie y el despotismo. Antes de 
fnnflBzarse para supais emigrando, ó apurar gota á gota 
él amargo eáifz dd destierro, mientras haya una enseña 
terantada enel patrio suelo, es dé cobardesno cambiarla 
pluma por la espada. Con el pensamiento y la acción, con 
él braw) y la {Qteltgencia dieron lastre y renombré á su 
patria el Dante, Ercilla, Garcilaso,Calnben8, Cervantes, 
En époeas y patsésí como d nuestro, cuando suena la ho- 
radél infortunio y los acontecimientos ponen á prueba 
el patriotismo de cada uñó, él primero y sagrado deber 
de laJuventtídHispanó-Ámericana, insiruida 6 ignorante 
es ocupar un lugar en la filas de los que combaten por 
los dogmas imperecederos consignados en el acta de 
mresfra independencia. Asi únicamente tendremos pa- 
tria, instüucioües, libertad : y asi únicamente lograremos 
oponer una valla inespugnable al incendio que amenaza 
devoramos, y decirle como Dios al mar : ¡ De aquí no 
pasarás ! 

12 



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- a&8 — 

XX. 

BASES Y PUNTOS DE PARTIDA 

PARA LA ORAANIZACION POLÍTICA DE LA REPÚBLICA ARtGENTINA^ 

Por el Dr. D. JUAN BAUTISTA ALBERDI(i), . 
{Puplicaéo en el Eco de Ambos Mundos el i^ de diciembre dei^^) 
La grande obra ¡oiciada por Colon al doflcuhrir y le- 
gar un nuevo hemisferio al cristianismo, ala poUti^^a, á 
la historia, al comercio, á la indostria, á las ci^ciifó y 
artes, á la civilización del mundo, en una palabra, que* 
daria incompleta, silos pueblos Hispano-Amerieaiías «s^ 
tuviesen condenados á no salir jamás del estado preea^ 
rio en que hoy se encuentran, si la ley del progresso á 
que fatalmente obedecen todas las sociedades buq^anas, 
no debiese convertirse para ellos en una hermosa y f9*> 
cunda realidad, merced á los esfuerzos combinados de 
los gobiernos y de los individuos, de la iotellg^Micia qw 
concibe 'y del brazo qoe ejecuta, de los principios qxm 
lleva en su bandera el siglo XIX y de las nocQgidadw 
que traen consigo las tendencias de cada ápo<^» los eua^ 
bios políticos, los desengaños que se tocan y las trístoa 
lecciones del mismo infortunio que nos abruma. 

La prensa de Chile acaba de dar á luz un litHH) nota^ 
ble, debido á la pluma de un célebre jurisc^sidto y há- 
bil escritor, conocido ya por otros trabajos análogos. Et 
libro del Sr. Alberdi, que, — no vacilamos en deciriO) — 
hará época en la historia de la revolución y da la iHera- 
tura argentinas, presenta en jelieve, y da, en nuetíro 
concepto, la solución mas acertada, atendido miestro 
(1) Un tomo en 4* de 260 páginas.—Vülparaiso, 1882: 



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— 3^ — * 

estado actual, á (odas las grandes cuestiones que hoy 
dividen á la América española. 

Los intereses que en él se ventilan afectan no solamen- 
te á la confederación argentina, sino también á todo ei 
nuevo hemisferio* Para tratarlos con el detenimiento 
cpie merecen, necesitariamos recorrer con el autor el di- 
latado horizonte que nos presenta. Grandioso cuadro 
que no cabe en losestrechos limites de un articulo de perié- 
dieo, donde apenas podemos disponer del espacio indis- 
pensable para dar una legera idea del libro que nos ocupa. 

Pocos escritores americanos han hecho un estudio tan 
profimdo y detenido de nuestras cuestiones políticas y 
sociales como el Sr. Alberdí. Quizá ninguno reúna en tan 
aUo geado el esp^itu investigador y filosófico, la facul- 
tad metafísica, la percepción sintética, la fuerza anaU- 
tiea y lógiea que revelan sus Bases y proyecto de cons^ 
iitudon parala república argentina. 

Por eso, el Sr. Alberdl, elevándose á la altura del 
asunto que trata, busca nuestra primera condición de 
Misteneia en el progreso humanitario. Conquistada 
América á la civilización por la Europa, ve en este he- 
cho providencial la mejora indefínada de la especie hu- 
Bftana por el cnaamiento de las razas, por la comunica- 
doa de \m ideas y creencias, y por el cambio de los 
productos diversos dd arte, la industria y el suelo. 

Eijos de la Eurof a, j.nq^ de, los infortunados hombres 
de eol<^ cobrizo, unesfoos instintos,' nuestrds hábitos, 
Boeatras necesidades, iasai^reque corre en nuestras 
venas nos impelen á marchar irremisiblemente por la 
sendaen que nos ha puesto la voluntad del Todopoderoso. 



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— 400 — 
Seaj»os am^rieaQos, si, pero aolos seamoa h(»id>re» 
civilizados, h¡jo3 de la cruz, herederos de las bellas t$9h 
dicioaes europeas, á cuya sombra se han leva&tado. co- 
losos como la uaioa Anglo-Americaiia : teogamos imtí^ 
tuciones, orden, amor al trabajo, que esa es la verdadera 
democracia^ busquemos en los elementosquenos rodean, 
en los dones que con mano liberal derramó Dios eo 
nuestro suelo, en los prlncipiosque invoca y acata la eiea- 
cía moderna, la savia fecunda que ha de nutrir y des» 
arrollar el árbol naciente de nuestra libertad* Miremos 
á la Europa, no al desierto : siguiendo á la Eij^pa^iealo 
que podemos seguirla sin m^^giaa, tepdremos con ta 
paz, primera condición delprogreso, el saber, lariqnesa, 
el poderío : — humillándonos (mte el genio dd disrieilOy 
ó sea el americamsmp salvs^e é insociable, cosecta* 
remos por eterno patrimonio guerra, ignpraneia, retro- 
ceso y miseria! 

Tales son las consecuencias que se desptend^ de la 
simple lectura de las primeras páginas del libro del Sr. 
Alberdi : asi el autor echa por tierra una de las mas fu- 
nestas preocupaciones y que raices más hondas tíene en 
el hemisferio americano : nos referimos á ese mal ^i- 
tendido patriotismo que se subleva contara todo lo qnei^ 
comprende ó no puede apreciar, y mira con prev^ieion 
hostil, por no decir odio, cuanto p^leneee á la Europa. 
La revolución llevada áeabo por nuestros padres, la 
independencia proclamada fot ellos, no podía tampoeo 
tener otro objeto que ponemos en o(xiuÉúcaGkmdireetn 
con el mundo para ineiK>rar nuestra em^ian y coasti- 
tuimos como nadones grandes y poderosas, haciendo á 



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— 104 — 

Qjuesiros paeUes mas niimerosoB, maft ricos y felfees. 
Los. que cortaron ei cable que dos siig«taba ai ancla 
metropolitana, jamás pudieron imaginarse que sería 
para permanecer estacionarios en el mismo punto; y 
DO obstante, ei bajel revolucionario vagó sin brújula ni 
timón en el océano de nuestros desaciertos políticos, y 
iQientraa su trifAdaoion por im lado defendía heroica- 
mente el puente contra el abordaje de la España, y mo- 
ribundo y sangriento, arrojaba á sus nativas playas al 
temido toon castellano, disputábase en la parte contra- 
ria, espada en mano, quién mandaría, cómo se arre- 
glaría y qué rumbo seguiría el frágil esquife que lleva- 
ba su fortuna. Asi, antes que el bajel tocase la ribera se 
le abandonó al furor délos huracanes; antes que lase- 
ndlla brotara^ se pensó en recoger sus frutos ; antes de 
Xmet patria y libertad, las ahogamos en lucha fratricida 
y nos enagenamos su porvenir. 

Lo gue entonces pasó en Aínérica, era una conse- 
ciünicia necesaria de la situación en que se encontraba 
el pais^ de sus condiciones físicas y morales, de las 
ideas dominantes, y, preciso es confesarlo, de las 
malas pasiones propias del corazón humano en épocas 
de vértigo y fiebre revolueionaria; de la imprevisión ó de 
las exigencias del momento. Las leyes orgánicas y fun- 
damentales que debían echar los cimientos del nuevo 
orden de cosas, estaban muy lejos de llenar las condi- 
dones que exijia el progreso inaugurado en mayo, en 
relación con la democracia improvisada y los intereses 
mas vitales del continente Sud-Americano» 

« Todo el derecho constitucional de la América, aiites- 



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e^ilola, dice con mucba oportaDidadel Sr. Alberdi, e» 
iocompleto y vkíOBo, en cuanto á los medios mas efieaees 
de llevarla á sus grandes destinos.» 

Y mas adelante : 

c< Dos periodos esencialmente diferentes comj^ende 
la historia constitucional d« nuestra América del Sud : 
uno que principia en 1810 y concluye con la guerra de 
la independencia contra España, y otro que data de esta 
época y acaba en nuestros dias. 

u Todas las constituciones del último periodo, son 
reminiscencia, tradición, reforma, machas veces teitual^ 
de las constituciones dadas en el periodo anterior. 

ií Esas reformas se han heeho con miras interiores, 
unas veces de robustecer el poder en provecho dri dr-- 
den, otras do debilitarlo en beneficio de la libertad; air 
gunas veces de centralizar la forma de su ej^cldo^ 
otras de localizarlo, pero nunca con la mirado suprloaír 
en el derecho constitucional de la primera época, lo que 
tenia de contrario alJengi;andecimi^lo. y prf^reso da Im 
nuevos Estados, ni de consagrar los medios conducen- - 
tes al logro de este gran fin de la revolución americamu 

En prueba de esta verdad, examina el Sr. Alberdi, L11& 
varias constituciones dadas en distintas épocas en toda 
la América española (menos Centro- América: ) es decnr. 
las de Buenos Aires , Montevideo^ Chile, Pe^, Bolivia; 
la de los estados que formaron la República de Colooír 
bia, el Ecuador, Nueva-Granada j Venezuela : las drt 
Paraguay, Méjico y California'; y de sü rápido. «laUsis 
deduce la siguiente importantísima consecuencia, apli^ 
cable á todas menos á la última. 



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— 405 — 
« El derecho constitucional de la América del Sud está 
en oposición con los intereses de su progreso material é 
industrial, de que depende hoy todo suporvénh». Espre- 
sion délas necesidades americanas de otro tiempo, ha 
dejado de estaren armonía con las nuevas exijenciasdel 
presente. » 

« Nuestros contratos ó pactos constitucionales en la 
América del Sud, deben ser especie de contratos mer- 
cantiles de sociedades colectivas formadas principal* 
mente para dar pobladores ¿ estos desiertos que bau- 
tizamos con los nombres pomposos de repúblicas; para 
formar caminos de hierro, que supriman las distan- 
cias que hacen imposible esa unidad indivisible en la 
acción política que con tanto candor han copiado nues- 
tras Constituciones de Sud- América, de las Constitucio- 
nes de Francia, donde la unidad política es obra de odio^ 
cientos años de trabajos preparatorios. ?> 

Estamos completamente de acuerdo acerca de los me- 
dios que recomienda el Sr. Alberdi para despejar la in- 
cógnita de nuestra sociabilidad : la educación del pue- 
blo, operada mediimte la acción civilizadora de la Eu<- 
ropa^ es decir, por la inmigración, por una legislación 
civil, comercial y marítima sobre bases adecuadas; por 
Constituciones en armonía con nuestro tiempo y nues- 
tras necesidades; por un sistema de gobierno que se- 
cunde la acción de esos medios. 

La inmigración, sobre todo, es una de las necesida- 
des mas vitales y urgentes de América. Véase lo que con 
este motivo decíamos en julio de 1852 en el ORDEN, pe- 
riódico de Madrid, hablando de la« prohibiciones y tra- 



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— 404 — 
bas qae una mezquina política le opone todavia, de 
este y del otro lado del Atlántico (1). 

Alli demostramos de una manera irrecusable hasta don- 
de puede estenderse la acción civiUzadora de la Europa so- 
bre la América, por medio déla inmigración, y cómo esta 
.es el agente mas eficaz y el grande elemento de estabilidad, 
de progreso y de cultura que en la actualidad tenemos. 

Nos parece por lo tanto muy natural, salvo algún 
pmito en que disentimos, que el Sr. AÍberdi abogue por 
ella, y pídala reforma de leynuestrases políticas, dvile» 
y administrativas, en sentido favorable ¿ su afluencia y 
adimalacioQ en el territorio americano. Esa reforma en- 
vuelve en sí y ofrece garantías ¿ la verdadera democra- 
cia, al régimen representativo, ¿ la educación popular, 
al desarrollo de los valiosos gérmenes de nuestra pros- 
peridad material , á la libre navegación de los rios , al 
comercio libre, á la supresión de las aduanas, á la liber- 
tad de la industria y el trabajo, á la creación de grandes 
sociedades, ala construcción de ferro-carriles, canales, 
puentes, etc.; eslabones de una misma cadena, que sur- 
gen espontáneamente délos prindpios sentados por el 
autor en toda su obra, y que se relievan especialmente 
en los capítulos xyi,XVUy XIX. 

Con el auxilio de estas premisas, entra luego á exa- 
minar las bases y puntos de partida parala Constitución 
de la República Argentina, cuya idea dominante se en- 
cuentra formulada en estas hermosas palabras del ven- 
cedor áe Monte-Caseros : CONFRATERNmAD Y fusión ok 
TODOS los partidos poutigos. 

(1) Emigración españ^^ ti Rio de U PIau, pág. 30^3-64. 



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- 405 — 

Bl 8r. Albeirdi, después d^ examinar los antecedentes 
unitarios j federales que cuenta la República, no se 
decide ni por la simple federación ni por la anidad como 
la entendían Rivadavia y sus amigos. 

El nos pone en evidencia la imposibilidad de plantear 
ia una sin el auifUo de la otra, y nos manifiesta que 
ambas formas han coexistido y coexisten constituyendo 
dos fuers^s iguales, dos elementos tan identificados en 
la actualidad con la vida del pueblo argentino, que la 
muerte de nno arrastrarla en pos de sí el suicidio del 
otro, como se ha visto l»ajo la presidencia de Rivadavíá, 
respecto de la unidad , y bajo el despotismo de Rosas, 
eon la federación. 

Encontrar pues, el tipo en que han de fundirse ambas, 
debe ser por ahora el principal objeto de los legislado- 
res argentinos. La esperíencia de tantos ensayos infruc- 
tuosos, \oÉ hedios consumados, las dificultades bisupe- 
raMes les'están señalando el derrotero que han de seguir. 

Por poco qué se mediten las Juiciosas advertencias que 
hace sobre el parfíoikur el autor de las Bases, 6 muy 
preocupado ó muy torpe debe ser el que no comprenda 
qne fuera del caínino que indica, en el estado á ^ehan 
llegado las cosas, no hay mas que obstáculos invend- 
Mes, laehas estériles entre el gobierno supremo y los go- 
biernos provinciales , entre el espíritfí ciego y esclusivo 
de l(M^idad y el principio absórtente y k veces opresivo 
del poder central. 

Obligados á condensar en muy reducido espado las 
luminosas teorías del Sr. Alberdi, no nos es dado se- 
guirle en todas las induceiones y deduedones que se 



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— i06 — 

despresden do Jos hechos capitales en que las apoya. 
Este articulo se baria interminable , si hobtésemos de 
examinar el origen y causas de la descentralización del 
gobierno de la República Argentina, la clase de federa- 
clon que le conviene, la manera práctica de organizar 
el gobierno misto que el autor propone, tomado de los 
gobiernos federales de Norie*América, Su-za y Alema- 
nia, la cuestión electoral , los objetos y focultades del 
gobierno general, el carácter y misión del poder cje^- 
tívo en la América del Sud, la ciudad que está llamada 
por su posición topográfica , por su cultura, por m po- 
blación y riqueza á ser la capital de la República Argen- 
tina; la respuesta á las objeciones contra la posbílídad 
de dar á ésta una constitución general; la política in- 
terna y esterna que le conviene antes y después de esta- 
blecido el nuevo código constitucional ; la necesidad de 
que este solemne pacto esté garantido contra le^^es or* 
gánicas que tiendan á destruirle pe»* escepciones, cerno 
acontece en Boiivia: y finalmente, el proyecto de Consti- 
tución concebido según las bases desarrolladas es eiJíbro 
que tenemos d la vista. 

. Ya lo hemos dicho : en este vastísimo cuadro están 
comprendidas todas las grandes cuestione», (gm afectan 
al presente y al porvenir de América ; él nos enseña el 
camino que ha recorrido hasta aquí, el punió m que se 
encuentra y el blanco á que debe dirigir siis.esftienoe ; 
la solución , en una palabra, del difiqU problema de 
nuestra organización política y social y de la civiiiaaeion 
Hispano-Americana. 
Kl espiritu y lad tendeRcias del libro del Sr. Alberdi 



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— 407 — 
se reasumen en el proyecto mencionado. Copiaremos de 
él algunos párrafos como el mejor testimonio de la bon- 
áñá de sus doctrinas. 

ff La República Argentina se constituye en un estado 
federativo, dividido en provincias que conservan la so- 
berania no delegada espresamente por esta Constitución 
al gobierno cotral. 

« La Constitución garantiza los siguientes derechos á 
todos los habitantes de la eonlMeraeiM, sean naturales 
ó estrangeros: 

La libertad detrabi^ary ejercer eaálqoiera industria. 

LalB>ertad de ejercer la navegación y el comercio de 
todo género. 

La libertad de peticionar á todas las autoridades. 

La libertad depublicar por la prensasin censura previa. 

La libertad de entrar, permanecer, andar y salir del 
territorio sin pasaporte. 

La libertad de disponer de sus propiedades de todo 
género y en toda forma. 
{ ;La libertad de asociarse y de reunirse con flned lícitos. 

La libertad de profesar todo culto. 

La libertad de enseñar y aprender. 

En cuanto ala igualdad, la ley no reconoce diferencia 
de dase ni persona. No hay prerogativas de sangre ni 
de nacimiento ; no hay flieros personales ; no hay privi- 
legios ni títulos de nobleza. Todos son admisibles á los 
empleos. La igualdad es la base del impuesto y de los 
cargos públicos. La ley civil no reconoce diferencia en- 
tre estrangeros y nacionales. } :• incroít Libittfy 

La propiedad, ese derecho vubierado en América con 



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baria frecoeocia, e»^ deroebo, piedra angular dei edi&eio 
soeial, está ganmtido «n térmiaoa tanioecpiivoeiM aomo 
estos : 

La propiedad fe javiolabte. Nadie poede ser privado 
de día eteo ea virtud de ley<^de senteiMáa&iidada ea ley. 

La espropiax^oii por causa de i^ublieaiitUidad debeaer 
calificada por ley y previamente indemnizada. Solo ai 
Congreso impone cofitrU)u(»o»es« Nóogon servicio pecso- 
nal es exij ttde mo en virtud de tey 4i dfC soitencia ftia^ 
dada en ley. Todo autor ó inventor goza de la propiedad 
eseluaíva de su obra i d^scubrjiaoíento. La coAfiscacíon 
y el demadso de bienes a^n abolidos para aiemiire. 
Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones vi 
exijir agimos. Ningún partíoular puede ser obUgadp k 
dar alojainiento en su casa á un militar. 

Éntrelas garantías individuales y púd)Uaas9 figuran 
prescripciones tan recomendables como estas : 

El derecho die defensa judicial es inviolable* 

£1 tormento y los castigos horribles son abolidos para 
siempre y en todas circunstancias. Son prohibidos los 
azotes y las ejecuciones por medio del <2uchiUo ^ de la 
lanza y del fuego. Las cárceles húmedas, oscuras y mor- 
tíferas deben ser destruidas. La infamia del condenado 
00 pasaásu&miUa. 

Las leyes reglan el uso de estas garantías de derecbp 
pública : pero «1 Congreso no podrá dar ley que con 
oenaion de rcgiameptar ú organizar su ejercido, las dis-^ 
minuya, restrinja ó adultere en su esmicia. 

La Constitución asegura en beneficio de todas las cía*' 
ses del estado, la instrucción gratuita, que sera soste- 



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— 409 — 

uida €on fondos naeioiíales destioados da ub modo im^ 
vocable y especM á ese objeto. 

La navegación de loa rios interiores es libre para to^ 
das las banderas. 

Las relaciones de la Confederación con las tuiciones 
estranjeras respecto á comercio , navegación y mutua 
frecuencia, serán consignadas y escritas en tratados que 
tendrán por base las garantías constitucionales diferidas 
á los estrangeros. £1 gobierno tiene el deber de promo- 
verlos. Las ley esorgánicas, que reglen el ejercicio dee^s 
garantías de orden y de progreso, no podrán ser dismi- 
nuidas ni desvirtuadas por escepciones. 

£1 derecho público diferido á los estrangeros no puede 
ser mas liberal : tal vez peque en alguno de los puntos 
que abraza : pero la necesidad apremiante de Henar 
nuestros inmensos desiertos y de atraer la población eu- 
ropea á todo trance, asegurándola cuantas ventajas y 
garai^ias pneda apetecer, á fin de identificarla con la 
nuestra, han influido sin duda en el ánimo del célebre 
publicista, no dejándole ver en niiestro humilde con- 
cepto algunos de los gravísimos inconvenientes que en 
el porvenir pueden acarrearnos el abuso de dos conce- 
siones esencialísimas que les hace. Mas adelante espli- 
caremos nuestra idea. 

En la Ckm$titucion del Sr. Alberdi ningu» estrang«ra 
es mas privilegiado que otro. Todos gozan de los dere- 
chos civiles inherentes al ciudadano, y pueden comprar, 
vender, locar, ejercer industrias y profesiones, darse á 
todo trabajo^ poseer toda clase de propiedades y dispo- 
ner de ellas pn cualquiera forma ; entrar y salir del pais^ 



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— 440 — 

ooQ ellas , f i^cueniar eaa sus buqpies los puertas de la 
República, navegar en sus ríos y costas. Están libres de 
empréstitos forzosos, d^ exacciones y requisiciones mi- 
litares. Disfrutan de entera libertad de conciencia y pue^ 
dea eoQ^niir capillas en cualquier lugar déla República. 
Sus contratos matrimoniales no pueden ser invalidados 
porque carezcan de conformidad con los requisitos reli- 
giosos de cualquier creencia , sí estuviesen legamente 
celebrados. No son obligados á admitir la ciudadanía. 

Gozan de estas garantías sin necesidad de tratados^ 
y ninguna cuestión de guerra puede ser causa de que se 
suspenda su ejercicio. 

Son admisibles á ios empleos , según las condiciones 
de la ley, que en ningún caso puede escluirlos por solo 
el motivo de su origen. 

Obtienen naturalización, residiendo dos años conti- 
nuos en el pais^ la obtienen sin este requisito los colo- 
nos, los que se establecen en lugares habitados por 
indígenas, ó en tierras despobladas; los que emprendan 
y realicen grandes trabajos de utilidad pública : los que 
introducen grandes fortunas al país; los que sereco^ 
mienden por invenciones ó aplicaciones de grande utili- 
dad general para la República. 

La Constitución no exige reciprocidad para la conce- 
sión de estas garantías en favor de los estrangeros de 
caalquier país. 

Las leyes y los tratados reglan el ejercicio de estas 
garantías, sin poderlas alterar, ni disminuir, al estrema 
que el autor coloca entre las garantías públicas de orden 
y de progreso la circunstancia de que la inmigración no 



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— 4H — 
pueda ser restringida, ni limttada de ningún modo, en 
ningún caso, ni por pretesto alguno. 

Estas son las doctrinas, estos los principios del libre 
del escritor argentino^ doctrinas y principios que acep- 
tamos, si bien, creemos oportuno al terminar este arti- 
culo hacer algunas breves reflexiones acerca de la liber- 
tad de cultos y del peligro que en época no muy lejana, 
á seguir las cosas su curso natural, amenaza nuestra na- 
cionalidad de raza. 

Católicos, juzgamos que todo lo que pueda amengnar 
la unidad de nuestras creencias religiosas nos será al fin 
perjudicial. La libertad absoluta de cultos implica la U* 
bertad de hacer prosélitos y de atacar las creencias 
agenas, y cuando en Inglaterra, y en los mismos Esta- 
dos-Unidos el catolicismo frente á frente del protestan- 
tismo gana terreno diapor dia, no nos parece prudente 
ni necesario proclamar la libertad cuando nos basta la 
tolerancia. Si la religión católica es la forma que mejor 
se adapta á los üistintos morales de la humanidad , 
deber nuestro es dispensarle la preferencia y el apoyo 
que merece. La razón pura, última fórmula del.protes- 
tantismo, conduce á la impiedad. El hombre necesifa 
inclinar la cabeza delante de ciertos misterios que no 
comprenderá jamas. En los Estados-Unidos, cuya rapa- 
cidad, cuyo proceder agresivo é injusto con Mégico, el 
Perú y Cuba está muy Iqos de merecer nuestras simpa- 
tías, empiezan á notarse síntomas que inspiran serios 
temores á los que penetran en el fondo de las cosas tía 
deslunibrarse por el oropel que las circunda. Altiva ^on 
su portentosa prosperidad material, la Union no ha 



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— 442 — 

ealtívado cQift igual éxit<> loe stíntimi^ntos morales, y acase 
DO está lejos el día en qoe se rompan los víneulos que la 
sujetan, adulterados por la eodicia y el egoísmo los sa- 
nos principios que le sirvieron de base : ¿y quién puede 
calcular hasta qué punto* habrán influido en ese resul- 
tado las Btíl sectas y la total indiferencia que en materia 
de reli^on se observa en la patria de Washington y de 
FraaUús? 

Toleremos, pues, á los que profesen diverso cufto ; 
pero no los autoricemos para que se conviertan en ene- 
ütigoáimplaeabl^del dogma católico, y se entreguen á 
las abeonraciones qae en todos partes atestiguan la este-» 
rtUdad y orgullosas tendencia&jdel protestantismo. 

Tampoco estamos de acuerdo en el breve plazo mar- 
cado piara alcanzar la ciudadanía y tener opción á los 
MTgos pí&lioQS. Esto ahora seria una ventaja inapre^ 
daible, pero dentro de emcuenta ó cíen años, si la inmi-* 
gracóen <^6ce eñ el sud de América, como acontecerá 
apenas haya algunos años de paz, y se le abran todas las 
puertas como debemos hacerlo^ la misma progresión 
e9p€mtosa que lleva en los Estados-Unidos, tememos 
<pe la raza española enflaquecida y débil, en un período 
mas ó menos largo se incorpore y amalgame con la es^ 
tiiai^ra, hasta el punto de ser absorvida por esta. Todo 
lo que el autor dice en el cap. XVI, p. 83, no nos con^ 
vence. A la vuelta de poco» años, lo? estrangeros serian 
\ñXí preponderantes por su número, por su riqueza é ilus- 
tración, que el idioma, las coiAumbres, el carácter na- 
cional, todo desaparecería; y nosotros apreciamos en mu- 
cfao nuestra nadonalidad de raza, nosotros creemos que 



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— u¿ — 
ese hidalgo pueblo español tan calamaiado, no eede é 
ninguno en virilidad, ni carece de aptitud para nada 
cuando saben dirijirlo. ¿Porqué, pues, se le muefilra 
tanto desvio ?... Las provincias Yaseongadas, Amgoñ, 
Cataluña, las dos Castillas, pueden enviamos colonea 
tan buenos ó mejores que los ingleses y franceses. Esto» 
acudirán siempre en sobrado número para incliiutr la 
balanza á su favor, al paso que los primeros nos son in- 
• dispensables para mantener el equilibrio y para que haya 
siempre entre nosotros un plantel de raza híspsoim 
cuyos vigorosos retoños salven la nacionalidad, el idio- 
ma^ la religión y demás gloriosas tradiciones españolps^ 

Mezclemos nuestra sangre con üa estrangera, ya quee3a 
es la ley constante de la humanidad, pero no rexftogiie- 
mos nuestro origen primitivo, no nos condenemos vídiu}'* 
tariamente al ilotismo, no les entreguemos el ceÉro qu4 
el destino puso en nuestras manosw Que nos comunir 
fuen su flebre de mejoras, de bienestar y engsandeci'^ 
miento, que nos iluminen, qve nos lancen y nos gmen 
por el sendero del progreso; pero que no se conviertan 
en stores, y por la fuerza inevitable de las cosas imi- 
ten el ejemplo denlos anglo-amerioanos con los franceses 
del Canadá. 

Tal es nuestra opinión, opinión tal vez errónea, pero 
hija de- leales y altas convicciones que el señor Alberdi 
tiene demasiado talento, ilustración y buena fe para no 
apreciar en lo que valgan. 

Su obra, de la que se han hecho en Valparaíso dos 
ediciones en breves dias, y que ha merecido el alto 
honor de que el Cftib argentino en Chile^ sociedad pa- 



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— 414 — 

triótiea compuetita de personas dignas de consideración 
por sus honrosos antecedentes, por sus luces y el noble 
ol^eto que se propone, la recomiende dentro y fuera de 
América como el Credo de su comunión política, que es 
hoy el verdadero partido nacional, será consultada por 
tos actuales legiadadores en el Congreso que va á inau- 
gurarse. 

Esperamos que ese libro realizará sin derramamiento 
de sangre ni violencias una saludable revolución en las 
ideas. 

£Í proceder del Club argentino^ su patriotismo y zelo 
le honran tanto como al ilustre escritor el justo home- 
naje qué le ha merecido* 

Humos al señor Alberdi nuestro sincero parabién y le 
enviamos desde Europa nuestro pobre sufragio. Nunca 
b^os tomado la ptúmá para ánaUcm* un libro con mas 
gusto que en la ocasión presente. Nunca hemos sentido 
emociones náis intaisas de pátina y libertad. Ante el 
magáifleo horizonte que el porvenir de América ofrece 
á nuestros ojos ¿qué son las lágrimas, los dolores, tí. 
infortunio de tres ó cuatro generadones?^.. Lo que una 
gota del Uruguay al confundir sus aguas con el Paraná, 
formando juntos el caudaloso rio de la Plata, que se 
precipita al Atlántico por una boca de cuarenta leguas 
entre él cabo de San Antonio y el de Sania María ! 



FIN 



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